‘Midnigt in Paris’ y ‘La mirada invisible’

Cine Hablemos de Cine Jun 1, 2011 at 1:26 pm

Marion Cotillard y Owen Wilson en 'Midnight in Paris'

Midnight in Paris
España-Estados Unidos, 2011
Un film escrito y dirigido por Woody Allen

Si no hubiese vivido en Manhattan lo habría hecho en París. Eso es lo que expresa Woody Allen a quien quiera escucharlo y para demostrarlo basta ver su última película “Medianoche en París” que ciertamente constituye una carta de amor a París, ciudad con la que este director se siente totalmente identificado y a la que considera la más hermosa del mundo. Si bien Allen ya había utilizado el mismo escenario en parte de su film “Everyone Says I Love You” (1996), en esta oportunidad está totalmente dedicado a París. Habiendo plasmado una bella comedia sentimental, el prolífico realizador transporta a su público en un viaje retrospectivo a la capital de Francia de los años luminosos del siglo 20, cuando atraía a los más grandes creadores internacionales de la literatura, pintura, cine, danza y otras expresiones artísticas.

Los primeros minutos del film no dialogados constituyen una hermosa postal turística que bien podría haber sido promocionada por la Oficina Nacional de Turismo de la ciudad. Así se la aprecia de día, por la tarde, al anochecer, a la medianoche, con buen tiempo y con lluvia, con la extraordinaria belleza de sus calles, jardines, bulevares, restaurantes, cafés y en donde la Torre Eiffel permanece erguida como el majestuoso símbolo de la bien denominada Ciudad Luz. Ahí llegan de visita Gil (Owen Wilson) junto con su novia Inez (Rachel McAdams) y sus futuros suegros, John (Kurt Fuller) y Helen (Mimi Kennedy) quienes son unos recalcitrantes conservadores y no consideran al muchacho como el más adecuado compañero para su hija. Gil es un exitoso escritor de Hollywood, de espíritu bohemio, pero su aspiración mayor es convertirse en un gran autor literario; en tal sentido está completamente absorbido con la novela que está escribiendo y que está convencido de sentirse inspirado en París, ciudad a la que ama y donde le gustaría vivir el resto de su vida. Ese punto de vista de ninguna manera es compartido por su novia quien jamás dejaría los Estados Unidos y además encuentra que Gil vive más en un mundo de ensueño que en la realidad que lo circunda.

Una noche en que el aspirante a novelista se encuentra solitario y vagando sin rumbo fijo por las calles de la ciudad, llega la hora de la medianoche y a través de un mecanismo mágico la actual realidad cede paso al pasado no vivido por él pero al que siempre añoró haber estado presente. Invitado por los novelistas F. Scott (Tom Hiddleston) y Zelda Fitzgerald (Alison Pill), participará de una fiesta noctámbula que lo hará conocer a su reverenciado Ernest Hemingway (Corey Stoll) a quien le pide ayuda para que le lea el borrador de la novela que está escribiendo y le dé su opinión; el célebre escritor le responde que la persona más adecuada para hacerlo es Gertrude Stein (Kathy Bates), la famosa escritora, poeta y coleccionista de arte; cuando llegan a su salón literario ahí se encuentra con otros famosos artistas como Pablo Picasso (Marcial Di Fonzo Bo), su amante de turno Adriana (Marion Cotillard) y el cineasta Luis Buñuel (Adrien de Van), entre otros, en medio de apreciaciones y discusiones sobre el último trabajo que Picasso acaba de completar.

Cuando el alba irrumpe, el ensueño de Gill lo traslada a la realidad aunque sus horas vividas con los grandes artistas lo siguen acompañando en el resto de la jornada al punto tal que su novia llega a dudar de su estado mental. La fantasía seguirá sucediéndose en las siguientes medianoches y el período de los años locos volverá nuevamente a cobrar vida con un Gil que, entre asombrado, hipnotizado y deleitado, va conociendo a los grandes pintores Henry Matisse (Yves-Antoine Spoto), Paul Gauguin (Olivier Rabourdin), Edgar Degas (François Rostain), al glorioso compositor Cole Porter (Yves Heck), la gran cantante Joséphine Baker (Sonia Rolland) y nada menos que al dramaturgo y excepcional poeta Thomas S. Elliot (David Lowe).

Allen ya había logrado con gran éxito la convivencia de una historia de la vida real transformándola en ocurrente fantasía en “The Purple Rose of Cairo” (1985). Aquí nuevamente consigue que su vivaz ingeniosidad cobre vuelo llevando al espectador a un mundo esplendoroso habitado por personajes que realmente existieron y que cobran vida no solamente a través de notables caracterizaciones sino por un casting que trató de cuidar de que los actores seleccionados se asemejen físicamente a quienes deberían personificar. Por si eso fuera poco, cabe felicitar a Allen por la forma en que su inspiración le permitió lograr algunos momentos muy ingeniosos; como vía de ejemplo, se puede mencionar una escena –que los cinéfilos amarán- en que Gil le adelanta a Buñuel lo que sería el argumento de “El Angel Exterminador”, film que el genial cineasta dirigió en 1962.

Otros detalles que destacan al film son sus diálogos. No es sorpresa que Allen siempre se destacó por la excelencia de los mismos, incluso en sus trabajos menos logrados. Pero aquí, ese aspecto queda resaltado aún más porque en las conversaciones ficticias que Gil mantiene con algunos personajes, tales como Hemingway, Dali, Stein, Buñuel por ejemplo, parecería que éstas fuesen verdaderas y en donde cada una de las frases dichas es objeto de regocijo.

La recreación de época por parte de Anne Seibel como diseñadora de producción y el vestuario de Sonia Grande, son detalles meticulosamente tenidos en cuenta, reflejando con autenticidad tanto el período de los años 20 como el París actual.

Como de costumbre, la música de jazz que Allen utiliza en sus filmes, aquí más que nunca se presta adecuadamente en perfecta combinación con algunas de las melodías encantadoras de Porter.

He dejado para el final el rubro interpretación. Nuevamente queda ratificado que Allen es un excelente director de actores. Comenzando por el protagonista, el Gil de Wilson es remarcable; lo que podría ser una suerte de alter ego de Allen pero sin su neurosis, este actor es el alma del film dado que su personaje transmite una sinceridad y un entusiasmo capaz de contagiar a la audiencia y lograr que en todo momento simpatice con su persona. Dentro de los personajes actuales se destaca Michael Sheen animando muy bien a un pedante intelectual y cuya presencia irrita sobremanera a Gil. Dentro de los personajes de antaño, sobresalen Bates, Brody y sobretodo Cotillard brindando ternura como el interés sentimental de Gil quien encuentra en ella lo que está ausente en su novia del presente. Algunas palabras para Carla Bruni; la actual Primera Dama de Francia aparece en 4 breves escenas animando a una guía de museo parisina; aunque su actuación no tenga mayor relevancia, cumple su cometido en forma satisfactoria en función de lo que el guión le permite.

No es este el mejor film de Allen pero sin duda está entre los mejores que realizó en la última década. En esencia, hay una atmósfera nostálgica excelentemente lograda, una forma ideal de retratar el clima intelectual de una época en forma sencilla y nada pretenciosa; hay un humor chispeante que se manifiesta permanentemente, un montaje adecuado que logra en 94 precisos minutos que el ritmo e interés no decaiga en momento alguno y por último en el fondo hay una ciudad que brilla más que nunca gracias a la hermosa fantasía que Woody Allen nos ofrece. ¿Qué más apuntar?

Julieta Zylberberg en 'La mirada invisible'

La mirada invisible
Argentina-Francia-España, 2010
Un film de Diego Lerman

La última dictadura de Argentina durante el período 1976-1983 ha sido probablemente la más nefasta y sangrienta y ha permitido que varios realizadores argentinos se interesaran por el tema a partir de “La Historia Oficial” (1985), que merecidamente obtuvo el Oscar a la mejor película extranjera. A pesar de que la democracia se impuso en el país, los directores de la nueva generación consideran que lo que ha pasado entonces debe constituir un recordatorio permanente para que esa triste experiencia no vuelva a repetirse.

Tomando como referencia la novela “Ciencias Morales” de Martin Kohan, el director Diego Lerman elaboró conjuntamente con María Meira el guión que ubica al film en Buenos Aires, en Marzo de 1982, pocas semanas antes de la nefasta invasión a las Islas Malvinas. La acción tiene lugar en el Colegio Nacional de Buenos Aires, considerado el más prestigioso establecimiento público de educación media. Ese recinto es un microcosmos de lo que ocurre en su exterior, donde el ejército trata de preservar el orden y responder con firmeza a quienes atenten contra la autoridad del despótico régimen militar.

Dentro de los muros del colegio trabaja como preceptora María Teresa Cornejo (Julieta Zylberberg), quien al ser contratada había sido aleccionada de ver con ojos bien abiertos la actitud de los estudiantes que en todo momento deben mantener la máxima disciplina que bien podría ser asimilada al que los conscriptos cumpliendo el servicio militar deben mantener en un régimen fascista. Ella reporta a Biasutto (Osmar Núñez), el jefe de celadores cuya personalidad no es diferente a los de los militares represivos entendiendo que la guerra de la subversión aún no terminó y que por ello es necesario prestar atención a cualquier mínimo intento de protesta o rebeldía –léase indisciplina- por parte de los alumnos.

La caracterización de los dos personajes centrales es muy buena. Zylberberg otorga plena credibilidad en la encarnación de una ingenua chica de veinte y tantos años que proveniente de un hogar humilde, sin mucha formación y reprimida sexualmente, encuentra un raro placer ejerciendo su autoridad cotidianamente de modo que con el paso del tiempo a través de su mirada invisible ejerce una vigilancia rigurosa e inflexible a fin de cumplir eficientemente sus tareas. Como su interlocutor, Núñez ofrece una notable interpretación del jefe represor que adopta una actitud paternal hacia María Teresa hasta que, dadas las circunstancias, se convierte en su victimario sin reparar en que su víctima estallará en forma inesperada.

En lugar de centrarse en los hechos que tienen lugar en el exterior de la escuela, el director enfoca el mundo interior de un establecimiento donde las monstruosidades de la dictadura militar también se hacen sentir ante personajes que en el fondo no son menos despreciables dentro del marco de un clima asfixiante y maligno.

La puesta en escena de Lerman permite que las miradas, los silencios y los rituales de la actividad diaria escolar estén plasmadas en imágenes de notable calidad artística dando como resultado un film ampliamente logrado.

VIDEO

Benoît Poelvoorde y Gerard Depardieu en 'L'Autre Dumas'

L’Autre Dumas
Francia, 2010
Dirección: Safy Nebbou
Distribución: Seville Films (2011)

El Otro Dumas es un drama histórico que versa sobre el célebre dramaturgo y escritor francés Alejandro Dumas (1802-1870). Basado en la pieza de teatro “Signé Dumas” de Cyril Gely y Eric Rouquette, el guión preparado por el realizador Safy Nebbou y Gilles Taurand examina las relaciones existentes entre Dumas y su colaborador Auguste Maquet que participó en varias de sus novelas, en especial, las más populares como “Los Tres Mosqueteros” y “El Conde de Montecristo”.

Debido a que Dumas (Gerard Depardieu) ha sido un prolífico escritor, en muchos casos tuvo que recurrir a la asistencia de otras personas y es precisamente en ese terreno donde su relación con Maquet (Benoît Poelvoorde) generó discusiones sobre quién era el legítimo autor de las obras publicadas; así se ha llegado a constatar que “su otro” se encargaba de efectuar la investigación y trasfondo histórico en tanto que Dumas le daba cuerpo al material preparado por aquél, llevándose por supuesto todos los créditos y los laureles de la fama como novelista.

Aunque parte del relato se ajusta a hechos conocidos, el guión contiene aspectos de ficción con el propósito de otorgarle un clima dramático. Eso acontece con la aparición de una joven muchacha (Mélanie Thierry) que sale al encuentro de Maquet a quien por error cree que se trata de Dumas; el equívoco origina el problema de la falsa representación cuando Maquet aprovecha la circunstancia para identificarse como Dumas con el propósito de seducirla, hecho que finalmente producirá el resentimiento del escritor y terminará con la ruptura de la relación. En todo caso la intriga que se origina no es solamente de carácter sentimental y literaria, sino también histórica dado que la acción tiene lugar en los tiempos de la segunda revolución francesa que se desarrolla en París en 1848.

Sin ser un film relevante, en especial porque su ritmo no logra dinamizar suficientemente al relato, lo más importante es el contraste de personalidad y carácter entre dos figuras completamente disímiles en cuanto a visión, filosofía y manera de afrontar la vida; para ello, el director contó con satisfactorias actuaciones de Depardieu y Poelvoorde en la caracterización de sus respectivos personajes.

El DVD no ofrece suplementos. Presentado en versión original francesa con subtítulos optativos en inglés y francés.