‘Good Neighbours’, ‘Bobby Fischer Against the World’, ‘Red Like the Sky’

Cine Hablemos de Cine Jun 10, 2011 at 4:15 am

Scott Speedman, Emily Hampshire y Jay Baruchel en 'Good Neighbours'

Good Neighbours
Canada, 2010
Un film escrito y dirigido por Jacob Tierney

Después del éxito de público y crítica obtenido con “The Trotsky”, el joven realizador canadiense Jacob Tierney retorna con un film de diferente naturaleza aunque la acción sigue ubicada en el vecindario de Notre Dame de Grace (más conocido como NDG) de Montreal. Ese barrio es uno en donde más se siente la presencia anglófona y por lo tanto el uso del idioma inglés de ningún modo desnaturaliza la autenticidad del relato sino que por el contrario reafirma a Montreal como una metrópoli multicultural.

El guión del realizador está basado en la novela “Chère Voisine”, de Chrystine Brouillet, escrita en 1982 y que reúne los típicos elementos de un thriller. En un bloque de departamentos vive en uno de los mismos Louise (Emily Hampshire), una joven que trabaja en un restaurante chino de escasa clientela; su vida personal está cubierta por el amor que siente por sus gatos y compartir las cenas con Spencer (Scott Speedman), un vecino que habita en otro piso del mismo edificio. A causa de un accidente Spencer, perdió a su esposa y se encuentra postrado en silla de ruedas; eso no le impide mantener una sonrisa en su rostro que denota un aire entre sarcástico e irónico. Al mismo inmueble llega a vivir Víctor (Jay Baruchel); este nuevo inquilino, quien es maestro de escuela primaria, desde el primer momento se muestra demasiado amigable con Louise y Spencer tratando de establecer una relación de buen vecino y/o quizás de algo más.

En los primeros minutos hay cierta expectativa para ver cómo se habrá de desarrollar la convivencia de estos vecinos y hasta cierto momento del metraje, el interés no decae. Entre algunos elementos que en principio aparecen como secundarios a la historia pero que después tendrán mayor relevancia se encuentra la presencia de una cuarta vecina francófona (Anne-Marie Cadieux) no muy amistosa, que no tolera a los gatos de Louise y que además efectúa ácidas observaciones sobre sus moradores anglófonos. Como telón de fondo, la información periodística periodísticos destaca el creciente número de crímenes de jóvenes mujeres no resueltos que llegan a atemorizar al vecindario incluyendo a Louise.

Dicho lo que antecede, el film va apuntando hacia diferentes direcciones pero sin que exista una satisfactoria cohesión. En primer lugar no basta agudizar demasiado el ingenio para sospechar quién es la persona asesina, pero además los giros inesperados que adopta el guión, generando alianzas, mentiras y traiciones entre los integrantes del trío protagónico, dejan una sensación de frustración dado que el film que ambicionaba ser un buen exponente del cine negro no logra su cometido. Tampoco el pretendido humor burlesco cumple su efecto y menos aún se justifica que la historia se ubique en 1995, año en que tuvo lugar el último referéndum sobre la soberanía de Quebec, cuando ninguna situación del relato está subordinada al contexto político de ese entonces.

Queda como saldo un relato de mínima tensión, que a medida que se va desarrollando pierde interés para que finalmente resulte olvidable. A su favor cabe mencionar la buena interpretación del elenco así como la satisfactoria descripción de sus personajes.

Bobby Fischer en el documental 'Bobby Fischer Against The World'

Bobby Fischer Against The World
EE UU-Gran Bretaña-Islandia, 2011
Un film de Liz Garbus

Este sobrio y preciso documental de Liz Garbus expone el meteórico ascenso del genial ajedrecista Bobby Fischer, el protagonismo logrado en un torneo que conmovió al mundo y finalmente su descenso a los infiernos.

No hay nada que pueda explicar el milagro de ser genio y tampoco el film intenta analizarlo sino simplemente mostrar que Fischer nació con el ajedrez en su sangre, deslumbrando con su talento inigualable desde temprana edad a quienes lo rodearon.

Hijo de una madre judía que negó su condición de serlo y que estuvo muy lejos de ser un modelo de progenitora ideal, los primeros minutos del film se refieren brevemente a su infancia bastante problemática que probablemente influyó para que desde muy joven, simultáneamente con su condición de genio, se mostrara como una persona extraña, taciturna, retraída, arrogantemente tímida, capaz de ser gentil en algunas instancias como también de reaccionar furiosamente en otras.

Pero el verdadero foco de atención de Garbus está en el histórico enfrentamiento ajedrecístico de 1972 entre Fischer, en ese entonces 29 años y 8 veces campeón de Estados Unidos, con Boris Spassky, el ajedrecista ruso que detentaba el título de campeón mundial; es interesante puntualizar que ese match tendría lugar en circunstancias en que la guerra fría entre EE. UU. y Rusia atravesaba por momentos difíciles y donde un triunfo de Bobby significaría también un trofeo importante para su país desde un punto de vista político. Desde el vamos, la incierta actitud y comportamiento de Fischer creó un suspenso mundial al rehusar desplazarse a Reykjavik donde tendría lugar la contienda, hasta que a último momento accede a hacerlo gracias a la intervención del entonces Secretario de Estado Henry Kissinger.

Llegado a Islandia, la tensión nerviosa nuevamente se manifiesta cuando en la sala de juegos, Bobby objeta la ubicación de las cámaras requiriendo que la partida se realice fuera de cualquier registro que pudiera perturbar su concentración. Vencidos los obstáculos, comienza el gran match consistente en 24 partidas, en donde en una de las mismas omitió de presentarse. Cuando en las primeras partidas, todo pareciera indicar la desventaja de Fischer, a medida que avanzan los juegos, sobre todo después del sexto calificado por los expertos como una “sinfonía de plácida música” y un modelo de precisión, el americano va imponiéndose gradualmente hasta llegar a desestabilizar psicológicamente a su oponente. Así después de 21 encuentros, Spassky abandona el juego en estado de completo agotamiento dando lugar a que Fischer se convierta el 1 de septiembre de 1972 en campeón mundial de ajedrez siendo el primer estadounidense en haberlo logrado.

A pesar de que el triunfo convierte a Fischer en un astro de fama mundial, la celebridad pareció no sentarle muy bien a quien prefirió defender su privacidad antes que nada. A partir de allí su manera extraña de comportarse comienza a evidenciarse cada vez con mayor énfasis, marcada por una paranoia al enfrentarse con el mundo exterior; ese desajuste emocional lo conduce a una total reclusión y a no intentar defender su corona en 1975 en un partido que debía realizarse en Manila frente al aspirante Anatoly Karpov, perdiendo el título adquirido tres años antes.

Apartado del juego y siguiendo su tránsito por un camino infernal, no obstante decide reaparecer públicamente en 1992 cuando se propone enfrentar nuevamente a Spassky en un partido de revancha celebrado en Belgrado; como Yugoslavia fue objeto de sanción por la guerra desatada en la región, Fischer viola el embargo político que le había impuesto Estados Unidos y es así que se convierte en un delincuente exilado de su país natal que despotrica contra los judíos convirtiéndose en acérrimo antisemita así como enemigo de Estados Unidos; de allí en más vive algún tiempo en Hungría, luego en Japón hasta que finalmente Islandia lo acepta como residente en 2005 y le otorga un pasaporte hasta que en 2008 la muerte le hace jaque mate en un estado de completa indigencia.

La victoria de Fischer de 1972 produjo un boom del ajedrez sin precedentes en Estados Unidos donde ese juego alcanzó inmensa popularidad con más de 600 millones de jugadores. Además, “Bobby Fischer Teaches Chess” es el libro de ajedrez más vendido de todos los tiempos.

Finalmente cabe aclarar que no es necesario conocer el juego del ajedrez para disfrutar de este buen e intrigante documental, aunque obviamente los ajedrecistas estarán en su salsa.

Luca Capriotti en 'Red Like the Sky'

Red Like the Sky (Rosso come il cielo)
Italia, 2007
Un film de Cristiano Bortone

Aunque han transcurrido varios años desde que fue realizado aquí se puede aplicar el refrán de que “más vale tarde que nunca” con el estreno reciente de RED LIKE THE SKY efectuado en Montreal.

Basado en un hecho real sobre lo acontecido con Mirco Mencacci, uno de los sonidistas de películas más importante de la cinematografía italiana, el realizador Cristiano Bortone decidió transformar en ficción una tierna pero triste historia con final feliz.

Tratando de llegar al gran público con un relato emotivo, el film tiene en común con “Cinema Paradiso” el amor que se puede sentir hacia el cine, a pesar de los obstáculos tropezados en el camino para llegar a expresarlo. La acción transcurre en una pequeña ciudad próxima a Pisa donde Mirco (Luca Capriotti), un niño de 10 años, vive con sus humildes padres disfrutando de la vida como cualquier otro pequeño de su edad con sus amiguitos. Al tratar de colocar un rifle, la mala suerte quiere que un movimiento en falso dado por Mirco produzca su caída y un disparo del arma que por poco termina con su vida; sin embargo, el accidente le produce una disminución prácticamente total de su visión al poder sólo vislumbrar sombras.

Dado que las disposiciones legales de Italia de la década del 70 impedían que los niños ciegos pudieran asistir a las escuelas públicas del lugar, el pequeño es enviado a Génova para estudiar en una escuela religiosa para chicos de la misma condición de Mirco. El período de adaptación es un tanto difícil en parte debido a estar lejos de su hogar y además por la naturaleza severa de su director (Norman Mozzato), lo que motiva que el niño en un principio adopte una actitud rebelde. Con todo, el pequeño irá modificando su conducta gracias al afecto prodigado por el amable maestro Don Giulio (Paolo Sassanelli), la relación amistosa entablada con Francesa (Francesca Maturanza) y sus compañeros de escuela.

Cuando Mirco se topa con una grabadora y el afectuoso maestro Don Giulio (Paolo Sassanelli) encarga a la clase que efectúe un trabajo sobre las cuatro estaciones, ése será el motivo para que el niño, apasionado por el cine, vaya registrando los sonidos naturales que servirán como la banda sonora para un cuento de hadas.

A medida que progresa el metraje, el film va adquiriendo un encanto mayor al ir descubriendo todas las maravillas que se pueden lograr -a pesar de no contar con mayores recursos materiales- extrayendo los enriquecedores efectos del sonido. A pesar de que el director del establecimiento se opone a las experiencias que realiza Mirco, el niño demostrará que con su perseverancia es capaz de mover montañas para finalmente lograr a través del tiempo el desarrollo de una exitosa carrera profesional como editor de sonidos.

Efectuado con sencillez y sin apelar a sentimentalismos forzados, el realizador logra calidez en un relato aleccionador. Así prueba cómo la inventiva humana puede llegar a superar los más difíciles impedimentos físicos, que como en este caso se evidencia que la pérdida de la vista pueda ser reemplazada por la maravilla del sonido.