‘The Ides of March’, ‘Celda 211′, ‘Margaret’

Cine Hablemos de Cine Oct 7, 2011 at 10:40 am

Evan Rachel Wood y Ryan Gosling, en 'The Ides of March'

The Ides of March
Estados Unidos, 2011
Un film de George Clooney

Además de ser un buen actor, George Clooney ratifica su talento como director en su cuarto film THE IDES OF MARCH, un eficiente relato que contempla las maniobras, manipulaciones y confabulaciones del mundo político en la lucha por el poder.

El guión preparado por Clooney en colaboración con Grant Heslov y Brian Oliver basado en la la pieza teatral “Farragut North”, narra los entretelones de una campaña política en los días previos a una elección crucial de las primarias presidenciales demócratas en Ohio, en donde se espera que su ganador será el candidato elegido por el partido para aspirar a la presidencia de los Estados Unidos. Uno de los dos contendientes aspirantes a lograr la nominación es el gobernador Mike Morris (Clooney), un bien inspirado liberal con experiencia política, que tiene las mejores intenciones de introducir reformas sociales que beneficiarán al electorado americano. A su lado cuenta con la valiosa colaboración de Paul Zara (Philip Seymour Hoffman), su devoto consejero y el responsable del manejo de todos los detalles vinculados con la campaña electoral; también se encuentra Stephen Meyers (Ryan Gosling), un entusiasta muchacho de agradable presencia y simpatía que se desempeña como jefe de prensa y reporta a Zara.

La primera parte del film, que demora un poco en cobrar fuerza, se centra en las actividades de Stephen preparando los discursos apropiados para el gobernador, la forma cómo se desenvuelve con los medios de comunicación –especialmente con una de las periodistas del New York Times (Marisa Tomei)- para la difusión más apropiada de las noticias y también evalúa con Zara cuál sería el modo de conseguir que el influyente senador Thompson (Jeffrey Wright) decida adherir con sus votos a la causa de Morris en lugar de hacerlo para el senador Pullman (Michael Mantell) que es el candidato rival participando en la contienda.

Cuando todo parecería marchar sobre ruedas, Stephen comete el error táctico de entrevistarse con Tom Duffy (Paul Giamatti), el encargado de la campaña de Pullman, quien trata de inducirlo para que abandone al gobernador y se una a su equipo. Para complicar la situación, la relación íntima que el carismático joven mantiene con Molly (Evan Rachel Wood), una joven de 19 años que realiza una pasantía en la campaña de Morris, conduce a insospechadas revelaciones y a la postre adquiere situaciones dramáticas que ilustrarán hasta qué punto todo lo que se cuece en las trastiendas del medio político hiede para terminar apestando.

Clooney ha obtenido un film de incisivo e ingenioso diálogo que refleja el mundo de la política actual. Aunque el personaje de Seymour Hoffman manifieste que la lealtad es el único escaso valor que predomina en este particular medio, los hechos demuestran que no existen pautas específicas a seguir cuando en la lucha por el poder entran en juego los factores de influencia, compromisos forzados, retribución de favores, así como secretos bien guardados de honorables hombres públicos que terminan comprometiendo valores éticos y morales. Ciertamente, la historia que aquí se contempla ofrece una visión cínica, ácida y poco complaciente de una realidad irrefutable, dejando en el ánimo del espectador la misma sensación de pena que contemplamos en el rostro de Stephen cuando concluye el relato.

En un elenco de importantes valores se destaca Gosling animando excelentemente al principal personaje; el competente actor, uno de los mejores de su generación, transmite cabalmente la transformación que experimenta como el entusiasta y bien intencionado idealista del principio hasta llegar a la desilusión que siente cuando comprende que para ganar y defenderse de los manejos turbios del mundo que lo rodea deberá sacrificar principios que le son caros aunque se trate de vender su alma. Clooney como actor también impresiona como un político de ambigua moral y el resto del competente reparto está a tono con la calidad de este logrado drama político.

Alberto Ammann y Luis Tosar, en 'Celda 211'

Celda 211
España-Francia, 2009
Un film de Daniel Monzón

Con CELDA 211 el realizador español Daniel Monzón aborda un drama carcelario pero a diferencia de otros de gran calidad –como por ejemplo lo es “A Prophet” (2009)- la historia no refleja la vida rutinaria de los presidiarios sino las consecuencias acarreadas por el estallido de una revuelta. La película que el año pasado merecidamente ganó ocho premios Goya en los rubros más importantes, deslumbra entre otras razones por su excepcional dirección y la buena adaptación del guión preparado por el realizador en colaboración con Jorge Guerricaechevarria basado en el libro de Francisco Pérez Gandul.

La trama involucra a Juan Olivier (Alberto Ammann), un hombre joven que está a punto de ingresar a trabajar como oficial correccional de una cárcel española que hospeda a peligrosos criminales. Como prólogo al drama que habrá de acontecer, el relato lo enfoca compartiendo algunos momentos íntimos con su esposa (Marta Etura) embarazada. Para familiarizarse con su nuevo empleo en el lugar donde deberá cumplir sus funciones, se presenta al trabajo con un día de anticipación. La mala suerte quiere que en el recorrido efectuado a lo largo de los pabellones un inesperado accidente lo tumbe dejándolo inconsciente; los oficiales de la prisión que lo estaban acompañando en lugar de llevarlo a la enfermería lo trasladan a una celda vacía, la número 211, pero al estallar un motín de los presidiarios donde tres miembros de la ETA son tomados como rehenes, los carceleros se ven forzados a abandonarlo en el lugar para ocuparse del grave incidente. Al recobrar el conocimiento y tomar conciencia de lo que está sucediendo, Juan se encuentra atrapado frente a una situación explosiva y con el ánimo de protegerse, instintivamente decide adoptar la identidad de un prisionero y colocarse del lado de los amotinados. De aquí en más, lo que sobreviene es mejor contemplarlo que contarlo pero bastará señalar que gran parte del nudo dramático del relato gira en torno de la relación singular que se crea entre el nuevo confinado y Badass (Luis Tosar), un psicópata recluso asesino que lidera el amotinamiento; no obstante la rudeza y brutalidad de este último, la afabilidad de Juan logrará ganar su confianza generando un impensable lazo afectivo. Cabe reconocer que el relato posee un considerable contenido de violencia que en este caso puede justificarse atendiendo a la naturaleza del tema.

En líneas generales, sin el propósito de brindar mensaje alguno sino simplemente exponiendo los hechos, el film constituye una aguda crítica al sistema carcelario donde a la baja calidad de vida de los prisioneros allí alojados se une la desvergonzada inmoralidad ejercida por las autoridades cuando no hay medio que se les oponga –por más criminal que sea- para lograr los fines que persiguen.

Tanto los personajes principales como los secundarios están excepcionalmente descriptos y defendidos magníficamente por un sólido elenco donde, sin lugar a dudas, el talento de Tosar se manifiesta en todo momento así como el competente trabajo que realiza Amman en su debut cinematográfico.

Otros aspectos que contribuyen a que esta historia resulte atractiva son su impresionante realismo así como su imprevisibilidad capaz de crear una convincente intriga que mantiene en vilo al espectador durante las casi dos horas de duración del metraje. Con la excelente puesta escénica de Monzón y ayudado por el eficiente montaje de Cristina Pastor, el film adquiere un ritmo fluido de considerable tensión. En síntesis, una intensa y apasionante historia que provee gran entretenimiento.

Matt Damon y Anna Paquin, en Margaret

Margaret
Estados Unidos, 2011
Un film escrito y dirigido por Kenneth Lonergan

Este film rodado en 2005 demoró seis años en ver la luz debido a problemas legales y de post-producción vinculados con su montaje. Más allá de las dificultades apuntadas, lo cierto es que se asiste a una narración desorganizada y errática sobre una adolescente perturbada por una tragedia donde en parte fue responsable.

Anna Paquin interpreta a Lisa Cohen, una chica temperamental de 17 años viviendo en Manhattan que encuentra en el colegio al que asiste una buena tribuna para discutir vehementemente con sus compañeros de clase algunos tópicos vinculados con racismo, terrorismo así como la política exterior de Estados Unidos como consecuencia de los actos que tuvieron lugar en septiembre de 2001. Al poco tiempo de iniciado el metraje se produce el incidente que genera el conflicto central del relato cuando ella al flirtear con el conductor de un autobús hace que éste se distraiga y descuide el semáforo rojo que tiene por delante atropellando violentamente a una persona de mediana edad (Allison Janney); en los cinco minutos que siguen al accidente, Anna se aproxima a la mal herida mujer aún con vida para confortarla hasta que finalmente muere en sus brazos. El hecho la deja muy afectada y en el momento de efectuar la declaración policial, donde ella aparece como testigo del hecho, a sugerencia de su madre Joan (J. Smith-Cameron) y para no afectar al conductor, declara que el autobús había cruzado la calle de intersección con luz verde.

Después del grave episodio, el relato abunda en detalles que en su mayoría poco se relacionan con la esencia del film. Entre otros aspectos, se sabe que Lisa vive con su madre divorciada, una actriz más preocupada por sí misma y que la relación entre ambas se desenvuelve con marcada tensión; mientras que Joan está saliendo con un hombre de negocios (Jean Reno), su ex marido (Kenneth Lonergan) se ha vuelto a casar y reside en California. Otros aspectos del film, muestran a algunos de sus profesores (Matt Damon y Matthew Broderick) y sus compañeros de estudio donde uno de ellos (Kieran Culkin) es invitado por Lisa para tener su primera relación sexual.

A poco más de una hora, la historia pareciera adoptar otro cariz cuando como consecuencia de un encuentro que Lisa tiene con el conductor del autobús, ella decide castigarlo tratando de rectificar su previa declaración policial para responsabilizarlo del accidente ocurrido. Así, repentinamente el film refleja los esfuerzos desesperados que Lisa realiza junto con Emily (Jeannie Berlin), una gran amiga de la víctima, para demandar legalmente a la compañía de autobús para quien trabaja el conductor.

Aunque en principio uno quisiera creer que la actitud de la joven responde al conflicto moral que la aflige, su histeria y neurosis adopta un cariz que evidencia su desequilibrio mental al mostrar su obsesión de perjudicar al conductor. Cargando las tintas en forma exagerada, el realizador expone el trauma de Lisa con poca sutileza, situación que se agrava con diálogos que se convierten en gritos y alaridos irritantes, sin que en momento alguno se pueda sentir lástima, compasión o empatía con las actitudes que esta chica realiza y provoca.

Afortunadamente y aunque no tenga que ver con el contexto del relato, hacia el final llega el momento donde el espectador puede relajarse un poco contemplando a la excelente soprano René Fleming cantar en el Metropolitan Opera de Nueva York un aria de “Los Cuentos de Hoffmann” mientras que Lisa se abraza fuertemente a su madre.

Aunque el film reúne a prestigiosos artistas cuya actuación resulta irreprochable, el esfuerzo desplegado está al servicio de un melodrama de poco aliento que no justifica las dos horas y media invertidas por el público que además corre el riesgo de quedar contagiado de la histeria de su protagonista.