‘Happy Feet 2′, ‘Margin Call’, ‘Like Crazy’

Cine Hablemos de Cine Revista Nov 18, 2011 at 2:41 am

Una escena del film de animación 'Happy Feet 2'

Happy Feet 2
Estados Unidos-Australia, 2011
Un film de George Miller

Cinco años después de la cálida recepción recibida por “Happy Feet” de parte del público, la crítica y del Oscar a la mejor película de animación, llega ahora su secuela, también dirigida por George Miller. Aunque HAPPY FEET 2 no supera al film precedente, Miller ha logrado una buena mixtura de música, danzas y canciones con el agregado de proporcionar una riqueza visual permitiendo que la familia en su conjunto disfrute de un placentero relato.

Quienes hayan visto “Happy Feet” recordarán que su trama estaba centralizada en adorables pingüinos donde Mumble, uno de ellos, a diferencia del resto de su colonia no sabía cantar pero estaba dotado de un gran talento para el baile zapateado (“tap dance”); al verse excluido de los suyos no se atrevía a expresar sus sentimientos de amor a Gloria por lo que decidió abandonar el hogar. A la postre todo terminaba bien donde el antihéroe lograba ser aceptado por los suyos además de conquistar el corazón de Gloria.

En esta secuela, cuya acción también sigue ambientada en la Antártida, Mumble (Elijah Wood) comprueba que su pequeño hijo Erik (Ava Acres) no conserva las cualidades suyas de buen zapateador y se siente inseguro bailando. Sintiéndose humillado, al igual que su padre lo había hecho tiempo atrás, deja su hogar para lanzarse a una imprecisa aventura con un grupo de amigos y Ramón (Robin Williams), el compañero de su padre; entre otro encuentros el grupo se topa con Sven (Hank Azaria), un pingüino volador que pertenece a otra familia de estas aves marinas, impresionando gratamente a Erik.

En tanto que el padre trata de localizar a su hijo, se produce un desmoronamiento de un iceberg que hace peligrar a toda la comunidad al quedar atrapada en un valle; a partir de allí se asiste a los esfuerzos realizados por Mumble por salvar a su esposa Gloria (Alecia Moore) y a toda la colonia. Para ello es importante la colaboración obtenida por otras aves, una manada de elefantes marinos (el más imponente con la voz de Anthony LaPaglia) y dos diminutos crustáceos (Brad Pitt, Matt Damon).

Aunque la historia no alcanza tensión dramática y de antemano es sabido que su desenlace de ningún modo será trágico, la previsibilidad del relato no lo priva de remarcar la importancia de la familia, la amistad y la solidaridad, así como el brindar un encubierto mensaje ecológico. Pero lo que aquí realmente importa es la presencia de un buen espectáculo y eso está logrado por el excelente trabajo realizado por el director de animación Rob Coleman con personajes muy agradables capaces de brindar simpatía e inspirar ternura. A lo dicho se agregan los agradables números musicales en donde predomina el mágico zapateo que los encantadores pingüinos ofrecen con sus agraciadas patitas. Cabe finalmente mencionar que la proyección en tercera dimensión otorga relieve y profundidad a ciertos pasajes del film, especialmente en lo concerniente a la música y danza, pero de todos modos sus méritos no quedan menoscabados si se lo exhibe en el formato tradicional 2D.

Jeremy Irons en 'Margin Call'

Margin Call
Estados Unidos, 2011
Un film escrito y dirigido por JC Chandor

Inspirado en los sucesos que condujeron a la quiebra de Lehman Brothers en Septiembre de 2008 con la consiguiente crisis económica que produjo a nivel mundial y que todavía está repercutiendo, el novel realizador JC Chandor propone con MARGIN CALL una dramatización de los hechos previos que condujeron a dicha situación, imaginando a una de las tantas empresas financieras actuando con el mismo nivel de irresponsabilidad y malicia. El film deja una sensación de pesadumbre contemplando una historia que si bien es muy conocida tiene el mérito de describir una realidad tan sombría como repulsiva al ilustrar los esfuerzos de una compañía financiera para evitar su derrumbe, aunque eso implique hundir al resto del mundo.

Todo acontece en un período de escasas 36 horas en el seno de un banco de inversiones. La primera jornada comienza con la decisión de los cuadros superiores despidiendo a una considerable parte del personal, frente a eventuales problemas que puedan surgir a breve plazo. Uno de los afectados es Eric Dale (Stanlely Tucci), un gerente de riesgo con 19 años de antigüedad, quien apenas es notificado de la medida adoptada es despojado en la forma más inhumana posible de todos sus atributos y pertenencias de la empresa y es acompañado por un agente de seguridad hasta la puerta del edificio; sin embargo y antes de dejar el lugar logra entregarle un USB a Peter Sullivan (Zachary Quinto), un joven analista, advirtiéndole que tenga cuidado. Horas después, cuando todos los empleados ya se han retirado, Peter examina lo que Eric le ha confiado y se alarma al constatar que el análisis de proyecciones realizados por el ex gerente refleja que la compañía corre el riesgo de una quiebra inminente debido a la posesión de activos financieros compuestos por hipotecas tóxicas de valor casi nulo así como otros productos inservibles. Peter convoca urgentemente a su compañero de trabajo Seth Bregman (Penn Badgley) y a Will Emerson (Paul Bettany), el jefe de ambos, imponiéndoles de la gravedad de los hechos para ser posteriormente transmitida a su superior Sam Rogers (Kevin Spacey) lo que está pasando. A medida que avanza la noche llegan a la organización otros ejecutivos de alto nivel (Demi Moore, Simon Baker), y finalmente a las 4 de la madrugada arriba el dueño y CEO de la compañía John Tuld (Jeremy Irons). En esa reunión de emergencia se adopta la decisión de ubicar con urgencia a Dale y de reincorporarlo a la compañía, cualquiera que sea los honorarios que exija por sus servicios; además, Tuld ordena la venta inmediata de los activos putrefactos de la firma al mejor precio posible apenas el mercado se reabra, para evitar que la noticia llegue a divulgarse. De allí en más, seguirá una segunda jornada signada por una marcada tensión.

En su primer trabajo como realizador Chandor ha logrado un documento de gran madurez, donde el espectador queda totalmente inmerso en la acción y sumergido en el mismo clima de suspenso agobiante que envuelve a los altos ejecutivos de la firma.

Muy parecido a lo que el dramaturgo David Mamet ofrecíera en “Glengarry Glen Ross”, el texto de Chandor es de gran ingeniosidad con algunos memorables monólogos y corrosivos diálogos. Por ejemplo, demostrando que a medida que se va ascendiendo a las posiciones superiores de la escala jerárquica los ejecutivos saben menos que sus subalternos, el público asiste a una escena fascinante cuando al comenzar la dramática reunión nocturna, Tuld le pide a Peter que le explique en los términos más simples posibles, como si tuviera que dirigirse a un niño de 6 años, en qué radica la gravedad de la situación. De modo similar procede Chandor con su relato permitiendo que el mismo pueda ser seguido por cualquier persona que ignore la forma en que los mercados operan, llegando a saber cómo actúan los titanes multimillonarios de estas instituciones cuya fortuna ha sido acumulada en base a la especulación y depredación efectuada al modesto e inocente inversor.

Aunque gran parte de este lúcido documento es debido a su realizador, no menos importante es la contribución realizada por el brillante elenco que lo anima donde cada uno de los actores participantes se despoja de su propia personalidad para reemplazarla con asombrosa convicción con la del personaje asumido.

Este elogiable film produce en el espectador una gran frustración por la naturaleza de su tema; sin embargo su visión es muy recomendable porque Chandor retrata acabadamente el rostro humano de los rapaces financieros, aunque en última instancia carezcan de humanidad. Lo triste del caso es que la mayoría de los mismos sale impune de los delitos cometidos y nada parece indicar que el sistema haya cambiado para evitar el advenimiento de nuevas catástrofes económicas.

Anton Yelchin y Felicity Jones en 'Like Crazy'

Like Crazy
Estados Unidos, 2011
Dirigida por Drake Doremus

Esta película del joven realizador Drake Doremus en principio reúne los atributos necesarios para convertirse en una buena historia romántica, sin embargo se queda a mitad de camino y solo en forma muy intermitente presenta algunas situaciones que despiertan relativo interés.

La historia se refiere a la relación no muy convencional que une a dos jóvenes próximos a graduarse en la Universidad de Los Ángeles. Ella es Anne (Felicity Jones) quien se siente atraída por Jacob (Anton Yelchin), uno de sus compañeros de curso; para conquistarlo, utiliza un modo bastante particular al dejarle un curioso mensaje de amor en el parabrisas de su coche. Después de conocerse, flirtear e intimar, llega la hora de la separación porque Anne, que es británica, reside en Estados Unidos con una visa de estudiante de vencimiento inminente. Para pasar el verano junto a su novio, contraviene el permiso legal al quedarse más tiempo del debido antes de retornar a Londres; cuando posteriormente quiere volver a Los Ángeles con una visa de turista, los funcionarios de inmigración americana le niegan su entrada, obligándola a regresar a Inglaterra.

Aunque en principio podría despertar curiosidad en ver cómo se habrá desarrollar un vínculo sentimental donde las partes viven a miles de kilómetros de distancia, el guión de Daremus y Ben York Jones carece de la necesaria sustancia cómo para que lo que se expone resulte más atractivo. Durante la separación física, los estados anímicos de la pareja se ven alterados con el resultado de que Jacob pronto encuentra solaz sentimental con una colega de su trabajo (Jennifer Lawrence), en tanto que Anne no dudará en intimar con un vecino (Charlie Bewley) del lugar donde habita. El viaje que él efectúa a Londres para reencontrar a su novia provocará situaciones de ruptura, reconciliación, reproches, resentimientos, pero sin que todo ello repercuta vitalmente en el espectador; a todo esto, la mutua infidelidad de la pareja resta convicción a la sinceridad de los sentimientos envueltos.

Lo más objetable de Like Crazy es la débil caracterización de sus personajes y la falta de química existente entre los personajes principales donde se observa a un Jacob más bien pasivo frente a una Anne mucho más dinámica y apasionada. Los pasajes en que el relato alcanza un matiz de mayor interés son en las escenas que intervienen los padres de Anne (Alex Kingston y Oliver Muirhead) quienes le otorgan un poco de calor y humor al mismo. La actuación de Jones y Yelchin es buena pero sus personajes, especialmente el de Jacob, carecen de la profundidad necesaria y su final abierto de novelita rosa impide que el film llegue a perdurar en la memoria del espectador.

Para resumir, aunque este film se puede ver está muy lejos de generar el entusiasmo que dentro del mismo género alcanzaran, para citar algunos ejemplos, “Before Sunrise” (1995) y “Before Sunset” (2004) con Ethan Hawke y Julie Delpy y/o hace poco tiempo “Blue Valentine” (2010) con Ryan Gosling y Michelle Williams.