‘Tinker, Tailor, Soldier, Spy’, ‘The Eye of the Storm’, ‘Tuesday, After Christmas’

Cine Hablemos de Cine Dec 16, 2011 at 2:12 am

Gary Oldman en 'Tinker, Tailor, Soldier, Spy'

Tinker, Tailor, Soldier, Spy
Gran Bretaña-Francia-Alemania, 2011
Un film de Tomas Alfredson.

Tomas Alfredson, después de haber abordado exitosamente una historia de vampiros en el film sueco “Let the Right One In” (2008), hace su primera incursión en el cine de habla inglesa abordando un género completamente diferente; en esta ocasión se involucra en el mundo del espionaje tomando como referencia la novela de John Le Carré “Tinker, Tailor, Soldier, Spy” publicada en 1974. Lejos de las historias del mismo género y de gran acción concebidas por Ian Fleming con James Bond, Le Carré adopta en sus relatos un tono emocionalmente frío, cerebral y más pausado, algo que precisamente se aprecia en este film. Su historia ya fue objeto en 1979 de una satisfactoria miniserie británica para la televisión que duraba varias horas, mientras que aquí el tiempo queda reducido a un espacio de dos horas de metraje que, dada la naturaleza de su compleja trama, resulta insuficiente para expresar fielmente toda la riqueza de la obra literaria.

Este relato es una variación sobre los aspectos considerados por Le Carré en su literatura analizando la Guerra Fría durante los años de postguerra. Cuando Control (John Hurt), la máxima autoridad del Servicio de Inteligencia Británico -generalmente conocido como M16- sospecha que dentro de la organización hay un informante que actúa para los rusos, encomienda al agente Jim Prideaux (Max Strong) que viaje a Budapest a fin de contactar a un general que le habrá de suministrar el nombre del doble espía. Sin embargo, la operación fracasa cuando Jim es baleado en Budapest y Control es despedido de su cargo muriendo poco tiempo después. El problema es ahora abordado por uno de los ministros del gobierno (Simon McBurney); para ello convoca al jubilado George Smiley (Gary Oldman), quien fuera uno de los principales espías del M16, para que abandone temporalmente su retiro a fin de tomar las riendas del asunto; concretamente debe determinar quién es el topo infiltrado en la agencia dentro de una lista reducida a cuatro sospechosos que trabajan en la misma con nombres codificados; ellos son Percy Alleline (Toby Jones) “Tinker”, Bill Haydon (Colin Firth) “Tailor”, Roy Bland (Ciarán Hinds) “Soldier” y Toby Esterhase (David Dencik) “Poor Man”.

El relato es demasiado denso y absorbente creando algunas dificultades para seguir su desarrollo para quienes no hayan visto la serie o leído la novela. Así, cierta confusión se produce debido a diferentes razones, a saber: los numerosos personajes secundarios que contiene la historia no siempre están vinculados con claridad, las diferentes subtramas dentro de la trama central propenden a desviar la atención, las situaciones cambiantes que se van produciendo en el proceso de investigación de Smiley y los numerosos flashbacks del presente al pasado someten al espectador corriente al desafío de poder digerir en forma satisfactoria el desarrollo del relato. Curiosamente cuando muchas veces se suele objetar la excesiva duración de un film, éste es uno de los raros casos donde una media hora adicional de metraje podría haber permitido una mayor claridad expositiva.

A pesar de las observaciones formuladas, el film transmite el clima opresor y lúgubre de la Guerra Fría reflejando un moderado suspenso aunque sin escenas de gran tensión. A nivel de interpretación, la actuación de Oldman es sobresaliente al cargar sobre sus hombros el peso del relato, brindando considerable gravedad emocional a su personaje; otros nombres destacables son los de Hurt, Tom Hardy y Benedict Cumberbatch. En los renglones técnicos se destaca el excelente trabajo del compositor Alberto Iglesias en la banda sonora.

Charlotte Rampling en 'Theh Eye of the Storm'

The Eye of the Storm
Australia, 2011
Un film de Fred Shepisi

Un potente drama aunque no del todo bien estructurado es lo que ofrece Fred Shepisi con The Eye of the Storm, sobre las dificultosas relaciones mantenidas entre una madre y sus dos hijos. Adaptado de la novela del mismo nombre del Premio Nobel de literatura Patrick White, este film se distingue por la calidad de su elenco encabezado por Charlotte Ramplilng, Geoffrey Rush y Judy Davis.

El guión de Judy Morris enfoca a Elizabeth Hunter (Ramplilng), una anciana octogenaria de gran fortuna quien gravemente enferma pasa sus últimos días de vida en una mansión palaciega en un suburbio de Sydney mientras aguarda la llegada de sus dos hijos expatriados. Ellos son Basil (Rush), un famoso actor de teatro de Londres, y Dorothy (Davis) quien vive en Francia y está divorciada de un hombre de la nobleza que la convirtió en princesa.

El reencuentro familiar no impide que la postrada Elizabeth en sus pocos momentos de lucidez, siga lanzando dardos ponzoñosos a sus hijos así como lo ha hecho durante toda su vida; en rigor de verdad, el retorno de Basil y Dorothy no se debe tanto al respeto que les merece su madre a punto de morir sino que por las dificultades financieras en que ambos se encuentran están interesados en hacerse cargo de la importante herencia que les habrá de corresponder.

Además de sus hijos, Elizabeth está rodeada por el leal personal que la atiende. Entre ellos se encuentra un par de enfermeras, una es Flora (Alexandra Schepisi) quien sabe cómo granjearse la simpatía de la enferma a la vez que astutamente seduce a Basil persiguiendo intereses personales; la otra es la sumisa Mary (Maria Theodorakis); también se encuentra Lotte (Helen Morse), una angustiada y devota cocinera que, ataviada con los elegantes vestidos de Elizabeth, la entretiene con sus bailes y números de cabaret durante sus horas libres. Otros personajes incluyen a Albert (John Gaden) el devoto abogado de Elizabeth, ocupado de redactar su testamento y de ejecutarlo cuando llegue el momento de hacerlo, y un aspirante Primer Ministro (Colin Friels) que trata de conquistar a Dorothy.

Aunque el film dure dos horas no es mucho lo que anecdóticamente se llega a resaltar. Parte del relato descansa en los recuerdos que acuden a la confusa mente de Elizabeth; allí retornan los fantasmas del pasado donde con veinte años más joven aparece menospreciando y humillando a sus hijos, especialmente a Dorothy al punto tal de arrebatarle a su atractivo novio. Si bien esas escenas intentan agregar nuevos matices sobre la personalidad de la moribunda, lo más importante, aunque no del todo lograda, es una escena de epifanía espiritual que experimenta como consecuencia de una borrascosa tormenta.

Aunque bien filmada, la película sufre los efectos de un guión un poco deshilvanado que resta fuerza al relato; por ejemplo una pareja con 4 hijos vive cerca del lugar donde Basil y Dorothy pasan cierto tiempo; sin embargo, nada se sabe quiénes son o cómo se injertan en el relato.

Rampling, en la piel de la sarcástica y malevolente anciana, ofrece una de las mejores actuaciones de su exitosa carrera; a su lado, Rush da otra muestra de solidez como un donjuanesco y presumido individuo, y Davis deja una indeleble impresión animando a una frustrada y un tanto neurótica mujer; todos los actores de apoyo también son muy convincentes. En resumen, éste es un film ambicioso que aunque no logra convencer por completo, se deja ver por el nivel de interpretación, indudablemente el plato fuerte del mismo.

Mimi Branescu y Mirela Oprisor en 'Tuesday, After Christmas'

Tuesday, After Christmas
Rumania, 2010
Un film de Radu Muntean

Confirmando la calidad que el cine rumano vino deparando en los últimos años (“4 meses, 3 semanas, 2 días”, “La Muerte del Sr. Lazarescu”, “12:08 Hora Este de Bucarest”) el film de Radu Munteau vuelve a sorprender abordando el tema del adulterio: si bien ese tópico ha sido tratado en múltiples oportunidades, aquí adquiere una fisonomía distintiva por su franco realismo.

Como si el espectador estuviese asistiendo en forma invisible, las primeras imágenes que transcurren durante unos 7 minutos y con una cámara prácticamente inamovible, reflejan la intimidad de una pareja durante el acto de amor y los instantes que le siguen con el relajamiento postcoital. Nada de lo que se dice es trascendente pero la banalidad de las palabras no podría reflejar más adecuadamente lo que en la vida real suele ocurrir entre dos personas que se aman. La siguiente escena demuestra que Paul (Mimi Branescu) y Raluca (María Popistasu) son amantes; en efecto cuando él y su esposa Adriana (Mirela Oprisor) están en una zapatería comprando un calzado para Paul queda claro que ella no sospecha que algo esté aconteciendo en su relación conyugal y el comportamiento de ambos no se diferencia mucho del de otras parejas casadas que aunque guardan mutuo cariño, después de varios años de convivencia la pasión inicial se ha visto disminuida. Un momento de cierta tensión se produce cuando Adriana acude con su marido al consultorio dental donde su hijita Mara (Sasa Paul-Szel) de 9 años es tratada por Raluca quien en su carácter de dentista explica a los padres el tratamiento al que la pequeña es sometida.

El guión escrito por el realizador y sus colaboradores Alexandru Baciu y Razvan Radulesco evita el tono melodramático y tampoco recurre a situaciones vistas en otras muestras sobre infidelidad conyugal; aquí ni la amante exige la separación ni tampoco la esposa es desagradable o poco simpática. Por el contrario, el relato se interesa en describir la situación ambigua de Paul de la manera más natural posible creando en su primera hora de metraje la curiosidad de saber cómo y cuándo la verdad saldrá a relucir y de qué modo reaccionarán las partes afectadas. Cuando la misma llega con la confesión del hombre a su esposa, la calma inicial se traduce en dolor y posteriormente ella reacciona con ira; a pesar de ese momento de honda intensidad emocional, la narración no llega a desbordar.

La historia transcurre durante los días previos a la celebración de las fiestas navideñas, período en que por lo general queda evidenciado el valor de la familia y donde aquí ocurre precisamente lo contrario.. De allí que el relato mantenga la intriga hasta el final por ver cómo Paul y Adriana revelarán a su hija y a los padres de Paul lo que está pasando.

En ningún momento Muntean juzga moralmente a sus personajes sino que se limita a exponer los hechos para que el público lo catalogue por sí mismo. No hay indicio alguno que señale cómo un hombre casado, donde aparentemente todo marchaba bien durante 10 años, tenga que optar entre dejar a su familia o bien a su amante. Por eso, el film puede producir cierta incomodidad y tristeza al comprobar cómo la falencia del comportamiento humano es capaz de conducir al quiebre de una sana relación matrimonial cuando el destino introduce inesperadamente a una tercera persona en el camino.

El film está impecablemente realizado, sus diálogos no son abundantes pero rigurosamente precisos y el uso de largos planos secuencia permite que uno se involucre plenamente de lo que está aconteciendo.

Conclusión: Una película íntima y sutil que deja una impresión decididamente positiva.