Los zapatos del líder

Canadá Columnistas Temas Intocables Mar 8, 2012 at 11:59 pm

        Montreal.– En inglés existe esa expresión que se aplica cuando una persona que se va o muere deja unos zapatos que difícilmente otra persona puede calzar. Es lo que ha sucedido con el Nuevo Partido Democrático (NPD) que en las últimas elecciones alcanzó un número récord de parlamentarios, convirtiéndose en la oposición oficial en Ottawa. Parte fundamental de ese exitoso resultado  fue la figura de su líder, Jack Layton, que desgraciadamente murió pocos meses después.

            A todas luces parecía el alcance de una quimera que por allá por los años 30 y 40 habrían soñado los grandes propulsores de la Izquierda en Canadá, en especial Tommy Douglas, hace unos años votado en un programa televisivo como el “más grande canadiense de todos los tiempos”.

La presencia carismática de Layton fue fundamental para el resultado obtenido por el NPD en la elección de mayo pasado, por lo que su muerte inmediatamente sembró dudas sobre el futuro del partido que había liderado.

De ahí el encabezamiento de esta nota y la referencia a sus zapatos. Creo que no tendría ser así, en política lo más importante no debería ser la figura del líder, sino el programa político que el líder y su movimiento encarnen. El líder puede cambiar o puede no estar más allí, lo que debe perdurar son las ideas y principios del partido.

Lamentablemente, sabemos que no es así, especialmente en el medio político de la América del Norte, donde en general el electorado es despolitizado, no tiene mucha idea de los principios que mueven a uno u otro partido, y, llegado el día de la elección, en una gran proporción, puede votar no por las ideas de fondo que presenta un partido, sino por la imagen de un candidato.

Si bien esta aporta beneficios a un partido en un momento dado: le permite ganar elecciones; por otro lado le presenta el difícil problema de qué hacer cuando ese líder ya no está y, como suele ocurrir, quien lo reemplaza sencillamente no está a su altura. Casos abundan en la política canadiense: Pierre Trudeau fue uno de esos líderes de gran impacto, cuando se retira sin embargo toma el timón del Partido Liberal el opaco John Turner que por supuesto cuando tiene que enfrentar elecciones sufre un rotundo fracaso. Brian Mulroney (por cierto no un santo de mi devoción, un sujeto que creo funesto y probablemente el peor primer ministro de los últimos tiempos) no obstante para la Derecha en este país fue un líder importante, a su retiro sin embargo toma las riendas del conservantismo la pobre Kim Campbell que ni siquiera consigue reelegirse ella misma. Jean Chrétien, un líder que invitaba a la controversia, pero con innegables condiciones de liderazgo, fue sucedido por un político gris como las piedras del desierto, como diría el poeta Nicanor Parra, me refiero al ya olvidado Paul Martin que inició el camino al descenso que hoy tiene a los liberales donde están, en un distante tercer puesto.

Gústeme o no, porque a mi juicio la política es algo más que el atractivo o el carisma de líderes, lo cierto es que a nivel popular la imagen del líder es de gran significación y probablemente el factor que al final determina como vota la mayoría de la gente.

Lo que me lleva a enfocar el debate tenido en Montreal de los candidatos a liderar el NPD en las elecciones internas que deben culminar el 24 de marzo en el congreso del partido en Toronto.

Los candidatos son siete, cinco de ellos, parlamentarios (los otros dos, de ganar el liderazgo, tendrían que concurrir a una elección para poder estar presentes en los debates de la Cámara de los Comunes en Ottawa), dos de ellos son de origen étnico (otro que anglo o franco) y dos son mujeres.

Para decir las cosas francamente debo afirmar que ninguno de ellos parece poder calzar los zapatos que el difunto líder desgraciadamente dejó atrás. Veamos por qué.

Niki Ashton, una joven diputada por Manitoba me impresionó por su pasión y elocuencia. Puede ser una líder potencialmente a considerar. Para algunos sin embargo, su juventud puede ser un factor en contra. Creo que puede comunicarse muy bien con la gente en general en una campaña. Sin embargo en el debate mismo no se explayó en temas de profundidad, no por su culpa quizás sino por el formato del tipo de preguntas, muy centrado en el tema de Quebec más que en la economía o los programas sociales.

Martin Singh, un hombre de la comunidad sikh aparece como el “underdog” de la campaña. Él mismo no es diputado en la actualidad, un farmacéutico de Nova Scotia, probablemente no logrará muchos votos. Sin embargo, al revés de candidatos que de partida no tienen mucha chance, en su intervención en el debate pareció muy articulado.

Peggy Nash, la otra mujer candidata, actual diputada de la provincia de Ontario, se manejó en buen francés, pero su actitud de “cortejar” a la audiencia francófona de Quebec me sonó como una forma un tanto barata de buscar apoyo. Su ataque dudando del bilingüismo de su colega Paul Dewar por ejemplo, me pareció un “cheap shot”. Nash proyectó la imagen de una persona un tanto desagradable, lo que no es bueno en una líder.

Paul Dewar, diputado de Ontario, me pareció el hombre más transparente, bien articulado en su mensaje, lamentablemente un tanto inseguro en algunas cosas. Una imagen que un líder no debe proyectar. Cuando interpelado por Peggy Nash de si pensaba que el futuro líder debería ser bilingüe, una indirecta manera de hacerle ver que su francés no era suficientemente bueno, Dewar vaciló y se puso a la defensiva, casi en una actitud de disculpa, en circunstancias que su francés era básicamente correcto. La respuesta a Nash debió haber sido simplemente: “Sí, y yo mismo soy bilingüe porque le entiendo la pregunta que me ha hecho en francés y soy capaz de responderla en esa misma lengua”, nada de disculpas.

Thomas Mulcair estaba ese domingo en terreno propio, el único candidato de la provincia de Quebec, diputado del condado de Outremont del cual fue el primer y único diputado antes de la ola neo-demócrata de la última elección. (El NPD nunca había sido muy afortunado en Quebec, y antes de Mulcair sólo en una oportunidad había elegido a un diputado allí, para peor, un sujeto que no aportó ningún beneficio al NPD y por el contrario le terminó enajenando el favor de muchos, me refiero a Phil Edmondston, un oportunista que afortunadamente hoy día ha pasado al olvido).

Volviendo a Mulcair, evidentemente contaba con el apoyo de la mayoría de los asistentes, pero eso no garantiza su victoria. Él tiene buenas cualidades de líder, especialmente sus características de “gallo de pelea” que pueden ser muy necesarias para enfrentarse a un tipo que también hace galas de ser implacable como Stephen Harper. El hecho de ser diputado de Quebec sin embargo, no debe hacerle perder de vista que si es líder debe ampliar su visión, demasiado centrarse en Quebec y “sobarle el lomo” a los quebequenses puede costarle apoyo en el resto del país, que sin duda lo va a necesitar.

Brian Topp llegaba al debate con la percepción de ser favorito. Hombre de la burocracia partidaria y sindical—nunca ha sido diputado—fue cercano al tristemente célebre Edmondston cuando trabajó en Quebec antes de ir a Saskatchewan. Una sucia jugada que me hizo cuando él era jefe organizador en Quebec me llevó a escribir, hace un tiempo, aquí mismo, por qué él no me parece éticamente capacitado para dirigir el partido. Además Topp, un efectivo negociador de trastienda, no es un buen líder de masas. En los hechos me parece que tiene el carisma de un cenicero…

Nathan Cullen, un hombre de Columbia Británica, relativamente desconocido en Quebec, me impresionó como el más articulado en materias de política general y sobre todo que no me pareció estar adulando a su audiencia quebequense. Lamentablemente no parece tener un apoyo sustancial hasta este momento.

Veremos el próximo 24 de marzo si el que gane será capaz de calzar los zapatos de Layton. De no ser así, Harper la tendrá muy fácil para el resto de su mandato.

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