The Forgiveness of Blood.

Canadá Columnistas Hablemos de Cine Mar 29, 2012 at 11:37 pm

HABLEMOS DE CINE 

Por Jorge Gutman

. Tristan Halilaj en THE FORGIVENESS OF BLOOD

The Forgiveness of Blood. Estados Unidos-Albania-Dinamarca-Italia, 2011. Un film de Joshua Marston. Elenco: Tristan Halilaj, Sindi Lacej

El director californiano Joshua Marston tiene vocación de antropólogo. Después de haber explorado en su remarcable ópera prima  “María Full of Grace” (2004) la cultura latina a través del tráfico de drogas entre Colombia y Estados Unidos,  algo parecido ocurre en su segundo film  abordando la idiosincrasia de las costumbres de Albania. En The Forgiveness of Blood  Marston ilustra el comportamiento de una  sociedad tradicional inmersa en modalidades ancestrales que coexiste con el modernismo existente que se manifiesta en las nuevas generaciones donde  los juegos de video, Internet, teléfonos  inteligentes  y televisión vía satélite forman parte del vivir cotidiano.

Inspirándose en las noticias aparecidas en los diarios donde periódicamente se da cuenta de los rituales de sangre que se producen en las disputas suscitadas entre clanes de familia, Marston ideó una historia escrita con Andamion Murataj sobre el proceso de madurez de un adolescente que sin quererlo se encuentra involucrado en esta serie de conflictos.

El relato transcurre en una aldea del norte de Albania y el personaje central es Nik (Tristan Halilaj), un muchacho  de 17 años que aspira a abrir un café internet una vez que termine sus estudios secundarios; entretanto lleva una vida sin mayores preocupaciones donde entre sus intereses se encuentra una chica de su escuela por quien se siente atraído, los paseos en moto con uno de sus amigos y la muy buena relación mantenida con su hermana Rudina (Sindi Lacej).

Su apacible vida cobra un vuelco inesperado debido a un grave incidente.  Su  padre Mark (Refet Abazi), quien es el proveedor financiero de su familia, se dedica a vender pan en una venta ambulante que realiza empleando una vieja carreta sostenida por un caballo. Para evitar el tránsito de la carretera local y ganar tiempo, intenta hacer un desvío atravesando un terreno perteneciente a su  pendenciero vecino Sokol (Veton Osmani) quien le impide efectuar la maniobra; el hecho provoca una situación conflictiva lo que  llevará a Mark y a su hermano a una pelea con Sokol quien termina muerto. Mientras que el tío de Nik es arrestado por la policía, Mark huye permaneciendo oculto.

De acuerdo a un extraño código legal que nunca ha sido abolido y que se remonta al siglo XV, al haber escapado el asesino para evitar la justicia, los familiares de la víctima tienen el derecho de matar a Nik o a su pequeño hermano –los hombres de la familia- para cobrarse la deuda de sangre; en consecuencia, los chicos deben protegerse recluyéndose en la casa y adoptando un autoimpuesto arresto domiciliario.

Sin entrar en detalles acerca de la forma en que la  vida seguirá su curso, baste señalar que el realizador cuenta con la pericia necesaria para crear un clima de tensión que mantenga el interés del público.  De su visión queda claro que el foco del film no está centrado en los asesinos o los familiares de la víctima sino fundamentalmente en los  inocentes hijos de Mark  que se encuentran atrapados e incapacitados de llevar una vida normal.

A pesar de que el realizador no sea albanés, ha sabido captar muy bien los rasgos precisos de la sociedad que describe proporcionando expresividad realista al comportamiento manifestado por sus personajes; además, para reforzar la autenticidad del film, Marston decidió emplear el idioma local de Albania. Los actores, que en su mayoría no son profesionales, se desempeñan adecuadamente pero aquí lo que más interesa es la naturaleza fatalista  del relato que aunque pueda perturbar resulta de gran interés por la forma en que está planteado.

Conclusión: Un cautivante film que narra las contradicciones existentes entre las rígidas costumbres prevalecientes en algunos sectores de la sociedad albanesa con el modernismo de la época actual.

. Lior Ashkenazi y Schlomo Bar-Aba en FOOTNOTE

Footnote. Israel, 2011. Un film escrito y dirigido por Joseph Cedar. Elenco: Shlomo Bar-Aba, Lior Ashkenazi

La rivalidad académica es lo que considera el realizador y guionista israelí Joseph Cedar  en Footnote, que recibió el premio al mejor guión en el festival de Cannes de 2011. Aunque el nivel de competitividad en el mundo académico es bien conocido, sin embargo este tema no ha sido tratado con frecuencia y aquí Cedar lo enfoca en una historia donde los dos rivales son padre e hijo.

Eliezer Shkolnik (Shlomo Bar Aba) es un sabio minucioso que dedicó gran parte de su carrera profesional desenvolviéndose como investigador talmúdico. Por su parte su hijo Uriel (Lior Ashkenazi), ha seguido sus mismos pasos analizando los sagrados textos judíos. La única diferencia entre ambos reside en que Uriel responde a una personalidad comunicativa y fácil de agradar, en tanto que Eliezer no posee el carisma de su hijo; de allí la existencia de latentes celos por parte de su padre que no considera a Uriel un investigador tan competente como lo es él. Sin embargo, el relato avanza un poco más al establecer simultáneamente la rivalidad académica de Eliezer con el  profesor Grossman (Micah Lewesohn), uno de sus colegas.

Durante gran parte de su vida, una de las grandes aspiraciones de Eliezer fue la de  recibir algún día el Premio Israel, considerado el más prestigioso que el Estado de Israel confiere a renombradas personalidades o instituciones científicas y/o artísticas del país.  El conflicto central se produce cuando el comité encargado de otorgar la distinción anual, decide que Uriel sea el destinatario. Un aspecto importante el de tener en cuenta que como en todo jurado es imposible descartar la animosidad personal que algunos de sus miembros puedan guardar hacia los candidatos; es eso lo que sucede con el profesor Grossman quien como jefe del comité de selección no estaría dispuesto a favorecer a su rival Eliezer, aunque evidentemente eso resulta difícil de ser probado.  Para aumentar la tensión, al producirse la notificación oficial, debido a un error administrativo, la comunicación es dirigida al padre en lugar del hijo debido a que ambos llevan el mismo apellido. ¿Cómo puede Uriel actuar en esta difícil situación sin  dañar la sensibilidad de su padre?

En líneas generales, el film resulta interesante con algunos dilemas éticos difíciles de resolver aunque su narración adopta de tanto en tanto un tono errático y su desenlace deja la sensación de haber presenciado una historia inconclusa.

Conclusión: El film atrae por su intriga, por la exposición de los resentimientos, egos y envidias que se suscitan en el mundo académico y por las buenas actuaciones de Ashkenazi y Bar Aba.

. Mahmoud Shalaby y Hiam Abbass en A BOTTLE IN THE GAZA SEA

A Bottle in the Gaza Sea (Une bouteille dans la mer de Gaza). Francia-Israel-Canadá, 2011. Un film de Thierry Binisti. Elenco: Agathe Bonitzer, Mahmoud Shalaby, Hiam Abbass

El eterno y amargo conflicto árabe-israelí ha sido materia de varios documentales y filmes de ficción;  ahora A Bottle in the Gaza Sea   se agrega en la lista de esta última categoría donde el director Thierry Binisti ofrece un film de calidad además de brindar un mensaje de paz y solidaridad humana.

Aunque la premisa del relato pueda resultar idealista, lo que aquí se observa destila sinceridad y completa autenticidad. A pesar de tratarse de su segundo film, el director  demuestra un dominio considerable manejando un  asunto espinoso y de extrema sensibilidad al haber logrado un delicado equilibrio en exponer los puntos de vista de cada una de las partes beligerantes  sin tomar partido alguno. Al propio tiempo, evita cualquier sentimentalismo posible para no caer en la fácil demagogia de contar una simple novelita romántica.

Binisti se basó en el libro de Valérie Zenatti “Una botella en el mar de Gaza” que da título al film donde expone el intercambio de cartas enviadas a través del correo electrónico entre dos jóvenes que viven a menos de 100 kilómetros de distancia pero que en los hechos están apartados por una gigantesca valla difícil de traspasar y que involucra a dos ciudades enemigas.

Tal (Agathe Bonitzer) es una joven israelí de origen francés de 17 años habitando con su familia en Jerusalén  y que ha quedado tremendamente impresionada como consecuencia de la bomba que un miembro de Hamas hizo explotar en un café local en 2003 provocando la muerte de inocentes víctimas, entre las mismas la de una chica de su misma edad que estaba por casarse. Ese acontecimiento la impulsa a dirigir una carta a  Gaza sin específico destinatario, dejando su dirección electrónica, para que cualquiera que la leyera pudiera explicarle  cuáles podrían ser las posibles razones que motivan a que alguien pueda cometer semejante atrocidad criminal; con ese propósito utiliza los servicios de su hermano Eytan (Abraham Belaga), que está en el ejército israelí, para que el mensaje colocado en una botella sea arrojado al mar con dirección hacia la franja de Gaza. La persona receptora es Naïm  (Mahmoud Shalaby), un muchacho palestino de 20 años, quien después de haber leído la misiva se instala en su ordenador y bajo el pseudónimo de “Gazaman” le responde a Tal.

A partir de allí, las cartas electrónicas intercambiadas se van sucediendo, creándose de  este modo un vínculo de comunicación virtual no siempre libre de animosidad, suspicacia y recelo frente a las vivencias opuestas que  cada uno de ellos y  sus respectivas familias experimentan con motivo del conflicto. A pesar de que el intercambio de correspondencia va creando un diálogo más personal e íntimo que gradualmente se traduce en un sentimiento afectivo de carácter romántico, ambos enfrentan la dificultad de no poder sustraerse de la trágica realidad social y política que les afecta y que contribuye a que el encuentro físico no pueda materializarse.

El documento impacta por su contenido y a pesar de que los medios de comunicación se ocupan de difundir extensamente la violencia de la región, este film tiene la virtud de describir el inquietante y tenso ritmo de la vida corriente de dos mundos completamente opuestos como pocas veces el cine lo ha hecho; en gran parte eso es debido a que la puesta en escena del realizador, unido al muy buen guión escrito por él junto a la autora de la novela, confieren plena autenticidad y sincera emoción al drama que viven sus personajes.

La interpretación de Bonitzer y Shalaby es completamente convincente animando a los dos personajes centrales que en ningún momento del relato llegan a estar juntos  y en los papeles secundarios se distingue la veterana actriz Hiam Abbass por la ternura que imprime como la  madre viuda de Naïm.

No obstante su contexto sombrío,  el film deja abierto una pequeña puerta esperanzadora al demostrar que si Tal y Naïm pueden entablar un diálogo, nada debería impedir que las partes en conflicto siguiesen su ejemplo.

Conclusión: Un film pequeño pero de inmenso corazón que narrando una amistad casi imposible se distingue por su profundo humanismo y convicción pacifista.