GEOPOLÍTICA LATINOAMERICANA

Columnistas Jul 10, 2012 at 9:50 am

Por: Jorge Tadeo Lozano

08-07-2012

 ¿Qué es la geopolítica? Muy sencillo: “geopolítica” es la ciencia que funda la política nacional e internacional en el estudio de los factores geofísicos, entendidos estos como el espacio territorial dentro del cual están presentes e influyentes los recursos naturales, la economía y el medio ambiente.

 

Algunos la entienden como una rama de la geografía, otros por el contrario, la ven como un escenario necesario e indispensable para el desarrollo de la política, o sea, como la complementación del “arte de gobernar”; lo cierto de todo esto es que ha sido como una especie de simbiosis necesaria en donde  la geografía física ha servido de apoyo al ejercicio de la política universal y a la inversa, la política ha dinamizado la investigación y descubrimientos geofísicos y ha permitido ampliar las fronteras territoriales de los Estados hasta límites imprevisibles.

 

Ha sido usual, entonces,  que la expresión  “geopolítica” se  use para designar la influencia determinante de los elementos geofísicos  señalados arriba, en la política universal, continental, nacional y local. Por ello el estudio de la influencia del medio físico en la política basado en el condicionamiento de la actividad humana al entorno físico, sentó la base del “determinismo geográfico”, fundamento filosófico de los “expansionismos” de izquierda y de derecha en la historia de la humanidad: de los antiguos y modernos imperialismos euroasiáticos, del imperio romano, del “colonialismo” europeo, del “invasionismo” chino, japonés, ruso y norteamericano, de los conflictos territoriales internos entre países africanos y de las disputas por el mismo motivo  entre naciones latinoamericanas, etcétera.

De esa tendencia de un país o región de extender su jurisdicción territorial y por consiguiente su poder  político o económico más allá de sus fronteras físicas tradicionales no se ha escapado ningún continente ni matiz ideológico en la historia de la humanidad, como se puede extraer de un somero repaso de los diferentes hechos expansionistas señalados arriba.

Debemos señalar igualmente que este fenómeno geo-político no solo se ha presentado únicamente entre países limítrofes sino entre regiones o naciones distantes físicamente debido a su ideologización, o sea, que ya no solo se trata de la expansión territorial hacia el vecindario, o de la recuperación de territorios próximos o remotos que se suponen propio por razones históricas o poseído en alguna época por “derecho de conquista”, sino de la extensión –inicialmente virtual y posteriormente real- de la influencia política de un Estado o de un régimen sobre espacios territoriales distantes con cuyos dirigentes locales se tienen afinidades ideológicas. Es esta una de las más recientes modalidades de geopolítica practicada en América Latina, sin que por ello quiera decir que es un modelo nuevo.

América en la geopolítica mundial fue desde finales del siglo XV  hasta el primer tercio del siglo XIX, víctima del  “euro-colonialismo”; y después de sus luchas de liberación, lo fue del neo-colonialismo económico y en algunos casos político de  los Estados Unidos. También lo fue Cuba hasta finales de los años cincuenta y principios de los 60, en que su revolución entró a depender de la Unión Soviética por afinidades ideológicas de izquierda, necesidades económicas apremiantes y protección militar ante amenaza inminente,  hasta que el desmoronamiento de la cortina de hierro en 1991 se vio ostensible e indetenible y empezó a depender de la solidaridad de la comunidad internacional, especialmente de Naciones Unidas, que se atrevió a condenar el bloqueo económico impuesto por los Estados Unidos a la Isla, a enfatizar sobre el respeto debido a la autonomía de los pueblos para darse su propio régimen y sobre el respeto de principios universales como el de “no injerencia en los asuntos internos de las naciones”.

Pero bien, reconozcamos que la semilla de la “revolución de izquierda” promovida por Fidel Castro durante la guerra fría con el apoyo soviético, había quedado sembrada en toda América Latina con una visión geopolítica continental, a la cual contribuyó desde otro ángulo estratégico pero con la misma base ideológica “marxista-leninista”, la naciente,  creciente y distante “Revolución China” de la era Mao Tse Tung.

Bajo este contexto geopolítico surgieron en casi toda América Latina los movimientos contestatarios de izquierda, las “guerrillas armadas” ruso-comunistas y chino-comunistas, de las cuales superviven algunas, especialmente en Colombia y algún reducto en el Perú; en otros, se han vinculado a la institucionalidad e incluso han llegado al poder por la vía electoral como los casos de la Presidenta del Brasil y de los actuales Presidentes de Nicaragua, Uruguay y El Salvador.

Estos fueron los antecedentes de la geopolítica en América Latina  y el punto de partida de su evolución histórica, que ha llegado hasta el día de hoy en que el eje central se ha movido de Cuba a Venezuela sin variar su matriz ideológica, así sus formas de comportamiento y liderazgo operativo hayan   cambiado de manos y de estrategia; algo parecido a lo que para la geopolítica en sus orígenes fueron los geógrafos alemanes Karl Ritter y Friedrich Ratzel en el Siglo XIX, cofundadores de los modernos estudios geográficos, quienes conceptualizaron sobre la importancia de utilizar todas las ciencias en el estudio de la geografía subrayando la influencia del medio físico en la actividad humana, y sus ejecutores, ya no solo geógrafos sino políticos, como fueron los casos de Sir Halford Jhon  Mackinder (británico) con su teoría del Hertland (o región cardinal, principal o fundamental) que señalaba en 1904 a la zona norte y central de Euro-Asia, por su aislamiento geográfico y por su riqueza en recursos naturales, como el centro del poder político que controlaría al mundo; y el caso del geógrafo y general del ejército alemán Karl Haushofer, quien desarrollando las teorías de Ritter y Ratzel, le dio contenido político al principio que este había acuñado del  “espacio vital”, o sea, del “territorio que un país alegaba necesitar para lograr la autosuficiencia”, sobre el cual se edificaron en el siglo XX la geopolítica de los proyectos nazi y soviético, finiquitados prontamente debido a sus propias contradicciones e inconsistencias.

Venezuela en los últimos doce años de gobierno de Hugo Chávez ha manejado un modelo geopolítico típico de la izquierda revolucionaria bolchevique, autodenominado “socialismo bolivariano”, copiando algunas tácticas  del prototipo cubano, conquistando gobiernos y candidatos a la Presidencia a cambio de petróleo y  petrodólares y llenando de retórica “anti-yanqui”  el espectro electromagnético del continente.

La geopolítica bolivariana ha pretendido extravasar los límites y fronteras de algunos de sus vecinos con pretensiones territoriales expansivas, que al fracasar por ilusoria e irresponsable, la han obligado a replegarse y cambiar de táctica, unas veces armándose “hasta los dientes” y amenazando con guerras fronterizas y otras apoyando públicamente la guerra de guerrillas que libran hace medio siglo grupos subversivos de izquierda en tales países, tal cual lo hicieron Rusia,  China y Cuba a estas mismas organizaciones, en los años 50 y 60.

De otra parte, se continúan comprando por el gobierno patriota las solidaridades con su causa, de gobiernos laxos con inclinaciones socialistas, dándoles créditos super blandos de petróleo a cambio y en ciertos casos hasta donándoles el preciado hidrocarburo, como ocurre con algunas de las islas caribeñas que apoyan el Alba,  Bolivia y Nicaragua; o financiando campañas políticas de aspirantes presidenciales de aquellas mismas tendencias políticas.

El caso del Paraguay fue uno de los grandes fracasos de la “geopolítica tradicional del continente americano” y “de la geopolítica bolivariana”, pues ninguna de ellas previó, la primera, los vacíos del ordenamiento jurídico constitucional y legal de este país en materia de garantías procesales para el juzgamiento político del primer mandatario de la nación; y, la segunda, calculó mal el respaldo popular y militar al ex presidente Lugo en la reciente crisis, habiendo perdido un buen aliado.

El Alba, Mercosur, Unasur y la Celac son tres de los esfuerzos integracionistas promovidos o respaldados por la izquierda bolivariana a nivel continental para competir “geopolíticamente” con la influencia capitalista y especialmente norteamericana en el continente americano, especialmente en la OEA y sus organismos adscritos y dependientes.

Puedo asegurar que todos ellos están altamente politizados, tanto los unos como los otros, lo cual será tema de otro comentario.

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