El surcoreano Kim encuentra el consuelo a su derrota en la final de Pekín

Deportes Jul 31, 2012 at 9:16 pm

LONDRES, REINO UNIDO.- Podio de la categoría masculina de menos de 81 kgs (i-d): el alemán Ole Bischof, medalla de plata; el judoka surcoreano Kim Jae-Bum, medalla de oro; el canadiense Antoine Valois-Fortier, medalla de bronce y el ruso Ivan Nifontov, medalla de bronce, tras la final de esta categoría correspondiente a los Juegos Olímpicos de Londres 2012, en Londres, Reino Unido, este 31 de julio de 2012.

Dani Bosque

Londres.- Cuatro años después de derramar ásperas lágrimas en Pekín al perder la final ante el alemán Ole Bischof, el judoca surcoreano Jae-Bum Kim volvió a llorar tendido en el tatami londinense porque por fin había ganado su ansiada medalla de oro.
Tras una larga espera, al técnico judoca surcoreano le llegó la oportunidad perfecta para superar ese mal momento: había alcanzado de nuevo la final de los Juegos Olímpicos y frente a él tenía al mismo rival que cuatro años atrás le había arrebatado su sueño.
Kim saltó al tatami concienciado de que esta vez no se le escaparía la final y con un vendaval de intensidad, técnica y ataques apabulló a Bischof, que con 33 años no pudo aguantar el ritmo de combate y cedió dos yukos en sendas proyecciones de pierna.
Con el bocinazo final, el surcoreano volvió a quedar tendido en el suelo, como ocurrió en la capital china, pero esta vez con un rostro donde se mezclaba la euforia y la incredulidad.
Antes de la final, Kim había ofrecido en sus combates el mismo espectáculo de recursos ofensivos y dinamismo que hicieron sucumbir uno a uno a todos sus rivales hasta plantarse en la final.
Junto al surcoreano y Bischof, al podio subieron el canadiense Antoine Valois-Fortier y el ruso Ivan Nifontov, que aprovecharon las sorprendentes eliminaciones de los otros dos favoritos, el brasileño Leandro Guilheiro y el azerbaiyano Elnur Mammadli, para colgarse el bronce.
La medalla de Nifontov, la tercera de un ruso después de los oros de Mansur Isaev en -73 kilos y de Arsen Galstyan en -60 kilos, certificó el buen momento de los judocas de ese país que dominan provisionalmente el medallero y que mañana recibirán la visita de su presidente Vladimir Putin, un gran aficionado a este deporte.
Después de perder la semifinal ante Kim, Nifontov venció al japonés Takahiro Nakai en el combate por el tercer puesto y alargó así la mala racha de los judocas nipones contra los rusos, que ya les han birlado tres medallas -dos de oro y una de bronce- en estos Juegos.
Si Kim fue el héroe en la categoría masculina, la veterana eslovena Urska Zolnir, de 30 años, se convirtió en la protagonista inesperada del peso femenino de -63 kilos al llevarse la medalla de oro en una competición en la que rayó la perfección.
Zolnir, que ya consiguió la medalla de bronce en Atenas 2004, realizó un torneo casi perfecto y solventó todos sus combates por ippon excepto la final, en la que se impuso por un waza-ari a la china Lili Xu en un combate que dominó de principio a fin.
La eslovena, que en la rueda de prensa posterior anunció que estos serían sus últimos Juegos, ganó con abrumadora facilidad todas las rondas anteriores y se aprovechó de la decepcionante actuación de las dos principales favoritas, la japonesa Yoshie Ueno y la francesa Gevrise Emane, que se tuvieron que conformar con el bronce.
La nipona, número uno del mundo en esta categoría, cayó sorprendentemente en cuartos de final ante la surcoreana Da-Woon Joung, que le marcó dos yukos.
Tras vencer a la holandesa Elisabeth Willeboordse en el primer combate de repesca, Ueno venció en una pelea por el bronce muy táctica a la mongol Munkhzaya Tsedevsuren, precisamente la verdugo de Emane en cuartos de final.
La francesa, que tuvo un día muy gris en el que no pudo anotar ni un solo punto por proyección, también disputó la repesca donde, tras superar a la israelí Alice Schlesinger, le birló el bronce a la surcoreana Joung en la decisión arbitral.
El último protagonista del día, aunque este por motivos extradeportivos, fue el judoca de las Antillas holandesas Reginald de Windt que, dado que el COI no reconoce su país como independiente, tuvo que competir como atleta independiente bajo la bandera de los aros olímpicos.