HABLEMOS DE CINE

Canadá Cine Columnistas Hablemos de Cine Revista Dec 27, 2012 at 5:29 pm


Hugh Jackman y Anne Hathaway en LES MISÉRABLES

Por Jorge Gutman

Adaptado en más de 60 oportunidades para la radio, cine, teatro,  televisión y tiras de historietas, transcurrió un siglo y medio para que Les Misérables, una de las más grandes creaciones de la literatura universal del siglo 19, llegase a la pantalla como espectáculo musical  basado en la obra del mismo género estrenada en Londres en 1985. En tal sentido, Víctor Hugo puede reposar tranquilo en su tumba porque seguramente habría aprobado esta excelente versión teatral que hasta el presente ha llegado a emocionar a más de 60 millones de espectadores de 42 países. Además de volcar la esencia y espíritu de la novela original, su excepcional éxito se debió en gran parte a la extraordinaria música compuesta por Claude-Michel Schonberg y Alain Boublil así como a las elocuentes palabras escritas por Herbert Kretzmer para  las conmovedoras canciones de esta obra.

Dicho lo que antecede, Tom Hooper, el oscarizado realizador de The King’s Speech (2010),  abordó este querido musical transformándolo en una obra cinematográfica que de ningún modo desmerece a la producción teatral en la que está basada. Con algunas licencias formales, la adaptación realizada por el guionista William Nicholson en colaboración con los creadores originales de la pieza teatral adopta su misma estructura que consiste en eliminar casi completamente  el diálogo hablado y solamente utilizarlo como un hilo conductor entre los diferentes temas musicales que van desarrollando  la trama del film.

La historia comienza en Tolón en 1815, cuando el convicto Jean Valjean (Hugh Jackman) está a punto de lograr la libertad condicional por parte de Javert (Russell Crowe) el guardia de la prisión, tras haber pasado 19 años en prisión realizando trabajos forzados por el delito de haber robado un pedazo de pan. Después de  su primera noche de libertad en una iglesia cobijado por un amable obispo (Colm Wilkinson), Valjean se siente sorprendido por la  bondad y generosidad del clérigo quien le brinda una  hermosa lección de perdón y afecto y le abre el camino hacia una nueva vida.

Ocho años después, en una pequeña ciudad vemos que Valjean con su identidad cambiada es el alcalde de la misma y muy apreciado por su gente. Sin embargo, su existencia cambiará nuevamente cuando llega a conocer a la sufrida Fantine (Anne Hathaway) y después de su muerte adopta a  su pequeña hija Cosette (Isabelle Allen); cuando Javert llega al lugar como inspector policial  e identifica a Valjean, comienza a perseguirlo tenazmente por no haber cumplido con los términos impuestos por su libertad condicional; eso obliga a que el redimido hombre tenga que huir  del lugar con la niña. La última parte del relato se ubica en París en 1832 donde Valjean y la adulta Cosette (Amanda Seyfried)  se ven involucrados en la rebelión estudiantil antimonárquica de junio de 1832 motivada por la pobreza que sufre el pueblo.

Teniendo en cuenta que el contenido y la música no se apartan de la producción musical, lo que puede diferir en esta versión es el tono que el director le imprime al relato al apelar con frecuencia a  primeros planos de filmación para expresar mejor la psicología de los personajes; de este modo la grandilocuencia que todo espectáculo musical suele ofrecer así como sus aspectos visuales aquí son elementos que están al servicio del drama humano expuesto. Otra importante innovación de esta producción es que Hooper  decidió que los actores cantaran en forma directa hacia las cámaras -sin recurrir al playback- con el propósito de  lograr una mayor naturalidad y fuerza emocional,  tal como si lo estuviesen haciendo directamente desde un escenario teatral; en tal sentido el resultado ha sido decididamente favorable.

En lo que concierne al comportamiento actoral, Jackman ofrece una interpretación visceral de Valjean como el ex miserable que logra  regenerarse y que por  primera vez experimenta el genuino amor  que un padre siente por su hija; en lo que concierne a su capacidad lírica,   ofrece nobleza y calidez, como cuando entona   “What Have I Done?” donde su personaje decide cambiar de vida para convertirse en un hombre de bien.  Crowe, por su parte,  a pesar de no poseer la voz ideal de barítono, interpreta con solidez al implacable Javert, cuya única obsesión es capturar a Valjean. Pero quien logra una intensa e inolvidable interpretación es Hathaway como la desafortunada madre soltera que se desprende de todo y debe ofrecer su cuerpo para poder mantener a su hijita; así, resulta imposible sentir indiferencia cuando sumergida en la piel de Fantine canta con desgarradora  angustia la canción “I dreamed a Dream” expresando su total desesperanza. Una grata sorpresa constituye la participación de Eddie Redmayne quien como Marius, el joven revolucionario de quien  Cossette se enamora, da muestras de gran expresividad tanto como actor como cantante entonando con voz de tenor la melancólica  canción  ”Empty Chairs at Empty Tables”; del mismo modo impresiona la joven novel actriz Samantha Barks como Éponine, la descorazonada muchacha por el amor no correspondido de Marius, cantando “On My Own”. Mención aparte merece la simpática participación de Helena Bonham Carter y Sacha Baron Cohen dando vida a dos  rapaces y codiciosos posaderos cantando el animado tema “Master of the House” al propio tiempo que ofreciendo la nota cómica del relato. Finalmente, para cerrar magistralmente la gran obra, todo el elenco entona con brío y pasión  el vibrante tema “One More Day”.

Conclusión: Hooper ha logrado un excelente film, que si no llega a la perfección es porque resulta imposible condensar en 2 horas y 38 minutos toda la extraordinaria riqueza que emana de la novela original. Pero indudablemente queda como legado un dramático y profundo documento fílmico sobre la opresión, injusticia social y la defensa de los desposeídos que hoy día tiene la misma trascendencia que cuando Víctor Hugo lo concibió en 1862. Si a ello se agrega un magnífico elenco, emocionante música y una impecable dirección, no es mucho más lo que el espectador puede exigir.

 

Christoph Waltz y Jamie Foxx en DJANGO UNCHAINED

DJANGO UNCHAINED. Estados Unidos, 2012. Un film escrito y dirigido por Quentin Tarantino

Así como en  Inglorious Basterds (2009) Quentin Tarantino abordó la fantasía de la venganza de los judíos hacia sus torturadores nazis,  aquí afronta otra historia de revanchismo donde los negros se vengan de sus  esclavistas blancos en los años que preceden a la Guerra de Secesión.  Adoptando la modalidad de un spaghetti western, Tarantino ideó una original historia con su talento habitual para la escritura de afilados y mordaces diálogos  con una ajustada puesta escénica.

La trama que transcurre en 1858 concierne al Dr. King Schultz (Christoph Waltz), un dentista oriundo de Alemania viviendo en Texas y que trabaja como  cazador de recompensas de criminales. Al descubrir por azar que Django (Jamie Foxx), un esclavo afroamericano,  puede conducirlo a localizar tres peligrosos asesinos, decide comprarlo y al hacerlo le promete dejarlo en libertad si le ayuda a cumplir su misión. Concluido ese trabajo en forma exitosa, el ex esclavo se convierte en el asistente de Schultz ayudándolo a que prosiga ejerciendo su profesión habitual en la captura o eliminación de criminales buscados por la justicia;  a cambio de su participación, Schultz le promete tratar de ubicar y rescatar a su esclava esposa alemana Broomhilda (Kerry Washington) que fue vendida separadamente.

Con una inventiva riqueza visual, Tarantino ofrece un relato de acción calibrada que lleva a sus dos personajes principales  a recorrer el corazón del sur americano para cazar criminales donde en todos los casos terminan matándolos violentamente; claro está que tratándose de Tarantino, no faltan las notas de humor para relajar la tensión. A pesar de su solidez, el realizador alarga innecesariamente  el desarrollo del relato volviéndolo repetitivo en su sección intermedia.   Es recién en su última parte cuando el film vuelve a cobrar el vuelo inicial al llegar a la mansión  de Calvin Candie (Leonardo DiCaprio), quien es el infame propietario de una plantación algodonera que ha comprado a Broomhilda y que la trata al igual que a casi todos sus esclavos negros en forma despótica. Es aquí donde la intriga cobra suspenso sobre la forma en que la señora de Django podrá ser rescatada de las garras de su amo.

Aunque Django es teóricamente su personaje central, Schultz consstituye el alma del relato gracias a la forma en que Tarantino lo  concibió y, ciertamente, al modo en que Waltz lo ha caracterizado, especialmente con el comportamiento melifluo que adopta; la interpretación de este excepcional actor austríaco proporciona enorme placer al espectador que lo está observando. Otra actuación destacada es la de DiCaprio animando excelentemente a un cruel y sádico individuo que se deleita contemplando los espectáculos de lucha sangrienta de sus esclavos. Por su parte, Samuel L. Jackson,  uno de los actores favoritos de Tarantino, anima con completa naturalidad al fiel valet negro de Candie quien a pesar de su raza se solidariza con el orden social imperante. En cambio, la caracterización del héroe de esta historia por parte de  Foxx resulta un tanto unidimensional sin  que llegue a cobrar verdadero impacto su transformación de débil esclavo en decidido hombre libre.

Tarantino es uno de esos directores que se han caracterizado por la audacia,  irreverencia y el carácter provocativo de sus relatos; en este caso, Django no es la excepción y sin duda,  sus leales seguidores estarán muy complacidos con lo que este film les ofrece. Sin embargo  y a pesar de haber logrado un cuadro realista de la esclavitud de los Estados Unidos del período en que transcurre la acción, este ambicioso film peca por su excesiva duración –ya mencionada- y fundamentalmente por su chocante, explosiva y detestable  violencia que aunque burlesca  bien podría ser evitada; sin duda que al contemplar el desenlace de esta historia, más de un espectador asociará la furia explosiva que se despliega con la reciente   tragedia ocurrida en una escuela primaria de Newtown en Connecticut que conmovió al mundo entero.

Conclusión: Un western violento con toques de comedia negra que agradará a los aficionados de Tarantino.

 

Iris Apatow, Maude Apatow, Paul Rudd y Leslie Mann en THIS IS 40

THIS IS 40. Estados Unidos, 2012. Un film escrito y dirigido por Judd Apatow

Apropiándose de dos personajes secundarios de su popular película Knocked Up (2007), Judd Apatow se siente muy a gusto describiendo qué es lo que les sucede al bordear los 40 años.

Conociendo a este realizador y sus instintos de comediante, este film decide involucrar al espectador en un relato liviano donde el matrimonio integrado por Pete (Paul Rudd) y Debbie (Leslie Mann) experimenta la denominada crisis existencial al entrar a la mediana edad. A falta de un conflicto que genere una historia central, el relato de Apatow se traduce más bien en una serie de viñetas que transcurren en el espacio de 3 semanas donde comienza con la celebración del cumpleaños número 38 de Debbie para culminar con la del cuadragésimo de  Pete.

Con  ciertos momentos de reflexión bien logrados y valiéndose de algunos diálogos chispeantes, pero no exentos de ser parcialmente lascivos y procaces, el público asiste a los encuentros y desencuentros de esta pareja que aunque ciertamente demuestran que los une un auténtico amor eso no excluye las peleas que cotidianamente suelen suscitarse entre ellos. A todo eso asistimos a las normales presiones tanto financieras como las hogareñas  que resultan de  criar y educar a sus dos hijas, una ya casi adolescente (Maude Apatow) con la rebeldía propia de su edad que altera en parte la tranquilidad hogareña y la otra de  8 años (Iris Apatow) que quiere imitar a su hermana mayor.

No todo su desarrollo es uniforme al haber ciertas secuencias que se alargan demasiado y otras que podrían haber sido eliminadas. Pero en su conjunto, prevalece un  film animado con algunos momentos emotivos, mucha comicidad surgida de situaciones naturales,  al propio tiempo que ofrece un buen  retrato de la generación actual de matrimonios de la misma edad,  experimentando  momentos de  alegrías y frustraciones que finalmente son capaces de superar.

Con muy buenas actuaciones de Rudd y Mann, el film además cuenta con un buen reparto secundario que incluye la notable labor de Albert Brooks como el padre de Pete que necesita de su asistencia financiera, John Lithgow como el distanciado padre de Debbie, Megan Fox animando a una de las empleadas de la boutique de Debbie y la participación de Melissa McCarthy en un breve y  graciosísimo rol que se destaca en  los créditos finales de la película.