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Cine Columnistas Hablemos de Cine May 2, 2014 at 12:03 am
Jeremías Herskovits, Pamela Flores y Boris Jodorowsky en LA DANZA DE LA REALIDAD

Jeremías Herskovits, Pamela Flores y Boris Jodorowsky en LA DANZA DE LA REALIDAD

Por Jorge Gutman 

Después 23 años de ausencia y del malogrado proyecto de Dune (ver edición del 11 de abril) que había sido el sueño de su vida, se produce el retorno del octogenario realizador Alejandro Jodorowsky con un film personal, parcialmente autobiográfico, en donde queda reseñada su infancia y la relación conflictiva mantenida con su familia, especialmente con su padre.

Como lo ha hecho en sus trabajos precedentes (El Topo, La Montaña Sagrada), aquí nuevamente se vuelve a constatar la naturaleza psicodélica y surrealista de su estilo, aunque en la presente ocasión adquiere un carácter más íntimo; en efecto, el cineasta intenta desnudarse emocionalmente para mostrar al espectador algunas de las inquietudes que han caracterizado durante su existencia, a través de un lenguaje narrativo donde lo fantástico se funde con la realidad.

Con reminiscencia de algunos de los filmes de Federico Fellini (especialmente Amarcord) donde los recuerdos de la infancia quedan transfigurados por la memoria, Jodorowsky efectúa un viaje imaginario hacia el pasado ubicando la acción del relato en su ciudad natal de Tocopilla, en el norte de Chile. Allí, en la década del 30, el sensible preadolescente Alejandro (Jeremías Herskovits), hijo de una familia judía, convive con Jaime (Boris Jodorowsky), su riguroso y autoritario padre muy devoto de Stalin, y su madre Sara (Pamela Flores) quien dialoga cantando con una chirriante voz de soprano, posiblemente porque siempre soñó con llegar a ser una gran diva sin haberlo logrado. Entre el afecto de Sara y la presión de su provocativo progenitor que mide la masculinidad del muchacho por el nivel de dolor que puede tolerar, el relato además de reflejar los problemas psicológicos de Alejandro, también se entremezcla con recuerdos de la vida política chilena y en especial del antisemitismo que tuvo que tolerar de sus compañeros de escuela a través de chistes desagradables y burlones. Pero lo esencial de este confesionario es el intento del realizador de reinventar a su familia y de recomponer el vínculo con su padre, que en última instancia significará reconciliarse con su infancia.

Aludiendo al título de esta ambivalente autobiografía, Jodorowsky quiere expresar que la realidad –tal como se percibe- nunca puede ser objetiva sino que es el resultado de la danza provocada por nuestra imaginación.

Conclusión: Aunque la exposición de este drama familiar se extiende un poco más de lo necesario, hay algunos elementos que compensan el inconveniente: así, la atmósfera de realismo mágico y el hálito poético que Jodorowsky impregna a la historia a través de sorprendentes imágenes, la consideración de algunos temas de interés vinculados con la religión, el misticismo y la filosofía, añadido a una buena interpretación de conjunto, contribuyen a que el aburrimiento nunca invada al espectador dispuesto a sumergirse en el mundo imaginario del veterano cineasta.

Benjamin Murmelstein y Claude Lanzmann en THE LAST OF THE UNJUST

Benjamin Murmelstein y Claude Lanzmann en THE LAST OF THE UNJUST

THE LAST OF THE UNJUST/LE DERNIER DES INJUSTES. Francia-Austria, 2013. Un film de Claude Lanzmann

Después de haberse dado a conocer en varios festivales internacionales, incluyendo el de Cannes y el TIFF, ahora se acaba de estrenar en Montreal este remarcable documental de Claude Lanzmann.

El nombre de este realizador francés no es desconocido porque a él se debe el documento más importante que se haya hecho en cine sobre el Holocausto; en efecto, en Shoa (1985), un film de 9 horas y media, sin recurrir a ningún material de archivo, Lanzmann recogió el testimonio de los sobrevivientes, testigos y ex nazis para ofrecer con lujo de detalles el retrato más horrendo de lo que fue el genocidio nazi. Precisamente, por la extensión de ese invaluable documental, no pudo incorporar una serie de entrevistas que mantuvo con Benjamín Murmelstein quien fue el último presidente del Consejo Judío encargado de dirigir el campo de concentración de Theresienstadt, a 60 kilómetros de Praga. El presente film vuelve nuevamente sobre el tema, al incluir en esta oportunidad las entrevistas que Lanzmann le efectuó en Roma en 1975, donde el entrevistado se confiesa como un “exiliado y el último de los injustos”.

Durante la cruel guerra el aparato propagandístico del Tercer Reich trató de demostrar a la Cruz Roja que el gueto judío de Terezín era un ejemplo modelo donde sus habitantes gozaban de una vida normal y sin que nadie fuera exterminado, aún cuando la realidad fue indiscutiblemente diferente. Cuando el conflicto bélico concluyó en 1945, Murmelstein fue acusado de haber mantenido una estrecha colaboración con los nazis –en especial con Adolf Eichmann-; por esa razón fue encarcelado durante cierto tiempo aunque finalmente quedó liberado de culpa y cargo al demostrar que su vínculo diario con el siniestro régimen permitió que él pudiese negociar y salvar la vida de 120 mil judíos al lograr que emigraran a Palestina. A pesar de todo, jamás le fue permitido viajar a Israel y por lo tanto se vio imposibilitado de testimoniar en el juicio realizado a Eichmann (1962) en Jerusalén; más aún, cuando murió en Roma en 1989, el Gran Rabino de esa ciudad se negó a enterrarlo en un cementerio judío.

A pesar de la relación mantenida con Eichmann, Murmelstein no ha tenido empacho de denunciarlo como uno de los principales responsables de la “Solución Final”, rechazando enfáticamente la teoría de la filósofa Hanna Arendt sobre “la banalidad del mal”.

Este documento se valoriza por la personalidad del entrevistado. A través de la serie de entrevistas el espectador tiene la impresión de encontrarse frente a un hombre erudito, inteligente, de memoria excepcional y excelente relator. En uno de los momentos en que Lanzmann lo interrumpe preguntándole cómo es posible que efectúe su relato sin experimentar emoción en lo que expresa, Murmelstein le responde con completa convicción dando el ejemplo del cirujano que frente a la mesa de operaciones no puede llorar porque de lo contrario llegaría a matar a su paciente.

Igualmente encomiable es la labor de Lanzmann quien en última instancia es el responsable directo de la extraordinaria investigación emprendida, cuyo resultado es un documental riguroso, estremecedor y doloroso pero a todas luces importante de juzgar, sobre todo para las nuevas generaciones a fin de que puedan captar en toda su dimensión la tragedia que vivió la humanidad hace menos de un siglo y que lamentablemente se repetiría posteriormente con los crímenes cometidos en la guerra de los Balcanes y en el genocidio de Ruanda.

Al propio tiempo, este documento deja amplio campo para la reflexión. ¿Pudo Murmelstein haber actuado de diferente manera a la que procedió según lo aquí expuesto? ¿Habiendo salvado la vida de miles de judíos, mereció haber sido desterrado de la comunidad judía? Naturalmente, estas preguntas quedan sin respuesta, o al menos cada persona tendrá su opinión al respecto, pero lo cierto es que Lanzmann está convencido de la honestidad e integridad de su entrevistado a quien llegó a apreciarlo.

Conclusión: Un documental excepcional de imprescindible visión.THE OTHER WOMAN 

THE OTHER WOMAN. Estados Unidos, 2014. Un film de Nick Cassavetes

Valiéndose del guión de Melissa K. Stack, el realizador Nick Cassavetes intenta abordar el género de la comedia frívola. Desafortunadamente, The Other Woman es un film fallido que no obstante permite el lucimiento de Cameron Díaz y muy especialmente de Leslie Mann a fin de que los productores las tengan en cuenta para proyectos futuros más inspirados

Carly Whitten (Díaz) es una atractiva y competente abogada que se siente muy a gusto en el vínculo sentimental que la une a Mark (Nikolaj Coster-Waldau), un hombre de negocios a quien conoció hace dos meses. Los primeros 10 minutos muestran a esta pareja gozando de momentos felices e intercambiando diálogos aceptablemente plausibles. Repentinamente, todo cambia cuando ella se apersona a su domicilio sin que él lo sepa y descubre que está casado con Kate (Mann). Frente a esta revelación y por insistencia de la sorprendida esposa, Carly se une a ella para vengarse del cínico marido y amante; al emprender esta singular campaña ambas descubren que Mark tiene a su vez otra amante, Amber (Kate Upton), lo que aprovechan para persuadirla a que ella forme parte también del club de mujeres vengadoras que tratarán de propinar una buena lección al donjuanesco individuo.

En papel, la trama se prestaba para una buena comedia sofisticada, pero lamentablemente ese no es el caso; con excepción de alguno que otro gag aceptable, aquí predomina lo burdo, lo chato, lo previsible como así también algunas escenas de dudoso gusto. Evidentemente, Cassavetes- al menos por el momento- no está dotado para el género que se ha propuesto y si bien hay uno que otro momento gracioso, parecería que fue logrado por casualidad. Nada habría perjudicado si acaso el realizador se hubiera preocupado de indagar con cierta profundidad la psiquis femenina dentro del contexto en que transcurre la acción; pero tal como está realizado, lo que se aprecia es un relato insulso que puede ser tolerable por la vivacidad que despliegan Díaz y Mann. En roles secundarios, Don Johnson como el padre divorciado de Carly y Taylor Kinney como el agradable hermano de Phil, permiten amenizar el relato esporádicamente pero sin lograr salvarlo de su mediocridad.

Conclusión: Una frustrada comedia de solidaridad femenina que no compensa el tiempo insumido en su visión.