HABLANDO DE CINE

Cine Espectáculo Hablemos de Cine Revista Jul 4, 2014 at 12:01 am
Por Jorge Gutman
Melissa McCarthy y Susan Sarandon en TAMMY

Melissa McCarthy y Susan Sarandon en TAMMY

En un film que reúne a varios actores de probado talento resulta lamentable comprobar cómo sus actuaciones quedan diluidas en esta inepta comedia disparatada. El matrimonio de la vida real integrado por Melissa McCarthy y Ben Falcone unió sus esfuerzos para que la primera en carácter de protagonista, el segundo como realizador y juntos como guionistas fueran responsables de una historia sin ton ni son y en donde los efectos cómicos que se intenta lograr son más bien esporádicos y sin inspiración.
El relato gira en torno de Tammy (McCarthy), una mal hablada, agresiva y grosera mujer que llega tarde a su trabajo en un restaurante de comida rápida motivando que su patrón (Falcone) la despide por sucesivas reiteraciones de incumplimiento de horario. Su reacción es violenta generando una supuesta situación de comedia carente de gracia. Al regresar a su hogar y descubrir que su marido (Nat Faxon) la engaña con una vecina (Toni Collette) ella se dirige a la casa de su madre (Allison Janney) donde también habita su alcohólica y diabética abuela Pearl (Susan Sarandon). Decidida a abandonar el pueblo donde vive, Tammy logra que Pearl le preste su coche y juntas se lanzan a la carretera teniendo como meta las Cataratas del Niágara. Durante ese viaje se produce una sucesión de situaciones anodinas que no vale la pena reseñar hasta llegar a un desenlace color de rosa.
Concebido con el único propósito de explotar la veta cómica de McCarthy, Falcone brinda un relato sin una mínima caracterización de sus personajes y con una dirección desprolija y descuidada. Así, entre otros detalles, atendiendo a la edad real de las actrices es imposible concebir haber elegido a Janney para el rol de la madre de Tammy y menos aún a Sarandon como su abuela. Pero lo peor acontece con la poca imaginación del guión que “milagrosamente” transforma un personaje burdo como el de Tammy en una mujer tierna que es capaz de conmover el corazón de un ingenuo pretendiente (Mark Duplass); por si eso fuera poco, al final del periplo la abuela Pearl deja de ser alcohólica.
A nivel de interpretación es frustrante comprobar que actores de la categoría de Sarandon, Duplass, Collette, Kathy Bates, Dan Aykroyd, entre otros, hayan prestado su colaboración en un film decididamente flojo y aburrido.
Conclusión: Una comedia sin gracia, pobremente dirigida y que constituye un paso en falso para todos los involucrados en este olvidable proyecto.
Clive Oven y Juliette Binoche en WORDS AND PICTURES

Clive Oven y Juliette Binoche en WORDS AND PICTURES

WORDS AND PICTURES. Estados Unidos, 2013. Un film de Fred Schepisi
¿Tiene Romeo y Julieta de William Shakespeare mayor resonancia artística que el extraordinario Guernica de Pablo Picasso? Esta pregunta fuera de contexto resulta un tanto absurda por cuanto es imposible comparar dos obras de trascendencia universal en donde una de ellas transmite su riqueza interior a través de la palabra escrita mientras que la otra subyuga al mundo con sus dramáticas imágenes. Sin embargo, ese interrogante se plantea en este original film de Fred Schepisi generando una relación conflictiva entre el valor de las palabras y la emoción de las imágenes.
La acción transcurre en una pequeña ciudad de Maine en Estados Unidos, donde Jack Marcus (Clive Owen) se desempeña como profesor de literatura inglesa en una reputada escuela de enseñanza media. Si bien años atrás se destacó como autor literario, su adicción al alcohol le ha hecho perder la inspiración necesaria para proseguir como escritor y poeta, además de ver peligrada su posición de docente debido a su vicio. En todo caso, eso no impide que demuestre un gran entusiasmo cuando está dictando clases, tratando de insuflar a sus alumnos el invalorable poder de la palabra escrita como medio de comunicación humana mediante citas de algunos extractos de libros de célebres escritores.
La incorporación a la escuela de la pintora italiana Dina Delsanto (Juliette Binoche) como la nueva profesora de arte, es el elemento generador del conflicto que nutre al relato. Su carácter poco sociable se debe a que sufre de artritis reumatoide, lo que la obliga a movilizarse con un bastón y a adoptar posturas especiales cuando pinta. En su carácter de instructora, se vale de algunas pinturas para transmitir a la clase la importancia del arte donde las imágenes de los cuadros adquieren una fuerza y dimensión de comunicación que –según ella- de ningún modo pueden cubrir las palabras que no son más que “trampas” y “mentiras”. A partir de allí queda entablado un duelo verbal entre Dina y Jack a quien ella no tolera por su sarcasmo y arrogancia, y en donde toda la escuela se convierte al poco tiempo en testigo de las irreconciliables posiciones que envuelven a estos dos personajes. De todos modos, la animosidad entre ambos no es óbice para que exista una disimulada atracción, en parte sustentada por los juegos de polisílabas que practican entre ellos, lo que agrega al relato un condimento romántico.
Si bien el público asiste a una estimulante discusión intelectual, en parte gracias a los jugosos diálogos del guión de Geral DiPego, la película contiene varias subtramas (el alcoholismo de Jack, su plagio de un trabajo realizado, el distanciamiento con su hijo adulto, el acoso que sufre una alumna) que aunque no dejan de despertar interés, las distraen la atención de su foco central.
Las vitales interpretaciones de Binoche y Owen confieren a Words and Pictures un peso significativo. La calificada actriz francesa realiza una remarcable caracterización de la profesora que a pesar de su hosquedad inicial demuestra que es capaz de albergar nobles sentimientos; por su parte Owen, como el carismático profesor que trata de influir en sus alumnos sobre el valor de la literatura, realiza un meritorio trabajo. A pesar de que en principio son irreductibles enemigos, ambos personajes logran una muy buena química.
Conclusión: Un amable film que contraponiendo el arte con la literatura motiva a pensar y llegar a la conclusión de que en lugar de excluirse ambas expresiones creativas se complementan.
Emmanuelle Seigner y Mathieu Amalric en VENUS IN FUR

Emmanuelle Seigner y Mathieu Amalric en VENUS IN FUR

VENUS IN FUR/LA VÉNUS A LA FOURRURE. Francia-Polonia, 2013. Un film de Roman Polanski
Tal como lo hiciera con Death and the Maiden (1994) y en Carnage (2011) el veterano realizador Roman Polanski vuelve a ofrecer un film basado en una obra teatral que además de haber logrado una magnífica transposición de la misma cuenta con la excepcional interpretación de Emmanuelle Seigner.
La pieza es Venus in Fur (La Venus de las Pieles) del dramaturgo estadounidense David Ives que además de haberse estrenado en Broadway en 2010, donde obtuvo el premio Tony a la mejor obra del año, fue representada internacionalmente con gran éxito. A pesar de que cuenta solamente con dos personajes, Polanski logró un film lo suficientemente ágil, que guarda la misma fuerza y envergadura de la obra original.
David Ives se encargó de adaptar su obra para el cine y solamente cambia el escenario donde se desarrolla, remplazando la ciudad de Nueva York por París. En una vieja sala teatral vacía Thomas (Mathieu Amalric), un director teatral y escritor, ha pasado una larga jornada efectuando pruebas a actrices candidatas para interpretar el rol femenino de la pieza Venus in Furs escrita en 1870 por el autor austrohúngaro Leopold von Sacher-Masoch y cuyo apellido originó la palabra “masoquismo”.
Frustrado por no haber encontrado a una actriz con la capacidad suficiente para encarnar el papel, está a punto de abandonar el teatro cuando repentinamente irrumpe Vanda (Seigner), quien se disculpa ante Thomas por haber llegado con retardo a la prueba. Completamente empapada por la lluvia, Thomas no puede ocultar la impresión negativa que le causa esa mujer por la forma estrafalaria de su indumentaria, su inapropiado maquillaje, la desgarbada postura que adopta y el vocabulario coloquial ordinario que emplea al hablar; de allí que él se niega a invertir su tiempo para juzgar sus condiciones artísticas, pero la insistencia de Vanda logra que Thomas acceda a que ella interprete un pequeño extracto de la obra.
Al irse apoderando de su rol que lo conoce de memoria, Vanda experimenta una total transformación; así, su vulgar personalidad cede lugar a la de una mujer sofisticada, refinada, seductora y completamente cerebral que va conquistando lentamente al personaje masculino de Severin de la obra de Sacher-Masoch. De allí en más se produce un juego de espejos en donde la ficción de la pieza que se está ensayando se confunde con la realidad de lo que sucede en el ánimo de Vanda y de un Thomas completamente subyugado ante lo que contempla; del mismo modo en que Severin lentamente se doblega a Vanda –que también así se llama el personaje femenino- ocurre algo semejante por parte de Thomas con respecto a la postulante a quien está examinando.
El resultado de lo que se ve en este cine-teatro dentro del teatro es realmente fascinante. Lo que comienza como una comedia altamente divertida, sobre todo por el comportamiento de la excéntrica postulante, va adquiriendo un carácter más serio y oscuro a medida que Vanda con su embrujo seductor va atrapando a su interlocutor masculino del mismo modo que una araña se apodera de su presa con la red que va tejiendo a su alrededor.
El realizador ha logrado excepcionales interpretaciones de sus dos intérpretes. En un rol que le calza como anillo al dedo Seigner anima con extraordinaria ductilidad a dos personalidades completamente opuestas donde cada una de las mismas alcanza un nivel de asombrosa naturalidad; de algún modo es un regalo que la actriz recibió de Polanski, su esposo en la vida real, al haberle ofrecido ese doble rol que constituye el pináculo de su carrera. No menos admirable es la caracterización de Amalric que, aunque sus dos personajes – el real y el ficticio- llegan a asemejarse, logra una simbiosis tan perfecta al punto tal que resulta difícil diferenciar a Severin de Thomas.
La fluida dirección escénica de Polanski dentro de un único escenario ha permitido lograr el máximo potencial cinematográfico de la obra de Yves que logra concentrar totalmente la atención del espectador con este entretenimiento intelectual de notable calidad. Para concluir es altamente destacable la música concebida por Alexandre Desplat que acompaña funcionalmente los momentos de tensión y/o silencio del relato.
Conclusión: Un film brillante y profundo, divertido e inquietante sobre el poder de la seducción, que prueba una vez más la gran capacidad de Polanski para transferir obras de teatro al cine con óptimos logros.