HABLEMOS DE CINE

Cine Columnistas Espectáculo Hablemos de Cine Aug 8, 2014 at 12:01 am
Helen Mirren en THE HUNDRED-FOOT JOURNEY

Helen Mirren en THE HUNDRED-FOOT JOURNEY

Por Jorge Gutman
Plena de buenos sentimientos, este film de Lasse Hallström retoma el camino que este realizador inició con Chocolat (2000) donde una madre y su hija abrían un negocio de chocolate en un pequeño pueblo de Francia; algo parecido acontece con The Hundred-Foot Journey en donde una familia de la India decide instalar un restaurante en una pequeña ciudad francesa. Basado en la novela del mismo nombre de Richard C. Morais, el guión de Steven Knight resalta los aspectos más humanos del film que Hallström supo aprovechar dejando una sensación placentera en el ánimo del espectador.
La historia se adentra en el tema gastronómico y al hacerlo destaca el aparente choque cultural que puede producirse a la hora de comer entre el refinamiento de un menú francés y un colorido y deleitoso plato indio. Comenzando con una nota dramática se ve a Papa (Om Puri), el respetable patriarca de una familia de Mumbai experto en cocina, quien sufre una tragedia con la perdida de su esposa cuando malhechores incendian su restaurante; esta desgracia lo motiva a dejar el país junto con sus hijos para establecerse en Francia. Al visitar la pequeña y encantadora localidad de Saint-Antonin-Noble-Val ubicada en el sudoeste del país, Papa descubre un elegante restaurante de comida francesa a cargo de la viuda Madame Mallory (Helen Mirren) y muy bien catalogado por la guía Michelin. Rápidamente, llega a la conclusión de que él podría hacer lo propio abriendo un restaurante típicamente indio con la ayuda importante de su joven hijo Hassan (Manish Dayal) que heredó sus habilidades culinarias; para ello compra una propiedad alicaída ubicada a poco más de 30 metros del establecimiento francés. A pesar de que el resto de la familia se opone a esta idea por razones de la proximidad del competidor gastronómico, predomina la voluntad de Papa y es así que comienza la tarea de los preparativos para que el nuevo restaurante atraiga a los moradores de la región. Demás está decir que frente a la competencia que llegará a entablarse, Madame Mallory trata de utilizar todos los medios posibles para que el nuevo centro culinario encuentre contratiempos, como por ejemplo el sabotaje de acaparar en el mercado local los ingredientes necesarios para que Papa y Hassan no puedan disponer de los mismos para cocinar.
A pesar de que no faltan acciones xenofóbicas que denunciando tensiones raciales generan una actitud violenta y dañina para la familia Kadam, el relato adopta el tono de la amable comedia capaz de despertar la sonrisa del espectador contemplando personajes con los cuales resulta fácil de empatizar. Así la antagónica relación inicial entre Papa y Mallory, dos personalidades obstinadas en lograr lo que se proponen, llega a “dulcificarse” gradualmente reconociendo ella el gran talento de Hassan y contratándolo para la elaboración de platos con ingredientes que destaquen lo mejor de ambas cocinas; por su parte el joven indio comienza a sentirse románticamente atraído por Marguerite (Charlotte Le Bon) quien se desempeña como asistente del chef del restaurante francés.
Demás está decir que el film despierta el apetito, pero lo que más interesa aquí es el modo en que la preparación de las recetas gastronómicas puede lograr que dos culturas diferentes puedan encontrar puntos de convergencia. Todo está dicho de la forma más sencilla posible y si en última instancia el film podría ser objetado porque no hay un fuerte impacto dramático de todos modos el tratamiento liviano que adopta el relato no llega a menoscabar sus meritos.
Tanto Puri, uno de los más celebrados actores de la India, como la excelente Helen Mirren no necesitan realizar grandes esfuerzos para transmitir convicción a sus respectivos roles y en cuanto a Dayal y Le Bon no desentonan aportando simpatía a los suyos. A pesar de la corriente actual de filmación digital, Hallstrom ha preferido mantenerse fiel a la de 35 mm y en tal sentido aprovecha la contribución de la magnífica fotografía de Linus Sandgren para realzar la belleza y luminosidad del lugar donde transcurre la acción.
Conclusión: La gastronomía como metáfora de la diversidad cultural en una amable comedia dramática
Earl Lynn Nelson y Paul Eenhorn en LAND HO!

Earl Lynn Nelson y Paul Eenhorn en LAND HO!

 
LAND HO! Islandia-Estados Unidos, 2014. Un film escrito y dirigido por Aaron Katz y Martha Stephens
Una aceptable comedia que se distingue más por las decorosas interpretaciones que por la historia relatada es la que ofrecen Aaron Katz y Martha Sephens como realizadores y guionistas de Land Ho!
Earl Lynn Nelson personifica a Mitch, un retirado cirujano de extrovertida personalidad que vive en Kentucky y decide invitar a Colin (Paul Eenhorn) con todos los gastos pagos para que juntos realicen un viaje a Islandia; este último es su ex concuñado y gran amigo australiano quien fue bancario de profesión y ahora se encuentra jubilado. El lazo familiar se origina por haber estado casados con dos respectivas hermanas; en tanto que la esposa de Mitch falleció, el matrimonio de Colin terminó en divorcio. De personalidades completamente opuestas, Mitch se presenta como un individuo verborrágico que no se cuida mucho en su forma un tanto desbocada de hablar y todavía evidencia sangre joven en sus venas para admirar a las bellas mujeres; Colin por su parte responde a las características de un hombre afable, melancólico y taciturno.
Adoptando las características de un “road movie”, el viaje comienza en Reykjavik donde además de visitar una galería de arte, en la capital islandesa se produce el encuentro con una joven prima de Mitch y su amiga (Karrie Crouse y Elizabeth McKee) quienes por coincidencia llegan allí procedentes de Groenlandia; ésa es la oportunidad para que Mitch las invite a cenar a un sofisticado restaurante especializado en pescado para posteriormente continuar la velada en un club nocturno donde estos amigos tratarán de revivir la ya ida juventud. Cuando las chicas se van, ellos deciden recorrer Islandia; en ese viaje tienen un fugaz encuentro con una pareja de recién casados donde Mitch ofrece al novel marido ciertos consejos en tanto que Colin entabla un esporádico vínculo sentimental con una mujer canadiense que visita la zona; una mínima tensión se origina cuando en un momento dado ambos viajeros se encuentran en una playa solitaria y se sienten perdidos, comenzando a discutir sin serias consecuencias.
A lo ya dicho, el relativo interés del relato se manifiesta cuando Mitch y Colin vuelcan algunos aspectos de sus vidas personales donde surgen revelaciones que no alcanzan mayor trascendencia ni ofrecen grandes sorpresas como para llegar a intrigar. Con todo, el film se llega a apreciar por dos motivos: uno de los mismos descansa en las muy buenas actuaciones que los realizadores obtuvieron de Nelson y Eenhorn; estos actores además de mantener una buena química brindan una pequeña dosis de humor que afortunadamente no desborda en el mal gusto. El otro factor por el cual la película se destaca es por los escenarios naturales en que se desarrolla proporcionando al espectador un considerable incentivo para visitar Islandia; en tal sentido, el director de fotografía Andrew Reed ha sabido captar la elegancia de la pequeña capital de la isla y la belleza ofrecida por los diferentes accidentes geográficos que caracterizan al pequeño país, incluyendo sus glaciares, fiordos, montañas, volcanes, fuentes termales y playas de arena negra.
Aubrey Plaza y Jason Ritter en ABOUT ALEX

Aubrey Plaza y Jason Ritter en ABOUT ALEX

ABOUT ALEX. Estados Unidos, 2014. Un film escrito y dirigido por Jesse Zwick
El novel director Jesse Zwick aborda un tema demasiado familiar como lo es el reencuentro de amigos que no se han visto durante largo tiempo; así, mucho de lo que aquí se expone ya ha sido relatado por primera vez en el film The Big Chill (1983) de Lawrence Kasdan y desde entonces varias veces se volvió a repetir la misma fórmula, como en este caso ocurre con About Alex.
En esta ocasión, un grupo de amigos que fueron compañeros de estudio en la Universidad de Nueva York, ahora en su treintena de edad se ven forzados a reunirse en una casa campestre perteneciente a Alex (Jasson Ritter) quien antes de intentar suicidarse comunicó su decisión a través de Twitter y Facebook. La novedad del film radica en que el suicidio no resultó exitoso pero de todos modos ésa es la excusa para que los amigos se junten para brindar confort a Alex y para que al propio tiempo vayan manifestando sus inquietudes, ansiedades, logros y sinsabores. Así se encuentra Ben (Nate Parker), el mejor amigo de Alex, que llegó acompañado de su pareja Siri (Maggie Grace), una exitosa profesional que en esos momentos analiza una oferta de trabajo que la obligaría a mudarse de donde vive y estar alejada de Ben; por su parte, la abogada Sarah (Aubrey Plaza) revive parte de su pasado sentimental cuando ve que Isaac (Max Minghella), un prospero hombre de negocios de San Francisco, llega acompañado de su novia (Jane Levy) quien en un principio se siente un poco extraña en ese grupo; finalmente se halla Josh (Max Greenfield), un frustrado académico, quien se prepara para obtener su PhD.
De esos tres días en que estas siete personas permanecen juntas surge la típica reflexión sobre qué es lo que ha sucedido con sus vidas y de qué manera los sueños de juventud no se vieron concretados tal cual estaban planeados. Como se apreciará, no hay mucho que en materia de contenido este film agregue a lo que ya se ha visto anteriormente; de todos modos las sólidas actuaciones del elenco transmitiendo frescura y calidez en la dinámica relación que se establece entre los personajes, así como algunas notas de humor que adecuadamente el guión incorpora, contribuyen a que el film termine dejando una sensación agradable aunque sin despertar exagerado entusiasmo.