INMIGRANDO A CANADA

Columnistas Inmigración Inmigrando a Canadá Mar 16, 2017 at 11:57 am

Por Vilma Filici

filici@filici.com

 TORONTO. El comentario que hizo el presidente de Estados Unidos sobre del sistema de inmigración canadiense durante su primera presentación ante el congreso definitivamente ha tenido un impacto positivo para Canadá.

El hecho de que el presidente estadounidense quiera copiar nuestro sistema de inmigración sin duda produce un sentimiento de orgullo, pero también genera un sentimiento ambivalente. ¿Será que alaba nuestro sistema porque sólo ve la parte excluyente de la política migratoria canadiense? ¿o ve también la parte humana del sistema?

En su discurso, el presidente Donald Trump dijo que el sistema de inmigración canadiense era admirable, pero la verdad es que el sistema es muy selectivo. Canadá, desde las últimas dos décadas y media, ha venido tratando de incentivar únicamente a las mejores y más brillantes personas del mundo para venir a establecerse en el país.

Estudios post secundarios, conocimientos de uno de los idiomas oficiales a nivel avanzado, suficiente dinero para poder mantenerse sin recurrir a servicios sociales, etc., etc., etc., son algunas de las características que deben tener las personas que serán bienvenidas a Canadá.

Tal vez alguien esté pensando: ¿y qué acerca de los refugiados? La respuesta es que aun con los refugiados seleccionados por Canadá, estas mismas características juegan un papel importante. Los refugiados seleccionados fuera del país en su gran mayoría podrían calificar como trabajadores calificados.

Es sólo en casos en que los refugiados pueden demostrar que han sufrido persecución atroz y que son vulnerables, que se deja de lado la selección por las características mencionadas y se les abre paso a la residencia permanente.

En ese sentido, los halagos que le lanzó a Canadá parecieran estar basados fundamentalmente en el sistema de las clases económicas, en el cual Canadá, en acuerdo con las distintas provincias, hace una evaluación de las necesidades laborales del país y se selecciona a los inmigrantes basándose en sus habilidades en las distintas ramas. Se evalúan por sus conocimientos de uno de los idiomas oficiales y por la habilidad que tiene la persona de poderse establecer económicamente en Canadá.

Así, el hecho de que los Estados Unidos quiera adoptar las mismas políticas migratorias de Canadá en realidad es preocupante, porque ellos ya son bastante excluyentes, aunque hay que envidiarles la política de reunificación familiar que poseen.

Porque en ese país, un ciudadano puede patrocinar a más miembros de su familia que en Canadá. Recientemente estuve leyendo unos comentarios que dicen que esta posibilidad de patrocinio familiar se convierte en una cadena que permite que cada persona patrocinada pueda a su vez continuar patrocinando a su familia, logrando así que generación tras generación pueda llegar al país.

En Canadá esto no es posible. Uno no puede patrocinar a hermanos, tíos o sobrinos, etc. De hecho, a través de los años hemos visto cómo se ha ido dejando de lado la clase familiar. Concretamente, para los padres y los abuelos se ha creado un programa especial que excluye a muchísimas personas, y uno de los puntos beneficiosos que tiene Estados Unidos, tal y como lo digo más arriba, es justamente el hecho de que hay más oportunidades para patrocinar a familiares y a muchos más grados sanguíneos que los programas canadienses.

En ese contexto, sería una lástima que el gobierno estadounidense terminara con la clase familiar para darle más peso a la clase económica, excluyendo a muchas personas, como es el caso de la política inmigratoria canadiense que busca solamente a los mejores y más brillantes del mundo y que va dejando la reunificación familiar cada vez más de lado.

Lo que los estadounidenses deberían copiar no es precisamente el sistema excluyente de Canadá sino que más bien deberían copiar la parte más humana que tiene nuestro sistema migratorio, como por ejemplo los casos por razones humanitarias y de compasión, por medio de los cuales muchas personas que se encuentran indocumentadas en el país, o que de alguna manera no reúnen los requisitos legales para poder solicitar la residencia permanente pero que sí tienen un caso que amerita ya sea por enfermedad o por establecimiento, o por relaciones familiares con personas que están en el país, se les permita hacer el trámite para la residencia permanente dentro del país.

Creo que esto aliviaría mucho el peso que tiene los Estados Unidos, o el problema que cree tener, con los indocumentados. Y aliviaría también el estrés por el que están pasando los millones de personas que se encuentran viviendo de manera indocumentada en dicho país.

Para nadie es un secreto que hay personas que han estado viviendo de forma indocumentada durante 10, 20 y hasta 30 años en los Estados Unidos, que ya tienen su vida hecha, tienen casa, tienen familia, tienen a sus hijos, y ahora sobre todo están enfrentando la posibilidad de ser deportadas a sus países de origen. La forma en que se pueden solucionar este tipo de casos es algo muy positivo de la política migratoria canadiense que sí deberían estar copiando los estadounidenses.

Otro programa o categoría de inmigración que también sería de mucho beneficio y ayudaría a aliviar el estrés de los indocumentados sería el permitirle a los ciudadanos y residentes estadounidenses el poder patrocinar a sus esposas o esposos, o a sus parejas en unión libre, desde dentro de los Estados Unidos sin importar el estado financiero de la persona. Es decir, sin que el patrocinador tenga que cumplir el requisito de ganar un monto específico de dinero.

De acuerdo a la información con la que se cuenta, hay muchísimas personas indocumentadas que están casadas o viviendo en unión libre con ciudadanos o residentes estadounidenses que no pueden patrocinarlas porque no ganan suficiente dinero. Esto se traduce en que hay familias con hijos muy bien establecidos que se encuentran en una situación desesperante porque enfrentan la posibilidad de que, si su padre o madre indocumentada es aprendida por el departamento de Inmigración, la familia va a ser dividida.

La otra opción que enfrentarán es que el esposo o esposa estadounidense, junto a sus hijos también estadounidenses, tengan que terminar viviendo en un país el cual no conocen, únicamente con el objetivo de no quedar separados como familia.