El tráfico ilegal de vida salvaje ataca los grandes santuarios naturales

Mundo Noticias Apr 18, 2017 at 9:33 am
Un cachorro de tigre interceptado cuando se comerciaba con un grupo de ellos con destino a China.

Un cachorro de tigre interceptado cuando se comerciaba con un grupo de ellos con destino a China.

Entre 1970 y 2012, la población mundial de vida salvaje se redujo en casi un 60% de media, y la captura ilegal de especies fue uno de los principales impulsores de esta disminución. Por este motivo, los lugares declarados Patrimonio Mundial de la Humanidad se han ido convirtiendo en el último reducto de conservación de los más importantes tesoros naturales. Allí se encuentran un tercio de los tigres y un 40% de los elefantes africanos, por ejemplo. Pero ni siquiera la especial protección que disfrutan estos valiosos enclaves está logrando contener el avance del tráfico ilegal de vida salvaje.

La caza furtiva de especies animales vulnerables y en peligro de extinción ha sido notificada en al menos 43 sitios del Patrimonio Mundial

Casi el 30% de los sitios Patrimonio Mundial sufre hoy la tala, la caza o la pesca ilegal. “La caza furtiva de especies animales vulnerables y en peligro de extinción ha sido notificada en al menos 43 sitios del Patrimonio Mundial, y la tala ilegal de especies de plantas valiosas, en 26 áreas. La pesca ilegal ha sido notificada en 18 de las 39 áreas costeras y marinas actuales”, alerta un informe publicado por la organización conservacionista WWF con el respaldo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN).

 “La extracción ilegal continuada en los sitios del Patrimonio Mundial podría llevar a la extinción de las especies”, continúa el informe de WWF, dado que son el último bastión para muchas de ellas. Por ejemplo, el “Parque nacional Ujung Kulon de Indonesia es el último refugio para alrededor de 60 rinocerontes de Java en peligro crítico de extinción, y las islas y áreas protegidas del golfo de California dan cobijo a las 30 vaquitas que quedan en el mundo, la marsopa más pequeña del mundo”, indica el trabajo sobre estos enclaves naturales protegidos por la Unesco.

“La caza furtiva se produce en la mayoría de los sitios del Patrimonio Mundial que contienen especies emblemáticas como son los elefantes, tigres y rinocerontes”, denuncia el informe. Y detalla algunas situaciones terribles derivadas de esta atractiva concentración de tesoros naturales, lo que provoca que la caza furtiva de elefantes se dé en más del 60% de los sitios del Patrimonio Mundial que los contienen. Por ejemplo, la reserva de animales salvajes de Selous en Tanzania perdió casi el 90% de sus elefantes desde que en 1982 se declarara Patrimonio: “La reserva perdió un promedio de seis elefantes diarios entre 2010 y 2013″. Lo mismo sucede con la caza furtiva del tigre y del rinoceronte africano y asiático, que se produce en el 70% de los sitios del Patrimonio Mundial con esas especies, según este trabajo de WWF.

El mercado negro de vida salvaje mueve entre 14.000 y 19.000 millones de euros al año, el cuarto más grande del mundo

La captura ilegal de especies ha degradado el valor universal excepcional de 14 de estas áreas, lo que ha llevado a su inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro. Los motivos de esta tragedia son simples: el mercado negro de comercio ilegal de vida salvaje mueve entre 14.000 y 19.000 millones de euros al año, el cuarto más grande del mundo después de las drogas, la falsificación y el tráfico de personas.

Por todo ello, el informe exige que los gobiernos mejoren la protección y vigilancia de estos lugares, que además debe ir acompañada de mayores esfuerzos para frenar la demanda de fauna y flora salvaje, a través de la educación y de la persecución legal de este mercado negro. “El informe destaca la importancia crucial del imperio de la ley en la conservación de la naturaleza”, asegura en el informe Inger Andersen, director general de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Y añade: “Cuando esto falla, no solo se pone en peligro la vida salvaje y nos roba nuestro patrimonio natural: también daña la seguridad, amenaza a las comunidades locales que dependen de ecosistemas sanos para sus medios de vida, y ralentiza el desarrollo y la reducción de la pobreza”.