HABLEMOS DE CINE

Cine Columnistas Hablemos de Cine May 5, 2017 at 12:05 am
Adán Jodorowsky en POESIA SIN FIN

Adán Jodorowsky en POESIA SIN FIN

Por Jorge Gutman

Como su título lo anticipa, este film es poesía pura y ciertamente conmueve a quien lo contempla. Así como en La Danza de la Realidad (2013) Alejandro Jodorowsky aborda su infancia, en este film considera la trayectoria vivida en sus años de juventud. Lejos de convertirse en una tradicional autobiografía, el cineasta apela a diferentes recursos no convencionales para transmitir sus memorias e impresiones vividas durante la década del 40.

Cuando su familia se muda de Tocopilla, su ciudad natal, a Santiago, el adolescente Alejandro (Jeremías Herskovits) evidencia el rigor de su padre machista (Brontis Jodorowsky) que quiere que él llegue a ser médico, intentando de cercenarle sus ambiciones intelectuales y su inclinación a la poesía. Con todo, a pesar de la severidad paterna, él habrá de resistirla y comenzará bien pronto a sumergirse en el mundo artístico y literario santiaguino a través de un proceso de maduración que va experimentando a medida que pasan los años. Es así que el Alejandro adulto (Adán Jodorowsky) se vincula con las figuras intelectuales de la época como el influyente poeta Nicanor Parra (Felipe Ríos), la poetisa “punk” Stella Díaz (Pamela Flores) que llegará a ser su musa, el novelista y poeta Enrique Lihn (Leandro Taub) y otros intelectuales que años después llegarían a trascender en la literatura de América Latina.

Si bien el film constituye de por sí un acto poético demostrando de qué forma la poesía puede transmitir amor y enriquecer espiritualmente a una persona, el autor refleja igualmente el marcado cisma que existió con su progenitor cuya dureza e intransigencia ya había quedado testimoniada en La Danza de la Realidad pero que aquí adquiere mayor tensión; esa dificultosa relación alcanza su climax cuando a pasos de embarcarse para París a fin de iniciar una nueva etapa de su vida, su padre trata de impedirle que lo haga originando una despedida entre violenta y emotiva que sensibiliza profundamente al espectador.

Formalmente el director dota al relato con un contenido sensual a la vez que reconstruye formidablemente los lugares donde vivió valiéndose de fotos de ese entonces. Ingenioso y dueño de una gran creatividad, maravillan las escenas circenses que el realizador introduce en el relato como así también el realismo mágico al que apela en ciertas instancias logrando notables efectos ilusorios.

Finalmente resulta admirable apreciar cómo Jodorowsky tiene la valentía de retornar al pasado, analizando con la sabiduría que otorga la madurez de los años qué es lo que pudo no haber marchado como lo hubiera esperado; de este modo, refrescando su memoria obtiene el mejor antídoto para cicatrizar las heridas existentes a fin de lograr una catarsis y renovación espiritual.

Por lo que antecede Poesía Sin Fin es una bella película chilena que enaltece al cine de América Latina.

Emma Watson en THE CIRCLE

Emma Watson en THE CIRCLE

 

THE CIRCLE. Estados Unidos, 2017. Un film de James Ponsoldt

Un preocupante relato sobre la pérdida de la privacidad humana es lo que se aprecia en The Circle. Este film de James Ponsoldt, basado en la novela homónima de Dave Eggers en principio parecería un thriller de ciencia ficción. Poco a poco se puede concluir que lo que aquí se expone, a través del guión del realizador y del autor del libro, se asemeja mucho al proceso de transición que actualmente se está viviendo en esta era digital con la obsesión alcanzada por muchas personas de revelar su intimidad a través de las redes sociales.

Las primeras escenas presentan a Mae Holland (Emma Watson), una joven que no muy satisfecha donde trabaja, a través de una amiga (Karen Gillan) logra obtener un empleo en The Circle, un gran conglomerado dirigido por Eamon Bailey (Tom Hanks) y su socio Tom Stenton (Patton Oswalt). Mediante su eficiente sistema operativo la empresa recauda informaciones de sus usuarios incluyendo sus correos electrónicos, operaciones bancarias y otras informaciones estrictamente privadas.

El entusiasmo inicial de Mae está sustentado por la modernidad del ambiente en que trabaja, un enorme edificio que parece adoptar la fachada de una importante universidad americana con un inmenso campus; allí, sus empleados, además del trabajo específico que realizan, tienen la oportunidad de desarrollar actividades deportivas y participar igualmente en reuniones sociales. Si en principio Mae no comparte de inmediato su vida personal, un error cometido por ella hará que esté dispuesta a utilizar una cámara pequeña inalámbrica con conexión satelital adherida permanentemente en el interior de su cuerpo; eso implica que toda su actividad diaria como la de los seres con quien entra en contacto, pueda quedar expuesta sin restricción alguna.

La filosofía de la compañía es que la privacidad y los secretos personales constituyen flagrantes mentiras y que compartir con el prójimo lo que uno realiza constituye un acto de bondad y generosidad; al propio tiempo, la transparencia de las informaciones constituye un medio de proteger al mundo de los raptos, violaciones y sobre todo poner punto final a las transgresiones de los derechos humanos en países donde predomina la represión.

La otra cara de la medalla permite ilustrar cómo esos modernos artificios tecnológicos pueden generar contornos notablemente negativos, como es el caso en que en un fugaz momento se observa a los queridos padres de Mae (Glenne Headly, Bill Paxton) haciendo el amor, o bien causando involuntariamente la muerte de su mejor amigo (Ellar Coltrane).

No es novedoso lo que el film ilustra; ya Orwell lo expuso en su novela 1984 con el “Gran Hermano” que lo observa todo. Lo que acontece con este film, que indudablemente estremece, es que no logra arribar a una conclusión que pueda redondear lo expuesto; mejor dicho, lo propuesto a manera de lección moral -que no se habrá de develar- no constituye de ningún modo una solución a la indiscutible necesidad de respetar la vida íntima del ser humano.

A pesar de la observación precedente, la misma no alcanza a desmerecer a esta producción que mantiene constante interés por su buena realización, actuación y por su tema que constituye una indirecta crítica a Google y a las otras redes sociales existentes. Un film recomendable.

Richard Gere en NORMAN: THE MODERATE RISE AND TRAGIC FALL OF A NEW YORK

Richard Gere en NORMAN: THE MODERATE RISE AND TRAGIC FALL OF A NEW YORK

 

NORMAN: THE MODERATE RISE AND TRAGIC FALL OF A NEW YORK FIXER. Estados Unidos, 2016. Un film dirigido y escrito por Joseph Cedar.

Abordando un personaje singular, el realizador Joseph Cedar ofrece una comedia dramática que permite el amplio lucimiento de Richard Gere.

El relato presenta a Norman Oppenheimer (Gere), un judío neoyorkino solitario que trata desesperadamente de trascender buscando el reconocimiento ajeno. Para disimular su condición de don nadie, asume ante terceros la personalidad de un hombre que es director de una firma consultora cuya ocupación consiste en actuar como mediador de negociaciones entre influyentes personas del mundo comercial y de las finanzas de Nueva York. . Obviamente, este antihéroe dista de ser el gestor importante que quiere aparentar y su consultoría no es más que un fantasma inexistente.

La suerte de Norman cambia el día en que conoce a Micha Eshel (Lior Ashkenzai), un ministro israelí que se encuentra en la ciudad asistiendo a una conferencia. Para impresionarlo y motivado por la posibilidad de hacer una conexión importante con este político, trata de ganar su amistad obsequiándole un par de zapatos de considerable valor.

Cuando tres años después Eshel se convierte en el Primer Ministro de Israel, Norman trata de sacar partido de esta situación en la prosecución de su actividad como mediador; sin embargo y a pesar de que en principio todo resultaría gratificante para este peculiar personaje, su empeño de mezclarse con el mundo político, donde la falta de escrúpulos y la corrupción suelen hacerse presentes, comienza a desestabilizarlo; en consecuencia, el panorama imaginado por Norman, divorciado de la dura realidad que lo circunda, implicará su irremediable caída en desgracia.

Si bien la segunda parte del relato resulta un tanto confusa con situaciones no siempre bien clarificadas, el hecho no desdibuja el interés del film con una intriga bien urdida en su primera mitad. En gran parte ello es debido a que Cedar efectúa un buen estudio caracterológico de Norman habiendo encontrado en Gere al actor ideal para darle vida; su actuación permite que el público empatice con este bonachón de naturaleza ambivalente que por una parte recurre al engaño y a la manipulación para ganarse el sustento que le permita vivir y por la otra manifiesta facetas altruistas. A pesar de que Gere es el centro de un relato que indudablemente le pertenece, igualmente se lucen en papeles secundarios Steve Buscemi como un rabino de la comunidad que cree que Norman puede ayudarlo a recaudar fondos para su sinagoga y Michael Scheen como el sobrino del protagonista; el homogéneo elenco se completa con la participación de Charlotte Gainsbourg. Hank Azaria y Dan Stevens.

En suma, he aquí un film cálido y melancólico no exento de momentos graciosos que permite reflexionar sobre la necesidad del ser humano de lograr un lugar en el mundo donde ser querido y apreciado; ese es el caso de Norman que a pesar de su contradictoria naturaleza resulta un ser entrañable.

Denise Filiatrault en C'EST LE COUEUR QUI MEURT EN DERNIER

Denise Filiatrault en C’EST LE COUEUR QUI MEURT EN DERNIER

 

C’EST LE COEUR QUI MEURT EN DERNIER. Canadá, 2017. Un film de Alexis Durand-Brault

Con la presencia estelar de la gran actriz del teatro y cine Denise Filiatrault, el realizador Alexis Durand-Brault aborda un tema ya tratado varias veces por el cine. Aunque no se destaque por lo novedoso, el director transmite muy bien el drama de un hijo y su madre enferma que emerge de la novela de Robert Lalonde, en la fiel adaptación realizada por Gabriel Sabourin quien también es uno de sus protagonistas.

La trama presenta a Julien (Sabourin), quien trabajando como ebanista de día dedica el resto de su tiempo a la literatura donde acaba de terminar una novela autobiográfica intitulada C’est le coeur qui meurt en dernier. A raíz de un llamado telefónico de su hermana Marie-Eve (Geneviève Rioux), él decide reencontrar a su madre (Denise Filiatrault) de quien se encontraba distanciado por espacio de varios años; ella reside en un establecimiento para personas que sufren de Alzheimer y debido a que comienza a experimentar los primeros síntomas de esa enfermedad le pide a su hijo que la ayude a morir.

Ese encuentro es el elemento que motoriza la trama centrada en la relación tumultuosa del hijo con su madre a través de un relato que transcurre entre el presente y el pasado. Gradualmente se habrá de constatar la vida tormentosa que Julien vivió en su infancia y cuál ha sido el comportamiento de su progenitora como testigo de su drama. Es precisamente en el libro que se acaba de publicar donde Julien revela un vergonzoso secreto de familia y que al hacerlo le sirve de catarsis para poder afrontar mejor su futuro.

En una narración donde lo que se expresa tiene la misma significación de lo que no se manifiesta, el director aborda con sutileza un tópico delicado que despojado de gran dramatismo logra no obstante emocionar. El film cuenta con irreprochables actores; así, Denise Filiatrault después de un alejamiento del cine motivada por su intensa actividad teatral, vuelve a demostrar su maestría caracterizando a la matriarca del relato; por su lado, Sophie Lorain igualmente transmite convicción interpretando a la madre en sus años de juventud; finalmente Sabourin encarna con sobriedad la vivencia de una persona que durante su existencia ha sobrellevado el peso emocional de un triste pasado.

En esencia, el dilema moral planteado por el film logra trascender por el inteligente tratamiento que el director imprimió al mismo y se encuentra fortalecido por la magnífica interpretación de su elenco central.