Ayer y Hoy, Volver a EMPEZAR. GaD

Columnistas Noticias May 18, 2017 at 11:25 am

Fotos ayer y hoy 1-ayer-y-hoy-1Por Ernesto Salayandia García

18 años limpio

  60 años cumplidos, más de la mitad secuestrado

Lleno de ansiedad, recorrí farmacia tras farmacia, con receta en mano para comprar el narcótico con el que establecí una fuerte dependencia, recurría media ciudad, es un medicamento, morfina sintética, que escasea mucho, tiene un gran demanda y una amplia lista de adictos al Nubain, para mí, es una sustancia toxica muy fuerte, extremadamente relajante, una anestesia dura, que la usan en los quirófanos para armar el dolor en una operación mayor, igual parea quien tiene un cáncer o una herida muy grave, en mi caso, la use como mi droga de impacto y me inyectaba tres miligramos en la mañana, tres miligramos al medio día y tres más en la noche, en cuanto destapaba el frasco y cargaba la jeringa, me daban nauseas, vomitaba un líquido amarillo, el síntoma era de inmediato después del piquete y en complemento me inhalaba un pase de cocaína, junto con un cigarro, los momentos sin morfina, eran insoportables, me irritaba con facilidad, sudaba y mi mente se obsesionaba, pensando únicamente en donde podría conseguir una buena dotación, el efecto, demasiado relax, el rebote, un inmenso dolor de cabeza y huesos, que comencé a calmar con vodka, pastillas anti depresivas y por supuesto cigarro, llegue a pensar que jamás iba a poder presentir de esta droga, me sentía mediocre, inuit, gran parte de mis días, los dedique a visitar farmacias. La primera vez que la probé, por prescripción médica, fue por un dolor de huesos a consecuencia del abusó extremo en el consumo de cocaína, fue por demás placentero y de ahí vinieron mis delirios de persecución, mis pensamientos psicópatas, patológicos, psicóticos, me mente enferma, anestesiada y drogada.

Un límite no cumplido

Mi mujer tenía 21 años y yo 35 cuando nos casamos, mi consumo de cocaína y de alcohol, era en cantidades industriales, todos los días borracho, alcoholizado y drogado, hasta que ella, un día harta de mis actitudes, de mis panchos infantiloides, de mi soberbia, me puso un límite.- O haces algo para que dejes de tomar o nos divorciamos? .- Los pleitos eran diario y busque la manera de internarme en Oceánica, por 35 días, por supuesto que puse mis condiciones, se me permitió llevar mi máquina de escribir he hice los doce pasos del programa de Alcohólicos Anónimos en menos de diez días.,- Imagínate!!!!.- No fui honesto, no dije que era cocainómano, fármaco dependiente, no hable de mi celotipia infernal, incluso me fugue dos veces de la clínica para ir a visitar en la madrugada a mi mujer al Camino Real en Mazatlán, México, ella pensaba que era una demostración de amor, mientras que yo, iba a inspeccionar el cesto de la basura, buscando condones, o papel con semen, checaba. debajo de la cama, iba a inspeccionar su cuerpo en busca de un chupete o un rasguño, yo no hable de eso, ni de mis heridas del alma, ni de mis daños, me la lleve de pechito y cuando llegue a México, mi cuñado me recibió en su casa con un pase de cocaína y me dijo.- Eso de Alcohólicos Anónimos, es pura jalada, éntrale!!!!,. y ahí tire mis esperanzas por dejar de consumir, eche a la basura todo el dineral que me había costado Oceánica, entre el internamiento, los viajes de mi mujer, las terapias familiares y una semana que nos quedamos de luna de mil en el Rancho Las Moras y después me hundí cada vez más en la adicción a la cocaína, al Nubain y a las pastas y sucedió lo que sucede en la carrera de un drogadicto, comencé a tocar fondos, me volví loco y trate de matar a mi mujer. No morí, porque Dios dispuso otra oportunidad para mí, porque me mujer me apoyo siempre.

La cocaína, mi amiga, mi esposa, mi amante, mi todo

Mi adicción, mi compulsión hacia esta sustancia toxica, era sumamente fuerte, me obligaba a drogarme cada 20 minutos, me angustiaba toda vez que me quedaba sin droga, cancele viajes, compromisos importantes, por estar prendido de la cocaína, al final de mi carrera, lloraba cada vez que empezaba a inhalar porque ella sabía que no podía parar, entre más me metía, mas quería, gaste una fortuna en el polvo blanco, dañe mi salud, tendrá estragos muy amargos, consecuencias severas en mi cuerpo , en mi mente, la cocaína me secuestró arruino mi vida, perdí el sano juicio, me secuestré en mis delirios de persecución, me hundí en depresión y me aferre a sufrir por mi celotipia infernal, esa obsesión que me volvió loco y me obligo a quemar mi casa un par de veces, me orillo a generar el hecho de que me querían matar, dormía con dos cuchillos en mano, genere que entraban a mi casa y me escribían mensajes con tinta sangre.- Púdrete. Te vamos a matar.- Dañe mi tabiqué y mi sistema respiratorio, me corrieron de mi programa de radio, La Voz de Chihuahua, por irresponsable, perdí a mi mujer, a mi familia, dinero y demasiado tiempo que estuve muerto en vida, atrapado sin salida, llegue a pesar menos de 50 kilos, con los zopilotes volando arriba de mi.- Puedes ver a mis hijos de dos y tres años brincando en el binca brinca de un centro comercial, por horas, mientras yo, en el estacionamiento atascándome de cocaína.- Abandone la convivencia con mi familia, les di la espalda y no había cosa más importante que drogarme, mi vida giraba en torno a la cocaína, vivo de milagro y ahora, algunas noches me angustio porque tengo pesadillas donde me veo atascándome, sufro por la recaiga, pero me despierto y le doy gracia a Dios, de que solo fue un sueño, sin duda, un claro mensaje para que no se me olvide de dónde vengo. Por supuesto que un mediocre cocainómano, tiene que vivir su propia experiencia, no tiene los tamaños para dejar de consumir, como yo.-

060, de mi libro Ayer y Hoy

Me encontré un buen amigo, colega, periodista y servidor público a quien conozco de hace muchos años y me dio mucho gusto verlo. Juntos empezamos a recordar cuando él se desempeñaba como titular de comunicación social de Seguridad Municipal en Chihuahua. Recordamos las veces que él fue a mi casa y yo le decía, en mis loqueras, en mi paranoia, por donde se habían ido los supuestos atacantes que habían entrado, el sorprendido de mis juicios, permanecía callado, mientras le mostraba el talco, abundante que yo desparramaba en la alfombra para comprobar que alguien entraba y dejaba sus huellas. Fueron noches interminables, infernales de mucho dolor, la loquera en todo su apogeo. Por las noches, atascado de cocaína, obsesionado por mi celotipia, posesionado de mis miedos, le daba rienda suelta a la imaginación, echaba a andar la película ante el más mínimo detalle, como el hecho de haberme encontrado algunos cassetes grabados con música rara, con voces feas y un tanto satánicas, o los mensajes que dejaban en mi máquina de escribir, sé que hubo mano negra, sé que esa mano que mecía la cuna, le echaba más gasolina a mi paranoia, sé quién lo hacía y bastaba entonces el más mínimo indicador y yo marcaba de inmediato el 060, las patrullas llegaban rapidísimo, y entraban a mi casa, yo vuelto loco, enojado les señalaba las huellas que dejaban, las letras con sangre tinta en la pared, les señalaba por donde se trepaban, les decía, por ahí se fueron, de arriba en la parte de las recamaras hacia las puertas por donde se tira la ropa sucia al cuarto de lavado, les señalaba las pisadas, las marcas de los tacones, de igual como embarraban excremento en la pared.  Los oficiales, iban una y otra vez, mientras que Peña Moyrón, mi amigo que en paz descanse y a quien extraño mucho, dormía ahí en esa casa, El Castillo de Drácula como citaba mi madre y me decía mi amigo el periodista Peña Moyrón.- Ernesto, estas mal, ahí no hay nada, por favor, reacciona.- Y yo soberbiamente le daba unas regañadas delante de los oficiales, lo humillaba y me irritaba que me llevara la contra. El Tulipán, como yo le decía de cariño, me aguantaba mucho y constantemente me decía.- No sufras gratis.- Loco me la pasaba de una recamara a otra, escuchando pasos en los ductos de los aires, subiéndome en una silla, en una mano el spray para el cabello y en el otro el encendedor, yo rociaba el spray y le prendía, la flama hacía tremendo ruido y se iba por los ductos, imaginándome que corrían ante la presencia del fuego, más de un par de veces, saboteé las entradas y tapé los ductos, puse papel en las rejillas y  prendí, el fuego, que de inmediato, llenaba de humo la casa, manchando de negro lo blanco del tirol del techo,, los bomberos y la municipal llegaron muy rápido y yo daba por hecho que ahí adentro los ductos había alguien.- Loco.-

Fondo tras fondos

Esta enfermedad, perra, maldita enfermedad perversa del alma, me robo la vida, perdí mi dignidad, me robo la misma vida, mi trabajo, el sano juicio, mi familia y cada vez que Dios me permite dar el mensaje, los niños abren su conciencia y me escuchan, luego, me da un gusto enorme, que al pasar los años, me los topo en la calle y me dicen.- Estoy limpio.- Tuve que sufrir mis propias consecuencias y toca fondos, como en el anexo donde nací y que estuve internado tres meses por mi propia voluntad, en un principio, porque después renegué y presione a medio mundo para que me sacaran, pero mi mujer me dijo.- Aquí te quedas.- Sácame o nos divorciamos.- Pues nos divorciamos, me respondió, pero aquí te quedas.- Fue un proceso, lento, duro y doloroso, me atrapo el síndrome de supresión, cuando la anestesia fue desapareciendo de mi cuerpo se me abrieron hemorragias y cada vez que iba a obrar, sangraba y arrojaba coágulos de sangre, me dolían los huesos hasta la coronilla, tenía fuerte dolores de cabeza, me hacía falta mi café, mis cigarros, mi cocaína, mi botella de vodka, mis pastillas antidepresivas, mi cama, mi escusado, mi espacio, dormíamos en el suelo, cuerpo con cuerpo, el caldo espiritual, era vil repollo con agua y una tortilla, por las noches frijoles con gorgojos y rancios y en la mañana, avena sin azúcar, teníamos tres minutos para bañarnos, 15 adictos al mismo tiempo, tres minutos para hacer del baño y tres minutos paras comer, todo el día, eran ayudas a los internos ingobernables, y bienvenidas para los recaídos, más de cinco todos los días, yo no vía la mía, estaba harto, desesperado, con mucha ansiedad, me daban pastillas de la nada, atole con el dedo, la literatura, era una hojita de la revista Plenitud y un folletito de doble A, éramos más de 120 internos, entre niñas, niños y adultos, tanto escuche que el Jefe me lo mandó.,- El Jefe se manifestó.- Le baje al Jefe.- y el Jefe para acá y para allá, y un día, después de haberlo intentado todo para que me sacaran incomodo, harto, desesperado, de rodillas en un cuartito que se usaba como la ropería del anexo, le baje al jefe.- y le dije.- Señor, hágase tu voluntad y no la mía.- Resignándome a lo que fuera.- Cuando me levante, sentí un gran alivio, deje un costal en ropería y se manifestó la tribuna, dure masa de dos horas hablando de mí, de mi dolor, de mis heridas del alma, del niño herido, de mis abusos sexuales que tuve siendo un menos, de tantas y tantas cosas, mis secretos de estado que pensaba llevarme a la tumba, a partir de ahí, mi vida cambio, le pedí a Dios que me ayudara a conocer mi enfermedad, porque me hice adicto y comencé a escribir mis defectos de carácter, mis nefastos patrones de conducta, a detectar mis egos, mi soberbia y toda la complejidad de mi enfermedad, esfuerzo que día a día emprendo para vivir mi vida, con calidad y libertad. Trabajo mi recuperación, como si fuera el primer día que Salí del anexo, a veces, el cavernícola emocional que llevo dentro de mí, le da por rugir y hacérmela de tos, repitiendo los viejos moldes de un soberbio como yo.

No tengo todo lo que quiero, pero quiero y mucho todo lo que tengo

Aprendí, que ayudar a otro, no es con regaño o dar la clase, que la mejor manera de ayudar, es hablando de mí, comprendí, que no soy el único recuperado, entendí, que cada quien hace su propio esfuerzo y no porque me la pase en las escuelas dando el mensaje, haciendo labor social en los CERESOS, en los centros de rehabilitación, escribiendo, hablando en la radio y televisión, produciendo espacios en las redes sociales, compartiendo, no todo el mundo debe hacer lo que yo hago, ahora, puedo respetar y asimilar, él vive y deja vivir, sé que el mejor servicio está en mi casa y lo hago con gusto, celebro mis primeros 18 años, en armonía, agradecido con Dios, con mi esposa que siempre ha estado conmigo, en las buenas y en las malas, ya llevamos 25 años juntos, agradezco a tantas personas que me ayudaron y me ayudan en mi proceso de recuperación que no culmina, supe, desde hace mucho tiempo, que soy un enfermo emocional y que solo de mí, únicamente de mí, depende el mantenerme a flote, sin drogarme, sin sufrir, ni hacer sufrir.- Vivo, el solo por hoy para no tener recaídas emocionales, no engancharme con nada, ni con nadie. Me equivoco, cometo errores y vuelvo a empezar.- Por ahora, he aprendido la lección, con las drogas no se juega, mi problema es complejo y emocional.- Soy muy feliz con mi labor en los medios, me siento muy bien cuando las personas se contactan conmigo y me hacen sentir útil, mi obra literaria habrá de culminarse este años con 4 nuevas obras: Rompe con tus viejos moldes, Armonía, el arte de hablar en público, Guía para la recuperación y Camaleón. Gracias lector por estar ahí, por leerme y por escribirme.- ernstosalayandia@gmail.com 614 256 85 20, Articulo completo en ernesto@montrealquebeclatinoi.com búscame en Facebook y en twitter: @teo_luna