HABLEMOS DE CINE

Cine Columnistas Hablemos de Cine Jul 7, 2017 at 12:05 am

PARIS PIEDS NUSPor Jorge Gutman

 Aunque no muy conocidos en Norteamérica, el dúo belga integrado por Fiona Gordon y Dominique Abel han demostrado a través de Rumba (2008) y The Fairy (2011) cómo lograr eficientes comedias físicas sin apelar a chistes groseros o vulgares ni menos aún tener que recurrir a situaciones violentas.

Una vez más el indiscutible talento de la pareja se aprecia en este film escrito, dirigido e interpretado por ellos mismos. Como es habitual, ambos apelan al movimiento de sus cuerpos y a sus expresiones faciales para producir el efecto que de algún modo trae a la memoria algunas de las joyas del cine de Charles Chaplin, Buster Keaton y Jacques Tati.

El relato es muy sencillo y no se caracteriza precisamente por ser muy original pero lo que aquí gravita es la forma en que se lo presenta permitiendo que el espectador complacientemente se involucre en el mismo. Todo comienza cuando Fiona (Gordon), una bibliotecaria canadiense que vive en una región gélida donde el viento sopla a toda prueba, recibe una carta de su anciana querida tía Martha (Emmanuelle Riva) que vive en París solicitándole su pronta ayuda; parece ser que la quieren ubicar en un hogar residencial a lo que ella se niega. De inmediato Fiona parte a la capital francesa munida de una mochila que porta la bandera de Canadá. El conflicto se produce cuando al llegar a destino, ella comprueba que Martha ha desaparecido. Así, perdida en la ciudad y tratando de algún modo de ubicarla, atravesará por una serie de aventuras a partir del momento que sale al encuentro de Dom (Abel), un excéntrico vagabundo que vive en una carpa frente al río Sena y que no se desprende de Fiona.

No es necesario seguir narrando lo que acontece donde en un maremágnum de coincidencias se producen encuentros y desencuentros, al servicio de una pequeña comedia brillante, excelentemente coreografiada. Dentro de la liviandad de la historia, los directores gratifican al público con una serie de jocosos gags físicos, un excéntrico romance y la agradable música donde no falta la presencia de un tango rioplatense bailado con gracia impagable por Fiona y Dom. A todo ello, cabe destacar el esplendor visual que ofrece la maravillosa París convertida en un personaje igualmente importante.

Acompañando a la pareja central constituye un placer contemplar en un papel secundario a la gran actriz Emmanuelle Riva fallecida en enero pasado; su actuación resulta emotiva, tanto en una escena donde se reencuentra con un antiguo enamorado (Pierre Richard), como cuando realiza un ascenso nocturno a la Torre Eiffel.

En conclusión: Gracias a una dinámica realización y muy buena interpretación donde se evidencia la buena complicidad de Abel y Gordon (en la vida real, marido y mujer), el público asiste a un divertimento atípico de irresistible encanto, ternura y melancolía.

Colm Meaney y Timothy Spall en THE JOURNEY

Colm Meaney y Timothy Spall en THE JOURNEY

THE JOURNEY. Gran Bretaña, 2016. Un film de Nick Hamm

El acuerdo firmado en 2006 en Escocia en la localidad de St. Andrew tendiente a conformar un gobierno compartido entre los principales partidos católicos y protestantes de Irlanda del Norte a fin de lograr la paz de esa convulsionada región después de 40 años de encarnizada violencia, constituye el telón de fondo para The Journey.

El film dirigido por Nick Hamm dramatiza esa situación, creando como excusa un viaje en coche donde se hallan dos irreconciliables enemigos políticos; en consecuencia, el reverendo Ian Pasley (Timothy Spall), representando al Partido Unionista Democrático, y Martin McGuinness (Colm Meaney), como el determinado libre luchador del Sinn Fein, se ven obligados a mantener una charla donde cada una de las partes expresará sus divergentes puntos de vista sobre los acontecimientos que convirtieron a católicos y protestantes en acérrimos enemigos.

Si bien el contenido de esta conversación histórica es producto de la imaginación del buen guión elaborado por Colin Bateman, lo cierto es que a pesar del confinado espacio en que transcurre la mayor parte de la acción, el provocativo diálogo suscitado entre estos dos personajes mantiene la atención permanente del público. El resultado de esta travesía es un cálido film, muy bien construido y magníficamente actuado por dos prestigiosos actores británicos; tanto Spall asumiendo la agresiva y gruñona personalidad de Pasley, como Meaney caracterizando la calmada y conciliadora actitud de McGuiness, consiguen crear una impecable caracterización de sus respectivos personajes.

DJANGO. Francia, 2017. Un film escrito y dirigido por Etienne Comar

En su primer film como realizador Etienne Komar aborda a Django Reinhardt (1910-1953), uno de los más notables intérpretes del jazz europeo y considerado como el padre del Gypsy Swing (combinación del swing y la música gitana del este de Europa).

Basado en la novela Folles De Django de Alexis Salatko publicada en 2013, el guión del realizador considera un período especial de la vida del guitarrista belga de origen gitano durante su permanencia en París, cuando la ciudad estuvo sitiada por las tropas alemanas. Lo cierto es que la película no logra captar el ímpetu y energía de la obra del artista.

La acción comienza en junio de 1943 donde se lo ve a Django (Reda Kateb), para ese entonces ya consagrado como un eximio guitarrista, ofreciendo con su quinteto uno de sus conciertos de jazz frente a un auditorio completo de espectadores donde se incluyen algunos jerarcas nazis; hasta ese momento el músico no parece haber adquirido conciencia de lo que ocurría a su alrededor con los nefastos efectos causados por la ocupación germana. Cuando lo invitan a realizar una gira en Alemania, Louise de Clerk (Cécile de France), su amante parisina, le aconseja no aceptar la proposición debido a los peligros que ese viaje puede acarrearle; además le sugiere que se dirija a un pueblito próximo a la frontera suiza para poder escapar de Francia.

Gran parte del relato se vincula con el intento de huida que realiza con su mujer Naguine (Beata Palya), que se encuentra en estado de embarazo, y su madre Negros (Bimbam Merstein); es a través de ese trayecto donde comienza a darse cuenta del hostigamiento y persecución que atraviesa la población gitana incluyendo a sus parientes.

Este film no es precisamente una biografía del guitarrista aunque tampoco constituye un relato musical propiamente dicho. Narrado en forma convencional carece de la envergadura necesaria para hacerlo relevante y distinguirlo de otras muestras del género; más aún, el triángulo conformado por el músico, su señora y su amante queda diluido por la ausencia de tensión. Sus contados números musicales son lo más importante de este drama donde las composiciones de Reinhardt logran el brío y vitalidad que no se vislumbran en el resto del mismo. Algo parecido acontece con la actuación de Reda Kateb que asumiendo el papel protagónico no alcanza a transmitir el carisma y la intensa personalidad de Django, con la excepción de las escenas musicales donde allí puede apreciarse la pasión del artista; en otras actuaciones, Bimbam Merstein es un hallazgo como la gruñona madre de Django, en tanto que en Cécile de France se desempeña acertadamente.

En líneas generales es loable el propósito de Comar en rendir tributo a la comunidad romaní por el genocidio sufrido, así como introducir en la escena final la composición de Reinhardt intitulada Requiem for Gypsy Brothers; sin embargo, eso no resulta suficiente para compensar las objeciones comentadas del film e impresionar a una audiencia.

Una escena de THE COMMUNE

Una escena de THE COMMUNE

THE COMMUNE (KOLLEKTIVET). Dinamarca-Suecia-Holanda, 2016. Un film de Thomas Vinterberg

Thomas Vinterberg quien en su momento, fuera considerado como uno de los vanguardistas directores del cine danés, retorna con The Commune, una comedia dramática en apariencia audaz pero muy lejos de su aplaudido trabajo realizado hace casi dos décadas en The Celebration. En esta película el realizador se ha inspirado en los recuerdos de infancia cuando sus padres decidieron vivir en una comuna integrada por gente intelectual con el propósito de compartirlo todo; con todo, el relato más que traducir lo que acontece con una familia atípica durante un período en que el hipismo hizo eclosión, se bifurca en un triángulo amoroso convencional donde lo que acontece podría haber ocurrido en cualquier otro escenario sin necesidad de que necesariamente suceda en un medio comunal.

La historia se centra a mediados de la década del 70 en una zona costera al norte de Copenhague, donde el matrimonio de clase media bien avenido e integrado por Erik (Ulrich Thomsen), un profesor universitario de aproximadamente 40 años, y su esposa Anna (Trine Dyrholm), una reportera televisiva de edad similar, junto con su hija adolescente Freja (Martha Sofie Wallstrom Hanse) a fin de quebrar la rutina deciden compartir la mansión heredada por Erik con amigos y uno que otro extraño como gesto de solidaridad y amor. Sin embargo, esa utopía de libre convivencia se desploma cuando el profesor se enamora de Emma (Helene Reingaard Neumann), una de sus alumnas de 24 años, y con el visto bueno de su mujer es invitada a vivir con ellos como si se tratara de algo completamente natural; es allí que Erik deja a su esposa para llevar una vida monógama, echando por tierra la filosofía de relaciones abiertas que persigue la comunidad.

Puede entreverse que la intención de Vinterberg es haber querido mostrar cómo en el fondo personajes burgueses imbuidos del espíritu liberal de amor libre sucumben en ese propósito para demostrar una actitud decididamente conservadora. Con todo, el guión del realizador escrito con Tobias Lindhom flaquea al adoptar en gran parte un tono caricaturesco, evitando que el film alcance la seriedad pretendida frente a un contexto político sin referencia concreta; así estos personajes reunidos no realizan algo que pueda trascender más allá de bañarse desnudos en el mar, participar en comidas conjuntas o bien participar en largas discusiones. A su favor, el film cuenta con una muy buena interpretación de Dyrholm al componer un personaje excepcionalmente bien delineado al que la actriz le brinda la envergadura dramática requerida por el mismo.

En resumen, aunque se deja ver este film dista de convencer al resultar anecdóticamente irrelevante

Florence Foresti y Mathieu Kassovitz en DE PLUS BELLE

Florence Foresti y Mathieu Kassovitz en DE PLUS BELLE

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DE PLUS BELLE. Francia, 2017. Un film escrito y dirigido por Anne Gaëlle Daval

He aquí la sorpresa de apreciar un hermoso relato femenino que profundiza en los sentimientos humanos de una mujer que ha pasado por un período traumático a causa de una penosa enfermedad.

Con gran delicadeza y absoluta precisión en su construcción la directora Anne-Gaëlle Daval en éste su primer film transmite al público los sinsabores de una persona cuya autoestima se encuentra en sus más bajos niveles. Su protagonista es Lucie (Florence Foresti), una mujer de 40 años y madre soltera que durante 4 años ha luchado con un cáncer al pecho y que ahora se encuentra en remisión.

La enfermedad le ha dejado una secuela emocional que la aflige internamente; portando una larga peluca para cubrir su cabellera rapada por la secuela de la quimioterapia, no se encuentra bonita y esa circunstancia motiva que en su vida de relación social se mantenga distante, incapaz de esbozar una sonrisa y menos aún de imaginar que alguien pueda estar sentimentalmente interesada en ella.

Si en gran parte el problema actual de Lucie se debe a la presencia de una madre dominante (Josée Drevon) que durante su vida no hizo más que criticarla por lo poco atractiva que lucía, al menos encuentra solaz con la gran afinidad mantenida con Frederick (Jonathan Cohen), su hermano médico que a la vez es el que la atiende, y con su hermana Manon (Olivia Bonamy).

Dos factores importantes influirán para que la antiheroina de esta historia vislumbre un cambio. Uno de los mismos acontece cuando al decidir cambiar de peluca llega a conocer a Dalila (Nicole García), la dueña del negocio, quien como profesora de danza la invita a sus clases y a través de las mismas permite que lentamente y con mucho esfuerzo de su parte Lucie pueda aceptarse tal cual es elevando su valoración frente a la mirada ajena. El otro elemento decisivo se da cuando conoce a Clovis (Mathieu Kassovitz), un seductor de muy buena presencia que por primera vez experimenta un verdadero amor; pese que ella a pesar de sentirse atraída hacia él resiste su cortejo por temor, resulta previsible lo que sobrevendrá.

Más allá de algunas escenas que podrían haberse prescindido, lo cierto es que con gran sensibilidad la novel directora ha sabido concebir una comedia que a pesar de su fondo dramático es risueña, conmovedora y convincentemente romántica. La ductilidad de Foresti, la calidez de García, la simpatía de Kassovitz y la humanidad que destila el personaje de Cohen contribuyen para que este film nada pretencioso logre la empatía del público.