HABLEMOS DE CINE

Cine Columnistas Hablemos de Cine Aug 4, 2017 at 10:05 am
Algee Smith en DETROIT

Algee Smith en DETROIT

Por Jorge Gutman

Después del triunfo logrado con los Oscars recibidos en 2010 por la directora Kathryn Bigelow y el guionista Mark Boal con The Heart Locker.y en 2012 haber obtenido otro gran éxito con Zero Dark Thirty (2012), este dúo vuelve a reunirse para incursionar en un doloroso drama que constituye una apesadumbrada página de la ciudad de Detroit acontecida justamente hace medio siglo.

Como prólogo del relato, en sus primeras escenas se ilustran a través de dibujos animados las décadas de humillación y segregación tanto racial como laboral de la población afroamericana de Detroit como también la que imperó en otras regiones de Estados Unidos.  Inmediatamente la acción se traslada a Detroit para registrar los tristes hechos que prácticamente destruyeron la ciudad a partir de los tumultos comenzados el 23 de julio de 1967.  Esa noche la policía irrumpe violentamente en un bar local donde el vecindario negro celebraba el retorno de dos soldados de la zona que habían regresado de la guerra de Vietnam; de allí en más ese hecho genera un estrepitoso   caos entre los integrantes de las hostiles fuerzas del orden y los amotinados negros que convirtieron a la ciudad en prácticamente un campo de batalla donde no estuvieron ausentes los saqueos e incendios de algunos negocios de la zona.  En la medida que el vandalismo no da muestras de cesar, integrantes de la guardia nacional arriban al lugar para actuar conjuntamente con las autoridades policiales.

Con cámara en mano la excelente fotografía de Barry Ackroyd capta soberbiamente la enardecida población negra enfrentando a la policía en las calles de la ciudad; esas sombrías imágenes cobran una autenticidad semejante a la que podría haberse reflejado en un film documental. Con todo, el foco de esta historia se centraliza en lo acaecido en un motel de la zona y sus nefastas consecuencias.

La directora introduce a Larry (Algee Smith), un lider negro de una banda musical quien el 25 de julio -tercer día del caos- se apresta a dar un concierto nocturno con su amigo Fred (Jacob Latimore) en un teatro de la ciudad; sin embargo, la función es suspendida por el estado de emergencia vigente. Para aliviar esa frustración, ambos compinches junto con dos jóvenes blancas (Hanna Murray y Kaitlyn Dever) provenientes de Ohio se dirigen al motel Algiers donde alquilan una pieza para pasar un rato agradable al amparo de lo que sucede exteriormente; allí se unen a Carl (Jason Mitchell), otro amigo negro que se encuentra en el establecimiento. Repentinamente, irrumpe en ese lugar Philip Krauss (Will Poulter), un detective policial quien cree que en ese recinto hay un francotirador negro atentando a la policía. Este despreciable psicópata racista junto con otros dos colegas (Ben O’Toole y Jack Renor) amenazan con ir eliminando al grupo de huéspedes negros si el supuesto faccioso no se llega a identificar. De inmediato comienza una larga noche de sufrimiento físico y emocional a través de un interrogatorio intimidatorio de la policía estatal y la guardia nacional que deja un trágico saldo de 3 negros muertos salvajemente y 9 heridos.  En ese clima de angustia provocado por el intimidatorio interrogatorio de la policía estatal y la guardia nacional, un guardia de seguridad negro (John Boyega)  trata de mediar en la difícil situación existente pero sin poder evitar los fríos asesinatos cometidos.

La recreación dramática de Bigelow y Boal está basada en personajes verdaderos con otros de ficción utilizando clips de films de la época y material de archivo. Así queda expuesto un demoledor retrato de la discriminación racial, los prejuicios existentes de la población blanca hacia los negros y la lamentable actuación de la justicia dejando impunes a los responsables de la masacre.

Ciertamente el retrato de esta caldera diabólica es apabullante y perturbador donde nadie que lo contempla puede quedar indiferente.  Hay ciertas observaciones que impiden que este drama alcance el nivel de la perfección; aparte de cierto didactismo, el film no logra profundizar demasiado en los personajes que lo animan, a todo ello cabe señalar que las secuencias que tienen lugar en el fatídico motel resultan demasiado largas, extremadamente violentas y no del todo sutiles. Sin embargo, estos reparos no desmerecen los méritos de la realizadora al haber ofrecido un serio documento que recrea lo ocurrido.

Lamentablemente la gravedad de los sucesos descriptos no ha servido como lección histórica. Bastará recordar que 25 años después cuatro policías blancos de Los Ángeles abusando de su discrecional poder infligieron severos golpes a Rodney King y a pesar de las escenas que habían sido filmadas, ellos fueron absueltos por la justicia originando de este modo los peores disturbios raciales de Estados Unidos. De allí que Detroit resulte un film relevante porque, aunque en menor grado, hoy día la brecha racial aún perdura.

Florence Pugh en LADY MACBETH

Florence Pugh en LADY MACBETH

LADY MACBETH. Gran Bretaña, 2016. Un film de William Oldroyd

Con prestigiosos antecedentes en su condición de director teatral y de ópera, William Oldroyd incursiona por vez primera como realizador cinematográfico en Lady Macbeth ofreciendo un sobrio drama, cuidadosamente tratado e irreprochablemente actuado por Florence Pugh en el rol protagónico.

Este film es una adaptación realizada por la escritora Alice Birch del  libro Lady Macbeth of the Mtensk District de Nikolai Leskov publicada en 1865 y que transcurre en la Rusia de esa época; como referencia adicional, esa novela ha inspirado a Shostakovich para componer en 1934  la ópera del mismo nombre como también fue trasladada al cine en 1962 por el gran realizador polaco Andrzej Wajda. En esta ocasión, la historia está ambientada en la Inglaterra victoriana de la segunda mitad del siglo 19 en una zona rural del norte del país.

En la primera escena se observa el puritano rostro de Katherine (Pugh), de 17 años de edad, en momentos de celebrarse su boda con Alexander (Paul Hilton), un hombre mucho mayor que ella e hijo de un rico propietario de minas; este enlace sin amor alguno y de absoluta conveniencia comercial ha sido arreglado por los padres de ambos cónyuges. La acción inmediatamente se desplaza a la mansión de Alexander donde en la noche de bodas queda reflejado su comportamiento sádico e impotencia sexual, tratando a su esposa como un frío objeto. A medida que los días transcurren queda claro que el confinamiento de Katherine al no poder salir al exterior y el trato despreciable del que es objeto por parte de su marido y de su autoritario y despótico suegro Boris (Christopher Fairbank) la van asfixiando anímicamente; solamente, la presencia de Anna (Naomie Ackie), la empleada doméstica negra de la mansión, parecería mitigar en parte la angustia de la prisión en la que habita.

Katherine encuentra finalmente una vía de escape cuando su esposo y Boris se ausentan durante cierto tiempo en viaje de negocios. Es allí donde comienza a explorar el mundo exterior y prontamente inicia una tórrida relación amorosa con Sebastian (Cosmo Jarvis), el sexualmente atrayente palafrenero de raza mixta de la finca.  A medida que el affaire progresa   la personalidad de la angelical joven va evolucionando de manera sorprendente; así, la esposa sumisa y sufrida cede el paso a la mujer adúltera que dominada por un irrefrenable deseo de poder la convierte en un ser de moral corrupta que no dudará en apelar a cualquier medio con tal de lograr lo que se propone.

Es encomiable el tratamiento que el realizador imprime al relato recurriendo a una narración despojada y meticulosamente intensa. De algún modo, el maquiavelismo   de Katherine alcanza cierto paralelismo con el personaje de la reina de Escocia creado por Shakespeare en Macbeth. En tal sentido Oldroyd supo extraer de Florence Pugh la variada gama de emociones que trasunta la protagonista de esta historia; la joven actriz deslumbra tanto con su glacial mirada como con sus gestos faciales animando a la antiheroína que inicialmente ingenua y reprimida adoptará una rebelión inusitada cargada de indomable crueldad.

Más allá de la transformación que asume su protagonista, el film constituye una buena pintura de la época en que transcurre en relación al sometimiento de la mujer en la sociedad, como así también deja entrever ciertos atisbos raciales atendiendo a la tensa relación establecida entre Anna y sus patrones. Finalmente cabe destacar la buena fotografía de Ari Wegner y el apropiado diseño musical de Dan Jones que contribuyen a valorizar artísticamente este apreciable drama.

Halle Berry en KIDNAP

Halle Berry en KIDNAP

KIDNAP. Estados Unidos, 2017. Un film de Luis Prieto}

Tal como lo anticipa su título, el secuestro de un menor es el tema abordado por Luis Prieto en Kidnap. Después de un buen comienzo, la inverosimilitud que adopta el relato impide que el film llegue a satisfacer como debiera.

La acción que transcurre en Luisiana introduce a Karla Dyson (Halle Berry), una madre separada que vive con Frankie (Sage Correa), su hijito de 6 años a quien quiere entrañablemente.  Empleada como mesera de un restaurante trata de compatibilizar su trabajo diario con su responsabilidad maternal.

Un día, después de haber cumplido su turno laboral lleva al niño a un parque de diversiones. Después de un buen rato, ella recibe en su celular un llamado que parece ser importante; del otro lado de la línea su abogado le comunica que su ex marido le reclama la custodia del niño. Dejándolo momentáneamente para mantener privadamente la comunicación telefónica, Karla se aleja ubicándose de espalda a escasos metros de donde Frankie se halla.  Cuando retorna y comprueba que no se encuentra, una frenética angustia la invade al no poder ubicarlo; en un momento dado observa que saliendo del parque el chico es arrastrado por la fuerza por una mujer (Chris McGinn) para introducirlo en un coche estacionado que inmediatamente parte en forma precipitada.

De allí en más con una consternación plausible de comprender, Karla se lanza furiosamente en su minivan persiguiendo a la mujer que secuestró a su hijo y al conductor del vehículo para tratar de recuperar a su hijo. Hasta ese momento, el film despierta considerable interés al ir creando una intriga sobre lo que ocurrirá.  Pero sucede que la implacable cacería automovilística, que reviste la forma de una desenfrenada carrera en una autopista de New Orleans, se prolonga por espacio de casi una hora; en consecuencia, la tensión inicial se resiente frente a la existencia de casi un único escenario.  Con todo, el aspecto más vulnerable del film reside en el guión de Knate Lee donde resulta prácticamente implausible que pueda acontecer lo que se expone en el mismo.  Sería indiscreto mencionar las situaciones improbables que se producen en la mencionada persecución donde pareciera casi nula la acción policial frente a las colisiones y accidentes espectaculares -algunos de ellos mortales- que se producen en la misma. A todo ello, nada se sabe de las motivaciones de los villanos secuestradores para raptar a Frankie y, finalmente, cuando se arriba a su irrealista desenlace varios hilos permanecen sueltos sin explicación racional.

Aunque sin llegar a compensar las debilidades del film, a su favor cabe destacar la notable fotografía de Flavio Martínez Labiano captando desde diferentes ángulos -incluido tomas aéreas- la desenfrenada carrera automovilística, la buena dirección de Prieto a pesar de las limitaciones del guión y sobre todo la excelente actuación de  Berry. Esta actriz confirma una vez más que es una de las mejores intérpretes del cine americano; con intensa furia, temblores, gritos, contorsiones y hablando a sí misma transmite convincentemente el  desasosiego de una madre que no está dispuesta a perder a su retoño que es lo  más importante que cuenta en su vida.