HABLEMOS DE CINE

Cine Columnistas Hablemos de Cine Sep 1, 2017 at 12:05 am
Hugh Bonneville y Gillian Anderson en VICEROY'S HOUSE;

Hugh Bonneville y Gillian Anderson en VICEROY’S HOUSE;

Por Jorge Gutman

La presentación de este film no puede ser más oportuna ya que su tema central, la partición de la India, coincide con la conmemoración del septuagésimo aniversario del nacimiento de dos naciones independientes que tuvo lugar hace dos semanas. Antes de entrar de lleno al comentario de esta ambiciosa película cabe señalar que simultáneamente con la independencia otorgada por el imperio británico a la India en 1947 después de 300 años de gobierno imperial, el gran subcontinente indio fue dividido en dos estados soberanos: el Dominio de Pakistán (que posteriormente adoptó el nombre de Pakistán) y la Unión de la India (tiempo después conocida como República de la India). Si bien por un lado la descolonización pudo en principio ser considerada como un motivo de júbilo, la división de la India originó un comienzo convulsionado en la existencia de estos dos países

Teniendo como referencia ese acontecimiento de gran trascendencia política, la directora Gurinder Chadha aborda con sutileza y gran refinamiento los antecedentes previos al mismo centrando su atención en la actuación que Lord Mountbatten (Hugh Bonneville), enviado por el Primer Ministro Churchill como el último virrey imperial, debía cumplir en la India para encarar las tareas pertinentes para concluir el colonialismo británico.

Las primeras escenas del film enfocan el arribo a New Delhi del encargado británico acompañado de su esposa Edwina (Gillian Anderson) y su hija Pamela (Lili Travers) a la estupenda residencia palaciega de New Delhi, conocida con el nombre de Viceroy’s House. A las pocas horas, Mountbatten cobra conciencia que la tarea de transición no será nada fácil atendiendo a la gran tensión existente entre hindúes y musulmanes que habitan en el subcontinente indio.

A medida que los días van transcurriendo, el diplomático debe confrontar las opiniones   de los líderes hindúes que incluyen a Mahatma Gandhi (Neeraj Kabi) y Jawaharlal Nehru (Tanveer Ghani) partidarios de una India unificada, con la de los musulmanes liderados por Mohammed Ali Jinnah (Denzil Smith) quien desea para los suyos que Pakistán sea declarado un estado independiente. Es así que surge en Mountbatten la gran duda sobre cuál camino emprender, sobre todo teniendo en consideración la violencia sectaria que arrecia en la región. Después de un viaje de consulta que realiza a Gran Bretaña, finalmente considera que la vía más atinada es la partición; su opinión se opone a la de su inteligente y cautelosa esposa que amando a la gente del país que visita considera las consecuencias negativas que puede implicar esa decisión. En tanto los disturbios que tienen lugar en varias ciudades van alcanzando alarmante nivel e inflamando las pasiones de la población a medida que se va acercando la fecha del 15 de agosto de 1947, día fijado para la proclamación de la independencia y partición de la India.

Simultáneamente al tema expuesto, el guión de la realizadora escrito con Paul Mayeda Berges y Moira Buffini, enfoca el idilio prohibido entre Jeet (Manish Dayal), un sensible punjabi que actúa como ayudante de Mountbatten, con Aalia (Huma Qureshi) una hermosa chica musulmana que trabaja para la familia del virrey; es ahí donde la joven se siente conflictuada entre sus verdaderos sentimientos y el de satisfacer a su ciego padre (Om Puri) quien desea que ella una su vida con un hombre de su mismo credo religioso. Si en principio podría suponerse que este romance distrae la atención del foco central, la forma en que está encarado permite que se adentre adecuadamente en el contexto global del relato en la medida que prueba de qué manera la diferencia religiosa influye en las vidas privadas de los ciudadanos.

Chadha ofrece un dramático y emocionante relato donde los acontecimientos históricos están reseñados didácticamente valiéndose en ciertas instancias de un relevante material de archivo. Contando con un calificado elenco y con magníficos diseños de producción que ofrecen una inusitada riqueza visual exponiendo los interiores y exteriores del opulento palacio, el público asiste a un film sobrio y refinado que retiene permanentemente su interés a pesar de conocer su desenlace.

En los créditos finales se aclara que la trágica partición implicó el desplazamiento de 14 millones de hindúes, sijs y musulmanes en lo que se considera como la más importante migración masiva que se haya registrado en la historia. A su vez la violencia generada por los acontecimientos descriptos produjo más de 1 millón de víctimas.

Danielle Macdonald EN PATTY CAKE$;

Danielle Macdonald EN PATTY CAKE$;

 

PATTI CAKE$. Estados Unidos, 2017. Un film escrito y dirigido por Geremy Jasper

La historia de una joven perseverante para escapar de un entorno poco estimulante e inhóspito es lo que se aprecia en este primer film escrito y dirigido por Geremy Jasper. La energía volcada por Danielle Macdonald en el papel protagónico y los números musicales que confluyen en el relato constituyen los elementos más sólidos de esta producción.

La historia transcurre en Bergen County, New Jersey, donde habita la joven Patricia Dombrowski (Macdonald) de 23 años de edad. Su marcada obesidad la marginaliza socialmente, teniendo que soportar burlas y chistes de mal gusto por parte de sus detractores; para evitar que la sigan identificando con el nombre de “Dumbo”, ella ha decidido llamarse Patti Cake.

Trabajando como mesera en un bar local Patti vive con Barb (Bridget Everett), su madre alcohólica, y su enferma abuela (Cathy Moriarty). Tratando de evadirse de ese medio deprimente y sintiendo que la música rap constituye la pasión de su vida, sueña permanentemente con triunfar en el ambiente musical como rapera y llegar un día a convertirse en una gran artista del género como lo es O-Z (Sahr Ngaujah), la gran estrella del hip hop a quien trata de emular. En tanto solo encuentra solaz en Hareesh (Siddharth Dhananjay), un asistente de farmacia musulmán que es su único y gran amigo con quien tiene en común su inclinación musical por el rap.

Como Dios aprieta pero no ahorca, todo cambia para esta antiheroína cuando sale al encuentro de Bob (Mamoudou Athie), un solitario y extravagante rockero afroamericano con quien llegará a formar un conjunto musical y que, como todo lo hace prever, a la postre conseguirá que su sueño se convierta en realidad.

Si no fuera una historia de ficción podría fácilmente creerse que Patti Cake verdaderamente existe dada la fuerza poderosa y el magnetismo que emerge de la actuación de Macdonald; sumergida totalmente en su personaje ella le da visos de asombrosa realidad a la vez que evidencia un asombroso talento musical. Si bien la joven actriz australiana es la columna vertebral de este film, también es necesario resaltar a Everett quien es absolutamente convincente como la madre de Patricia, una frustrada mujer que en su juventud fue una promisoria música pero que tuvo que relegar su carrera cuando quedó embarazada con Patti.

Más allá de los elementos destacados, Jasper -quien es un experto director de videoclips- como novel cineasta conduce el relato por carriles rutinariamente previsibles sin que exista demasiada fuerza dramática en su narración, con excepción de la conflictiva relación de amor y odio entre la protagonista y su madre; a todo ello, tratando de ganar la adhesión de la audiencia, el director fuerza sentimentalmente al relato para asemejarlo a un cuento de hadas con final feliz. En todo caso, eso poco importará para quienes gustan de la música rap, mientras que el público restante puede que logre satisfacción contemplando el valioso trabajo de Macdonald como la tenaz y persistente mujer que contra viento y marea logra triunfar.

Robert Pattinson en GOOD TIME:

Robert Pattinson en GOOD TIME:

GOOD TIME. Estados Unidos-Luxemburgo, 2017. Un film de Josh y Benny Safdie.

Los her­ma­nos Benny y Jos­h Saf­die que hace 3 años cau­sa­ron grata impre­sión con Hea­ven Knows What vuel­ven a ubi­carse detrás de la cámara ofre­ciendo con Good Time un drama criminal animado con personajes marginales inestables.

El popular actor Robert Pattinson, que aquí aparece totalmente irreconocible, anima a Con­nie, un ladron­zuelo de Queens que mani­fiesta un pro­fundo sen­ti­miento fra­ter­nal hacia su her­mano menor Nick (Benny Saf­die) afec­tado de cierta ines­ta­bi­li­dad men­tal. Para tra­tar de ayu­darlo lo induce a par­ti­cipar en un asalto ban­ca­rio; si bien el ope­ra­tivo resulta exi­toso, poco tiempo des­pués sur­gen algu­nas com­pli­ca­cio­nes donde la poli­cía arresta a Nick. Cuando Connie se entera que su hermano se encuentra en un hospital debido al tratamiento violento sufrido en la prisión, trata de recurrir a toda suerte de maniobras para rescatarlo. Para ello manipula a su amiga Corey (Jennifer Jason Leigh) para que por su intermedio pueda obtener los 10 mil dólares necesarios para que su hermano quede libre bajo fianza; prontamente esa esperanza se esfuma.

De allí en más el relato decididamente impredecible de Ronald Bronstein y Josh Safdie   transporta al espectador en un alucinante viaje a través de la noche neoyorkina donde la precipitación de los acontecimientos va generando un desenfrenado caos y violencia que en gran parte tiene como escenario el mundo marginal del bajo fondo.

Además de una calibrada dirección, el film se valoriza por la estupenda interpretación de Pattinson quien una vez más confirma su excelencia como actor; la intensidad y exasperante ansiedad que imprime a su personaje a través de su mirada y movimientos de cuerpo hace del mismo un ser fácil de empatizar porque a pesar de su condición de delincuente su accionar está impulsado por un noble sentimiento fraternal. Entre otros integrantes del elenco se destaca la muy buena participación de Taliah Webster animando a una inocente adolescente afroamericana como así también es loable la caracterización que Buddy Duress logra de un ex presidiario que se encuentra en libertad condicional y que sabe cómo poder lograr el dinero que Connie necesita.

Ciertamente, para dis­fru­tar este film debe­rán dejarse de lado algu­nas situa­cio­nes deci­di­da­mente implau­si­bles; pero el pro­pó­sito de los hermanos Saf­die no es ofre­cer un relato de verismo psi­co­ló­gico sino más bien un thri­ller de muy buena tex­tura, per­ma­nente acción con un clima de ten­sión eficazmente logrado. A todo ello la fotografía de Sean Price Williams ha contribuido para captar magníficas secuencias como las del asalto bancario inicial y la que tiene en un parque de atracciones. No menos importante es el aporte del compositor experimental Daniel Lopatin que otorga intensidad dramática al vivificante relato.

En esencia, esta película que cuenta con una esmerada dirección, muy buena actuación y una detonante historia, reúne los requisitos necesarios para satisfacer legítimamente al gran público.