“El cine se ha ahuevonado”

Cine Espectáculo Noticias Oct 27, 2017 at 9:18 am
Alfonso Cuarón, en el CUEC.

Alfonso Cuarón, en el CUEC.

Fue el retorno del hijo pródigo. Alfonso Cuarón (Ciudad de México, 1961) visitó esta semana el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) después de nueve años. El joven que inició su carrera en las aulas de esta escuela de la UNAM filmando cortos en blanco y negro volvió una mañana de octubre con dos Oscar a cuestas y reputación de maestro del cine contemporáneo. Frente a los estudiantes de licenciatura, contó a los alumnos sobre Roma, su nueva película. La cinta significa el regreso de Cuarón a filmar a México tras 16 años (Y tu mamá también). El nuevo proyecto, que se estrenará el próximo año, tiene una “investigación casi sociológica” y sus detalles son guardados con celo. Cuenta la historia de una familia de clase media en el México de inicios de los años 70. “No es cine de época, sino una película contemporánea que está sucediendo hace 50 años”, dijo.

 Respuesta. Es cierto. Pero no tiene nada que ver con lo que cuentan.

P. Se dice que fue por haber hecho un cortometraje en inglés.

R. La verdad tiene que ver con varios factores. Era una escuela muy disfuncional. Estaban estos maestros, que siguen siendo el pilar, y a los cuales agradezco profundamente. Lo que aprendí en el CUEC lo aprendí de ellos. Pero no había la estructura para dar clases. Ni el equipo.

P. Ahora estamos sentados junto a una consola de decenas de miles de dólares. ¿Los jóvenes lo tienen más fácil hoy?

R. Mucho más fácil. La posibilidad de hacer cine en mi generación no existía. La generación anterior, de Felipe Cazals y Arturo Ripstein, estuvo muy lastimada. Pudieron producir lo suyo muy poco. Tuvieron que hacer muchas chambas. Felipe hizo Rigo es amor. Arturo hizo La Ilegal. Era muy frustrante porque el cine mexicano era inexistente fuera de México. Ahora vivimos una generación donde el cine mexicano tiene credibilidad. Hoy hay muchísima producción. Eso también me preocupa.

P. ¿Por qué?

R. Veo estas instalaciones… Deberías haber conocido las instalaciones del CUEC de mi generación. Era una casa en la colonia Del Valle medio adaptada. Aquí tienen sala Dolby Atmos, un foro, mucho equipo… Me parece admirable para una universidad que sigue siendo prácticamente pública. Por otro lado, me preocupa que tanto equipo y tanta producción se puedan traducir en la pérdida de visiones personales. Y tanta producción implica mucho empleo. Eso puede producir falta de rigor.

P. ¿Y de creatividad?

R. Es un peligro. Siempre habrá cineastas que entienden que las limitaciones son parte del proceso. Es un peligro que esta generación se convierta en una generación niñata, que tengan mucho acceso. Antes era muy angustiante sentir que no tenías futuro. Que tenías ambición por hacer cine y tu futuro eran promocionales gubernamentales. Admiro a las nuevas generaciones. Son jóvenes muy informados. Mi hijo de 12 años habla de pantallas azules y verdes, cosas que yo no entendía hasta hace unos años. Hay una parte que hace parecer a las escuelas de cine irrelevantes. Pero brindan una de las cosas más importantes: crean comunidad y pertenencia. Aquí comencé a trabajar con El Chivo [Emmanuel Lubezki] y he continuado trabajando con él muchos años después.

P. Hace un momento causó mucha conmoción en los alumnos cuando dijo que “la narrativa es el veneno del cine”.

R. El cine se ha ahuevonado, se ha aletargado en el sentido de convertirse en una herramienta narrativa. La narrativa debe ser una herramienta del cine. Admiro la narrativa, pero el cine contemporáneo mainstream son películas que puedes ver con los ojos cerrados. Llegas, compras las palomitas, te sientas en tu asiento y cuando apagan la luz cierras los ojos. Cuando acaba la película y abres los ojos, no te perdiste de nada. Todo te lo contaron. Esas películas, muchas de ellas adaptaciones de novelas, las llamo literatura para huevones. Gente demasiadohuevona o iletrada para leer el libro, entonces prefieren ver la película. Eso para mí no es la experiencia fílmica. La experiencia fílmica es donde debes tener los ojos bien abiertos y, si es sonora, tener los oídos muy presentes. Rendirte al lenguaje fílmico. Ese es el cine que a mí me interesa.

P. Pasó su infancia en la calle Tepeji de la colonia Roma. ¿Por qué le interesó volver a ese lugar y aquella época en su nuevo proyecto?

R. La vida me exigió hacer esta película. Fue un salvavidas que me aventaron a la mitad de una tormenta en medio de un océano inacabable. A veces llego a sentir que la película no la creé yo. Había una ansiedad de revisitar ese universo, sí. Pero no solo ese. También el del país que viví en mi infancia. Descubro que es un país que no ha cambiado. Sus tendencias negativas siguen a flor de piel. La película no es acerca de mí.

P. ¿No es autobiográfica?

R. Es profundamente autobiográfica, pero yo no soy el personaje de la película. El 95% de las escenas que salen son nacidas en mi memoria.

P. ¿Qué siente haber rodado en las colonias que hoy son el epicentro del dolor en la Ciudad de México tras el terremoto?

R. La película está muy conectada a la relación que tengo con la Ciudad de México. Salí de la ciudad hace 27 años. Estoy fuera de sincronía con toda la gente que vive aquí, incluso con mis amigos. La ciudad está llena de presente. Para mí es una ciudad repleta de pasado. No puedo estar en ningún lugar sin comparar cómo era. Ha habido una transformación impresionante. El cambio es brutal, con una falta de respeto a la arquitectura, al orden urbanístico y a las comunidades.

Por otro lado, la vida política en la que crecí era muy opresiva y deprimente. Ahora veo generaciones vibrantes, explosivas. Se sienten llenas de posibilidades y ciudadanos del mundo. Nosotros vivimos un aislamiento. Esta ciudad es ahora cosmopolita, algo que admiro y respeto. Se ha convertido en un marco de referencia cultural en el mundo.

P. El 23 de septiembre debutó en Twitter con este mensaje: “Nada puede detener a quienes se levantan”. ¿Por qué rompió su silencio en las redes?

R. Para sumarme a un esfuerzo de la sociedad civil. Y para manifestar la necesidad de que la reconstrucción sea la creación del México del siglo XXI. A mí no me interesa una reconstrucción para regresar al país como estaba. Es muy claro que el país está profundamente jodido. Se está hablando de una reconstrucción social. Quedó manifiesta la disparidad social, que ya era obvia, pero que el terremoto magnificó. También los abusos y el tratar de aprovechar una tragedia natural para imponer políticas o contratos económicos, hacerchanchullos. A final de cuentas es para dejar claro que me estoy enganchando a un movimiento civil, no necesariamente político.

P. ¿Qué opina sobre The Shape of Water, de Guillermo del Toro?

R. Tiene una absoluta belleza. Yo no lloro en el cine y ya van dos veces que Guillermo me hace llorar. Es profunda y poética. Utiliza los elementos de un cineasta poético, me refiero a F. W. Murnau siendo poético. El uso de las criaturas como una metáfora del otro, algo que cada vez se evidencia más en nuestra humanidad.

La otredad se está manifestando con mucha intolerancia en cada aspecto del quehacer humano. En Estados y gobiernos, en entidades nacionalistas, en la cultura de género y la supuesta aceptación al raro o distinto. Detrás del disfraz sigue habiendo un rechazo tremendo al otro. En el aspecto racial es impresionante. México es un país tremendamente racista que tiene un desprecio al otro. El México criollo y mestizo desprecia al México más indio. Siempre lo queremos ocultar con términos como clasismo y no racismo. Hay que empezar a definir las cosas por lo que son. La película de Guillermo es tremendamente importante. Ha hecho un referente en el cine mundial, no solo en el de fantasía. Será un marco de referencia cuando se hable del cine de los 2010. Guillermo ha hecho una obra maestra.