HABLEMOS DE CINE

Cine Columnistas Hablemos de Cine Oct 27, 2017 at 12:10 am
Agnes Varda y JR en VISAGES VILLAGES

Agnes Varda y JR en VISAGES VILLAGES

Por Jorge Gutman

Con más de 6 décadas dedicadas al cine, donde se inició con su cortometraje La Pointe Courte (1955) la emblemática realizadora Agnès Varda de 89 años de edad luce más joven que nunca en su reciente documental Visages Villages, completando una trilogía comenzada con Les glaneurs et la glaneuse (2000) y continuada con Les plages d’Agnès (2009)

Después de que en 2015 Varda conociera al excelente fotógrafo y muralista JR de 34 años de edad con quien al poco tiempo cimentó una gran amistad, nació la idea de viajar conjuntamente a través del corazón de la Francia, lejos de las grandes ciudades, para realizar este film. Sus protagonistas serían las personas que encontrasen azarosamente en el camino para que JR retratara sus rostros y al mismo tiempo la cámara de la directora registrara las historias que pudieran surgir, apreciar sus vidas, costumbres y algunas de las facetas culturales de los lugares visitados.

Viajando en el camión fotográfico de JR, el film queda configurado como un road movie donde este dúo artístico sale al encuentro de varios personajes que concitan el interés del espectador. Entre los mismos se encuentra un solitario granjero que con su tractor computadorizado es el único que trabaja en su campo de 800 hectáreas donde antes contaba con varios ayudantes; resulta atrayente intercambiar conversaciones con los trabajadores  de una fábrica y algunos de los que ya están jubilados; igualmente emotivo es el encuentro con tres estibadores del puerto de Le Havre y sus respectivas esposas, como así también descubrir a los humildes residentes del pequeño pueblo abandonado de Pirou.

Todos los habitantes tienen algo que reportar a los viajeros y ellos les dejarán un recuerdo de la visita. Para ello, en cada una de las paradas JR capta una foto de los mismos; gracias a la impresora que acarrea, va obteniendo inmensos retratos que a manera de afiches son adosados en los muros de los lugares visitados para que las imágenes de sus habitantes queden permanentemente grabadas. El viaje concluye en un pueblo de Suiza donde vive Jean-Luc Godard, el amigo de larga data de Varda, a quien ella está ansiosa por ubicarlo.

Además de las historias que van surgiendo del contacto humano realizado en el viaje, el film refleja la gran complicidad existente entre Varda y JR ya sea a través de las amables discusiones que mantienen como así también de las bromas realizadas que generan un bienvenido humor socarrón; el único simpático “desacuerdo” existente es que Agnès desea que su compañero se desprenda de sus gafas negras a lo que él se resiste. El emotivo documental destila al propio tiempo un aire nostálgico donde no está ausente la memoria de lo que ya pasó a través del tiempo; asimismo no está ajeno el tema de la mortalidad cuando ambos visitan el cementerio donde reposan los restos del gran fotógrafo Henri-Cartier Bresson.

Todo el relato libremente improvisado transcurre plácidamente donde a pesar de que entre los dos amigos hay una diferencia de 55 años eso no es óbice para que la amistad quede reflejada por los valores humanos y artísticos que los une.

Al salir de la proyección el espectador queda contagiado de la calidez emanada de sus dos personajes protagónicos, como así también por la humanidad que destila la gente que se llega a conocer en este sencillo y hermoso retrato de la vida real.

Josh Brolin en ONLY THE BRAVE

Josh Brolin en ONLY THE BRAVE

ONLY THE BRAVE. Estados Unidos, 2017. Un film de Joseph Kosinski

Un film basado en un drama acontecido realmente es lo que se aprecia en Only the Brave, un   relato que aborda a los integrantes de Granite Mountain Hotshots, una unidad del cuerpo de bomberos de Prescott en el estado de Arizona destinada a acallar los incendios forestales.

El director Joseph Kosinski basado en el guión de Ken Nolan y Eric Warren Singer presenta a Eric Marsh (Josh Brolin) quien supervisado por su colega Duane (Jeff Bridges) lidera una escuadra elite de bomberos destinada a combatir los descomunales incendios forestales de Arizona que suelen producirse con más frecuencia durante el período estival. Como jefe, Eric posee la suficiente presencia para imprimir la autoridad necesaria como así también brindar apoyo y afecto al grupo de jóvenes que integran su equipo.

La mayor parte del relato muestra las técnicas empleadas por la unidad para tratar de contener los incendios o bien cuando realmente se producen, a la vez que ilustra el gran espíritu de camaradería existente entre sus miembros. La manera en que el trabajo profesional se desenvuelve con sus vidas personales queda manifestada en dos de sus personajes. Uno de ellos es Eric quien felizmente casado con Amanda (Jennifer Connelly), una veterinaria y entrenadora de caballos, encuentra un solo obstáculo en la relación conyugal: ella desea formar una familia, en tanto que Eric completamente dedicado a su profesión no está interesado en tener hijos. El otro personaje es el del joven Brendan McDonough (Miles Teller) quien recientemente reclutado logra recomponer su vida al haber dejado su adicción a la droga; siendo un novel papá llega un momento en que piensa seriamente en dejar la peligrosa profesión para estar al lado de su familia.

Imbuido de buenas intenciones, con más de dos horas de metraje, el relato se resiente en su aspecto narrativo; además de que toma su buen tiempo en despegar, las escenas en que se ensayan o combaten incendios se vuelven extremadamente repetitivas resintiendo de este modo su ritmo; con un montaje más acertado, eliminando media hora de duración, la historia habría logrado mayor dinamismo sin que su propósito quedase afectado.

Queda como balance un docudrama visualmente apreciable donde el mayor impacto emocional se experimenta en las escenas finales enfocando la tragedia acaecida en el devastador incendio de Yarnell Hill ocurrido el 28 de junio de 2013 donde murieron 19 de los 20 bomberos de Hotshots. De este modo, el film rinde un merecido tributo al valor y sacrificio de hombres heroicos que en el ejercicio de su profesión permanentemente arriesgan sus vidas para salvaguardar la de la comunidad.

Josh Gad y Chadwick Boseman en MARSHALL

Josh Gad y Chadwick Boseman en MARSHALL

MARSHALL. Estados Unidos, 2017. Un film de Reginald Hudlin

Una vez más el cine expone un tema de discriminación racial basándose en un episodio real que tuvo como protagonista a Thurgood Marshall, uno de los más prominentes abogados negros de Estados Unidos.

La acción se desarrolla en 1941 donde Marshall (Chadwick Boseman) quien como uno de los abogados del National Association for the Advancement of Colored People (NAACP) es enviado a Connecticut para colaborar con su colega Samuel Friedman (Josh Gad), blanco y judío, en la defensa de Joseph Spell (Sterling K. Brown). Este individuo de raza negra que trabajó como chofer de Eleanor Strubing (Kate Hudson), una adinerada dama blanca, es acusado de haberla violado en su habitación y posteriormente de haberla secuestrado para arrojarla desde un puente. La razón por la cual Marshall decide intervenir en su defensa es debido a que está convencido de su inocencia.

A diferencia de otros relatos judiciales, este film se valoriza considerablemente por la excelente descripción de sus personajes transmitiendo con increíble veracidad el desarrollo de un juicio que alcanzó notoriedad nacional. En primer lugar, resulta de interés la forma en que se designa al jurado, donde uno de los miembros mantiene cierto sesgo por no simpatizar con un abogado judío; por otra parte, en la medida que las personas blancas escogidas se desenvuelven en un medio social sutilmente racista, va disminuyendo las posibilidades de que el jurado pueda absolver a Spell. Otro de los inconvenientes surge cuando el juez Foster (James Cromwell) asiente que Marshall únicamente participe en el juicio en forma indirecta por no pertenecer al Colegio de Abogados de Connecticut; de ese modo, lo que desee expresar en ese ámbito debe hacerlo a través del no muy experimentado Friedman.

La pasión de Marshall tratando de que su colega logre ganar el juicio, así como la manera en que gradualmente Friedman consigue afianzarse defendiendo al acusado y enfrentando a Loren Wills (Dan Stevens), el racista abogado fiscalista, es objeto de una dinámica narración; es así que Hudlin logra que este drama judicial a pesar de transcurrir en pocos escenarios no resulte estático permitiendo que el espectador siga atentamente las vicisitudes que se van sucediendo a lo largo del proceso.

Aunque éste no es precisamente el juicio más importante que Marshall haya ganado, los años siguientes demostrarían su férrea determinación de luchar por los derechos civiles de los negros teniendo en cuenta que la marcada discriminación existente no solo estaba presente en los estados sureños sino igualmente en los estados más progresistas del norte como lo que aconteció en Connecticut En los créditos finales se menciona que este noble individuo fue el primer afroamericano designado para integrar la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos en 1967, cargo que mantuvo hasta 1991.

Una ágil puesta escénica, un inobjetable guión de Jacob Koskoff y Michael Koskoff y una muy convincente actuación de su elenco, permiten que el público asista a un sólido film resaltando los prejuicios generados por el racismo existente durante la época en que transcurre la acción del mismo.

Adam Sandler y Ben Stiller en THE MEYEROWITZ STORIES

Adam Sandler y Ben Stiller en THE MEYEROWITZ STORIES

THE MEYEROWITZ STORIES. Estados Unidos, 2017. Un film escrito y dirigido por Noah Baubach

El director Noah Baubach, como ya lo ha hecho con otros títulos de su filmografía, retorna aquí para abordar los altibajos que se establecen entre los integrantes de una familia judía de Nueva York, con cierta reminiscencia de algunos de los primeros filmes de Woody Allen.

Como el título lo anticipa el relato del realizador incluye historias que se van desarrollando a través de sucesivos capítulos. Al comienzo se sale al encuentro de  Harold Meyerowitz (Dustin Hoffman), un egocéntrico septuagenario que está casado con Maureen (Emma Thompson), su cuarta esposa, una mujer hippie en vías de recuperación de su adicción alcohólica. Siendo un escultor que nunca llegó a ser altamente reconocido, además de profesor universitario recién jubilado, Harold vive en permanente descontento. De su primer matrimonio tiene dos hijos, Danny (Adam Sandler) y la depresiva Jean (Elizabeth Marvel) y de su segunda señora un tercer descendiente, Matthew (Ben Stiller) que vive en California. Danny, desconsiderado por su padre y sin empleo fijo, se siente insatisfecho por no haberse logrado imponer como músico como así también por haber fracasado en su vida conyugal, la única satisfacción es ver que su inteligente hija Eliza (Grace Van Patten) está en camino de emprender una carrera universitaria. Al promediar el relato Matthew llega al hogar de su padre procedente de Los Ángeles donde ha logrado un gran éxito en el mundo de las finanzas; él es el vástago preferido y su presencia va a alterar de algun modo la dinámica de la familia.

Dentro de ese disfuncional cuadro familiar se manifiestan   resentimientos, frustraciones, diferente trato y simpatía de un padre hacia sus hijos, acompañados de disputas y querellas donde se destapan algunos secretos y veladas mentiras que reflejan hipocresías imposibles de ocultar. Con todo, en la descripción de sus caracteres, Baumbach sintiendo afecto por los mismos, deja entrever que en el fondo anida un vínculo de cariño entre los integrantes de esa desordenada familia; asimismo, el director adopta un tratamiento no necesariamente dramático al permitir que muchas situaciones que se plantean apelan a un humor corrosivo.

En líneas generales, esta tragicomedia resulta entretenida aunque sin aportar nada nuevo a lo que Baumbach ofreciera en sus anteriores trabajos. Con todo, cuenta con un homogéneo elenco; en el mismo el veterano Dustin Hoffman ofrece una excelente actuación como el patriarca familiar y Adam Sandler gratamente sorprende transmitiendo dramáticamente la fragilidad y patetismo del personaje perdedor que caracteriza.