Hablemos de cine

Cine Columnistas Hablemos de Cine Dec 14, 2017 at 11:17 am
Sally Hawkins en THE SHAPE OF WATER

Sally Hawkins en THE SHAPE OF WATER

Por Jorge Gutman

 Guillermo del Toro, el indiscutido maestro mexicano del cine fantástico, retorna con una brillante y cautivante fábula en donde una vez más cautiva con una historia romántica que bien podría asemejarse a la de La Bella y la Bestia. En tanto que en principio resultaría difícil asociar el agua con el amor, la imaginación del realizador permite que eso pueda muy bien fusionarse en esta trama por él concebida en donde además participó en el guión junto con Vanessa Taylor.

La acción transcurre en Baltimore en 1962 en un laboratorio de alta seguridad del gobierno y tiene como trasfondo la Guerra Fría. En ese lugar trabaja Eliza (Sally Hawkins), una chica huérfana muda y solitaria, quien se ocupa de la limpieza junto con Zelda (Octavia Spencer, su colega y amiga afroamericana; otra persona con quien está vinculada es su vecino Giles (Richard Jenkins), un afable anciano homosexual, a quien ella visita habitualmente antes de dirigirse a su empleo.

Un buen día, realizando su trabajo cotidiano ambas mujeres se encuentran sorprendidas al descubrir a un hombre anfibio (Doug Jones) que se encuentra en cautiverio sumergido en un tanque de agua. Esa extraña criatura marina está bajo la responsabilidad de Richard Strickland (Michael Shannon), un cruel y sádico agente de la inteligencia militar quien al someterlo a diversos experimentos no cesa en torturarlo; en el mismo laboratorio se encuentra un científico ruso (Michael Stuhbarg) que tiene la intención de utilizar al cautivo en la carrera espacial entablada entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Quienes conocen la filmografía de Del Toro saben muy bien la inclinación que él siente por los monstruos dotándolos de asombrosa humanidad; eso es lo que nuevamente acontece en este relato cuando la frágil Eliza llega a conocer a este hombre-pez de espíritu bondadoso. Gradualmente y a escondidas de extraños va generándose una comunicación entre ambos a través del lenguaje de las señas ya que ninguno de los dos puede hablar, hasta que ese contacto afectivo cede lugar a un vínculo sentimental de innegable poesía; sin embargo esa relación impregnada de sublime pureza se encontrará obstaculizada por las intenciones de Strickland de querer aniquilar al acuático personaje. No conviene agregar más sobre cómo seguirá desarrollándose esta fantástica relación, salvo anticipar que el director logra que el público empatice plenamente con estos dos enamorados al punto tal de olvidar que uno de ellos es un extraño ser.

Esta hermosa fantasía admite varias lecturas; así, el contexto político en que transcurre el film guarda algunas similitudes con el panorama actual si se tiene en cuenta que la tensión política de los primeros años de la década del 60 entre las dos potencias mundiales, no difiere mucho de lo que el mundo presencia hoy día, aunque con características diferentes. Además, a través del relato Del Toro no duda en lanzar sus dardos críticos a la intolerancia existente ya sea por prejuicios raciales, sentimientos homofóbicos y/o a las personas marginalizadas de la sociedad por ser consideradas “diferentes”; es así que el realizador los contrasta con los verdaderos monstruos deshumanizados que suelen gobernar en ciertas regiones de nuestro planeta y que en este relato se encuentra representado por la figura de Strickland.

Con una remarcable puesta escénica, esplendorosos efectos visuales, una excelente banda sonora de Alexandre Desplat y un impecable elenco encabezado por Sally Hawkins -en el mejor papel de su carrera- el público queda fascinado contemplando este bello cuento de hadas.

Daisy Ridley y Mark Hamill en STAR WARS: THE LAST JEDI

Daisy Ridley y Mark Hamill en STAR WARS: THE LAST JEDI

STAR WARS: THE LAST JEDI. Estados Unidos, 2017. Un film escrito y dirigido por Rian Johnson

Así como hace dos años se creó una enorme expectativa por el séptimo capítulo de Star Wars, esta vez Star Wars: The Last Jedi la ha superado al haberse convertido en el film más esperado de 2017. A pesar de que el personaje de Harrison Ford ya no existe, no hay duda alguna que el presente capítulo obtendrá un gran éxito de boletería.

El film comienza donde el precedente finaliza manteniéndose en constante enfrentamiento las fuerzas opositoras de la galaxia. La General Leia Organa (Carrie Fisher) liderando a la Resistencia, necesita desesperadamente de la ayuda de su ausente hermano Jedi Luke Skywalker (Mark Hamill) para combatir al maléfico opresor del Primer Orden. En las primeras escenas la aspirante Jedi Rey (Daisy Ridley) logra ubicar al desaparecido Luke quien se ha exiliado   en una isla de un remoto planeta; ella trata de convencerlo para que retorne a la Resistencia a fin de combatir al enemigo opresor; ese encuentro servirá para que se sepa las razones que motivaron su autoexilio. Simultáneamente se ve a Kylo Ren (Adam Driver) quien dependiendo de Snoke (Andy Serkis), el líder supremo del Primer Orden, tratará de arrasar y aplastar definitivamente a la Resistencia.

Una vez más esta saga continúa enfrentando las fuerzas del bien y del mal en una aventura a la que el realizador Rian Johnson brinda un adecuado entretenimiento salpicado con momentos de humor que ciertamente deleitarán a los innumerables fieles de esta franquicia. El guión del realizador introduce al relato algunas sorpresas que no se habrán de develar aunque también incluye digresiones con incidentes intrascendentes que en parte tienden a aminorar su ritmo.

A nivel interpretativo se destacan favorablemente Hamill, Ridley, Driver y especialmente Oscar Isaac como Poe Dameron, un aguerrido piloto capaz de asumir riesgos extremos con tal de defender a la Resistencia. Otros actores ya conocidos como John Boyega y Lupita Nyong actúan decorosamente y entre los nuevos rostros asoman los de Laura Dern y Benicio del Toro quienes en papeles menores se acomodan a lo que el relato les demanda. Ciertamente el ánimo del espectador se entristece contemplando a la querida y popular Carrie Fisher en su logrado trabajo póstumo de la Princesa Leia; en tal sentido, cabe mencionar una escena muy emotiva que ella comparte con Luke.

Como espectáculo, el film no se queda corto al ofrecer algunas secuencias de acción magníficamente logradas a través de batallas espaciales grandilocuentes. La buena fotografía de Steve Yedlin y los diseños de producción de Rick Heinrichs enriquecen visualmente a esta producción, como así también la estupenda banda de sonido de John Williams.

La conclusión de este segmento deja abierta la puerta para el próximo capítulo. Así intriga saber, entre otros aspectos, cómo será resuelta la telepática conexión física y emocional de Rey y Kilo Ren; para satisfacer la curiosidad no existe otra opción que la de esperar hasta 2019 cuando se dé a conocer el noveno episodio de esta célebre serie.

Justin Timberlake y Kate Winslet en WONDER WHEEL

Justin Timberlake y Kate Winslet en WONDER WHEEL

WONDER WHEEL. Estados Unidos, 2017. Un film escrito y dirigido por Woody Allen

Tal como lo abordara en Blue Jasmine (2013), en su cuadragésimo octavo opus como realizador Woody Allen vuelve a auscultar el universo femenino en un relato de fondo sombrío donde se asiste al proceso de desintegración emocional de su protagonista. Así como en aquel film Allen permitió que Cate Blanchett desplegara su gran talento, en Wonder Wheel le brinda esa oportunidad a Kate Winslet para confirmar su excelente condición de actriz.

La acción se desarrolla en la playa de Coney Island de Brooklyn durante la década del 50. Mickey (Justin Timberlake), que trabaja como salvavidas durante la época estival y es un graduado de la Universidad de Nueva York aspirante a dramaturgo, narra esta historia de la cual ha sido en gran parte testigo.

Winslet anima a Ginny, una ex actriz que aproximándose a los 40 años está casada en segundas nupcias con Humpty (Jim Belushi) y es madre de Richie (Jack Gore), un niño de su primer matrimonio. Residiendo en una humilde vivienda ubicada frente al parque de atracciones de Coney Island, su vida está sembrada de frustraciones que la tornan emocionalmente volátil e inestable produciéndole frecuentes migrañas.

Varias razones concurren para justificar su malestar. Una de ellas es que en su actual relación conyugal no encuentra satisfacción alguna de su marido, que si bien la quiere a su manera es su perfecta antítesis; este hombre que trabaja como operario del carrusel que funciona en el parque carece de los mismos gustos de su esposa y de sus inquietudes intelectuales; eso motiva a que Ginny no comparta su afición a la pesca ni él tampoco coincide con ella en su pasión por el cine. A todo ello, esta mujer se encuentra poco gratificada trabajando como mesera en un bar local sin que pueda vislumbrar un porvenir más venturoso; finalmente, las consecuencias del comportamiento de su hijo pirómano contribuyen a crearle serios disgustos.

La situación se complica aún más con la llegada de Carolina (Juno Temple), la hija que Humpty había tenido de su matrimonio anterior, quien irrumpe en el hogar después de varios años de ausencia; la joven busca refugio en la casa de su padre al estar huyendo de su mafioso marido por haber revelado sus actividades delictivas al FBI y eso inquieta seriamente a Ginny.

Un hálito de esperanza tiende a modificar el ánimo de la mesera cuando accidentalmente conoce en la playa al apuesto Mickey. A pesar de ser sustancialmente menor que ella, comienza un apasionado vínculo amoroso donde Ginny encuentra la ternura y la satisfacción sexual que no gozaba desde hace largo tiempo. Sin embargo su felicidad comenzará a esfumarse a partir del momento en que Carolina llega a conocer a Mickey y él comienza a gustar de la joven.

Delineando muy bien a cada uno de los personajes involucrados en la trama,
Allen permite que el espectador se sumerja por completo en los mismos y especialmente en Ginny. Lo más importante es que el realizador no es indulgente con ella sino que en cierta manera la hace responsable de sus actos cuando a pesar de haber tenido una muy buena relación matrimonial con su primer esposo, éste la deja al haber descubierto que le era infiel. En tal sentido el cineasta se remite a ilustrar las contradicciones del ser humano donde la lógica del razonamiento no prevalece cuando entran a jugar las razones del corazón.

Sin ser uno de sus grandes filmes, Allen ofrece un muy buen melodrama que se impone por la vitalidad, expresividad y la veracidad que imprime al relato. Winslet, que constituye el alma del film, transmite con elocuencia la crisis espiritual de su personaje frente a la dura realidad que le toca afrontar; así, carcomida por los celos no duda en recurrir a cualquier medio para tratar de revertir los acontecimientos aunque eso la conduzca a su autodestrucción. Con un final abierto sin ofrecer algún dejo de esperanza optimista, éste quizás sea el único film de Allen donde no prevalece la mínima nota de humor; en todo caso, eso no llega a desmerecer sus méritos.

En los aportes técnicos se distingue la excelente fotografía de Vittorio Storaro así como los logrados diseños de producción de Santo Loquasto reproduciendo nostálgicamente al Coney Island de la época en que transcurre la acción.