HABLEMOS DE CINE

Cine Columnistas Hablemos de Cine Jan 18, 2018 at 9:04 pm
Tom Hanks y Meryl Streep en THE POST

Tom Hanks y Meryl Streep en THE POST

Por Jorge Gutman

No sé si la actriz y excelente comunicadora social Oprah Winfrey vio The Post; lo cierto es que su vibrante y memorable discurso en oportunidad de la ceremonia de los Golden Globes del 7 de enero pasado valorando la labor de la prensa por su dedicación de descubrir y revelar la verdad de lo que acontece en el país, está en perfecta consonancia con lo que Steven Spielberg expone en este film.

Daniel Ellsberg (Matthew Rhys) había trabajado como analista militar durante la guerra de Vietnam siendo testigo de lo que estaba ocurriendo en la zona; lo que vio contradecía las manifestaciones   de Robert McNamara (Bruce Green), Secretario de Defensa de Kennedy y Johnson, quien afirmaba que la guerra estaba siendo ganada por Estados Unidos, minimizando el impacto del bombardeo efectuado en el sudeste asiático. La veracidad de los hechos salió a relucir en los Pentagon Papers; estos estratégicos documentos exponen el verdadero rol que le cupo al país en la fatídica guerra entre 1945 y 1967 y que el pueblo americano había ignorado. Ellsberg, indignado por la tergiversación oficial de los hechos, se las ingenia para obtener la delicada información y después de haberla fotocopiado la hace llegar al periodista Neil Sheehan del New York Times quien la publica el 13 de junio de 1971. Eso produce la ira del presidente Richard Nixon quien conmina severamente al diario de no seguir publicando más artículos sobre el tema.

Si bien lo que antecede constituye el telón de fondo de este sólido film, la acción central gira en torno del diario The Washington Post. Es allí donde se sale al encuentro de su propietaria Katharine “Kay” Graham (Meryl Streep), una dama de la alta sociedad de Washington, cuyo padre Eugene Mayer había fundado el periódico en 1930 y que al morir las riendas del mismo pasaron a su yerno Philip Graham; cuando éste se suicida en 1963 es Kay quien sin experiencia en la materia asume, al principio con reluctancia, la responsabilidad de manejar los destinos del Post para preservar de este modo el legado de su padre. Si hasta entonces el diario era uno más dentro de los cientos de periódicos norteamericanos, los acontecimientos de Vietnam cambiarían radicalmente su prestigio.

Inmediatamente después de la publicación de los Papeles del Pentágono por parte de The New York Times, Ben Bagdikian (Bob Odenkirk), reportero del Post, llega tener acceso a dichos documentos y se los hace llegar al jefe de redacción Ben Bradlee (Tom Hanks) quien a su vez recomienda a Katharina para que proceda a publicarlos.

El guión de la debutante guionista Liz Hannah y del veterano Josh Singer cautiva por varias razones. En primer lugar al presentar a Kay como amiga de McNamara de varios años, la publicación de la información implicaría denunciar su participación como el principal estratega de la guerra y así serle desleal. Esa situación ratificaría la postura de una mujer dispuesta a querer cumplir con la misión esencial que impuso a su diario de transmitir sin excusa alguna la verdad a sus lectores con el respaldo absoluto de información fidedigna. A todo ello, surge en ella la tremenda duda si acaso debe seguir el consejo de Bradlee teniendo en cuenta que la publicación, en vista de la amenaza de Nixon al Times, puede llegar a repercutir negativamente en el Post y al personal empleado, sobre todo en momentos en que el diario comienza a cotizar en bolsa.

Además del satisfactorio guión y la excelente dirección, Spielberg encontró en Meryl Streep a la intérprete ideal para animar a Kay Graham. En otra de sus brillantes actuaciones, Streep con completa convicción demuestra cómo la editora del diario reúne la capacidad necesaria para competir con sus colegas masculinos en circunstancias difíciles frente a la crucial decisión que debe adoptar; es así que su firme actitud frente a los acontecimientos relatados convierte al Washington Post en un diario de renombre internacional. No menos importante es la irreprochable caracterización que Tom Hanks logra de su rol como un hombre íntegro comprometido a no ocultar los hechos; los varios intercambios entre Bradlee y Kay permiten que el público asista a un verdadero “duelo de titanes” entre dos monstruos sagrados del cine americano que por primera vez han tenido ocasión de actuar conjuntamente.

Spielberg ofrece un film con un mensaje encomiable resaltando cómo el valor y la honestidad de una prensa libre de restricción alguna puede ennoblecer a esta profesión difundiendo la verdad y nada más que la verdad. Ese aspecto, adquiere inesperada trascendencia frente a la realidad que el periodismo atraviesa actualmente. Con un lenguaje cinematográfico que domina a la perfección el gran director norteamericano ofrece un drama periodístico de notable nivel de calidad a la vez que sumamente entretenido al ofrecer momentos de tensión y suspenso muy bien graduados.

 

PHANTOM THREAD. Estados Unidos, 2017. Un film escrito y dirigido por Paul Thomas Anderson

Daniel Day-Lewis y Vicky Krieps en PHANTOM THREAD

Daniel Day-Lewis y Vicky Krieps en PHANTOM THREAD

 

Más allá de su catalogación como drama, melodrama o comedia anti-romántica, lo cierto es que Phantom Tread fascina describiendo a un individuo de compleja personalidad que ejerce un dominio absoluto en su profesión como así también de quienes lo rodean. El tándem integrado por el director Paul Thomas Anderson y el remarcable actor Daniel Day-Lewis vuelve a funcionar excelentemente después de la exitosa colaboración lograda hace una década en There Will Be Blood.

En una historia concebida por el realizador que transcurre en Londres a mediados de la década del 50 Day-Lewis caracteriza a Reynolds Woodcock, un meticuloso diseñador de modas cuyo taller funciona en uno de los cuatro pisos de su residencia. Volcando su pasión en su trabajo, tiene como socia de su empresa a Cyril (Lesley Manville), quien además de ser su hermana es quien lo conoce profundamente en los distintos aspectos de su personalidad. Frío y reservado, Reynolds es tan perfeccionista que cualquier aspecto que llega a disgustarle lo exterioriza en impulsivos exabruptos.

Su metódica y ordenada vida llega a cambiar cuando en un restaurante conoce a Alma (Vicky Krieps), una de las camareras. De inmediato surge una espontánea simpatía mutua que en poco tiempo se convierte en un romance sui generis; como consecuencia del mismo ella acepta convivir con él en su residencia convirtiéndose en su fiel amante, musa y a la vez modelo de trabajo.

Cuando la dulce y sonriente Alma entra a formar parte del mundo de Reynolds, su ilusión romántica llega lentamente a desvanecerse al comprobar que ella no es más que un objeto instrumental de su anfitrión y que le cuesta sustraerlo de todo aquello que no esté vinculado a su actividad profesional. Al propio tiempo, Alma es lo suficientemente alerta para descubrir que su presencia rivaliza con la celosa actitud de Cyril por su hermano, estableciéndose así una latente tensión entre ambas mujeres.

Buena parte del film ilustra la naturaleza extraña e indecisa de la relación entre los dos protagonistas a través de una narración muy bien dosificada por Anderson. Así se vislumbra el esfuerzo de Alma en acomodarse al clima de claustrofobia ambiental donde reside, tratando de lograr que Reynolds la considere íntimamente como la persona con quien mantiene un vínculo amoroso; por el otro lado, su contraparte es un ser absolutamente sumido y concentrado en lo suyo, ignorando a su pareja y en donde cualquier mínimo ruido que lo perturbe es motivo para escandalizarlo.

Al promediar el desarrollo de la trama, la misma subvierte las expectativas de la audiencia ofreciendo un carácter de perversidad que no resulta conveniente anticipar. Además de su tema central, el realizador permite que el público entre en contacto con los diferentes quehaceres que su personal efectúa en el taller de costura y en tal sentido es loable el magnífico trabajo aportado por Mark Bridges en los diseños del vestuario.

Gran parte del logro de este film descansa en la magnética interpretación que realiza Day-Lewis como el irascible modisto donde todo el mundo debe estar sujeto a sus deseos y caprichos y que en raras ocasiones se metamorfosea adoptando una conducta tierna y de caballerosidad; dada su excepcional capacidad de actor cabe lamentar su decisión de no volver a asomar su rostro delante de una cámara al haber manifestado que con este film se despide definitivamente del cine. Krieps es una revelación como la joven intimidada por Reynolds y que llegado un momento cambia drásticamente de actitud. Por su parte, Manville impresiona con su rosto exterior de acero al ver disminuida su autoridad frente a su hermano cuando éste decide casarse con Alma.

Con la estupenda fotografía del realizador y un estilo visual remarcable esta penetrante historia de Anderson deleitará a la audiencia selectiva que procura un cine alternativo al de los tradicionales blockbusters de Hollywood.

 

I, TONYA. Estados Unidos, 2017. Un film de Craig Gillespie

Margot Robbie en I, TONYA

Margot Robbie en I, TONYA

 

En un relato estructurado como un falso documental el director Craig Gillespie y el guionista Steven Rogers tratan de reivindicar la figura de Tonya Harding en I, Tonya combinando adecuadamente el drama con la comedia negra.

A través de entrevistas de ficción brindadas por Tonya (Margot Robbie) y la participación de otros personajes reales que se dirigen al público, se pasa revista a aspectos importantes que han marcado la vida de la protagonista. Nacida en 1970 en Portland y proveniente de una familia humilde a la vez que disfuncional, con un padre prácticamente ausente, la pequeña Tonya (Maizie Smith) va experimentando serios acosos físicos y emocionales por parte de su monstruosa y misántropa madre LaVona Golden (Allison Janney); teniendo en cuenta su inclinación y talento por el patinaje sobre hielo, su progenitora prácticamente la empuja a los 4 años para patinar sobre hielo además de pagarle clases de instrucción con el propósito de convertirla en campeona; en los años subsiguientes la joven Tonya (Mc Kenna Grace) seguirá sufriendo el hostigamiento de LaVona y es así que cuando adulta llega a conocer a Jeff Gillooly (Sebastian Stan), trata de encontrar en él un refugio para escapar de su nada afectiva progenitora. Su casamiento a los 19 años con este hombre perdedor y sin mucho aliento tampoco terminará gratificándola; a pesar de mostrar instancias de cariño hacia ella al propio tiempo también la abusa físicamente, manteniendo una relación asfixiante que culmina en divorcio tres años después.

En su vida profesional, su atuendo deportivo no alcanza a convencer a los jueces que la juzgan para su intervención en competencias nacionales. Solamente su suerte llegará a cambiar cuando en 1991 logra efectuar un triple giro en el aire, siendo la primera atleta estadounidense en realizar tal proeza; así inicia un camino que le facilita su participación en las Olimpíadas de 1992 donde llega a ubicarse en el cuarto lugar mientras que su gran rival Nancy Kerrigan (Caitlin Carver) obtiene la medalla de bronce.

La vida de la patinadora cobrará un vuelco dramático en ocasión de las Olímpíadas de 1994. Con el propósito de evitar que Kerrigan compitiera en dicho certamen, el ex marido de Tonya al igual que su guardaespaldas Shawn Eckhardt (Paul Walter Hauser) se confabulan contratando los servicios de Shane Stunt (Ricky Russert) para que la ataque; eso se produce con un golpe propinado en la rodilla de Kerrigan utilizando un bastón de metal y aunque la lesión no ha sido grave, el hecho abrió la puerta del escándalo al estar Tonya indirectamente implicada. Si bien el guión deja en claro que ella ignoraba el brutal plan concebido por Jeff y Shawn, lo cierto es que cuando Tonya se impone de lo ocurrido no reporta el grave incidente como éticamente debería haber procedido. Su conducta motivó a que la Asociación de Patinadores de Estados Unidos la suspendiera de por vida porque presumió que ella estaba al tanto de lo que iba a acontecer a su rival.

El film se beneficia   por su articulado relato, ajustado guión, excelente edición y muy en especial por el meritorio nivel de actuación. Robbie ofrece una magistral caracterización de una mujer que sufrió en su vida a través del ciclo de abuso por parte de quienes debieron haberla querido y cuando finalmente llega su momento de gloria, el mundo se le desploma al ser considerada culpable por un delito que no cometió; su actuación plena de impulso y ferocidad deja en descubierto la humanidad de un personaje que logra conmover. En un papel de reparto Janney brilla como la narcisista, manipuladora y maliciosa madre quien a través de un comportamiento contradictorio desea tener una hija triunfadora en el deporte pero la priva del afecto maternal. El resto del elenco igualmente satisface en sus diferentes caracterizaciones.

En esencia, ésta es una tragicomedia a todas luces cautivante y que gracias a su fluido ritmo permite dos horas de logrado entretenimiento. Si acaso lo que ilustra el film sobre el grado de implicación de Tonya es completamente verosímil, queda por reflexionar sobre la forma en que una persona inocente puede desmoronarse emocionalmente, en este caso debido a la condena sufrida por la opinión pública, a su vez influenciada por la acción negativa de los medios de difusión.