HABLEMOS DE CINE

Cine Columnistas Hablemos de Cine Feb 2, 2018 at 1:15 am
Ashin Wirathu en THE VENERABLE W.

Ashin Wirathu en THE VENERABLE W.

Por Jorge Gutman

Completando su “Trilogía del Mal” comenzada en General Idi Amin Dada (1974) -describiendo al detestable dictador- y continuada con Terror’s Advocate (2007) -retratando al abogado que defendió entre otros al temible nazi Klaus Barbie-, el realizador suizo Barbet Schroeder presenta en The Venerable W. un impactante documento sobre la islamofobia reinante en Myanmar.

Cuando uno se refiere al budismo inmediatamente lo asocia con una religión que pregona la paz, el amor, la tolerancia, la no violencia y la comunicación de los seres humanos. De allí que resulte sorprendente comprobar cómo un importante representante de dicho culto es capaz de sembrar un venenoso odio entre el séquito que lo sigue contra la población musulmana.

El lamentable personaje en cuestión es Ashin Wirathu, quien asume su rol de líder de la cruzada anti musulmana de Myanmar, un país cuyo 90% de la población es budista. Como un destacado monje él utiliza cualquier medio posible para transmitir el sentimiento racista que lo anima. Actuando en Mandalay, cuya tercera parte de sus habitantes son monjes, Wirathu es el jefe espiritual del monasterio local que tiene a su cargo. Allí y enfrentando a la cámara que lo enfoca no tiene empacho alguno para lanzar sus insultos a la comunidad Rohingya que como grupo étnico musulmán bengalí apenas alcanza al 4 % de la población. A través de la semilla de la discordia describe a esa comunidad como un grupo peligroso que no tiene derecho alguno a optar por la ciudadanía de Myanmar; además, en sus sermones predica el boicot a sus actividades comerciales y prohibiendo el casamiento interracial porque en su manera de pensar los Rohingyas, además de violadores y terroristas, constituyen una especie humana inferior que atenta contra la pureza del budismo.

Pregonando una santa guerra contra la comunidad musulmana y en procura de una limpieza étnica, Wirathu adopta un tono calmo y persuasivo lo que lo convierte en un ser aún más temeroso. Toda esa animosidad se conjuga con la ancestral campaña contra los Rohingyas que se viene registrando desde hace varias décadas y muy especialmente entre 2012 y 2016 donde no solamente se encuentran los monjes seguidores de Wirathu sino también la acción represiva del gobierno controlado por los militares. Esa fobia originó una ola de violencia inusitada contra los musulmanes con el resultado de cuantiosas muertes, hogares incendiados y el desplazamiento de miles de afectados tratando de huir del país.

En este valioso documento el realizador se ha nutrido de importante material de archivo complementado con entrevistas de gran interés realizadas a personas que estando en franco desacuerdo con la actitud intolerante y racista de Wirathu tratan de llamar la atención mundial sobre esta tragedia. Entre los reporteados se encuentra Kyaw Zayar Htun, el editor de una de las pocas revistas informativas de Myanmar y autor de Wirathu Against the World; igualmente es relevante el testimonio de U. Galonni, un monje budista altamente reverenciado quien enfrentó la pena de muerte por apoyar la causa de los campesinos privados de sus tierras. También participan en el documental dos importantes periodistas: uno de ellos es Matthew Smith que escribió en el New York Times y otros periódicos de lengua inglesa clarificadores artículos sobre los derechos humanos en Myanmar y el otro es el reportero español Carlos Sardiña Galache quien habiendo vivido varios años cubrió las noticias sobre la crisis humanitaria de los Rohingya.

Explorando las facetas más sombrías de la condición humana en la figura siniestra del “Venerable Wirathu”, el documentalista describe a un hombre que nada tiene que envidiar a otros genocidas que en el siglo XX han enlutado al mundo, tales como los nazis, o bien los que participaron activamente en las masacres de Ruanda y Bosnia, para citar algunos ominosos casos.

La odisea de la comunidad Rohingya sigue manteniendo actualidad; así hace pocos días el Globe and Mail de Toronto publicó un artículo refiriéndose a la ola de refugiados de dicho grupo escapando de Myanmar para llegar a Bangladesh. De allí la relevancia que adquiere este remarcable documental de Schroeder.

Diane Kruger en IN THE FADE

Diane Kruger en IN THE FADE

IN THE FADE. Alemania, 2017. Un film de Fatih Akin

.El realizador alemán Fatih Akin permite apreciar en In the Fade un cautivante thriller que explora la reacción de una persona que ha perdido a su familia asesinada por criminales cuando la justicia demuestra su incapacidad en condenar a los malhechores.

Estructurado en tres capítulos, el primero de los mismos intitulado “La Familia” muestra en su prólogo el casamiento de Katia (Diana Kruger), una joven alemana, con Nuri (Numan Acar), un hombre turco que acaba de salir de la cárcel por haber traficado en drogas. Inmediatamente la acción se desplaza varios años después donde se contempla a esta mujer, muy enamorada de su marido, quien dejó por completo sus irregulares actividades y ahora está al frente de una oficina donde realiza tareas de traducción además de ser un consultor impositivo para la comunidad turca que vive en Alemania. Ambos son los padres de Rocco (Rafael Santana), un adorable niño de 6 años, y   todo hace suponer que no hay obstáculo alguno que pudiera interferir en esa perfecta unidad familiar. Sin embargo, el destino dispone de otro modo el día en que Katia deja a su hijito en el despacho de su esposo ubicado en el sector turco de Hamburgo; a su retorno queda completamente devastada al comprobar que el local ha quedado destrozado debido a la explosión de una bomba colocada por terroristas neonazis donde su marido y Rocco han perecido en el incruento atentado.

La segunda parte denominada “Justicia” se centra en el juicio que tiene lugar donde habiéndose identificado a los criminales, el abogado y amigo de Katia (Denis Moschitto) no logra convencer al juez de la causa para condenarlos; para el magistrado no existe evidencia concreta capaz de culpabilizarlos, a pesar de que el público no tiene duda alguna al respecto. El resultado del juicio conduce al segmento final, “El Mar”, donde Katia se traslada a un balneario de Grecia para tratar de implementar la venganza que tiene in mente; es aquí donde el guión del director escrito en colaboración con Hark Bohm se torna un tanto rebuscado.

A pesar de la objeción que merece el desenlace poco plausible, el film arroja un resultado positivo en la medida que el realizador logra transmitir el mensaje sobre la violencia que grupos extremistas de derecha infligen en Europa, donde en este caso las víctimas son los turcos viviendo en Alemania; es esa intolerancia que impacta al espectador y se encuentra muy bien expresada en los dos primeros segmentos del relato. Además, el film se valoriza con la excelente interpretación de Kruger, quien obtuvo el premio a la mejor actriz en el último festival de Cannes; su desempeño es realmente encomiable porque su personaje expresa con remarcable intensidad, más en gestos que en palabras, el derrotero emocional de una persona cuya vida ha quedado destrozada.

Karen Torres en ALIAS MARIA

Karen Torres en ALIAS MARIA

ALIAS MARÍA. Colombia-Argentina-Francia, 2015. Un film de José Luis Rugeles

Dentro del violento espectro político que polarizó a la sociedad colombiana a lo largo de varias décadas, Alias María aborda incidentalmente este tema donde hay algunos aspectos interesantes para destacar aunque el relato no resulte muy satisfactorio.

Sin una precisión geográfica del lugar donde exactamente transcurre, el director José Luis Rugeles valiéndose del guión de Diego Vivanco introduce a María (Karen Torres), una preadolescente de 13 años que forma parte de un grupo de guerrilleros izquierdistas de Colombia que luchan contra los paramilitares de derecha. Obediente, sin cuestionar ninguna de las órdenes que se le imparten, ella trata de camuflar su estado de embarazo de 4 meses donde el padre es uno de los comandantes (Carlos Clavijo) de la unidad; ese ocultamiento se debe al hecho de que las mujeres guerrilleras se encuentran obligadas a abortar si se hallan en tales condiciones y María desea a toda costa conservar al hijito que lleva en sus entrañas.

La intriga del relato se produce cuando María es asignada junto con otros tres guerrilleros, de los cuales uno de ellos es un niño (Erik Ruiz), la misión de transportar a un bebé recién nacido; el mismo que pertenece a otro comandante y una mujer guerrillera, deberá ser dejado en el hogar de una pareja de ancianos para que se ocupe del mismo. En esa travesía a través de la jungla colombiana es donde se genera el sentimiento de angustia y desazón del pequeño frente a un ambiente extremadamente hostil en donde permanentemente acechan los siniestros paramilitares que rondan la zona. Esa tensión producto del temor frente a lo inesperado unido a la circunstancia de que el embarazo de María se llegue a descubrir es lo más destacable del relato.

La mayor objeción al film es que los personajes están mínimamente caracterizados; así tanto María como los restantes de esta historia constituyen una incógnita para el espectador al no haber referencia alguna a sus vidas personales, cómo también se desconoce cómo han sido reclutados y sus motivaciones. A lo anterior, se agrega la existencia de algunos flojos diálogos dentro del marco de un relato cuya narración no muy convincente le resta solidez dramática, a pesar de su tema.

La buena participación de la mayoría de los actores no profesionales, así como la inquieta cámara móvil de Sergio Iván Castaño son elementos que elevan el nivel de esta historia dando como resultado un film que puede verse aunque sin llegar a repercutir demasiado.

Adel Karam y Kamel El Basha en L'INSULT

Adel Karam y Kamel El Basha en L’INSULT

L’INSULT. Líbano-Francia, 2017. Un film de Ziad Doueiri

Con antecedentes de importantes filmes realizados   como West Beirut (1998), Lila Says (04) y The Attack (2012), el prestigioso director libanés Ziad Doueiri retorna con L’Insult donde ofrece un drama político de excelente nivel; merecidamente ha sido nominado como uno de los cinco títulos candidatos al mejor film extranjero de lengua no inglesa en la próxima entrega de los premios de Hollywood.

El relato de ficción concebido por Doueiri y Joelle Touma transcurre en Beirut, quince años después de haber terminado en 1990 la guerra civil libanesa entre facciones cristianas, musulmanas y seculares. Allí se produce un incidente entre Yasser (Kamel El Basha), un respetado obrero de la construcción que es un refugiado palestino y musulmán, y Tony (Adel Karam), un residente cristiano dueño de un taller mecánico. Cuando éste último regando las plantas en el balcón de su casa moja a Yasser debido a una cañería ilegalmente instalada, se produce un altercado que asume dimensiones insospechadas. En un momento dado Tony le exige a Yasser que se disculpe ante él; al no lograrlo, le manifiesta que hubiese deseado que Ariel Sharon -primer ministro de Israel- hubiese eliminado del mapa a los palestinos; ese descabellado insulto impulsa a Yasser a atacar físicamente a su contrincante rompiéndole algunas costillas. De allí en más la disputa inicial origina una bola de nieve que adquiere amplia repercusión pública, renaciendo de este modo las heridas subyacentes tanto en la población palestina refugiada en el país como en los libaneses cristianos.

El espectador asiste a un denso drama alegórico sobre la justicia y el honor mancillado, demostrando cómo los tratados de paz que ponen fin a un conflicto bélico muchas veces no alcanzan a cicatrizar resentimientos existentes entre grupos de diferente fe religiosa.

Muy bien realizado, el film cuenta con dos estupendas actuaciones protagónicas; así, tanto El Basha -quien obtuvo el premio al mejor actor en el Festival de Venecia de 2017- como Karam, convincentemente transmiten el marcado antagonismo de sus personajes; en papeles secundarios igualmente se lucen Rita Hayek, Christine Choueiri, Diamand Bou Abboud, Julia Kassar y Camille Salameh.

En conclusión, el público tiene la oportunidad de apreciar un meritorio film que sigue impresionando largo tiempo después de haber finalizado su proyección.