HABLEMOS DE CINE

Cine Columnistas Hablemos de Cine Mar 16, 2018 at 1:35 am
Nick Robinson en LOVE, SIMON

Nick Robinson en LOVE, SIMON

Por Jorge Gutman

Fresco aún con el Oscar que recibió Una Mujer Fantástica a la mejor película extranjera, como así también Call Me by Your Name por el mejor guión adaptado, llega ahora Love Simon, otra película abordando la orientación sexual diferente. El realizador Greg Berlanti narra las peripecias de un adolescente homosexual en procura de amor y comprensión; la forma sensible de la narración permite que esta romántica historia esté dirigida a todo tipo de público y no limitada únicamente a los espectadores de la comunidad gay.

Berlanti valiéndose de la adaptación realizada por Elizabeth Berger e Isaac Aptaker de la novela de Becky Albertalli Simon vs. The Homo Sapiens Agenda, presenta a Simon (Nick Robinson) de 17 años de edad que vive con sus padres (Jennifer Garner y Josh Duhamel) y su hermana menor (Talitha Bateman) en un afluente suburbio de Atlanta. A pesar de que desde los 13 años notó que se sentía atraído por las personas de su mismo sexo se ha cuidado muy bien de no revelar ese hecho a su acogedor núcleo familiar como tampoco a sus compañeros de escuela, entre ellos Nick (Jorge Lendeborg Jr.), Leah (Katherine Langford) y Abby (Alexandra Shipp).

El relato cobra vuelo cuando Simon a través del correo electrónico entra en contacto con otro estudiante de su misma condición sexual. Ocultando su verdadero nombre, Simon con el seudónimo de “Jacques” se comunica con el desconocido “Blue” (Keiynan Lonsdale) y a medida que transcurren los días va surgiendo entre ellos un afecto que deviene en un gran vínculo romántico de carácter virtual. El asunto se complica, cuando Simon, en un descuido, deja olvidado en la biblioteca de la escuela su teléfono inteligente y Martin (Logan Miller), uno de sus compañeros, lo encuentra; al revisar su contenido descubre su secreto y amenaza a Simon de revelarlo en las redes sociales. Queda para el espectador descubrir   la continuación de esta historia en donde hasta el final de la misma quedará la incógnita de saber quién es “Blue” y qué es lo que impulsará a Simon a “salir del armario”.

El título del film hace justicia a su héroe; gracias a la excelente personificación de Robinson, es imposible quedar indiferente a la inmensa ternura que emana de Simon como así también comprender la dificultad emocional que ese adolescente ha vivido durante cuatro años reprimiendo sus auténticos sentimientos.

La delicadeza, sobriedad y el buen tacto del director permite que sin manipulación alguna se presencie una historia realista muy emotiva que además está nutrida de un sano humor en buena parte de la misma y enriquecida por la notable banda sonora de Rob Simonsen. Además del noble contenido humano que trasunta el relato es elogiable su aleccionador mensaje de tolerancia al rechazar cualquier tipo de discriminación en materia de orientación sexual. Finalmente, resulta contagioso   el positivo optimismo de su desenlace que constituye un hermoso canto a la vida.

A SYRIAN FAMILY. Bélgica-Francia-Líbano, 2017. Un film escrito y dirigido por Philippe Van Leeuw

Juliette Navis y Hiam Abbass en A SYRIAN FAMILY

Juliette Navis y Hiam Abbass en A SYRIAN FAMILY

Un documento extremadamente desconsolador retratando la trágica realidad de Siria a través de una familia que vive en medio de la guerra civil que aflige al país es lo que se aprecia en A Syrian Family.

En un guión que le pertenece, el realizador Philippe Van Leeuw ubica la acción durante el transcurso de un único día en un amplio departamento de Damasco. La dueña de casa es Oum Yazan (Hiam Abbass) quien tiene a su cargo a su hijo Yazan (Mohammad Jihad Sleik), las dos hijas Yara (Alissar Kaghadou) y Aliya (Ninar Halabi), su suegro Mustafa (Mohsen Abbas) y la empleada doméstica Delhani (Juliette Navis); igualmente Oum ha ofrecido alojamiento a una joven pareja integrada por Halima (Diammand Bou Abboud) y su marido Selim (Moustapha Al Kar) quienes planean partir esa noche para Líbano con su bebe de pocos días.

El primer momento dramático se produce cuando Selim sale al exterior con el propósito de efectuar los arreglos del viaje e inmediatamente es atacado en el patio del edificio por un francotirador que lo derrumba. Delhani, que observa esa escena por la ventana, se siente impedida de ir a socorrerlo porque su patrona le indica que de hacerlo pondrá en peligro su vida; ese grave incidente, con el conflicto moral que implica dejar a Selim a la intemperie sin saber si está muerto o gravemente herido, le es ocultado a Halima.

El resto de la jornada transcurre en un clima de candente terror; pese a que la puerta de la unidad habitacional está cerrada con llave y además bloqueada con dos macizas tablas de madera, el vuelo de los helicópteros, los tiroteos que se suceden y el bombardeo que sacude a la ciudad crean en sus moradores un clima angustiante. Además el relato presenta una tensión inusitada cuando dos hombres armados penetran al departamento, donde todos logran esconderse en la cocina, con excepción de Halima quien es despiadadamente castigada y violada.

Si bien el director cuida el detalle de que los momentos violentos se produzcan fuera de cámara eso no impide para que el espectador se sienta fuertemente sacudido frente a lo que está aconteciendo. La esmerada dirección de Van Leeuw cuenta con el gran apoyo brindado por la fotografía de Virginie Surdej quien en el reducido espacio donde transcurren los hechos va captando en primer plano los rostros de los personajes expresando la zozobra de sentirse atrapados en un callejón sin salida.

La interpretación del elenco es inobjetable; todos y cada uno de los intérpretes están sumergidos por completo en el drama que viven sus personajes al punto tal que el film más se asemeja a un documental que a un relato de ficción. Dentro del reparto se distingue Abbass, quien infunde la tenacidad y firmeza de la matriarca del hogar frente a los momentos angustiantes vividos: igualmente sobresale Habboud transmitiendo su desesperación frente al asalto sexual de la que es objeto como así también es digno de resaltar la sutileza demostrada por Navis en la composición de su personaje.

THOROUGHBRED. Estados Unidos, 2017. Un film escrito y dirigido por Corey Finley

Anya Taylor-Joy y Olivia Cooke en THOROUGHBRED

Anya Taylor-Joy y Olivia Cooke en THOROUGHBRED

 

En su debut como realizador Corey Finley ha adaptado para el cine su obra teatral Thoroughbred logrando un film intrigante que aunque no completamente logrado, llega a satisfacer.

Olivia Cooke y Anya Taylor-Joy animan a las adolescentes Amanda y Lily respectivamente, dos antiguas amigas viviendo en un barrio residencial suburbano de Connecticut que hace tiempo que no se habían frecuentado. En la primera escena se contempla a Amanda quien en posesión de un cuchillo mata al caballo de su familia en un acto de violencia no expuesto en la pantalla; queda posteriormente en claro que se trata de una joven no del todo mentalmente normal que, según parece, padece   de un desorden de personalidad que le impide reflejar sus emociones.

El encuentro de las jóvenes se produce cuando Amanda llega a la mansión de Lily a fin de que su anfitriona la prepare para pasar los exámenes. La inicial tensión existente entre ambas cede paso a una curiosa relación cuando Lily es capaz de penetrar en la oscura psiquis de Amanda y ésta se siente apreciada al no juzgar su extraña conducta. Esa conexión se intensifica cuando Amanda constata que el lujo y confort que Lily y su madre viuda (Francie Swift) gozan en la lujosa residencia en que viven es debido al apoyo financiero de su padrastro Mark (Paul Sparks); en la medida que este hombre de actitud arrogante y displicente es fuertemente odiado por Lily, Amanda le sugiere que matarlo sería la mejor solución.

Para implementar la idea es preciso encontrar a un tercero dispuesto a ejecutar el crimen; es así que aparece en escena Tim (Anton Yelchin), un ex traficante de drogas que ha estado en prisión y que ahora es chantajeado por las jóvenes para que acepte la nefasta tarea.

La intrigante premisa tiene como antecedente a similares thrillers psicológicos como Strangers on a Train (1951) de Alfred Hitchcock, Les diaboliques (1955) de Henri Georges Clouzot, o bien Heavenly Creatures (1994) de Peter Jackson donde precisamente dos íntimas amigas también adolescentes tratan de deshacerse de la madre de una de ellas. Pero hasta allí llegan las comparaciones porque en tanto que las películas mencionadas están excelentemente cohesionadas y son verdaderos clásicos del cine, la historia aquí planteada no alcanza a lograr una satisfactoria resolución. Otro reparo es la estridente banda sonora que a manera de percusión resalta cada uno de los momentos tensos del relato pero que en última instancia llega a molestar.

Las observaciones apuntadas no desmerecen la acertada dirección de Finley, sobre todo en la primera mitad de este drama amoral al haber creado un clima mórbido fascinante que en gran parte se valoriza por la relevante actuación de Cooke y Taylor-Joy en sus respectivos personajes. Igualmente meritoria es la participación de Yelchin a quien el film le es dedicado por haber fallecido durante el rodaje del mismo.

GRINGO. Estados Unidos, 2018. Un film de Nash Edgerton

David Oyelowo, Charlilze Theron  y Joel Edgerton en GRINGO

David Oyelowo, Charlilze Theron y Joel Edgerton en GRINGO

 

Un film mediocremente concebido debido a un flojo guión elaborado de Anthony Tambakis y Matthew es lo que se contempla en Gringo. La trama gira en torno de Harold (David Oyelowo), un inmigrante nigeriano que trabaja como ejecutivo en una compañía farmacéutica de Chicago dirigida por Elaine (Charlize Theron) y su amante Richard (Joel Edgerton), su amigo de la universidad. Cuando él es enviado a México en un viaje de negocios descubre que sus patrones tratan de fusionar la compañía con otra empresa competidora del país azteca y eliminar su puesto. Dispuesto a vengarse de ambos y sobre todo al enterarse que su esposa (Thandie Newton) lo engaña con Richard, Harold simula haber sido secuestrado y pide a su compañía que desembolse 5 millones de dólares pedidos por los supuestos secuestradores para que sea liberado y de este modo quedarse con el dinero del rescate; naturalmente, nada resultará como estaba planeado y para justificar la extensión del film, se asiste a inverosímiles vueltas de tuerca que de ningún modo alcanzan para generar una intriga aceptable.

Dicho lo que precede, el realizador no puede disimular las falencias del libreto donde a través de numerosos y artificiosos giros pretende crear una intriga que no llega a cuajar. La situación no mejora cuando aparece en la trama el ex mercenario hermano de Richard (Sharito Copley), cuya participación no llega a justificarse. Paralelamente, el guión introduce otra historia muy poco desarrollada referida a Sunny (Amanda Seyfried), una empleada de un negocio, quien es inducida a viajar a México por su amigo (Harry Treadway) que  es una “mula” de narcotráfico; allí, a través de forzadas “coincidencias” Sunny llegará a vincularse con Harold.

Además de personajes unidimensionales carentes de atracción, el relato que transcurre prácticamente en México no escatima en presentar estereotipos que dejan bastante que desear acerca de la gente de este país.

Con personajes unidimensionales y sin que la dirección de Nash Edgerton llegue a distinguirse, cabe lamentar que buenos actores como Oyelowo, Theron y Seyfried hayan desperdiciado su talento en aras de esta olvidable comedia de acción.