Un libro de Bob Woodward dibuja la Administración de Trump como un “manicomio”

Mundo Noticias Sep 5, 2018 at 9:50 am
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

La Casa Blanca está nerviosa. La próxima semana se publica un libro sobre lo que ha ocurrido detrás de sus paredes desde que llegó Donald Trump al poder.  No es esta otra publicación con anécdotas sobre cuánta televisión consume el mandatario o su irascibilidad con los funcionariosFear: Trump in the White House (Miedo:Trump en la Casa Blanca) es un trabajo del dos veces ganador del Pulitzer, Bob Woodward. El periodista relata que el mandatario habló de matar al líder sirio Bachar el Asad o que ha calificado de “retrasado mental” al fiscal general Jeff Sessions. La difusión de algunos extractos por The Washington Postdesató críticas y desmentidos de Trump y de varios de los aludidos. Por si faltara morbo, el Post publicó una conversación entre el presidente y el autor, mantenida hace un par de semanas. “Tú siempre has sido justo”, le dijo el presidente antes de leer la publicación.

Woodward, reportero de The Washington Post, se hizo un nombre al sacar a la luz el escándalo del Watergate, que terminó con la renuncia del presidente Richard Nixon en 1974. Se le considera el mejor periodista de su generación. Para la investigación sobre Trump empleó cientos de horas en entrevistas anónimas, que ha utilizado para bordar un retrato del presidente que ha puesto nerviosa a la Casa Blanca.

 Hay un patrón de conducta que Woodward bautizó como “golpe de Estado administrativo”. Se refiere a que los asesores más próximos al presidente le han ocultado textos por temor a que los firme y desate una catástrofe. El periodista mantiene en su libro que Gary Cohn, exasesor económico de Trump, robó un documento del escritorio del presidente que este tenía  intención de firmar para retirar formalmente a Estados Unidos de un acuerdo comercial con Corea del Sur. Cohn le dijo a un funcionario que lo había hecho para proteger la seguridad nacional y que el magnate republicano nunca se dio cuenta de que ya no estaba. En otra ocasión, el presidente quería que el país abandonara el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC, en sus siglas en inglés) y le dijo al entonces secretario de personal Rob Porter que redactara la misiva para llevar el plan a cabo. Porter redactó una carta , pero le consultó a Cohn qué hacer. Este le respondió: “Puedo detener esto. Tomaré el periódico de su escritorio”.

La seguridad es una constante preocupación en la cúpula de la Casa Blanca. El libro narra una reunión del Consejo de Seguridad Nacional en enero, en la que Trump cuestionó la presencia militar en la península coreana, incluida una operación de inteligencia especial que permite a EE UU detectar un lanzamiento de misiles norcoreanos en siete segundos -siempre según lo que publica Woodward-. Ante las dudas del mandatario por el derroche de dinero, el Secretario de Defensa, Jim Mattis, le respondió: “Estamos haciendo esto para prevenir la Tercera Guerra Mundial”. Tras el encuentro, Mattis le dijo a los colaboradores cercanos que el presidente actuó y entendió como “un alumno de quinto o sexto grado”.

El Secretario de Defensa también se vio en apuros cuando el líder sirio Bachar el Asad lanzó un ataque químico contra civiles en abril de 2017. Trump lo llamó y le dijo que quería asesinar al dictador: “¡Vamos a matarlo! Entremos. Vamos a matar a todos esos malditos”. Tras colgar el teléfono dijo a sus compañeros: “No vamos a hacer nada de eso”. Mattis desmintió rápido esta anécdota afirmando que “las despectivas palabras” sobre el presidente que se le atribuyen “nunca fueron pronunciadas” por él. “Aunque generalmente disfruto leyendo ficción, esta es una marca de literatura única de Washington, y sus fuentes anónimas no le dan credibilidad”.

A través del texto, se deja ver que el jefe de Gabinete de la Casa Blanca, John F. Kelly, pierde frecuentemente los estribos. Woodward escribe que ha dicho que el presidente está “desquiciado” y que “es un idiota”. “No tiene sentido tratar de convencerlo de nada. Él se ha salido de las vías. Estamos en una crazytown(manicomio). Ni siquiera sé por qué alguno de nosotros está aquí. Este es el peor trabajo que he tenido”, dijo en una pequeña reunión. El libro aún no llega a las librerías y el jefe de Gabinete ya ha desmentido este episodio. “La idea de que alguna vez llamé idiota al presidente no es verdad (…) Este es otro intento patético de difamar a las personas cercanas al presidente Trump y distraer la atención de los muchos éxitos de la administración”, declaró Kelly.

Pero sus cercanos no eran los únicos que insultaban, según la investigación. Al fiscal general Jeff Sessions, por quien Trump siente una enemistad pública y notoria lo llamó “retrasado mental”. “Él es este tonto sureño (dijo imitando su acento) Ni siquiera podía ser un abogado de una sola persona en Alabama”, sentenció el presidente en un encuentro con Porter.

La portavoz de la Casa Blanca, Sara Sanders, sostuvo este martes que el libro “no es más que historias inventadas, muchas de antiguos empleados descontentos que hablan para lograr que el presidente quede mal”. Para salir del paso sobre la batería de anécdotas contadas, Sanders reconoció que Trump “a veces no es convencional, pero siempre obtiene resultados”. El mismo mensaje que le intentó traspasar el mandatario cuando llamó al reportero el 13 de agosto. Le dijo que “lamentaba mucho” que “nadie” le haya traspasado su interés en entrevistarlo porque a él le habría “encantado participar”, según una transcripción de la llamada a la que tuvo acceso CNN.

Bob Woodward: El senador Graham dijo que había hablado con usted para que conversáramos. Ahora, ¿no es cierto?

Donald Trump: Es verdad que el senador Graham lo mencionó rápidamente en una reunión.

Woodward: Sí. Bueno. Y luego no pasó nada.

Trump: Eso es verdad. Eso es verdad. Bueno, eso… no, pero eso es verdad. Lo mencionó rápidamente, no como, ya sabes, y seguramente habría pensado que tal vez habrías llamado a la oficina…

La conversación duró 11 minutos. Tiempo suficiente para que Woodward le advirtiera de que el libro de 448 páginas que se publicará el 11 de septiembre es “una mirada dura al mundo, a tu Administración y a ti”. Pero Trump no estaba ni cerca de asimilar lo que se avecinaba y así lo demostró este martes tras conocerse algunos episodios. El mandatario lanzó una batería de tuits con la intención de fulminar la publicación. Adjuntó el desmentido de Mattis, Kelly y de la Casa Blanca, para después concluir con el propio: “Sus citas son fraudulentas, es una estafa para el público. Igual que otras historias y citas”. Finalmente, se terminó preguntando si Woodward era un operativo demócrata.

LA PARANOIA DE LA TRAMA RUSA

Es 5 de marzo y la investigación sobre los posibles vínculos entre el personal de su campaña y Rusia acorrala al mandatario. El presidente quiere testificar ante el fiscal especial Robert Mueller para demostrar que no tiene nada que esconder. En la vereda opuesta, sus abogados John Down y Jay Sekulow le quieren demostrar a él que eso no es así por lo que preparan un segundo simulacro de lo que sería el interrogatorio -en enero ya habían hecho uno-. Trump no salió bien parado del juego y terminó calificando las pesquisas de “un maldito engaño”. Down describió la situación como una “completa pesadilla” en la que el mandatario se comportó como un “rey de Shakespeare agraviado”.

Mueller le dijo a los abogados que necesitaba el testimonio del mandatario para conocer sus intenciones en el despido de James Comey, el exdirector del FBI. Down le confesó que era imposible porque no quería que Trump “pareciera un idiota” y avergonzar a la nación en el escenario mundial. Al multimillonario le dio un consejo: “No testifique. Es eso o un mono naranja” (en alusión a la cárcel). Pero este no lo escuchó y continuó afirmando que le encantaría cooperar con Mueller. El 22 de marzo, Down renunció. La primera historia sobre la relación del equipo legal del presidente con el fiscal especial es parte de lo que narra Woodward en su libro.