Todo por el pueblo, pero contra el pueblo

Latinoamérica Noticias Oct 8, 2018 at 10:58 am

1538840590_910364_1538881760_noticia_normal_recorte1La premisa es la supuesta construcción de pueblo, la consecuencia es la destrucción de una sociedad que, después de casi 20 años de chavismo, está al borde del precipicio. ¿Qué le ha pasado a Venezuela? “Siempre hay muchas causas, pero aquí la causa fundamental es que, en un momento dado de su historia, Venezuela desesperó de la democracia y puso todo el poder, el poder absoluto en manos de una sola persona”. Con estas palabras, el historiador mexicano Enrique Krauze comienza una indagación sobre las raíces del auge y la deriva del régimen, primero de Hugo Chávez y ahora de Nicolás Maduro, en el documental El pueblo soy yo. Venezuela en populismo.

 El filme, producido por Krauze y dirigido por el venezolano Carlos Oteyza, repasa la historia reciente del país desde el intento de golpe de Estado de 1992 y sigue el desarrollo de la figura de Chávez hasta su muerte, en 2013, cuando las riendas de su proyecto pasaron a manos de Maduro y se aceleró el declive. El análisis, sostenido por las voces de sociólogos, economistas, politólogos e intelectuales, pone el foco sobre los estragos del populismo, la relación con Cuba y el castrismo, la militarización, la censura, las redes clientelares disfrazadas de ayudas sociales o la aniquilación de los adversarios.

En medio queda una gestión que, a pesar del desastre económico, trató de instalar la idea de que no existe alternativa. Patria, socialismo o muerte, eslogan del expresidente, se convierte en Constituyente o muerte de su sucesor. El pueblo soy yo, que se estrenó esta semana coincidiendo con el lanzamiento en España del libro del mismo nombre, se centra en el detonante ideológico de la crisis, aunque no olvida algunas de las consecuencias del ejercicio del poder, del desabastecimiento al éxodo.

Más de dos millones de personas, según Naciones Unidas, han huido de Venezuela en busca de oportunidades en la última oleada. Las autoridades no solo niegan la emergencia migratoria, sino que escenifican repatriaciones colectivas, convenientemente televisadas, para tratar de sortear las presiones internacionales. Otra falacia oficial que quizá, como recuerda el escritor Alberto Barrera, tiene su antecedente en la primera mentira política de Hugo Chávez, cuando ocultó a sus soldados, ese 4 de febrero de 1992, que iban a asaltar la residencia presidencial.