HABLEMOS DE CINE

Cine Columnistas Hablemos de Cine Nov 16, 2018 at 1:10 am
Viola Davis en WIDOWS

Viola Davis en WIDOWS

Por Jorge Gutman 

WIDOWS. Estados Unidos, 2018. Un film de Steve McQueen

 

El director británico Steve McQueen, cuya película 12 Years A of Slave obtuvo en 2014 el Oscar al mejor film, se ha caracterizado por ahondar en problemas psicológicos y/o dramas sociales. Con Widows cambia completamente de género ofreciendo un thriller liviano que resulta efectivo por la manera eficaz en que lo ha abordado.

El guión del realizador escrito con Gillian Flynn ha sido adaptado de una popular serie televisiva británica de 1983. Su tema se centra en un trío de decididas mujeres determinadas a lograr lo que se han propuesto debido a las circunstancias que el destino les impuso.

La acción transcurre en Chicago donde Viola Davis anima a Veronica, una mujer de mediana edad que vive confortablemente gracias al dinero procurado por las actividades delictivas de Harry (Lee Nelson), su marido. Cuando éste junto a sus dos cómplices participan en un robo donde nada resulta como estaba planeado, los tres delincuentes terminan muertos.

Simultáneamente el relato describe el ambiente de corrupción política prevaleciente en Chicago en torno a la elección de un alcalde. Uno de los candidatos deshonestos es Jack Mulligan (Colin Farrell), que espera heredar el puesto de su padre Tom (Robert Duvall) quien deja el cargo por motivos de salud; su rival es Jamal Manning (Brian Tyree Henry), un venal individuo que perdió su dinero en la operación fracasada donde murió Harry.

Las dos historias se entrelazan cuando Manning junto con su villano hermano (Daniel Kaluuya) presionan a la apenada Veronica para que le devuelva la abultada suma desaparecida en el frustrado asalto, dinero que ella no dispone. En consecuencia, valiéndose de un cuaderno de anotaciones de Harry donde se registran los sobornos y pasos a seguir para robos futuros donde Mulligan y Manning, están implicados, Veronica reúne a las otras dos viudas (Michelle Rodrigue y Elizabeth Debicki) y a una peluquera (Cynthia Erivo) convertida en chofer; el propósito es el de llevar a cabo un golpe maestro a fin de poder seguir disfrutando de la vida como hasta ese entonces.

Esta película podría ser considerada como la versión femenina de lo visto en la serie comenzada con Ocean 8, pero en todo caso McQueen es lo suficientemente hábil para otorgar a la trama su propio estilo. Así, a través de una narración dinámica el realizador imprime a este género un aire renovador con sorpresas inesperadas y situaciones que, a pesar de dejar algunos hilos sueltos, están bien resueltas; otro aspecto positivo es que el relato combina armoniosamente el drama con la comedia a través de un humor bien sazonado.

Lo que más trasciende de esta historia es el empoderamiento femenino donde se evidencia que el sexo débil puede competir exitosamente en un mundo dominado por el patriarcado; así, dentro de este marco, los personajes femeninos demuestran que son capaces de manejarse independientemente y de controlar sus propias vidas.

Si bien Viola Davis en el rol protagónico confirma una vez más que es una excelente actriz, el resto del elenco es igualmente irreprochable. En suma, queda como balance un film de entretenimiento superior que aunque no profundo el público sabrá apreciar.

Romain Duris en NOS BATAILLES

Romain Duris en NOS BATAILLES

NOS BATAILLES. Bélgica-Francia, 2018. Un film de Guillaume Senez

 

La responsabilidad laboral con la de la familia se entremezclan en Nos batailles, un drama humano del realizador Guillaume Senez.

El guión del director compartido con Raphaelle Desplechin presenta a Olivier (Romain Duris) un honesto y abnegado hombre que actúa como representante de sus colegas en la compañía de empaque donde trabaja. Su actividad habitual se ve alterada cuando Jean-Luc (Jeupeu), uno de los miembros del equipo que supervisa, será despedido porque la compañía cree que debido a su madura edad ya no reúne las condiciones físicas necesarias para mantenerse productivo; el resultado es que a pesar de los esfuerzos que Olivier realiza para que no prescindan de él, la empresa se mantiene firme en su decisión y como consecuencia del despido el hombre se suicida. Es allí que el trágico hecho produce en Olivier un sentimiento de culpa.

En su vida privada, él está casado con Laura (Lucie Debay), la cariñosa madre de Elliot (Basile Grunberger) de 8 años y de Rose (Lena Girard Voss) de 6 años. Todo marcha sobre rieles hasta el momento en que repentinamente Laura desaparece del hogar, en donde queda claro que su ausencia se debe a un abandono voluntario. Es allí donde Olivier se encuentra forzado a recomponer su vida como padre monoparental quien no cuenta con mucha experiencia para manejar la situación. Afortunadamente, en esta crisis familiar él cuenta con el apoyo de su hermana Betty (Laetitia Dosch) como así también de su madre Joelle (Dominique Valadié); con todo, esa ayuda no puede mantenerse indefinidamente y es así que este papá deberá adoptar alguna medida a fin de conciliar las obligaciones concernientes con sus dos hijos menores con las que emergen de su responsabilidad laboral.

Senez plantea el problema sin juzgar a sus personajes y dentro del esquema en que se desenvuelve la narración, resulta fácil solidarizarse con el personaje central; en este particular caso es el hombre y no la mujer quien tiene que lograr el equilibrio emocional necesario para enfrentar la lucha a la que se está expuesto frente a acontecimientos imposibles de prever. La única objeción que merece el film es el de haber presentado el personaje de Laura como una persona agraciada de buenos sentimientos y feliz con su marido e hijos que, sin justificación alguna, deja abruptamente su hogar.

Además de la sobria realización de Senez el film se destaca por el excelente desempeño de Duris en el rol protagónico, como así también por el plantel femenino integrado por Dosch, Debay, Valadié y Laure Calamy animando a la colega de trabajo de Olivier. Esencialmente, este drama realista encuentra eco en el ánimo del espectador.

Nicole Kidman y Lucas Hedges en BOY ERASED

Nicole Kidman y Lucas Hedges en BOY ERASED

BOY ERASED

A escasos tres meses de haber juzgado el delicado drama The Miseducation of Cameron Post el espectador se encuentra con otro buen film que versa sobre las actividades desplegadas por algunos organismos que creen que la homosexualidad no es algo innato sino que se adquiere por elección. La diferencia que se aprecia en Boy Erased es que lo que el director Joel Edgerton -igualmente uno de los actores del film- relata en su guión magníficamente construido está basado en un caso real que Garrard Conley vuelca en su memoria de igual título publicada en 2016.

Puede que para algún sector del público el filme le resulte demasiado contenido sin exteriorizar por completo la emoción de sus personajes; con todo esa aproximación avizorada por el realizador le otorga la fuerza necesaria para que lo expuesto sea apreciado en su verdadera dimensión sin necesidad de cargar las tintas.

El relato transcurre en 2004, donde Jared (Lucas Hedges), un joven estudiante de Arkansas que pertenece a una querida familia de clase media, cree que es gay. Teniendo en cuenta que su padre Marshall (Russell Crowe) es un respetado pastor bautista y que su venerable madre Nancy (Nicole Kidman) es una religiosa devota, ellos lo envían a un centro de conversión terapéutica que es liderado por Victor Sykes (Edgerton); la cura, si así puede llamársela, consiste en que el paciente admita que la orientación sexual diferente se adquiere de la misma manera como se aprende a ser un buen deportista. El relato ilustra el proceso de adoctrinamiento que involucra confesiones que convincentemente bordean lo ridículo y la manera en que los jóvenes participantes reaccionan a este programa, donde algunos se acoplan al mismo en tanto que otros tratan de resistirlo; más sorprendente es comprobar cómo algunos de ellos son abusados por sus consejeros.

Tanto el centro de curación sexual como el ambiente escolar homofóbico donde Jared se desenvuelve están muy bien descriptos y vigorizados por la impecable contribución de los actores brindando una textura de veracidad al descorazonador drama.

Resulta impredecible aventurar si este sobrio film puede alterar el panorama existente con respecto al tema enfocado, pero en todo caso es encomiable la labor del realizador reflejando la franqueza y sinceridad que Conley expone en su memoria.

Afortunadamente, cabe destacar que varias organizaciones científicas y médicas de Estados Unidos se han pronunciado manifestado sus preocupaciones en torno a los programas terapéuticos de conversión sexual que existen en algunos de los estados americanos advirtiendo que además de no ser efectivos pueden resultar dañinos.

Una escena de LE GRAND BAIN

Una escena de LE GRAND BAIN

 

LE GRAND BAIN / SINK OR SWIM. Francia-Bélgica, 2018. Un film de Gilles Lelouche

 

Aplicando los ingredientes que integran la fórmula de un film complaciente, el conocido actor Gilles Lelouche se ubica detrás de la cámara para brindar Le grand bain, una comedia que utiliza como excusa el malestar anímico que en muchos casos alienta a la gente de mediana edad.

En las primeras escenas se contempla a Bertrand (Mathieu Amalric), un hombre desempleado desde hace dos años que trata de atenuar su depresión con antidepresivos a la vez que su querida esposa Claire (Marina Fois) procura apoyarlo emocionalmente.

Cuando circunstancialmente él se entera que la piscina municipal está reclutando nuevos miembros para integrar un grupo masculino de nadadores amateurs para la práctica de natación sincronizada, inmediatamente se inscribe en ese curso. En ese escenario conoce a sus compañeros de equipo de edad similar donde cada uno de los mismos experimenta dificultades de diferente naturaleza. Entre ellos se encuentra Laurent (Guillaume Canet), un gerente de fábrica que tiene que lidiar con problemas de familia; Marcus (Benoit Poelvoorde), cuya empresa comercial está al borde de la quiebra; Simon (Jean-Hugues Anglade), un roquero en decadencia, y el gentil Thierry (Philippe Katerine) quien en su infancia atravesó momentos pocos gratos; el equipo se completa con Avanish (Balasingham Tamilchelva), Basile (Alban Ivanov) y John (Félix Moati).

Recibiendo las instrucciones de la tolerante entrenadora Delphine (Virginie Efira), una ex campeona, estos aprendices deportistas comienzan su práctica acuática; si bien en un principio los progresos no resultan fructíferos, la situación cambia cuando se incorpora como entrenadora la disciplinaria Amanda (Leila Bekhri) quien junto con Delphine logran resultados positivos del equipo. A todo ello, el diario encuentro y el intercambio entre los nadadores permiten cimentar un sentimiento de camaradería y solidaridad, capaz de elevar el estado anímico de los mismos.

A fin de dotar mayor brío a la historia, el relato introduce el infaltable elemento de un torneo internacional. Así al equipo le será ofrecido la posibilidad de competir en el Campeonato Mundial de Natación Sincronizada que tendrá lugar en Noruega; a partir de allí lo que continúa es completamente predecible donde no es necesario ser muy avezado para saber cuál será el resultado de esta competencia.

Si bien el argumento no ofrece mayores sorpresas, queda claro el mensaje de que el deporte y la amistad son capaces de actuar como un antídoto terapéutico capaz de eliminar las crisis emocionales. Los rasgos distintivos del film descansan en su buen elenco, con especial referencia a Canet y Amalric quienes por sus roles tienen mayor oportunidad de lucirse; no menos importante son algunos momentos de emotividad como el que trasunta Anglade en la relación que su personaje mantiene con su hija adolescente (Noée Abita) A ello cabe agregar una escena que los nostálgicos del dorado período de Hollywood apreciarán viendo a la inolvidable actriz Esther Williams quien como experta en natación sincronizada fue merecidamente considerada “la reina del mar”

En líneas generales, este ballet acuático masculino, convencionalmente realizado, satisfará a un público que no siendo muy exigente desee pasar un rato entretenido.