HABLEMOS DE CINE

Cine Columnistas Hablemos de Cine Dec 14, 2018 at 1:10 am
Yalitza Aparicio en ROMA

Yalitza Aparicio en ROMA

Por Jorge Gutman 

ROMA. México-Estados Unidos, 2018. Un film escrito y dirigido por Alfonso Cuarón

 

Después de Gravity (2013) que deleitó al público en su exploración del espacio, el talentoso Alfonso Cuarón demuestra su indiscutible dominio de realizador superándose asimismo con Roma, una obra maestra del cine que legítimamente fue premiada con el León de Oro en el Festival de Venecia. Afortunadamente, su productora Netflix -que brinda un streaming de películas exclusivamente para sus abonados a través del internet- ha decidido que el film pueda también ser exhibido en las salas de cine.

En un impecable guión que le pertenece de carácter parcialmente autobiográfico, Cuarón considera su infancia entre 1970 y 1971 rindiendo un cálido tributo a dos personas que gravitaron en su vida como lo han sido su madre y su nana.

Rara vez se ha dado el caso de que alguien no profesional haga su debut en la actuación ofreciendo una interpretación magistral; esa situación se produce con Yalitza Aparicio quien caracteriza a Cleo, una humilde mujer que se desempeña en la doble tarea de empleada doméstica y nana de 4 niños -tres varones y una nena- para una familia de clase media en Ciudad de México, más específicamente en el barrio Roma donde Cuarón fue criado. Trabajando de sol a sol, ella encuentra sosiego en su compañera de trabajo Adela (Nancy García) y en su enamorado Fermín (Jorge Antonio Guerrero), un fanático de las artes marciales quien en un momento dado no quiere saber más de ella dejándola embarazada. Otro abandono se produce cuando Antonio (Fernando Adriaga), el jefe del hogar, repentinamente parte al exterior dejando a su esposa Sofía (Marina de Tavira) en un estado de tristeza, convirtiéndose de ese modo en madre monoparental.

Con una maravillosa fotografía en blanco y negro de la cual Cuarón es igualmente responsable y adoptando un estilo que en parte se asocia al del cine neorrealista italiano de la década del 40, filmando en 65 milímetros narra una historia íntima reflejando variados aspectos que acuden a su mente. Así frente a una vibrante ciudad de aquel entonces, ilustra la vida callejera, su gente, sus fiestas, su colorida música a través de una banda de instrumentistas, un palacio de cine donde fumar en su interior no está prohibido, la tragedia de un terremoto y la dramática recreación de la matanza del jueves de Corpus Christi de 1971 donde tropas paramilitares avasallaron violentamente una manifestación estudiantil. Asimismo, el cineasta no deja de lado sus observaciones acerca del pronunciado machismo, la desigualdad social y el marcado racismo existente.

Emocionalmente, lo más conmovedor es contemplar la nobleza de Cleo, la dócil criada indígena que tardíamente recibirá el agradecimiento merecido de Sofía cuando sin saber nadar salva a dos de los niños de morir ahogados en el mar. En tal sentido, el director la resalta mostrando cómo esa callada y sumisa mujer adquiere la grandeza de una admirable y valiente heroína.

Basado más en situaciones que en el desarrollo de una convencional trama argumental, Roma constituye una lección de cine; sencillamente sublime, es un film de imprescindible visión que sin duda se convertirá en un clásico de la cinematografía universal.

Olivia Colman en THE FAVOURITE

Olivia Colman en THE FAVOURITE

 

THE FAVOURITE. Gran Bretaña, Irlanda, Estados Unidos, 2018. Un film de Yorgos Lanthimos

 

Por primera vez el director griego Yorgos Lanthimos aborda un film de época enfocándolo en el reinado de Anna, la última soberana de la casa de Estuardo que mantuvo su corona desde 1702 hasta su muerte en 1714. En todo caso, el director no tuvo como intención profundizar los vericuetos acaecidos durante ese período sino más bien ilustrar una sátira con pinceladas absurdas con el fin de establecer la relación de Anna (Olivia Colman) con dos mujeres que sucesivamente gozaron de sus favores.

Tal como está descripta en el guión de Deborah Davis y Tony McNamara, la reina es una mujer de extrema fragilidad, enferma de la gota y dueña de un carácter insoportable que la torna impredecible y capaz de estallar con frecuencia. Ella tiene como principal consejera y amiga a Lady Sarah Marlborough (Rachel Weisz); esta dama, cuyo marido Lord Marlborough (Mark Gatiss) es el comandante de la armada británica, sabe muy bien cómo aprovecharse de la mercurial reina adoptando decisiones más allá de las que teóricamente le corresponden; asimismo esa tarea no excluye satisfacer sexualmente a Su Majestad en sus inclinaciones lesbianas. La rutina normal se ve alterada cuando arriba al palacio Abigail Masham (Emma Stone), una prima de Sarah que no pertenece a la nobleza; ella es protegida por su pariente ocupándose de trabajos menores aunque no dejará de lado la oportunidad de lograr un acercamiento a la reina cuando le provee ciertas hierbas curativas; asimismo, también habrá de proporcionarle gratificación sexual. A medida que Abigail va ganando la simpatía de la monarca, Sarah va perdiendo su condición de favorita y obviamente eso conducirá a un enfrentamiento con su prima convertida ahora en su acérrima rival.

Lanthimos desestima la veracidad histórica de los acontecimientos y apenas roza en las implicancias políticas de la guerra que Inglaterra mantiene con Francia; en cambio opta por suministrar un relato mordaz a través de una dinámica centrada en el juego cruel establecido entre Abigail y Sarah en su relación con Anna; es a través de ese singular triángulo en donde se revela la complejidad femenina reflejando la inseguridad, vulnerabilidad y en general la gama emocional que envuelve la personalidad de sus personajes.

Más que en su trama, la importancia de esta comedia negra radica en las interpretaciones. Emma Stone se distingue por brindar autenticidad a la malevolencia y manipulación ejercida por Abigail, en tanto que Rachel Weisz convence plenamente como la persona responsable y autoritaria capaz de regir los destinos del reino en nombre de la reina. Con todo, quien se lleva las palmas es Olivia Colman descollando en la psicología de la histérica e indomable soberana que no es consciente de la manera en que es astutamente manejada por sus dos favoritas que aparentemente la quieren aunque más no fuera por sus personales intereses; por su brillante caracterización del personaje, ella fue galardonada con el premio a la mejor actriz en el festival de Venecia.

Aydin Doğu Demirkol en THE WILD PEAR TREE

Aydin Doğu Demirkol en THE WILD PEAR TREE

THE WILD PEAR TREE / LE POIRIER SAUVAGE. Turquía-Francia, 2018. Un film de Nuri Belge Ceylan.

 

Como en la mayor parte de su filmografía, el realizador turco Nuri Belge Ceylan vuelve a ofrecer en The Wild Pear Tree una obra densa de poco más de tres horas de duración que aunque fácilmente accesible, no obstante requiere la concentración total del espectador para captar su riqueza inspirada en gran parte en las obras de Chejov.

El protagonista del relato es Sinan (Aydin DoğuDemirkol), un joven universitario recientemente graduado en literatura que retorna a su aldea natal de Canakkale, cerca de la antigua ciudad de Troy, con la intención de buscar una vía posible para la publicación de su primera obra El Peral Salvaje que da título al film. El encuentro con su familia dista de ser excitante; por una parte su padre Idris (Murat Cemcir), un profesor de escuela adicto compulsivamente al juego, se encuentra agobiado en deudas y por lo tanto está lejos de poder ayudarlo financieramente en la publicación; en cuanto a su madre Asuman (Bennu Yildirimlar), poco feliz y adicta a las telenovelas, no constituye para él un gran estímulo.

Como en sus anteriores trabajos Ceylan trasluce aquí sus condiciones de excelente dialoguista y precisamente son los diálogos que Sinan mantiene con su padre, a pesar de la relación tensa existente entre ambos, los que nutren en gran parte el interés del film. Así, entre otros aspectos, esas largas conversaciones van adentrándose en temas concernientes a la religión, a aspectos intelectuales inherentes a la literatura, a referencias históricas y a ciertos tópicos existenciales que indirectamente brindan al espectador una visión de la sociedad turca..

El notable guión del realizador, escrito en colaboración Ebru Ceylan y Akin Aksu, va reflejando convincentemente el proceso de madurez de su protagonista quien intelectualmente ambicioso comprende el contraste existente entre los grandes centros urbanos y la mentalidad prevaleciente en su aldea natal.

Además de una excelente puesta escénica, Belge Ceylan ratifica su condición de gran director de actores al haber convocado a un calificado elenco donde especialmente se destaca el joven Demirkol dando vida al protagonista que a pesar de su naturaleza pretenciosa, cínica y despreciativa de su padre, logra sensibilizar al público en su aspiración de convertirse en renombrado escritor y sentirse frustrado por no conseguir a alguien que lo auspicie.

Realzando sus intrínsecos méritos, es importante destacar las excelentes imágenes captadas por la fotografía de Gokhan Tiryaki con sus paisajes invernales que transmiten un clima melancólico que en gran medida se asocia al contenido del relato.

Para concluir el presente comentario es importante señalar que quienes no dominen el idioma turco en ciertas ocasiones encontrarán dificultad para seguir sus intensos diálogos por la rapidez en que se suceden los subtítulos. De todos modos, eso no impide disfrutar la excelencia de este bello film.

Vincent Lacoste y Pierre Deladonchamps en PLAIRE, AIMER ET COURIR VITE

Vincent Lacoste y Pierre Deladonchamps en PLAIRE, AIMER ET COURIR VITE

 

PLAIRE, AIMER ET COURIR VITE. Francia, 2018. Un film escrito y dirigido por Christophe Honoré.

 

Ambiciosa en su intención, esta película del director y guionista Chiristophe Honoré aparece como algo “déjà vu” si se tiene en cuenta que no hace más que un año se juzgó 120 Battements par Minute de Robert Campillo abordando magníficamente la génesis del SIDA. En este caso Plaire, Aimer et Courir Vite considera el mismo tópico aunque desde un ángulo diferente; en lugar de enfocarlo políticamente como lo fue la lucha emprendida por los militantes del Act Up-Paris, Honoré se desprende del contexto político para centrarse en una historia más personal.

El relato que se desarrolla en Francia en 1993 presenta a Jacques Tondelli (Pierre Deladonchamps), un exitoso escritor parisino gay de 36 años y padre de un hijo de 10 años, que acarrea el virus de inmunodeficiencia humana, aunque sin sufrir los efectos de la enfermedad. Cuando viaja a la ciudad de Rennes para una conferencia de su especialidad conoce a Arthur Prigent (Vincent Lacoste), un joven veinteañero bisexual aspirante a director de cine que aún no se ha atrevido a “salir del armario”. Si bien llevando una vida sexual disoluta Jacques en principio no tiene intención de mantener una relación sentimental con Arthur al saber que tarde o temprano habrá de morir; no obstante la insistencia del joven hará que finalmente termine cediendo iniciándose un vínculo fogoso entre ambos, al propio tiempo que se establece una relación de profesor-estudiante.

Si bien lo anteriormente descripto constituye el aspecto central del relato, hay otros momentos vinculados con amigos y amantes de Jacques, entre ellos la relación confidencial entablada con su vecino de piso (Denis Podalydês,) que alargan en demasía la duración del metraje (poco más de dos horas). Aunque el film no se distingue por aportar algo nuevo o distintivo a lo que ya se ha visto en anteriores oportunidades, el mismo no está exento de momentos tiernos como por ejemplo la emotiva escena en que Jacques baña a un ex amante, próximo a morir de SIDA.

Con una buena descripción de la época y escenarios donde transcurre, Honoré presenta un melodrama que aunque no suficientemente articulado está bien filmado y correctamente actuado.