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Cine Columnistas Hablemos de Cine Dec 28, 2018 at 11:06 am
Christian Bale y Amy Adams en VICE

Christian Bale y Amy Adams en VICE

Por Jorge Gutman

Aunque no llegó a la presidencia de los Estados Unidos, la carrera política de Dick Cheney adquirió especial relevancia como el cuadragésimo sexto Vicepresidente de Estados Unidos. Su actuación pública a lo largo de cinco décadas ha suscitado el interés del realizador Adam McKay enfocándolo en Vice.

El relato basado en el guión de McKay comienza en Wyoming, en los primeros años de la década del 60, donde Cheney (Christian Bale) después de haber abandonado sus estudios en la Universidad de Yale, es mostrado como un adicto a la bebida y despreocupado conductor en estado de ebriedad. Es así que su esposa Lynne (Amy Adams) le conmina a adoptar una actitud más responsable y madura bajo amenaza de abandonarlo. Conforme a ello, ese cambio se produce dejando la bebida y años después con su participación en Washington D.C. en un programa de pasantía en el Congreso. Allí llega a vincularse con el republicano congresista Donald Rumsfeld (Steve Carell) quien lo considerará como uno de los suyos e influirá para comenzar su carrera de servicio público en 1969 cuando Nixon gobierna al país; después de su renuncia en 1974, en el transcurso de la presidencia de Gerald Ford, Cheney se desempeña como Jefe de Gabinete de la Casa Blanca.

Durante el período en que Jimmy Carter asume como primer mandatario, es elegido como Congresista por Wyoming, cargo que desempeñó desde 1979 hasta 1989; en 1993 es el Secretario de Defensa en el equipo ministerial de George W. H. Bush y cuando su hijo George W. Bush (Sam Rockwell) es elegido presidente en diciembre de 2000, acepta secundarlo como compañero de fórmula.

Con una aproximación que en ciertas ocasiones se asemeja al de un documental, el film  permite que el espectador asista a los diferentes vericuetos que se manejan en la trastienda del poder político de Washington D.C. En tal sentido, McKay dota a la historia con algunos momentos de humor bien logrados para que el relato se desarrolle más animadamente, aunque cuidando de no desbordar en lo caricaturesco.

A lo largo del relato el director muestra cómo Lynne ha gravitado en la carrera de su esposo. Así durante la contienda electoral de 1978 para aspirar como congresista, cuando Cheney sufre el primero de varios ataques cardíacos, es ella quien lo reemplaza para convencer con firme determinación y empuje a que los votantes lo elijan. Igualmente, cuando en 2000 Lynne no está convencida de que su marido deba aceptar el cargo de vicepresidente ofrecido por George W. Bush por no tener esa posición mayor relevancia política, eso motivará a que su marido, influido por ella, imponga ciertas condiciones para desempeñarse como tal.

En una instancia de mayor intimidad familiar, hay un momento muy expresivo que se produce cuando Mary (Alison Pill), una de las hijas del matrimonio, hace saber a sus padres que es gay; es allí que Dick la abraza fuertemente como demostración de apoyo, a pesar de los prejuicios que su partido pueda guardar con respecto a quienes mantienen una orientación sexual diferente.

La última parte del film presenta a Cheney convertido en el Vicepresidente más poderoso de la historia de Estados Unidos dada su enorme incumbencia durante la administración de Bush, sobre todo en lo que confiere en asuntos de política exterior. En tal sentido, la película de ningún modo es complaciente con los acontecimientos que dieron lugar a la invasión de Irak en 2003, donde el vicepresidente fue el gran estratega político de esa operación: así McKay no escatima en ofrecer una visión bastante crítica de Cheney, teniendo en consideración el desastre producido por esa injustificada y lamentable guerra y el considerable número de fatales víctimas civiles.

Si bien el realizador imprime un ritmo fluido a la mayor parte de su relato, el film se extiende demasiado en los acontecimientos vinculados con el desarrollo y consecuencia del fatídico 11 de septiembre de 2001, teniendo cuenta que, sin agregar algo nuevo en el tema, los sucesos han sido ampliamente divulgados y bien conocidos por el público.

Bale ofrece una excepcional caracterización del protagonista de esta historia. Además del asombroso parecido físico con su persona, el actor se sumerge en cuerpo y alma en la personalidad de Cheney. A su lado, se distingue Adams quien con gran intensidad transmite el rol desempeñado por la mujer que gravitó de manera importante en la vida política de su marido. Similarmente, Carell aportando algunas situaciones humorísticas es convincente como Rumsfeld. En los factores técnicos de producción cabe distinguir la buena filmación del director de fotografía Greig Fraser y el eficiente trabajo de montaje realizado por Hank Corwin.

Sin llegar a un nivel de excelencia, McKay ofrece una satisfactoria biografía de ficción sobre un político que no ha llegado a ser muy conocido.

Julia Roberts en BEN IS BACK

Julia Roberts en BEN IS BACK

BEN IS BACK. Estados Unidos, 2018. Un film escrito y dirigido por Peter Hedges

Un tema candente y excepcionales actuaciones confieren potencia y solidez al drama que Peter Hedges ilustra en Ben is Back.

La adicción a las drogas es siempre un motivo de extremada preocupación tanto para la víctima como para sus familiares. Es eso lo que acontece con Holly (Julia Roberts), una mujer cuyo hijo Ben (Lucas Hedges) de su primer matrimonio es un drogadicto que se encuentra alejado de su familia siguiendo un programa de rehabilitación.

El film comienza cuando en la víspera de la Navidad el muchacho regresa al hogar para celebrar el acontecimiento. Su inesperada llegada es motivo de gran regocijo para su madre, aunque no lo sea tanto para su hermana Ivi (Kathryn Newton), como tampoco para su padrastro Neal (Courney B. Vance), el esposo de Holly, quienes demuestran su escepticismo en la recuperación de Ben y temen que su presencia pueda malograr la reunión familiar como ocurrió en la pasada reunión navideña. A pesar de que el joven sostiene que ya hace más de dos meses y medio que se encuentra completamente sobrio, Holly permite la estadía de su hijo por un lapso de 24 horas con la condición de vigilarlo permanentemente a fin de que no haya obstáculo alguno que pudiera ocasionarle una recaída. Así, las primeras horas del muchacho bajo el cuidado permanente de Holly resultan agradables en la medida que distrae su tiempo con sus dos pequeños hermanastros y con el querido perro de la familia.

A medida que progresa el relato el director le infunde un clima de tensión ciuando Ben no puede desembarazarse de su pasado al resurgir peligrosos conocidos de la zona capaces de hacerlo trastabillar. Aunque el guión pierde cierta fuerza en su tramo final al introducirse en un mundo mafioso, no alcanza a desmerecer la importancia de este film que Peter Hedges ha dirigido con sobriedad reflejando el drama familiar expuesto.

La gran fuerza de este relato reside en sus dos protagonistas. Julia Roberts, que en 1990 brilló en el firmamento de Hollywood con Pretty Woman y en 2001 obtuvo el Oscar por Erin Brockovich, vuelve a brindar una memorable actuación como una madraza que por el entrañable amor que profesa hacia su hijo está dispuesta a cualquier tipo de sacrificio con tal de evitar que experimente un retroceso que lo conduzca nuevamente hacia el infierno; la alegría, temor, desesperación y abnegación de su personaje son maravillosamente reflejados por la actriz. Paralelamente Lucas Hedges, quien tan bien impresionó hace dos años en Manchster by the Sea y hace pocos meses en Boy Erased, retorna triunfante en otro gran rol; no solo cautiva en la extraordinaria relación que su personaje mantiene con su madre sino que también proyecta la angustia vivida de un vulnerable muchacho temeroso de ser vencido por la tentación de las sustancias dopantes.

En resumen, esta película permite al púbico contemplar un desgarrador drama realizado con sensibilidad y esmerada profesionalidad.UN HOMME PRESSÉ

UN HOMME PRESSÉ. Francia, 2018. Un film de Hervé Mimran

Basado en el libro “J’étais un homme pressé” de Christian Streiff publicado en 2014, Un homme pressé esuna comedia dramática que aunque predecible se deja ver fundamentalmente por la presencia de Fabrice Luchini.

 

La adaptación cinematográfica efectuada por Mimran con Hélène Fillières se centra en Alain Wapler (Luchini), un hombre que como presidente ejecutivo de una importante empresa de automóviles siempre vive apurado, dedicado por completo a su trabajo y sin tiempo para dispensar la atención que merecen sus subalternos, además de no tener en cuenta su vida familiar.

El factor que impulsa la acción del relato es el accidente vascular cerebral que inesperadamente sufre este hombre de negocios: aunque afortunadamente logra salvar su vida y la retención de su memoria, eso no excluye las dificultades que enfrenta al tener que expresarse; así, pronuncia frases no del todo comprensibles al ir revirtiendo las letras de las palabras empleadas. Frente a ese serio problema, Alain cuenta con la invalorable ayuda de Jeanne (Leïla Bekhti), la foniatra del hospital; con gran esfuerzo y devoción ella hace todo lo posible para que el impedimento de Alain se atenúe, sobre todo teniendo en cuenta que debe estar preparado para la presentación de un lujoso auto eléctrico en una convención que se realizará en Ginebra.

 

Tanto el inesperado despido de su compañía como los coletazos del ACV, harán que Alain, a medida que se va recuperando, busque su redención efectuando una peregrinación espiritual a Santiago de Compostela. A la postre, la experiencia vivida permitirá su transformación en un ser más humano y humilde lo que le permite mantener un acercamiento con su querida hija (Rebecca Marder) a quien había dejado de lado y la posibilidad de avizorar un futuro más luminoso.

 

Mimran no puede evitar algunos clisés que se presentan en el desarrollo de esta historia que sin mayores sorpresas se desliza por carriles frecuentemente transitados por el cine. No obstante, la endeblez del guión se atenúa por la solidez interpretativa de Luchini quien reafirma su condición de excelente comediante. Eso lo demuestra magníficamente cuando Alain enfrenta los problemas de comunicación oral durante la etapa de la convalecencia, generando los momentos más humorísticos del relato; asimismo, Luchini transmte emoción en el proceso que atraviesa su personaje al tratar de reconstruir su vida.