HABLEMOS DE CINE

Cine Columnistas Hablemos de Cine Jan 24, 2019 at 10:58 am
Una escena de THEY SHALL NOT GROW OLD

Una escena de THEY SHALL NOT GROW OLD

Por Jorge Gutman

 THEY SHALL NOT GROW OLD. Gran Bretaña-Nueva Zelandia, 2018. Un film de Peter Jackson

 El veterano realizador, autor de la excelente trilogía Lord of the Rings retorna con un excelente documental enfocando la Primera Guerra Mundial.

 

Este proyecto se origina en una propuesta efectuada por el Imperial War Museum de Gran Bretaña a Jackson para que tuviera a su cargo la realización de un documental sobre la Gran Guerra a fin de conmemorar el centenario del armisticio que tuvo lugar el 11 de noviembre de 1918. El realizador, que siempre estuvo interesado en profundizar los avatares de este dramático conflicto bélico, aceptó el desafío de revivirlo.

 

Ahora bien, la más importante tarea consistía en saber cómo encarar en un documental las experiencias vividas por quienes participaron en esa épica saga un siglo después de lo acontecido. Para ello, Jackson se valió de más de 100 horas de material de archivo del mencionado museo más la valiosa documentación obtenida de los archivos de la BBC en donde en décadas posteriores quedaron registradas las entrevistas realizadas a los veteranos sobrevivientes. Debido a que ese inestimable bagaje de información distaba de encontrarse en buen estado, Jackson consideró que debía ser restaurado; es en esa tarea donde el aporte de la tecnología ha permitido que se lograse asombrosos resultados para que el documental adquiriese la vivencia de registrar episodios que tuvieron lugar hace más de un siglo como si el tiempo se hubiera detenido. Para completar esa visión con el máximo realismo posible, Jackson dispuso de una banda sonora especialmente concebida para recrear los diálogos con las voces de los soldados como así también el rugido de las batallas.

 

El director, con la colaboración del valioso trabajo de montaje de Jabez Olsson, optó por presentar el documental en orden cronológico. La filmación en blanco y negro se mantiene para ilustrar la tarea de entrenamiento de los soldados hasta el momento en que parten hacia el frente; a partir de allí el material fílmico ha sido coloreado, posiblemente con la intención de resaltar el horror de destrucción y muerte de la guerra.

 

Además de explorar la realidad de la Gran Guerra, el documental ofrece una muy humana ilustración de los soldados, reflejando el gran sentido de solidaridad y confraternidad prevaleciente entre ellos como así también sus actitudes frente a los sinsabores de tener que afrontar, defenderse y atacar al enemigo en las cruentas batallas libradas durante poco más de 4 años.

 

Este remarcable documental que Jackson dedica a su abuelo quien participó en la contienda constituye un honorable tributo a la valentía, sacrificio y devoción de todos aquellos que de una u otra manera estuvieron involucrados en este dramático período histórico del siglo pasado.

DESTROYER. Estados Unidos, 2018. Un film de Karyn Kusama

Nicole Kidman en DESTROYER

Nicole Kidman en DESTROYER

Como expresión del cine negro, este film de Karyn Kusama no logra crear el clima de suspenso necesario para justificar sus dos horas de duración. La mayor objeción es que no hay mucho que el relato ofrezca o innove dentro de este tipo de género lo que unido a una narración que se torna confusa, debilita considerablemente su interés.

Con un maquillaje admirable Nicole Kidman aparece irreconocible como Erin Bell, una alcohólica detective policial de Los Ángeles, cuyo rostro andrajoso y desganado unido a su torpe andar con el que medianamente puede sostenerse, da la idea de haber sobrevivido una atroz guerra; sin embargo, su profundo malestar responde a otras causas. La primera escena la ubica en el escenario de un crimen cometido a un hombre no identificado y al que no se le ve su rostro; solamente un billete de 100 dólares manchado de sangre parece ser la pista conductora para que ella comience su investigación.

A través de flashbacks y mediante el guión de Phil Hay y Matt Manfredi se llega a saber que 17 años atrás Erin con su compañero Chris (Sebastian Stan), ambos ligados románticamente, en forma encubierta se infiltraron en las actividades de una banda de asaltantes de bancos liderada por Silas (Toby Kebbell); las acciones de este peligroso psicópata en uno de los atracos bancarios que concluye pésimamente, provocará el permanente traumatismo de Erin; a partir de ese momento su propósito es ubicar a Silas y vengarse de él.

En forma simultánea el relato describe la muy pobre relación que la detective mantiene con Shelby (Jade Pettyjohn), su rebelde hija adolescente a quien no ha sabido educar como madre, cediendo esa responsabilidad a su ex marido Ethan (Scoot McNairy). Es así, que aunque la joven la desprecia sin poder tolerarla, sobre todo por que le impide mantener su relación sentimental con su amigo Jay (Beau Knappp), Erin realiza denodados esfuerzos por acercarse a ella y lograr redimirse.

La historia se desenvuelve permanentemente entre presente y pasando donde el abuso de dicho recurso afecta negativamente el interés de seguir su desarrollo. Con todo, hay dos elementos que rescatan al film de su completa inercia; uno de ellos es la buena composición que Kidman inyecta a su personaje demostrando que a esta altura de su carrera como consumada actriz ya no le resta nada por probar; el otro elemento es que el film en tiempo presente no es seguido cronológicamente y es así que en su climax ofrece una verdadera sorpresa que resulta bienvenida.

En términos generales, este thriller además de no profundizar suficientemente la psicología de su protagonista es decididamente anémico, lo que lo hace olvidable a los pocos minutos de haber concluido su proyección.

PACHAMAMA, LE TRÉSOR SACRÉ

PACHAMAMA, LE TRÉSOR SACRÉ

PACHAMAMA. LE TRÉSOR SACRÉ. Francia-Luxemburgo-Canadá, 2018. Un film de Juan Antin

El director argentino Juan Antin ofrece con Pachamama una película de animación bien inspirada como asimismo lograda. A pesar de que hay 4 guionistas de por medio, lo que a veces puede resultar contraproducente, en este caso tanto el realizador junto con Patricia Valeix, Olivier de Bannes y Nathalie Hertzberg han conformado un relato que además de divertido y entretenido es también educacional.

La historia transcurre entre el siglo 15 y 16 en una aldea de agricultores que viven en Perú en las laderas de la Cordillera de los Andes. La vida de esta población autóctona se desarrolla de manera apacible donde sus supersticiosos habitantes adoran a Huaca, un pequeño artefacto bañado en oro, creyendo que a él se debe la buena cosecha obtenida. La tranquilidad se interrumpe cuando los representantes del imperio Inca llegan a cobrar los impuestos y al propio tiempo se apropian de esa sagrada estatuilla para ofrecerla al Gran Inca (Alexandre Harrouch) Es entonces cuando Tepulpaï, el arrogante y un tanto egoísta niño de 10 años, junto con Naïra, la silenciosa niñita sumisa e inteligente, resuelven reparar el daño sufrido por la gente de su aldea. Con una voluntad a toda prueba están determinados a recuperar el preciado tótem expropiado; con tal propósito, su valentía les impulsa a efectuar un azaroso viaje con destino a Cuzco, la capital del imperio.

Lo más importante que se destaca en esta producción es que en contados 70 minutos, la narración de Antin ofrece una buena visión cultural de la gente autóctona, su solidaridad, el respeto al medio ambiente como así también a las tradiciones de sus antepasados con sus ritos y las ofrendas a la Pachamama, la Madre Tierra.

Esta sencilla fábula ofrece un mensaje humanista resaltando los valores espirituales de los nativos en contraste con el materialismo de los incas y posteriormente el demostrado por los conquistadores españoles que llegan en procura de bienes materiales, sobre todo el oro. En lo formal, el film sobresale por su eficaz animación donde los vívidos y vibrantes colores reflejan la belleza del panorama en donde transcurre la acción. Mención especial merece la música original de Pierre Hamon quien como gran conocedor e intérprete de músicas antiguas, medievales y barrocas, utiliza instrumentos de época que son funcionales al relato.

En esencia, he aquí una bella fantasía sobre dos pequeños héroes que está destinada a la familia en su conjunto.

Buster Keaton en THE GREAT BUSTER: A CELEBRATION

Buster Keaton en THE GREAT BUSTER: A CELEBRATION

THE GREAT BUSTER: A CELEBRATION. Estados Unidos, 2018. Un film escrito y dirigido por Peter Bogdanovich

El director Peter Gogdanovich ofrece en este documental un merecido tributo a Buster Keaton. Ciertamente el film habrá de satisfacer a los estudiosos del cine como así también a las nuevas generaciones de cinéfilos descubriendo al gran cómico y realizador americano.

Nacido en 1895, con tan solo 4 años ya enfrentaba al público en un espectáculo de vodevil que animó junto a sus padres, donde pasó a ser la estrella del mismo, demostrando desde entonces su innata destreza visual.

Su carrera cinematográfica comienza en Nueva York en 1917 cuando entra en contacto con Roscoe Arbuckle que era un director muy popular de ese entonces, y junto a él efectúa su debut como actor en cortometrajes..

Apelando a la comedia física y con su rostro inexpresivo por el que fue apodado “cara de piedra”, Keaton desplegaba un humor peculiar a la vez que en algunos casos arriesgaba su propio cuerpo efectuando gigantescos saltos donde hoy día podría haber sido uno de los increíbles acróbatas del Cirque du Soleil. Si bien los factores citados contribuyeron a su gran éxito en esa época del cine mudo, su prestigio se reafirma cuando desde 1923 a 1928 además de su condición de actor se ubica detrás de la cámara como realizador demostrando su creatividad y madurez profesional. Entre esas remarcables películas en las que dirige y actúa se destacan The Navigator, Seven Chances, Go West, Battling Butter y fundamentalmente The General, considerada su obra maestra.

Al período de gloria mencionado seguiría otro muy diferente en el que el gran artista admitió haber cometido un grave error ´por haber aceptado un contrato con la MGM; ese vínculo significó la incapacidad de dirigir sus películas y haber perdido su libertad artística en el control de las mismas; además, con el advenimiento del cine sonoro no supo cómo adaptarse a ese gran cambio y eso le produjo una gran frustración lo que unido a situaciones no gratas de su vida familiar motivó su adicción a la bebida. Con todo, las dificultades apuntadas no impidieron que Keaton prosiguiera su carrera aunque sin la relevancia lograda durante la época del cine mudo; así participó en un cameo en Sunset Boulevard, Limelight donde por primera y única vez actuó al lado de Charles Chaplin, el otro inmortal genio de la comedia, Around the World in Eighty Day integrando un reparto multiestelar, hasta su aparición final en A Funny Thing Happened on the Way to the Forum.

Además del relato biográfico, Bogdanovich lo complementa con importante material de archivo y sobre todo con extractos de varias de las películas de su abundante filmografía que incluye 149 cortos y largometrajes como actor. Simultáneamente, el director se nutre de los testimonios de varias cabezas parlantes quienes elogiosamente se refieren al gran cómico. Entre los comentaristas se encuentran entre otros, Orson Welles, Quentin Tarantino, Dick Van Dyke, Richard Lewis, Carl Reiner, Cybill Shepherd, Norman Lloyd, Mel Brooks y Werner Herzog,

Finalmente el realizador resalta la última aparición pública de Keaton en el Festival de Venecia en septiembre de 1965 donde recibió una extraordinaria ovación de los asistentes, a escasos cinco meses antes de su muerte acaecida el 1 de febrero de 1966 a los 70 años de edad.

He aquí, un muy buen documental que adquiere la forma de una carta de amor de Bogdanovich al remarcable cómico que no supo reír pero que provocaba grandes carcajadas del público que lo contemplaba. Sin duda, desde el más allá Buster Keaton le queda agradecido.