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Cine Columnistas Espectáculo Hablemos de Cine Mar 28, 2019 at 10:51 am
Astor Piazzolla, en PIAZZOLLA, LOS AÑOS DEL TIBURÓN

Astor Piazzolla, en PIAZZOLLA, LOS AÑOS DEL TIBURÓN

Por Jorge Gutman

En cualquier lugar del mundo decir Piazzolla (1921-1992), significa mencionar el nombre de quien revolucionó al tango argentino haciéndolo tan famoso que su inconfundible música es hoy día difundida internacionalmente y sus composiciones igualmente son ejecutadas en salas de concierto. De allí que el documental Piazzolla, los años del tiburón de Daniel Rosenfeld -presentado en el festival FIFA de Montreal- constituye un verdadero homenaje al querido y legendario compositor, pianista y maestro del bandoneón.

Valiéndose de un material de archivo inédito hasta el presente, como de otros de carácter familiar abierto por su hijo Daniel, fotos, recortes y notas de revistas, filmaciones de la familia en super 8 y grabaciones en audio, Rosenfeld reconstruye la vida del compositor aunque no necesariamente la expone cronológicamente.

Nacido en Mar del Plata en 1921, a los 4 años Astor viaja con su familia a Nueva York donde transcurrirá buena parte de su infancia; allí su querido padre Vicente “Nonino” Piazzolla, que trabajaba en una peluquería del East Village de Manhattan, le compra un bandoneón y a partir de ese momento se produce su contacto con la música. Años después conoce a Carlos Gardel quien sintiendo una fuerte simpatía por el adolescente al que oye tocar en su bandoneón lo incorpora como extra para el film El Día que me Quieras (1935). La estadía en la Gran Manzana con su apreciable multiculturalismo influyó enormemente en su estilo musical que sobrevendrá años después.

Su hijo Daniel constituye la principal fuente de información de este documental, complementada con la de su hermana Diana -fallecida en 2009-, quien reportea a su padre a través de una casetera como material que utilizaría para su biografía titulada Astor que fuepublicada en 1986. Tanto por parte de ambos hermanos como igualmente apoyado por comentarios de su padre, van surgiendo facetas de este excepcional músico, donde con su propósito de incursionar en la música clásica sin dejar de lado el tango, viaja a París para recibir durante 11 meses importantes lecciones de su gran maestra Nadia Boulanger. Al promediar la década del 50 comienza a innovar el tango tradicional imprimiéndole una moderna modalidad que no fue aceptada por sus detractores quienes lo acusaron de haber asesinado al clásico baile rioplatense. Curiosamente, será en el contexto internacional donde logrará su reconocimiento hasta que tardíamente será objeto de apreciación similar en su país natal, llevando su música nada menos que al Teatro Colón, por excelencia la sala de conciertos, ballet y ópera más prestigiosa de Argentina.

Filmada con refinado estilo y ensamblada de manera inobjetable, la película destila considerable sensibilidad como así una cierta melancolía no exenta de contenido poético. Hurgando en el alma de Piazzolla, Rosenfeld ha logrado un sobrio retrato del compositor que gratificará plenamente a sus leales seguidores como así también a quienes aún no lo hayan conocido. Por lo que antecede, seguramente que el autor de Adiós Nonino, Balada para un Loco, María de Buenos Aires, Libertango y Oblivion le estará agradeciendo desde el más allá.

HOTEL MUMBAY Australia, 2018. Un film de Anthony Maras

Dev Patel en HOTEL MUMBAI

Dev Patel en HOTEL MUMBAI

La reconstrucción dramática de una espeluznante tragedia que a finales de noviembre de 2008, durante 4 días consecutivos enlutó a la ciudad de Mumbay con un saldo de 164 muertos e innumerables heridos, está verazmente ilustrada en Hotel Mumbay,

La violencia está entre nosotros y el cine lo ha reflejado en varias películas, como por ejemplo en United 93 (2006), retratando el secuestro de un avión con pasajeros a bordo por parte de terroristas islámicos, o bien enfocando al supremacista noruego Anders Behring Breivik en el film July 22 (2018), fecha que en 2011 su desenfrenada locura de atacar a inocentes personas estremeció al país nórdico. En este caso es el turno del novel director australiano Anthony Maras quien en un guión escrito con John Collee presenta a cuatro jóvenes yihadistas (Amandeep Singh, Suhail Nayyar, Yash Trivedi, Gaurav Paswala) recibiendo precisas instrucciones telefónicas de extremistas desde Pakistán para atacar a la ciudad de Mumbay.

La acción comienza con los terroristas ametrallando al público en una estación terminal ferroviaria ubicada al sur de la ciudad, para continuar la matanza en el Café Leopold y finalmente desplegar la furia asesina en el lujoso Taj Mahal Palace Hotel. Antes de la embestida, el relato presenta a algunos de sus huéspedes, enfocando entre otros a una pareja de recién casados (Armie Hammer, Nazanin Boniadi) con su bebé y la nana (Tilda Cobham-Hervey) que lo cuida, como así también a un hombre de negocios ruso (Jason Isaacs). Alrededor de ellos se encuentran los miembros del hotel tratando de agasajar de la mejor manera posible a sus visitas, donde entre ellos se destacan un honesto e íntegro empleado de cocina (Dev Patel) y el exigente chef (Anupam Kher). Lo que parecería constituir un placentero paraíso para descansar y disfrutar de las comodidades por parte de sus visitantes, al poco tiempo se convierte en un infierno dantesco cuando arriban los criminales.

Reproduciendo fielmente la masacre acontecida, donde los asesinos ametrallan a troche y moche a quienes encuentran a su paso, el director no puede evitar que en un momento dado esa despiadada carnicería humana se convierta en un verdadero sufrimiento para el espectador además de dejarlo exhausto; eso es así porque dejando de lado las situaciones anecdóticas que se presentan a través de sus personajes, la presencia de una violencia descarnada motiva a que su visión resulte poco placentera, agravada aún más por su excesiva duración.

Técnicamente esta producción es inobjetable y sus actores respondan adecuadamente a los requerimientos del libreto. Sin embargo, aunque no haya sido su intención, lo que Maras expone aquí no contribuye a desalentar el sentimiento de islamofobia por parte de aquellas personas que injustamente asocian al Islam con terrorismo; en tal sentido y a modo de reflexión bastaría tener en cuenta la tragedia causada hace pocos días por un supremacista asesino en una mezquita de Christchurch en Nueva Zelandia.

GENЀSE / GENESIS. Canadá 2018. Un film escrito y dirigido por Phillipe Lesage.

Théodore Pellerin y Noée Abita en GENESE

Théodore Pellerin y Noée Abita en GENESE

Con gran sensibilidad el director canadiense aborda en Genèse tres historias, dos de ellas en forma simultánea y la tercera separadamente. Todas tienen en común la manera en que se manifiesta el primer amor sentimental y lo que produce cuando no existe correspondencia recíproca.

Uno de los relatos gira en torno de Guillaume Bonnet (Thédore Pellerin), un muchacho de 16 años que asiste como internado a un colegio privado de varones. De naturaleza optimista y a su vez vivaz suele divertir a sus compañeros por la buena imitación que realiza de sus profesores. Entre los estudiantes se encuentra Nicolas que es su mejor amigo (Jules Roy Sicotte) con quien comparte gratos momentos. sin embargo, en un momento de indefinición sexual que atraviesa, la amistad de Guillaume cede paso a una atracción de diferente índole dada su naturaleza homosexual. Cuando a través de un pequeño gesto -un acercamiento que dura más de lo necesario- Nicolas percibe lo que sucede, termina rechazándolo y eso produce en Guillaume una pena profunda. Así, en su intento de comunicación con su ser querido además de no haber obtenido el eco esperado produce a su pesar la ruptura de una bella amistad.

Aunque de diferente manera, algo similar acontece con Charlotte (Noée Abita), la hermanastra de Guillaume, un poco mayor que él. Después de dos años de noviar con Maxime (Pier-Luc Funk), él le propone mantener una relación abierta sin compromiso futuro; ese desencanto lleva a la joven a mantener relaciones inestables en procura de amor que no logra conducir a algo gratificante.

Si bien estas dos historias paralelas se entremezclan muy bien, Lesage introduce un segmento final completamente independiente. En una colonia de vacaciones se contempla a Félix (Édouard Tremblay-Grenier) de 12 años quien siente palpitar su corazón cuando conoce a Béatrice (Émilie Bierre) de su misma edad. Ese epílogo, prácticamente sin diálogo, rebosa afecto y profunda ternura a través de los gestos, miradas, posturas que emanan de estos dos preadolescentes en la génesis del amor al que alude el título del film.

Transmitiendo sus propias experiencias de juventud, con sutilidad y elegancia el realizador impregna notable candor a las primeras emociones del amor adolescente con sus anhelos, ilusiones, angustias y la tristeza que viven sus personajes. La excelente descripción que en su excelente guión Lesage efectúa de los mismos se ve valorizada por las buenas actuaciones de su elenco, sobre todo en el caso de Pellerin y Abita; estos dos jóvenes intérpretes transmiten intensamente las vicisitudes experimentadas por Guillaume y Charlotte permitiendo de este modo lograr una completa empatía del público.

RÉPERTOIRE DES VILLES DISPARUES / GHOST TOWN ANTHOLOGY. Canadá, 2018. Un film escrito y realizado por Dénis Cȏté.

 

Con Répertoire des villes disparues, su onceava película, Dénis Cȏté.se adentra en una historia fantástica con la adaptación que efectuó de la novela homónima de Laurence Olivier. El atractivo del film radica en la ambigüedad creada por el realizador que se presta a diversas interpretaciones.

 

El escenario donde la acción se desarrolla es Irénée-les-Neiges, un muy pequeño pueblo rural ubicado en la zona nórdica de la provincia de Quebec; allí, en el marco de un árido invierno Simon Dubé, un joven de 21 años, muere en un accidente automovilístico. Aunque no se sabe si la desgracia acontecida fue premeditada o no, lo que trasciende es la forma en que el lamentable suceso impacta a la población que no supera las 215 almas. Entre las personas más afectadas se encuentran su hermano Jimmy (Robert Naylor), su padre (Jean-Michel Anctil) y su madre (Josée Deschênes). Para apaciguar el duelo de los aldeanos, su alcaldesa (Diane Lavallée) actúa como si fuese una terapeuta tratando de atenuar su trauma y mirar hacia adelante ya que la vida prosigue su marcha.

 

Después de algunos días, van surgiendo apariciones misteriosas que crean una atmósfera intrigante a la vez que sombría perturbando a sus habitantes. ¿Se trata de muertos resucitados, espectros, siluetas fantasmagóricas o zombies que sutilmente desean apoderarse de la aldea?

 

De allí en más, la trama cobra una dimensión fantástica donde los lugareños tratan de protegerse frente a extraños que puedan llegar a alterar el orden existente e incluso diezmar la escasa población de la aldea hasta hacerla desaparecer. Ese comportamiento puede ser interpretado como una metáfora de la situación actual en donde numerosos gobiernos rechazan la inmigración resaltando sus efectos negativos. Una diferente interpretación sería la de que frente a una amenaza o agresión potencial que afecte a una comunidad, la misma trata de defenderse adoptando una actitud solidaria.

 

Como resultado de lo expuesto Cȏté logra un drama coral supernatural de naturaleza intimista que además de estar muy bien construido y actuado se distingue por su belleza atmosférica merced a la remarcable fotografía de François Messier-Rheault captando el inmenso paisaje nevado. Con un final deliberadamente abierto este logrado film se presta para que cada espectador extraiga sus propias conclusiones.