HABLEMOS DE CINE

Cine Columnistas Hablemos de Cine Apr 4, 2019 at 11:57 am
Pierre Niney en SAUVER OU PÉRIR

Pierre Niney en SAUVER OU PÉRIR

Por Jorge Gutman

Pocas veces el cine ha abordado a los bomberos, esos seres anónimos que arriesgan su vida para salvar al prójimo necesitado que se encuentra en peligro de muerte y no únicamente en casos de incendio, sino también en accidentes de automóviles, o en circunstancias donde  deben actuar de paramédicos atendiendo imprevistos intentos de suicidio. Es así que el realizador Fréderic Tellier.rinde un hermoso tributo a estos valientes trabajadores en Sauver ou périr, uno de los mejores dramas vistos en los últimos meses.

 

En los primeros 30 minutos de las dos horas de metraje se sale al encuentro de Franck Pasquier (Pierre Niney), un bombero de París  que cumple sus funciones de manera irreprochable además de someterse diariamente al igual que sus camaradas a la severa disciplina e intensivo adiestramiento que podría asemejarse a la del sistema militar. El lema que rige a este cuerpo es el de “salvar o perecer” en el sentido que lo importante es salvar la vida del que peligra aunque pueda llegar a perder la suya. Detallando con precisión cada una de las rutinas que involucra esta profesión en la que prolifera el espíritu de grupo y solidaridad entre sus miembros, el guión del realizador escrito con David Oelhoffen aborda igualmente la  vida personal de Franck quien está casado con su abnegada esposa Cécile (Anais Demouistier) y en  donde la felicidad conyugal quedará completada con la inminente llegada de dos mellizas.

 

Después de haber sido distinguido por su devoción como jefe de la cuadrilla, la dicha de Franck se oscurece cuando un desgraciado accidente casi cobra su vida pero lo deja mutilado. Eso acontece cuando al producirse un devastador incendio en una fábrica ubicada al norte de París, él no hesita en penetrar al edificio para salvar a sus colegas, quedando gravemente quemado en varias partes de su cuerpo y sobre todo en su rostro. Después de varios días en coma y ocho semanas siguientes prácticamente inmóvil en el hospital que lo asiste, en el transcurso de los dos siguientes años experimenta 24 operaciones, permaneciendo bajo permanente atención médica.

 

A partir de allí el relato aborda el largo proceso que Franck atraviesa para poder recuperarse a una vida que  no seguirá siendo la misma. La fragilidad física y emocional que atraviesa conducirá a que la relación matrimonial llegue a afectarse y que el  vínculo con sus hijitas  de hecho no exista.

Con extraordinario verismo y a través de una excepcional interpretación de Pierre Niney el film transmite los altibajos del protagonista en el intento de supera los coletazos traumáticos del accidente que se refleja fundamentalmente en su rostro. ¿Podrá adaptarse al medio social? ¿Cuáles son las posibilidades de poder reconquistar el amor de su mujer y conseguir que sus hijitas lo acepten como padre?

 

El mesurado y a la vez tenso relato de ningún modo manipula al espectador, lo que no implica que en forma completamente natural alguna lágrima pueda ser derramada frente al drama que envuelve a Franck y a los suyos.

 

Con una magnífica puesta escénica de Tellier y  un guión excelentemente dotado de diálogos impagables, los valores del film se refuerzan por su valioso elenco. Además de los méritos destacados de Niney y la remarcable participación de Demoustier como su sufrida cónyuge es notable la participación de actores en roles secundarios: entre ellos se distinguen Chloé Stefani como la sensible y comprensiva enfermera del paciente,  Sami Bouajila animando al médico que lo asiste y Vincent Rottiers como un colega y buen amigo de Franck.

 

En los créditos finales el director dedica este excelente film a su mujer y a su hija como así también a quienes frente a la adversidad encuentran la fuerza de recuperarse y comenzar nuevamente.

AMANDA. Francia, 2018. Un film de Mikhaël Hers

Vincent Lacoste e Isaure Multrier en AMANDA

Vincent Lacoste e Isaure Multrier en AMANDA

 

 

El  realizador Mikhaël Hers enfoca en Amanda un emotivo drama ilustrando el cariño que se solidifica entre un tío y su sobrinita al enfrentar un duro golpe asestado por el destino.

 

Basado en un guión escrito por el director con Maud Ameline, el film  no se apresura en abordar el nudo central del relato sino que dedica su primera parte a efectuar una buena descripción de sus personajes. David (Vincent Lacoste) es un joven parisino de 24 años que se gana la vida a través de diversos trabajos de menor importancia y mantiene una muy buena relación fraternal con su hermana mayor Sandrine (Ophélia Kolb). Ella se desempeña como profesora de inglés y es madre monoparental de Amanda (Isaure Multrier), una deliciosa pequeña de 7 años. Sandrine cuenta con la ayuda de su hermano ya sea para recoger a su hijita de la escuela y/o cuidarla cuando en determinadas ocasiones tiene que ausentarse de su hogar; por su parte la niña siente gran afecto por  David a quien considera como su hermano mayor.

 

Después de algunas escenas cotidianas bien resueltas que reflejan el modo de vida de estos tres personajes, el relato -posiblemente inspirado en los dramáticos atentados  que han azotado a Francia en los últimos años- cobra un giro trágico; asi, cuando Sandrine caminando en un parque central de París junto con otras personas que transitan el lugar son objeto de un atroz ataque terrorista  ella muere ametrallada. Además del profundo dolor que David y Amanda experimentan por la tragedia ocurrida, el tío se convierte de hecho en guardián de la niña a pesar de no estar preparado para asumir semejante responsabilidad; además, el grave incidente repercute en la relación sentimental recientemente iniciada del apenado joven con Lena (Stacy Martin), una agradable chica que sobrevivió al mismo atentado aunque quedando lesionada.

 

Filmado con absoluta sobriedad y narrando con delicadeza el tema del duelo, Hers logra una bella película. La excelente interpretación de Lacoste permite que el público fácilmente se identifique con su personaje como así también con el de la tierna Multrier quien en su debut cinematográfico logra impactar con la espontánea naturalidad y dulzura que transmite en Amanda; esa remarcable química existente entre ambos actores acrecienta considerablemente el interés de esta historia realista que sin pretenciosidad alguna logra conmover.

 

DUMBO. Estados Unidos, 2019. Un film de Tim Burton

Una escena de DUMBO

Una escena de DUMBO

 

Continuando con la modalidad de efectuar nuevas versiones con actores en vivo basadas en exitosas películas de animación, Tim Burton se abocó a revivir Dumbo, el maravilloso film  de Disney estrenado en 1941 que con solo 64 minutos contaba una muy humana historia. A pesar de las considerables expectativas generadas el film actual, que privilegia el esplendor visual dejando a su contenido en un distante segundo plano, decepciona al carecer de la ternura y la magia del original.

 

La acción transcurre en 1919, donde Max Medici (Danny DeVito) es dueño de un circo itinerante americano al que trata de mantener a flote procurando atraer la mayor cantidad de espectadores posible con la presentación de importantes números. Es ahí donde Holt Ferrier (Colin Farrell), un hombre viudo que ha regresado de la guerra habiendo perdido un brazo, junto con sus pequeños hijos Joe (Finley Hobbins) y Milly (Nico Parker) son reclutados por Max para ocuparse del pequeño elefante que acaba de nacer en el circo. Hasta aquí y siguiendo las alternativas de la historia original, el animalito que recibe el nombre de “Dumbo” siente enorme pena al ser separado de su madre y la misma se acrecienta al comprobar que es el hazmerreír de todo el mundo debido a sus enormes orejas; sin embargo, las mismas le permitirán volar al inhalar una pluma con su trompa asombrando a todo el mundo. En consecuencia, Dumbo se convierte en la gran sensación del circo para gran regocijo de Max que ve resurgir a su empresa.

 

Con el propósito de alargar la trama original, el guión de Ehren Kruge introduce nuevos personajes en los que se incluyen un inescrupuloso empresario (Michael Keaton) de un circo competidor con su trapecista (Eva Green) y un cínico banquero inversor (Alan Arkin). A pesar de las correctas actuaciones del elenco, donde quienes más se destacan son DeVito y Keaton, el interés de la narración va diluyéndose sin que se perciba la emoción y calidez del film original. Ciertamente hay algunos logrados momentos, sobre todo en las escenas finales, como así también ciertas instancias de certero humor, pero sin llegar a compensar la medianía de la historia propuesta.

 

Burton trata de esmerar su film dotándolo de imaginación visual, lujosos vestuarios y magníficos diseños de producción gracias al aporte de Rick Heinrichs; es muy probable que dichos elementos logren la adhesión de la población menuda; en cambio, el gran público apreciará una producción elegantemente espectacular pero escasamente conmovedora y a la postre insustancial.

 

THE MUSTANG. Francia-Estados Unidos, 2018. Un film de Laure de Clermont-Tonerre.

Matthias Schoenaerts en THE MUSTANG

Matthias Schoenaerts en THE MUSTANG

Un drama acerca de la relación entablada entre un convicto y un caballo es lo que la directora Laure de Clermont-Tonerre ilustra en The Mustang.

Para mejor apreciar el medio en que la trama se desarrolla es necesario prestar atención a los créditos iniciales donde se explica que debido a la proliferación de caballos salvajes, igualmente conocidos como caballos Mustang, que cabalgan libremente en las llanuras de Estados Unidos atravesando terrenos que pertenecen al sector público, estos animales son transportados a recintos especiales con el fin de ser domados para posteriormente ser vendidos en subasta a particulares.

Dentro de ese contexto se desenvuelve la acción de este film donde en un centro correccional ubicado en el desierto de Nevada y próximo al lugar donde los equinos están alojados, Roman Coleman (Matthias Schoenaerts) se encuentra preso por espacio de 12 años en un confinamiento aislado.

Apático, prácticamente introvertido y de muy pocas palabras parece ser que la pena que el convicto está purgando se debe a un grave crimen cometido. La psicóloga del establecimiento (Connie Britton), tratando de ayudarlo para reinsertarlo a una prisión de máxima seguridad donde se encuentran los restantes presidiarios, le ofrece un trabajo consistente en limpiar el estiércol de los equinos. Al poco tiempo y viendo que el reo guarda una cierta afinidad con un Mustang apodado Marquis, es entonces asignado para domarlo; en ese programa de rehabilitación él debe seguir las órdenes del huraño jefe de entrenamiento (Bruce Dern) quien a su vez encarga a Henry (Jason Mitchell), otro reo con experiencia en el oficio, para que le ayude en esa tarea.

El relato introduce además las visitas que realiza Martha,(Gideon Adlon), la hija de Roman en estado de embarazo, quien hacía tiempo que no la veía y a través de las mismas irá emergiendo con más claridad en qué consistió el crimen cometido que lo condujo a la prisión; esas escenas están muy bien logradas en donde gradualmente se va produciendo un acercamiento paterno-filial.

Lo más trascendente de esta historia escrita por la realizadora junto con Mona Fastvold y Brock Norman Brock es la comunicación que gradualmente Roman mantiene con el salvaje animal a medida que lo va domando; en ese vínculo sin diálogo el hombre y la bestia tienen en común la privación de libertad. En tal sentido, Clermont-Tonerre expresa muy bien el lazo emocional existente entre un ser humano que en su cautiverio logra realizarse internamente en la tarea que realiza y un caballo que considera a su domador como alguien capaz de profesarle afecto y cariño del que hasta ese entonces carecía.

Resaltando la importancia de este drama carcelario, Schoenaerts despliega excepcional maestría caracterizando a un individuo torturado interiormente, cuya frustración es canalizada mediante explosiones violentas y que a través de su relación con su hija y el animal aprenderá a dominarse.

A pesar de que la historia expuesta puede resultar un tanto familiar, la sobria narración desprovista de sentimentalismo está nutrida de natural emoción. Con un imprevisible pero convincente desenlace, Clermont-Tonerre evita complacencia alguna en su logrado primer largometraje.