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Cine Columnistas Hablemos de Cine Apr 17, 2019 at 9:53 am
Vivek Gomber y Tillotama Shome en SIR

Vivek Gomber y Tillotama Shome en SIR

Por Jorge Gutman

Un atípico film romántico entre dos personas de diferentes clases sociales es lo que la realizadora y guionista Rohena Gera ilustra en Sir. Con completa sobriedad la realizadora ha manifestado que en India, su país natal, existe un verdadero racismo de clases que en parte se asemeja al de los Estados Unidos de la década del 50, con la sola diferencia que en principio esta injusticia imposible de superar es aceptada como norma. Ese aspecto lo vuelca en la historia que narra tomando como referencia a Ratna (Tillotama Shome), una joven viuda de humilde condición social viviendo en los suburbios de la conglomerada ciudad de Mumbai.

Esta chica trabaja como empleada doméstica en el confortable y amplio departamento de Ashwin (Vivek Gomber) ubicado en Mumbai. Este individuo, un aspirante novelista de excelente condición económica que vivió largo tiempo en Nueva York, al comenzar la acción está a punto de casarse cuando la boda se cancela a último momento; en consecuencia, se siente frustrado y vacío por su fracaso sentimental.

En función de lo que precede el corazón del relato se desarrolla en su mayor parte en la unidad habitacional de Ashwin, donde Ratna permanentemente está atenta a las necesidades de su empleador a quien se dirige llamándolo “Sir” (Señor). Asi, ella se siente a gusto porque Ashwin le permite disponer durante las horas libres para aprender el oficio de modista para que muy pronto pueda lograr en ese oficio una mayor independencia económica; por su parte, él está satisfecho del servicio que Ratna le provee y como reconocimiento le regala una máquina de coser.

A medida que el tiempo transcurre, Ashwin experimenta un sentimiento de natural atracción hacia Ratna, pero ella aunque sabe que enfrenta a una persona de nobles intenciones, rechaza cualquier avance; internamente presiente que la rígida barrera de la diferencia de clase existente motivaría a que jamás fuese aceptada por el círculo social al que pertenece su patrón. Es así, que cuando él le pide que le llame por su nombre verdadero, su empleada no puede dar ese paso y continúa identificándolo de la manera habitual.

Lo que en otras manos este tema podría caer fácilmente en un teleteatro rosado o en los clásicos filmes románticos de Bollywood, aquí adquiere una dimensión diferente al tratar de mostrar con la máxima objetividad posible cómo dos personas que cohabitan pueden comunicarse frente a mundos diferentes separados por severas vallas segregacionistas. El desenlace de esta historia, sin ser complaciente, deja abierto una luz de esperanza.

Adoptando un perfil decididamente bajo, este sensible film logra llegar al espectador a través de la excelente descripción de sus personajes protagónicos. Con naturales interpretaciones se puede fácilmente empatizar con personajes tan bien enfocados. Resulta encantadora Shome volcando completa sinceridad a la chica que a pesar de una vida difícil se mantiene optimista y dispuesta a mejorar su condición económica aunque imposible de lograrlo a nivel social. Por su parte Gomber igualmente convence como un individuo capaz de sensibilizarse frente al candor y nobleza de su empleada. Finalmente cabe elogiar a Gera que en su primer largometraje de ficción abordó con gran madurez el delicado tema de las diferencias sociales en la India contemporánea.

Breakthrough. Estados Unidos, 2019. Un film de Roxann Dawson

Chrissy Metz en BREAKTHROUGH

Chrissy Metz en BREAKTHROUGH

 

Antes de pasar al análisis crítico de Breakthrough es necesario aclarar qué es lo que se entiende por “milagro”; en tal sentido generalmente este término alude a cualquier tipo de suceso o evento fuera de lo común y que no tiene explicación científica. Eso viene al caso, porque este film se refiere a un acontecimiento dramático verídico que milagrosamente tuvo un desenlace feliz.

 

Esta historia narrada por la directora Roxann Dawson está basada en el libro de Joyce Smith The Impossible: The Miraculous Story of a Mother’s Faith and her Child’s Resurrection publicado en 2017 y adaptado por la guionista Grant Nieporte. La acción transcurre en la pequeña ciudad de Lake St. Louis en el estado de Missouri en enero de 2015; allí habitan Brian Smith (Josh Lucas), su esposa Joyce (Chrissi Metz) -la autora del libro- y su hijo John (Marcel Ruiz) de 14 años que nació en Guatemala y fue adoptado por el matrimonio a los seis meses de edad.

 

Tras describir la ambientación del lugar y la convicción religiosa alentada por esta familia, a los 25 minutos de metraje se produce el drama que define el contenido del relato cuando John junto con dos amigos de su misma edad jugando en el lago local que se encuentra congelado, se van hundiendo al resquebrajarse la superficie helada en la que están pisando; dos de ellos logran salir a flote pero John fracasa en el intento y queda sumergido en las heladas aguas que lo cubren; gracias a la acción del cuerpo de bomberos liderado por Tommy Shine (Mike Colter) logra ser rescatado inconsciente 15 minutos después. En los 45 minutos siguientes, yaciendo en el hospital en estado comatoso, el equipo médico hace lo indecible por salvarlo pero cuando ve que su corazón ya no late y su pulso ha caído por completo, permite a su desesperada madre para que entre a la habitación donde se halla John y se despida de él. Allí, Joyce apela a su fe rezando por él y a los pocos instantes comprueba que su pulso reacciona. Aunque siguiendo en coma, los facultativos descubren con gran satisfacción ese hecho maravilloso, aunque sin explicarse cómo ha podido ser posible la resurrección del muchacho a quien se le había dado por muerto. Con todo, el jefe de los médicos (Dennis Haysbert) hace saber a Joyce que si bien el muchacho está a salvo, neurológicamente quedará discapacitado porque debido al período transcurrido, poco más de una hora, su cerebro ha sido privado de oxígeno. Nuevamente la inconmensurable fe de esta mujer logra el segundo acontecimiento extraordinario cuando 72 horas después, John despierta del coma y en su posterior recuperación su aptitud mental es la de una persona normal.

 

Independientemente de la fe religiosa que pueda o no tener el público asistente a este film, lo cierto es que la acertada forma en que Dawson lo relata permite que uno se identifique fácilmente con sus personajes, sobre todo con el de Joyce quien en la excelente interpretación de Metz, la actriz transmite intensamente el estoicismo y devoción de una madre por su hijo; del mismo modo resultan satisfactorias las actuaciones de Lucas como el padre estremecido por el accidente de John, el actor latino Ruiz en el personaje que motoriza al relato y Topher Grace como Jason Noble, el afable Pastor local.

 

Esencialmente, más allá de creer o no en milagros, lo cierto es que este caso asombrosamente real, si bien previsible por la difusión del libro, logra conmover sin desbordar melodramáticamente. Como nota emotiva, en los créditos finales se exhiben los rostros de los verdaderos protagonistas.

 

MIA AND THE WHITE LION. Francia-Alemania-Sudáfrica, 2018. Un film de Gilles de Maistre

Daniah De Villiers en MIA AND THE WHITE LION

Daniah De Villiers en MIA AND THE WHITE LION

Buenas intenciones han animado al realizador Gilles de Maistre para la realización de este film con el propósito de brindar el loable mensaje de preservación de la fauna animal en Sudáfrica. Sin embargo, habría resultado más útil si hubiese efectuado un documental sobre el tema antes que recurrir a una historia de ficción que resiste credibilidad, tal como se aprecia en Mia and the White Lion.

 

En base a un guión preparado por Prune de Maistre (la esposa del director) y William Davies, la historia se centra en el matrimonio conformado por John Owen (Langley Kirkwood) y Alice (Mélanie Laurent) y sus dos hijos, Mia (Daniah De Villiers), de 11 años y su hermano menor Mick (Ryan Mac Lennan) quienes se han desplazado de Londres para vivir en Sudáfrica y dedicarse a criar animales, en especial leones destinados a reservas y a zoológicos. En el nuevo medio Mia no se encuentra muy cómoda al no contar con sus amigos que dejó en Inglaterra y tener que adaptarse a un modo de vida diferente. Sin embargo todo cambia para ella con el nacimiento de Charlie, un leoncito blanco con quien se encariña y lo considera como su mejor amigo al punto tal de permitirle vivir en su hogar como si se tratara de un perro u otro animal doméstico.

A medida que el tiempo transcurre y Charlie va creciendo la situación creada por el felino dentro de la casa se torna insostenible causando estragos; es entonces cuando los padres de Mia disponen que deje el hogar, muy a pesar de ella, siendo Charlie enjaulado junto con los restantes animales.

 

Resulta importante señalar que el filme se ha ido rodando en un espacio de 3 años donde sus protagonistas han ido experimentando el paso del tiempo, con especial referencia a Mia que ha dejado la infancia para convertirse en adolescente y Charlie que ya no es más el cachorrito sino un adulto león. Si técnicamente resulta una proeza seguir los pasos del felino y de los actores a través del tiempo, cinematográficamente el film se debilita a causa del inverosímil guión.

 

Como primera observación, el libreto ubica a Mia casi exclusivamente a través de su vínculo con Charlie donde aparentemente el animal constituye su único medio social. Cuando sospecha que su padre tiene la intención de que los animales puedan quedar expuestos a los turistas para ser cazados, abre la jaula dejándolos en libertad y protegiendo a Charlie se lanza con un vehículo alocadamente a la ruta para trasladarlo a un santuario donde pueda vivir libremente; sin embargo, cuando en el camino se enfrenta con su padre, ella no tiene reparo alguno en amenazarlo con un arma anestésica y dispararle un somnífero dejándolo adormecido para poder continuar su viaje. Resulta completamente absurdo imaginar un relato de ficción donde una joven de 14 años en una situación límite privilegie más a un animal que a su propia familia bien constituida; no menos descabellado es suponer la íntima convivencia de un ser humano con un animal salvaje.

Es loable el propósito del realizador en denunciar a los cazadores de animales que en Sudáfrica van extinguiendo a los leones para convertirlos en sus trofeos de caza, en la medida que la cacería es legal. Pero, como se mencionó al comienzo de esta nota, mucho más válido habría sido testimoniar la realidad existente en un documental antes que volcarla en una historia poco convincente y sobre todo nada edificante al mostrar a una hija amenazando a su progenitor para salvar la vida de un animal.