HABLEMOS DE CINE

Cine Columnistas Hablemos de Cine Aug 8, 2019 at 11:07 am
Alban Lenoir en L'INTERVENTION

Alban Lenoir en L’INTERVENTION

Por Jorge Gutman

He aquí otro de los numerosos films que últimamente llegan a la pantalla inspirados en hechos reales. Un dramático suceso acaecido en el continente africano es el foco de atención en la historia relatada por el director Fred Grivois.

A los pocos minutos de iniciado el relato, la tranquilidad de una aldea de Djibouti -última colonia de África- se ve alterada cuando el 3 de febrero de 1976 un grupo armado de rebeldes somalíes negros secuestran arrebatadamente un ómnibus escolar; los asaltantes amenazan a los 21 niños franceses que se encuentran a bordo y al conductor del vehículo a quien le exige que los conduzca hacia la frontera con Somalia, país que en ese entonces había quedado libre de todo vestigio colonial.

Al no poder traspasar la frontera, los terroristas con los chicos prisioneros en el ómnibus se ven confrontados con las autoridades francesas. Es así que Francia convoca a una élite de francotiradores altamente entrenados liderados por André Gerval (Alban Lenoir) para efectuar su rescate en una operación que a todas luces se vuelve altamente arriesgada.  A todo ello Jane Andersen (Olga Kurylenko), la maestra americana de los niños, se ofrece como rehén a fin de brindarles su protección y cariño maternal frente a la odisea que atraviesan.

La estrategia de Gerval para liberar a los secuestrados se ve obstaculizada por las órdenes provenientes de la jefa (Josiane Balasko) en París deseando lograr una solución diplomática antes que recurrir a la abierta acción. Cuando con más de 24 horas de secuestro los esfuerzos de solucionar pacíficamente el grave problema fracasan, el equipo de rescate inicia el ataque dando lugar a 15 minutos de guerra con la concomitante violencia generada entre el grupo comando y los secuestradores.

Si bien las escenas de acción cobran vuelo hacia el final, el film no logra hasta ese momento la tensión necesaria; eso es debido a que la mayor parte del relato se centra fundamentalmente en las conversaciones e historias personales de los miembros del grupo de rescate sin que cobren mayor interés. Además, el poco estructurado guión deja de lado la compleja realidad geopolítica de esta parte de África en el momento en que transcurre el relato; al no hacerlo, los secuestradores descriptos de manera unidimensional quedan ilustrados como desalmados terroristas y no como luchadores que tratan de liberar a Djibouti del yugo colonial.

Los aspectos positivos del relato descansan en la calidad técnica de la producción, la humana caracterización que Kurylenko brinda a su personaje como así también la de Lenoir componiendo al comandante de la unidad antiterrorista quien hacia el final no puede contener la intensa emoción que le produce el comprobar que la victoria lograda ha sido a expensas de la vida de una criatura inocente.

En los créditos finales se informa que 3 meses después de los incidentes relatados, la acción de este grupo ha originado la creación del Groupe d’ intervention de la Gendarmerie nationale (GIGN) de Francia, considerado como uno los más expertos comandos antiterroristas del mundo; desde entonces ha intervenido en 40 países habiendo procedido al rescate de más de 600 rehenes amenazados.

LES CREVETTES PAILLETÉES / THE SHINY SHRIMPS. Francia, 2019. Un film escrito y dirigido por Cédric Le Gallo y Maxime Govare

Nicolas Gob en LES CREVETTES PAILLETÉES

Nicolas Gob en LES CREVETTES PAILLETÉES

Un film deportivo provisto de un loable mensaje es lo que se aprecia en Les Crevettes Pailletées realizado por Cédric Le Gallo y Maxime Govare.

El puntapié inicial de la historia lo provee Matthias Le Goff (Nicolas Gob), un vicecampeón de natación que vuelca su energía y dedicación para seguir compitiendo en ese deporte. En un comentario poco afortunado deja entrever su sentimiento homofóbico y al cobrar difusión pública, la federación nacional de natación lo conmina a remediar el traspié si es que desea calificarse para el campeonato mundial; para ello, deberá entrenar a Les Crevettes Pailletées, un equipo amateur homosexual de waterpolo, a fin de que pueda competir en el evento deportivo de waterpolo gay más importante del mundo que tendrá lugar en Croacia.

Forzado por las circunstancias Matthias entra en contacto con hombres de diferente orientación sexual donde en un principio la comunicación entre él y su equipo no es muy fluida. Con todo, a medida que los días se van sucediendo y comienza la intensa preparación su visión de ese nuevo universo le permite lentamente dejar de lado los prejuicios; asimismo, el grupo de entrenados ve en su instructor a una persona que con gran energía, disciplina y entusiasmo trata de prepararlos de la mejor manera posible para la competencia.

Ciertamente la historia es de ficción dado que ese evento deportivo nunca tuvo lugar en Croacia pero como Le Gallo se inspiró en su propia experiencia de haber participado como entrenador heterosexual en el mismo equipo de waterpolo el guión que concibió con la colaboración de Govare y Romain Choay rebosa autenticidad.

Además de Matthias, el film se nutre con la descripción de cada uno los integrantes del equipo, donde entre los mismos se encuentran Jean (Alban Lenoir) quien es dueño de un restaurante y oculta a sus compañeros un grave problema que le aqueja, Alex (David Balot), su ex pareja,  Joel (Roland Menou), el cascarrabias y más longevo del grupo, el reciente joven reclutado Vincent (Felix Martínez), Damien (Romain Lancry), la transexual Fred (Romain Brau) y en especial Cédric (Michael Abiteboul) quien casado y padre de dos mellizos de casi un año de edad debe lograr la armonía entre la familia y el deporte.

La comedia es liviana y se encuentra animada con las diferentes peripecias que tienen lugar a través del viaje a Croacia y durante los juegos. Si bien en general no hay mayores sorpresas en el relato, el film evita los clichés del genero convirtiéndolo en un agradable y colorido entretenimiento  a pesar de contener un episodio dramático en su tramo final que a la vez resulta muy emotivo.

Con un solvente reparto y una ágil dirección, lo más importante de esta simpática película es su mensaje de tolerancia al aceptar las diferencias de cualquier índole que fuere porque en última instancia todos somos seres humanos.

TEL AVIV ON FIRE. Israel-Luxemburgo-Francia-Bélgica, 2018.. Un film de Sameh Zoabi

Una original e inteligente comedia israelí es la que se presencia en Tel Aviv on Fire del realizador Sameh Zoabi, apartándose de los temas vinculados con el eterno conflicto entre israelíes y palestinos.

El guión del realizador escrito con Dan Kleiman ubica la acción en la época actual. Salam (Kais Nashef), un joven y calmo soñador palestino viviendo en Jerusalén, comienza a trabajar como asistente de su tío Bassan (Nadim Sawalha) que es el productor de la popularísima telenovela palestina Tel Aviv on Fire; la misma transcurre en 1967, pocos días antes del comienzo de la Guerra de los 6 días (5 al 11 de junio) y en su trama Tala (Lubna Azabala) personifica a una espía palestina que se infiltra en Israel para seducir al general Yehuda (Yousef Sweid) con la intención ulterior de asesinarlo.

Cuando al poco tiempo Salam es promovido como guionista de la teleserie, tropieza con un serio obstáculo. El inconveniente se produce cuando trasladándose desde su casa en Jerusalén al lugar de trabajo ubicado en los territorios ocupados él es retenido en el puesto de control por el comandante Assi (Yaniv Biton). Al saber que Salam es el autor de la teleserie que apasiona a su esposa, le obliga a que éste le suministre el libreto para saber cómo continúa; al leerlo le indica que para dejar satisfecha a su cónyuge el folletín debe tener un desenlace feliz. Para ello Assi le retiene su tarjeta de identidad y le promete devolvérsela siempre y cuando la historia concluya con una bella historia de amor entre Tala y Yehuda. Lo cierto es que Salam se ve en un difícil dilema porque por un lado su tío considera que es completamente irrealista que la espía se case en una ceremonia judía con el general y por otra parte debe contentar al comandante; en tanto, la población tanto israelí como palestina está en ascuas frente al televisor por saber cómo finalizará la telenovela.

Muy bien hilvanada a través de giros y vueltas que amenizan la exposición del relato, la hilaridad de esta historia se genera a través de los ocurrentes diálogos contenidos en el film como así también los de la telenovela en cuestión. Aunque difícilmente esta película pueda alterar el ritmo de los acontecimientos del Medio Oriente, es a todas luces loable el propósito de Zoabi en estimular el espíritu de confraternidad entre palestinos e israelíes y dejar de lado el antagonismo político existente. En suma esta impecable sátira motiva a que el público esboce una amplia sonrisa al terminar su proyección.

C’EST ÇA L’AMOUR. Francia-Bélgica, 2018. Un film escrito y dirigido por Claire Burger

Bouli Lanners en C'EST ÇA L'AMOUR

Bouli Lanners en C’EST ÇA L’AMOUR

Habiendo adquirido reconocimiento internacional con la Caméra d’ or obtenida hace 5 años en Cannes por su ópera prima Party Girl, la realizadora Claire Burger retorna al ruedo con otro buen film. En este caso, la ruptura matrimonial de sus padres es lo que la ha inspirado a realizar C’est ça l’amour, un relato de ficción parcialmente autobiográfico.

Desarrollando la acción en la pequeña ciudad francesa de Forbach, Burger enfoca a Mario (Bouli Lanners), un empleado público de mediana edad que siente un gran vacío cuando después de 20 años de matrimonio su mujer Armelle (Cecile Remy-Boutang) le anuncia que deja el hogar a fin de lograr más espacio para replantear su vida.

Con la ausencia de su mujer, la rutina de Mario se ve considerablemente alterada, ya que además de su trabajo profesional debe igualmente ocuparse de Niki (Sarah Henochsberg) de 17 años y Frida (Justine Lacroix) de 14 años, sus dos hijas que han quedado a su cargo y con quienes la relación dista de ser armoniosa; en tal sentido, Frida es la que mayor conflicto guarda con Mario debido a que se siente atraída sexualmente por Alex (Celia Mayer), una de sus compañeras de escuela, aspecto que su progenitor -sin ser homofóbico- no ve ese vínculo con buenos ojos.

Con el propósito de calmar sus penas y el deseo de recuperar a su mujer, Mario se adhiere a un grupo de teatro comunitario donde Armelle se desempeña como iluminadora; al mismo tiempo, la actividad desplegada en los ensayos constituye para él una forma de terapia psicológica.

Aunque por momentos este honesto relato zigzaguea, la objeción mayor es que el guión de la realizadora no logra el completo equilibrio entre el conflicto emocional de Mario por su crisis conyugal y la conducta de sus hijas, con especial énfasis en lo que concierne a la orientación sexual de Frida. No obstante el inconveniente apuntado el film se distingue al modificar los tradicionales roles genéricos por cuanto aquí es el hombre y no la mujer quien debe restaurar la unidad familiar; en tal sentido la directora resalta la dinámica que se produce entre sus integrantes y la madurez que cada uno de ellos va adquiriendo durante el proceso de recomposición.

Asimismo, el film se destaca por su buen elenco donde, en especial, el actor belga Lanners transmite hondamente la desazón de un hombre ocasionada por el súbito abandono de su esposa así como su inexperiencia como padre monoparental a la que trata de compensar con su entrañable ternura. Con un desenlace que aunque complaciente destila calidez, Burger ha realizado un film clásico que a través de su retrato de familia logra atraer ilustrando el abnegado amor de un padre hacia sus hijas.