HABLEMOS DE CINE

Cynthia Erivo en HARRIET

Cynthia Erivo en HARRIET

Por Jorge Gutman

La esclavitud de los afroamericanos ha sido tema de numerosas películas. Aquí, una vez más lo aborda la realizadora Kasy Lemmons destacando la estoicidad y valor de Harriet Tubman, extraordinaria líder abolicionista de un movimiento tendiente a eliminar el sojuzgamiento de la gente de raza negra considerada propiedad de los poderosos esclavistas blancos.

El guión de Gregory Allen Howard y de la directora comienza en 1849 ubicando la acción en el estado de Maryland donde Minty (Cynthia Erivo), nacida como Araminta Ross, es una de las numerosas esclavas en la plantación de Edward Brodess (Michael Marunde), al igual que sus hermanas y su madre (Vanessa Bell Calloway). Estando casada con John (Zackary Momoh), quien goza de libertad, ambos le piden a Brodess que tanto ella como el resto de su familia queden libres; ese pedido se encuentra justificado por un documento legal que John consiguió donde consta que el bisabuelo de Brodess había dispuesto en su testamento la liberación de Minty y su familia. Como respuesta a la petición, el despiadado esclavista destruye esa documentación agregando que nada habrá de cambiar y en consecuencia Minty seguirá siendo su esclava. Frente a esa respuesta y en la medida que Minty se entera que su amo tiene la intención de venderla, cobra en ella un impulso de rebeldía que la lleva a huir del lugar iniciando un largo viaje hacia el norte en procura de la tan ansiada libertad.

Esta primera parte del film caracterizada por la persecución de la cual la fugitiva es objeto por parte de Gideon (Joe Alwyn), el hijo de Brodess, y los numerosos obstáculos que debe superar para no ser atrapada está muy bien filmada además de lograr un adecuado suspenso. El relato adquiere mayor vigor cuando después de una travesía a pie de 100 millas ella logra llegar a Filadelfia, en el estado de Pensilvania donde no impera la esclavitud. Allí conoce a William Still (Leslie Odom Jr.), un hombre negro de gran corazón quien le presta su ayuda y la introduce a Marie Buchanan (Janelle Monáe); esta mujer negra que nunca vivió la experiencia de ser esclava le procura un empleo como trabajadora doméstica, le suministra un falso documento de identidad indicándole la forma en que debe actuar para adquirir la apariencia de una mujer libre y además le enseña a manejar un arma..

A pesar de ser libre Minty – que a partir de entonces cambia su nombre por el de Harriet Tubman- no se contenta solamente con haber recobrado su libertad sino que también la quiere para los suyos. Para cumplir su propósito y rescatar también a otros afroamericanos esclavizados decide   efectuar el camino de retorno hacia la plantación contando con el apoyo de docenas de abolicionistas.

La tenacidad demostrada por esta mujer permite que sea introducida a una red clandestina antiesclavista conocida con el nombre de Underground Railroad (ferrocarril subterráneo) cuyo objetivo consiste en ofrecer refugio seguro a los esclavos de los estados sureños.

Cuando una ley del Congreso de 1850 sanciona el Fugitive Slave Act (Ley de Esclavos Fugitivos) de 1850 aumentando las penas para los esclavos que fuesen capturados aunque lo hayan sido en los estados no esclavistas, Harriet debe superar el desafío conduciendo a los esclavos a través de un recorrido de 500 millas hacia Canadá donde la esclavitud ha sido abolida.

Así, esta excepcional mujer mediante más de una decena de misiones efectuadas logró liberar aproximadamente 70 esclavos y tras la guerra de secesión luchó denodadamente para conseguir el sufragio femenino.

Con un muy buen guión y una remarcable dirección, Lemmons ha realizado un épico y emotivo drama retratando a una mujer excepcional que ha sido capaz de mover montañas; en tal sentido, si ella hubiera existido hoy día sin duda alguna habría sido la insuperable representante del #metoo.

Finalmente cabe admirar la espléndida interpretación lograda por la actriz británica Erivo quien transmite con máxima intensidad la valentía, determinación y generosidad del personaje protagónico que arriesgó su vida en pos del derecho inalienable del género humano como lo es el de su libertad.

PARASITE. Corea del Sur, 2019. Un film de Bong Joon-ho

Song Kang-ho en PARASITE

Song Kang-ho en PARASITE

 

Confirmando su reputación de ser uno de los más importantes directores asiáticos, Bong Joon-ho ha realizado un film que causó sensación en el último festival de Cannes y que justificadamente obtuvo la codiciada Palma de Oro concedida por el jurado oficial. Con gran maestría el cineasta aborda aquí el tema de la desigualdad social imperante en su país.

 

Dentro del género de la tragicomedia donde a su vez no están ausentes el suspenso y el terror, el film constituye una sagaz metáfora sobre la fractura existente entre los pobres miserables descriptos por el realizador y los integrantes de las clases pudientes, donde unos mutuamente consideran a los otros parásitos de la sociedad.

 

El guión del realizador y Han Jin-won presenta un sólido clan familiar que vive en condiciones de extrema humildad, Esta familia está conformada por Ki-taek (Song Kang-ho) un desempleado individuo, su esposa Chung-Sook (Chang Hye-jin), y sus dos hijos adultos Ki-woo (Choi Woo-shik) y Ki-jung (Park So-dam) viviendo en el subsuelo de un edificio venido a menos ubicado en un distrito de la clase obrera de Seúl.

La vida rutinaria del grupo familiar cobra un vuelco sorpresivo cuando Ki-Woo recibe un ofrecimiento de empleo por parte de su amigo Min; como éste debe partir al extranjero, el trabajo consiste en reemplazarlo como profesor de inglés de la adolescente Da-hye, (Jung Ziso), quien es la hija de Dong-ik Park (Lee Sun-kyun), un arquitecto millonario, y de Yeon-kyo (Cho Yeo-jeong); así, sin gran esfuerzo y valiéndose de un falso diploma Ki-Woo logra ese empleo.

Al visitar por primera vez la lujosa mansión ultramoderna en donde cumplirá sus funciones de tutoría, el muchacho queda deslumbrado al contemplar ese ambiente completamente nuevo y hasta entonces desconocido por él como así también por el extraordinario confort del que gozan los integrantes de esta opulenta familia.

Después de haber conquistado la simpatía de su alumna y de su protectora y crédula madre el avezado muchacho concibe una astuta estrategia para que sus padres y hermana puedan ser contratados por los dueños de la familia Park a fin de realizar diferentes tareas, lograr un buen salario y poder aspirar a un nivel de vida más auspicioso. Así y sin revelar a sus dueños el vínculo de él con los suyos, Ki-woo consigue que su progenitor sea reclutado como chofer, su hermana como experta profesora de arte del niño sordomudo Da-song (Jung Hyeon-jun) de la familia y que su madre sea conchabada como ama de llaves después de haber logrado que la precedente fuera despedida.

Si hasta aquí el relato adquiere el tono de una remarcable comedia satírica donde el director contrapone habilidosamente los estilos de vida de dos estratos sociales radicalmente opuestos, lo que sobreviene después constituye una sorpresa mayor para el espectador que no conviene develar.

Gracias a un ingenioso guión que ofrece unas vueltas de giro imposibles de prever anticipadamente, la historia es conducida hacia un macabro desenlace. Resuelta con gran imaginación y a través de una estupenda puesta escénica el realizador efectúa con esta descarnada fábula un devastador retrato ilustrando la grieta social existente entre los poderosos y los desamparados de su tierra. El resultado final es una remarcable película donde lo expuesto por el cineasta no es exclusivo de Corea del Sur en la medida que la lucha de clases adquiere dimensión universal.

  1. Canadá, 2019. Un film de Marquise Lepage

No es ésta la primera vez que el cine canadiense se involucra en territorio mexicano para destacar las diferencias así como los aspectos comunes de las culturas de Canadá y México. La directora Marquise Lepage vuelve a considerarlo en este film para demostrar cómo el drama que produce la muerte de un ser querido puede ser aminorado a través de una singular ceremonia como la observada en esta historia.

Estelle (Fanny Mallette) y su hermana menor Karine (Laurence Leboeuf) han llegado como turistas a Cuicatlán para distender el dolor que les ha producido la trágica muerte de la hermana menor. Mientras que Estelle no puede ocultar su angustia que se traduce en un evidente mal humor, Karine refleja una actitud más positiva intercalando con los propietarios de la residencia donde temporariamente se alojan y con otros lugareños.

En ese período el país azteca celebra la festividad del “Día de los Muertos” en el que gran parte de la población mexicana honra a sus difuntos con la práctica de una serie de ritos que tiene como propósito venerarlos. A través de la vivencia de estas dos hermanas, cuya relación no resulta en principio muy armoniosa, esas ceremonias imbuidas de un gran contenido espiritual les permitirán lograr la fortaleza necesaria para sobrellevar la desgracia familiar y, lo que es más importante, encontrar el confort necesario para la reconciliación.

La directora logra un film que en muchas instancias se aproxima a un documental exponiendo las tradiciones mencionadas y su influencia para quienes no están familiarizados con las mismas. Tanto Mallete como Leboeuf transmiten fielmente la psicología de sus personajes, en tanto que Lepage sobriamente refleja cómo el duelo puede ser vivido a través de diferentes culturas.

Para finalizar cabe mencionar que Apapacho, el nombre de este film, para los mexicanos significa el acto de “abrazar o acariciar con el alma”; en tal sentido ese propósito está muy bien expresado en este drama de contenido humanista.

Laurence Leboeuf y Fanny Mallette en APAPACHO

Laurence Leboeuf y Fanny Mallette en APAPACHO