HABLEMOS DE CINE

Cine Columnistas Hablemos de Cine Nov 7, 2019 at 8:18 pm
Al Pacino y Robert De Niro en THE IRISHMAN

Al Pacino y Robert De Niro en THE IRISHMAN

Por Jorge Gutman

Tras una larga espera finalmente se estrena The Irishman, la ambiciosa producción de Netflix dirigida por Martin Scorcese. A todas luces, el más importante realizador viviente de Estados Unidos, depara un impactante drama describiendo  una historia real de gangsters valiéndose del guión de  Steve Zaillian quien a su vez se basó en el libro I Heard You Paint Houses de Charles Brandt publicado en 2004.

 

El personaje central es Frank Sheeran (Robert De Niro), apodado “el irlandés”, un veterano de la segunda guerra quien ya avejentado y viviendo en una residencia de ancianos se dirige   a un interlocutor no identificado a quien le relata su vida criminal al servicio de la mafia de Estados Unidos a lo largo de 4 décadas.

 

A través de flashbacks se lo ve a Sheeran de 24 años desempeñándose como camionero en la Filadelfia de la década del 50; no pudiendo con su innata naturaleza tramposa se las arregla guardando parte de la carne que transporta  para su beneficio personal hasta que es despedido. Sin embargo, pronto encontrará la vía para mejorar su condición económica cuando conoce y entabla contacto con el jefe mafioso Russell Bufalino (Joe Pesci) que controla Filadelfia y Detroit; sintiendo una innata simpatía hacia Frank, inmediatamente le comisiona algunos trabajos  en calidad de sicario; posteriormente  Rusell lo conecta con Jimmy Hoffa (Al Pacino) quien es el presidente de la Hermandad Internacional de Camioneros además de ser uno de los sindicalistas más poderosos de Estados Unidos; con él, Frank proseguirá ejerciendo su profesión de asesino a sueldo como asimismo forjará una gran amistad. Para no develar lo que sigue es preferible que el potencial espectador lo descubra por sí mismo.

 

No es la primera vez que Scorcese aborda esta temática y al volver a hacerlo aquí  nuevamente se esmera para efectuar una narración fluida en el marco del denso relato de tres horas y media de metraje cuyo interés en ningún momento decae. Eso en gran parte se debe al insuperable  trío de actores caracterizando los personajes centrales. Siendo De Niro uno de los actores fetiches del gran cineasta dado que ha trabajado con él en 9 filmes no es de extrañar que exista una gran compenetración entre ambos dando como resultado una magistral caracterización de su personaje en tres etapas diferentes de su vida.  Otra memorable actuación es la de Pesci, un actor que prácticamente retirado decidió aceptar la invitación de Scorcese para dar vida a un padrino reposado que no obstante su idiosincrasia criminal exhala un tierno humanismo en la relación mantenida con su protegido tratándolo como un verdadero hijo. Por su parte Pacino, colaborando por primera vez con el realizador, fascina como el individuo corrupto, manipulador, errático, gritón y obstinado que habiendo ocupado el máximo cargo en el sindicato de camioneros, cae en desgracia después de haber sido encarcelado durante varios años por fraude y al quedar libre trata inútilmente de retomar su posición anterior.

 

Con esta épica saga Scorcese ofrece una magnífica lección de cine donde ningún detalle ha quedado de lado; la ilustración efectuada destacando las tensiones suscitadas entre los líderes mafiosos, los conflictos emergentes en materia de lealtad, confianza, amistad  y traición así como  la vinculación del crimen organizado  con el estamento político de Estados Unidos en los años 60, están remarcablemente reseñados.

 

El uso de efectos especiales digitales para reflejar la evolución física de los actores a través del paso del tiempo, especialmente en el caso de De Niro, no está por completo logrado pero de ningún modo ese detalle menoscaba la grandeza de esta encomiable producción que además de los valores mencionados se agrega el de la magnífica fotografía de Rodrigo Prieto, el logrado montaje de Thelma Schoonmaker y los diseños de producción de Bob Shaw  reproduciendo los lugares y diferentes períodos en que transcurre el relato.

 

En esencia, The Irishman es una obra maestra que con el tiempo será valorada como uno de los grandes clásicos del séptimo arte.

ANTIGONE. Canadá, 2019. Un film escrito y dirigido por Sophie Deraspe

Nahéma Ricci en ANTIGONE

Nahéma Ricci en ANTIGONE

El tema de Antígona, la tragedia griega de Sófocles estrenada en 441 a.c.  ha sido uno de los tópicos más recurrentes a través de los siglos en la medida que fue objeto de numerosos tratamientos efectuados en diferentes manifestaciones artísticas, incluyendo el teatro y el cine. La directora canadiense Sophie Deraspe es otra de las cineastas que han intentado revisar la obra mediante una  moderna adaptación  que se desarrolla  en Canadá en la época actual. Al hacerlo ha logrado un admirable film donde además de reflejar los fuertes lazos de la unión familiar aborda simultáneamente el tema de la inmigración y las consecuencias que pueden acarrear para los que emigran de su tierra y sueñan con un mundo mejor en el país anfitrión.

En la versión de la realizadora Antigone (Nahéma Ricci) es una dotada estudiante de enseñanza media que habiendo nacido en Argelia se radicó en  Montreal  cuando sus padres fueron asesinados en la guerra civil que sufrió el país en los años 90. Aquí vive con su muy querida abuela Méni (Rashida Oussaada), su hermana Ismène (Nour Belkhiria) y sus hermanos Polynice (Rawad El-Zein) y Étéocle (Hakim Brahimi), donde todos residen legalmente sin ser ciudadanos. Entre los compañeros de estudio de Antigone se encuentra Haemon (Antoine Desrochers), hijo de un político local (Paul Doucet), donde parecería insinuar un romance aunque de breve duración.

Un altercado policial constituye el motor que moviliza el drama. Cuando un día, saliendo en defensa de Polynice que es arrestado por pertenecer a una banda que trafica drogas, Étéocle por confusión es acribillado y muerto por la policía, su hermano ataca al oficial policial y en consecuencia es encarcelado.

El gran sentido de familia que anima a Antigone la impulsa a adoptar una estrategia de extrema audacia.  Teniendo la convicción de que  Polynice pueda ser deportado de Canadá, sobre todo porque sus antecedentes policiales agravan su situación, al visitarlo en la prisión utiliza la vestimenta de su hermano para simular que es el  presidiario,  logrando de este modo que su hermano pueda escapar de su encierro.

Si bien lo que antecede podría originar un mero film de acción sin mayor trascendencia, la directora lo realza con su remarcable narrativa demostrando el empuje y la profunda transformación emocional de Antigone por mantener al resto de su familia unida. Pero además de destacar los arraigados vínculos familiares y el heroísmo de la protagonista dispuesta a sacrificar su propia libertad, el guión de Deraspe considera ciertos aspectos relacionados con la frialdad del sistema judicial imperante donde Antigone se convierte en el símbolo de la injusticia; igualmente la directora no soslaya detalles referidos al racismo, la pobreza, la brutalidad policial y sobre todo al marcado desequilibrio existente debido a las menores oportunidades que tienen los inmigrantes con respecto a los demás ciudadanos. Todo ello conduce a que parte de la gente que inmigra al país no logre concretar sus expectativas de bienestar y en consecuencia enfrente la dificultad de integración al medio social canadiense.

Además de la impecable realización, Deraspe igualmente ha sido responsable de la fotografía logrando que los aspectos visuales se asocien al realismo  que destila el contenido del film. En el competente elenco  netamente se destaca la labor de Ricci quien es todo una revelación imponiendo al personaje protagónico  la determinación ímpetu y valentía de una joven dispuesta  a ofrendar su persona con tal de evitar la desintegración de los restantes miembros de su familia.

Reconociendo sus méritos Antigone ha sido distinguido como el mejor film canadiense del último festival de Toronto y  ha sido seleccionado por Canadá para la candidatura del Oscar a la mejor película internacional no hablada en inglés.

JOJO RABBIT  Estados Unidos, 2019. Un film escrito y dirigido por Taika Waititi

Roman Griffin Davis y Taika Waititi en JOJO RABBIT

Roman Griffin Davis y Taika Waititi en JOJO RABBIT

A pesar de que en ningún modo el director neozelandés Taika Waititi hace una apología de Hitler, lo cierto es que lo que se observa en este film sobre un chico que lo reverencia y adora produce en su mayor parte una sensación de incomodidad. A lo largo  del tiempo se han visto varios filmes referidos al más grande genocida de la historia, como por ejemplo brillantemente lo retrató Charles Chaplin en The Great Dictator, sin embargo la premisa de Waititi más allá de ser provocadora no logra impactar.

En su comienzo, a medida que los créditos iniciales aparecen en pantalla, se escucha como música de fondo el hermoso tema de Los Beatles I Wanna Hold Your Hand. Uno se pregunta a qué viene eso; prontamente la respuesta estará dada a través de la asociación que el director efectúa entre lo que representa el culto a la celebridad como lo fue hacia el célebre conjunto británico y el alienador fanatismo nazi del pueblo alemán hacia su Führer.

Mediante una fábula decididamente absurda, el guión del realilzador basado en el libro Caging Skies de Christine Leunens presenta a Jojo (Roman Griffin Davis) que vive con su madre Rosie (Scarlett Johansson) en la Alemania de la Segunda Guerra Mundial. El niño de 10 años de edad es un chico precoz que manifiesta una profunda admiración por Hitler y su gran deseo de llegar a ser un perfecto nazi; en consecuencia se siente orgulloso de participar en un campamento juvenil hitleriano donde recibe  las instrucciones de un torpe capitán (Sam Rockwell) quien insufla al grupo la necesidad de tener que matar sin miedo alguno. Para saberr hasta qué punto Jojo es capaz de hacerlo, el instructor le entrega un conejo vivo para que lo liquide; al no poder cometer ese acto, burlonamente le es adjudicado el  apodo de Jojo Rabbit. Esa escena, de poco gusto para quien escribe estas líneas, imprime el carácter de esta historia cuya intención es la de provocar la risa del espectador.

El nudo del relato se centra en dos direcciones diferentes; por un lado, adoptando un tono fantástico, vemos el diálogo que en forma intermitente Jojo  mantiene con la figura imaginaria de su gran amigo Hitler (Waititi) quien emerge como un individuo torpe y bufonesco.  Por otra parte, donde la historia adquiere un carácter más realista, se observa la gran sorpresa que Jojo recibe cuando descubre que su madre -decididamente antinazi- trabaja para la resistencia y cobija en el ático de la vivienda a Elsa (Thomasin McKenzie), una adolescente judía. He ahí el dilema de Jojo al tener que vincularse con alguien que pertenece a una raza que por convicción  detesta.

Si bien la intención del realizador ha sido el demostrar satíricamente cómo líderes carismáticos impregnados de racismo y xenofobia pueden afectar y alienar socialmente a un pueblo, el tratamiento del film resulta problemático impidiendo que el relato cobre emoción: solamente en  las escenas finales con el desembarco de los aliados en Alemania, se puede empatizar con  Jojo cuando comprobando los horrores del nazismo se da cuenta  cómo su enceguecedor fervor hacia el nefasto régimen lo condujo a actuar garrafalmente.

Aunque a nivel interpretativo es irreprochable la interpretación de Griffin Davis, la dulzura emanada por la joven McKenzie y la bondad que en su breve rol de abnegada madre brinda Johansson, el film no logra convencer con su humor de poco aliento y sobre todo por la incapacidad del realizador en ofrecer sensibilidad y humanismo a sus personajes.