{"id":383529,"date":"2012-04-27T00:15:55","date_gmt":"2012-04-27T04:15:55","guid":{"rendered":"http:\/\/diarioelpopular.com\/?p=383529"},"modified":"2012-04-27T00:15:55","modified_gmt":"2012-04-27T04:15:55","slug":"cuando-uno-estaba-llegando","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/2012\/04\/27\/cuando-uno-estaba-llegando\/","title":{"rendered":"Cuando uno estaba llegando"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>\u00a0\u00a0<\/strong><strong>Montreal.\u2013<\/strong> Hace unos d\u00edas he cumplido treinta y seis a\u00f1os viviendo en este pa\u00eds. Toda una vida, si me permiten el lugar com\u00fan. Pero en los hechos eso es. Era la primavera de 1976, tiempos de angustias y terror, dos a\u00f1os antes hab\u00eda buscado refugio en Argentina escapando de la sangrienta dictadura de Pinochet. Buenos Aires, esa ciudad luminosa, con aires de tango y sabores a asado acompa\u00f1ado de una ensalada de radicheta en el Pippo\u2014un viejo y tradicional local c\u00e9ntrico\u2014fue mi hogar transitorio por dos a\u00f1os: desde los d\u00edas finales del patriarca, el viejo Per\u00f3n, pasando por los inciertos de su viuda Isabel y del \u201cBrujo\u201d L\u00f3pez Rega, a los \u00faltimos d\u00edas de marzo de 1976 cuando las hordas militares se hicieron finalmente de todo el control. No me quedaba alternativa: hab\u00eda que salir de all\u00ed. No m\u00e1s recorrer la calle Lavalle eligiendo alg\u00fan cine, no m\u00e1s la comida del autoservicio del American Stoppy a un costado del Grand Rex en la calle Corrientes, no m\u00e1s el hotel pensi\u00f3n del barrio Constituci\u00f3n, ni el departamento donde me hab\u00eda mudado con mi joven compa\u00f1era de entonces all\u00e1 por Avellaneda. No m\u00e1s de las noches en vela terminando de escribir los \u00faltimos art\u00edculos para la revista \u201cEsto es Noticia\u201d cuyo editor era un chanta, pero de esos que encantaban a todos, y a veces hasta nos pagaba\u2026<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Atr\u00e1s quedaba Buenos Aires cercado de camiones militares. El terror que ya se hab\u00eda desatado dosificadamente en los tiempos de Isabel con el accionar del grupo fascista Triple A, pronto se multiplicar\u00eda. El dictador Videla se instalaba en la Casa Rosada con la pompa propia de quien se cre\u00eda salvador de la patria, y hasta es posible que \u00e9l se imaginara que \u00e9se era efectivamente su rol. Lo que estoy seguro que no se imaginaba era que iba a terminar condenado a tantos a\u00f1os de prisi\u00f3n que le faltar\u00e1 vida para poder cumplirlos todos. Las vueltas de la vida, dir\u00eda recurriendo a otro lugar com\u00fan.<\/p>\n<p>En lugar de las convulsionadas tierras del sur, al descender del avi\u00f3n primero en Vancouver y luego en Edmonton, mi lugar de destinaci\u00f3n, hab\u00eda un ambiente de tranquilidad y bonhom\u00eda. Para hacerlo aun m\u00e1s contrastante, a mi arribo Edmonton mostraba un brillante d\u00eda primaveral, destacando sus grandes extensiones de \u00e1reas verdes.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es lo que uno siente al llegar? Me imagino que cada cual debe tener distintas experiencias, pero para m\u00ed la primera impresi\u00f3n era de un gran alivio: estaba a salvo. M\u00e1s aun, pod\u00eda decir que hab\u00eda logrado sobrevivir dos golpes de estado tremendamente sangrientos. No dejaba de tener alg\u00fan m\u00e9rito.<\/p>\n<p>La otra gran impresi\u00f3n era la curiosidad. Conocer la nueva ciudad a la que ven\u00eda era una de mis primeras preocupaciones. La noche de mi llegada fui a casa de un chileno que hab\u00eda llegado antes, mi buen amigo Pancho D\u00edaz, hoy fallecido, ex preso pol\u00edtico, que se instal\u00f3 en Edmonton con su familia y que para muchos entonces j\u00f3venes, era una suerte de padre postizo, generoso, un buen consejero y tambi\u00e9n alguien que nos \u201ctiraba las orejas\u201d de vez en cuando.<\/p>\n<p>Con un ex compa\u00f1ero de facultad, Anselmo, tambi\u00e9n exiliado en esa ciudad del oeste tuvimos la idea de publicar un peri\u00f3dico, as\u00ed naci\u00f3 \u201cThe Latin Report\u201d. Una donaci\u00f3n de ciento cincuenta d\u00f3lares de un canadiense que simpatizaba con la causa, Jerry Thiger, conocido gracias a la intermediaci\u00f3n de Pedro de Pablo, un chileno que ten\u00eda contactos, m\u00e1s el apoyo de otros tantos que no podr\u00eda terminar de nombrar hicieron posible esa peque\u00f1a aventura editorial que lleg\u00f3 a durar casi dos a\u00f1os. Todo un r\u00e9cord considerando que en general, publicaciones de ese tipo en una ciudad peque\u00f1a rara vez pasaban del primer n\u00famero.<\/p>\n<p>Esos primeros d\u00edas, que luego se fueron haciendo meses y a\u00f1os, ciertamente marcaron a cada uno de nosotros. No s\u00e9 qu\u00e9 ser\u00e1 de muchos de esos amigos. El c\u00edrculo de exiliados viv\u00eda aun el trauma que el golpe de estado hab\u00eda significado. Y cada cual bregaba con \u00e9l del mejor modo que pod\u00eda.<\/p>\n<p>Algunos, no dejaron nunca de mirar atr\u00e1s y cada d\u00eda acariciaban la ilusi\u00f3n de la noticia que al final la televisi\u00f3n nunca dio: la dictadura ha ca\u00eddo y todos los que salieron al exilio pueden volver de inmediato, sus trabajos o sus estudios interrumpidos est\u00e1n all\u00ed esper\u00e1ndolos, por supuesto sus familias se aprestan a recibirlos con sus mejores galas. La vida de la cotidianeidad y la normalidad, s\u00fabita y brutalmente interrumpida ese fat\u00eddico d\u00eda del levantamiento militar se vuelve a retomar. La dictadura fue s\u00f3lo un par\u00e9ntesis tr\u00e1gico, una pesadilla colectiva.<\/p>\n<p>Aunque puedo decir que en el fondo todos abrig\u00e1bamos esperanzas de alg\u00fan cambio pol\u00edtico en el viejo pa\u00eds, tambi\u00e9n hab\u00edamos quienes sin renunciar del todo a esa ilusi\u00f3n, ve\u00edamos nuestra estada en este pa\u00eds con m\u00e1s realismo. En mi caso, la curiosidad se complementar\u00eda con los intereses pr\u00e1cticos de aprender el idioma y de sobrevivir lo mejor que pudiera. Ojal\u00e1 sin tener que hacer un trabajo embrutecedor que a uno le impidiera pensar. Afortunadamente las cosas se me dieron bien al conseguir trabajo en una editorial (un hombre muy solidario Mel Hurtig, para cuya empresa trabaj\u00e9 entonces), lo que dejaba tiempo para otras cosas, la pol\u00edtica por cierto, el peri\u00f3dico ya mencionado, por alg\u00fan tiempo tambi\u00e9n un programa televisivo en el canal comunitario local (\u201cViyeco\u201d que produc\u00eda y dirig\u00eda Jorge Montesi) y para largas tertulias generalmente en casa de Anselmo, disfrutando de los chascarros de mi amigo Geoffrey Green (de origen ingl\u00e9s como indica su nombre, pero el que m\u00e1s echaba de menos a Chile, despu\u00e9s de unos a\u00f1os en Montreal se regres\u00f3 al viejo pa\u00eds definitivamente y cada vez que voy por all\u00e1 nos tomamos algunos tragos recordando esos tiempos de nuestro llegada y estada por ac\u00e1 y a la \u201cChilean people\u201d como afectuosa y humor\u00edsticamente la bautizamos).<\/p>\n<p>Por cierto tambi\u00e9n hubo quienes nunca se acostumbraron, algunos llegaron a situaciones l\u00edmites. Hubo por lo menos un suicidio en ese tiempo. La depresi\u00f3n afectaba a muchos. Naturalmente nadie est\u00e1 preparado para una experiencia de desarraigo, pero claro, la formaci\u00f3n pol\u00edtica de algo deber\u00eda servirle a uno en este caso. Para los inmigrantes normales, esto es quienes llegan a otro pa\u00eds en busca de un mejor porvenir econ\u00f3mico, esa meta les hace superar o por lo menos les ayuda a lidiar psicol\u00f3gicamente con las eventuales angustias que el salir de su pa\u00eds pueda traer. Para los exiliados pol\u00edticos en cambio, que no hab\u00edan salido voluntariamente, el bregar con esos escollos del cambio de pa\u00eds, era tal vez m\u00e1s dif\u00edcil. Claro est\u00e1, cuando alguno ca\u00eda en esos estados depresivos (afortunadamente yo nunca sufr\u00ed tal cosa, puede sonar a lo mejor un poco duro, pero en un estricto sentido uno no ten\u00eda que echar de menos a nadie ni nada) les recordaba las experiencias de los revolucionarios que vivieron exilio, y pr\u00e1cticamente todos lo experimentaron en un momento u otro: Marx, Lenin, Ho Chi Minh, Fidel. Ninguno de ellos iba a flaquear por estar lejos de su tierra. Claro, al final uno no puede ser muy duro con los que se quebraban por la nostalgia. Hab\u00eda aquellos con un discurso muy revolucionario que en la intimidad de su hogar lloraban porque echaban de menos a su mam\u00e1\u2026 Los duros dir\u00e1n que con esa gente no se iba a hacer revoluci\u00f3n alguna. Lenin por cierto nunca dio se\u00f1as de echar de menos a su familia (eso s\u00ed, le escribi\u00f3 una carta a su madre desde Londres, para pedirle dinero. Bueno, para eso est\u00e1n a veces los padres.)<\/p>\n<p>\u00bfD\u00f3nde y c\u00f3mo estar\u00e1n mis amistades de entonces? Ya hace varios a\u00f1os que no he vuelto a visitar mi ciudad de arribo. Por las noticias me entero que han reelegido a los conservadores en la legislatura provincial\u2014en eso no hay cambios\u2014y que el boom petrolero contin\u00faa. \u00bfNos reconoceremos los viejos exiliados si nos vemos nuevamente ah\u00ed en el Edmonton Centre o caminando por la Jasper Avenue? Desgraciadamente la autoridad de transporte p\u00fablico sac\u00f3 los trolebuses que tanto me gustaban, por lo que ya tengo un aliciente menos para visitar la ciudad donde esos magn\u00edficos veh\u00edculos bajaban serpenteando desde el sur por la 109 Street, cruzaban el r\u00edo y llegaban al centro.<\/p>\n<p>Cuatro a\u00f1os estuve en esa ciudad que fue el comienzo de mis 36 en Canad\u00e1. Y mi curiosidad sigue viva.<\/p>\n<p>Comentarios: smartinez175@hotmail.com<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0Montreal.\u2013 Hace unos d\u00edas he cumplido treinta y seis a\u00f1os viviendo en este pa\u00eds. Toda una vida, si me permiten el lugar com\u00fan. 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