{"id":391986,"date":"2012-06-04T23:07:51","date_gmt":"2012-06-05T03:07:51","guid":{"rendered":"http:\/\/diarioelpopular.com\/?p=391986"},"modified":"2012-06-04T23:07:51","modified_gmt":"2012-06-05T03:07:51","slug":"mi-mama-pinguino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/2012\/06\/04\/mi-mama-pinguino\/","title":{"rendered":"Mi mam\u00e1 ping\u00fcino"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><a href=\"https:\/\/diarioelpopular.com\/wp-content\/uploads\/2012\/06\/web.pinguino.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-391987\" title=\"web.pinguino\" src=\"https:\/\/diarioelpopular.com\/wp-content\/uploads\/2012\/06\/web.pinguino.jpg\" alt=\"\" width=\"705\" height=\"420\" \/><\/a>Por: Luis Ricardo Vargas<\/p>\n<p align=\"center\">\u00a0Eran las cuatro y veinte de la tarde de un caluroso \u00a0d\u00eda de junio en el coraz\u00f3n de Toronto. Hombres y mujeres caminaban r\u00e1pido, muchos de ellos con aud\u00edfonos colgados de las orejas. Pero, alguien que se mov\u00eda a otro ritmo capt\u00f3 mi atenci\u00f3n: era una mujer, una mujer que caminaba y se balanceaba como un ping\u00fcino; avanzaba solo 5 cent\u00edmetros por paso y un \u00a0pesado abrigo negro la cubr\u00eda.<\/p>\n<p>En Toronto todo se puede ver, o\u00edr y oler sin que llame mucho la atenci\u00f3n, pero esta mujer ping\u00fcino, una anciana de pelo blanco que transitaba por un and\u00e9n de Yonge Street, virtualmente me hechiz\u00f3. Era una mujer de mirada fr\u00eda que llevaba colgando de sus brazos un\u00a0 par de pesadas bolsas blancas con dibujitos infantiles .Supuse que era de origen balc\u00e1nico o ruso.<\/p>\n<p>Lo primero que pens\u00e9 fue ir a ayudarle, pero me di cuenta que a nadie le importaba y tal vez a ella misma tampoco. A pesar de su edad, creo mas de 80 anos, daba la impresi\u00f3n de ser muy \u00e1gil especialmente por los rapid\u00edsimos movimientos de sus piernas al caminar, aunque sus pies escasamente se levantaban del piso y avanzaban no mas de cinco cent\u00edmetros por paso. Me impresion\u00f3 su tremendo balanceo o movimiento oscilante hacia los lados .Era un ping\u00fcino, encarnado en un ser humano.<\/p>\n<p>Yo Iba muy de prisa en sentido contrario hacia una entrevista de trabajo muy importante para mi, y para tal efecto y a pesar del calor, yo iba vestido con traje completo azul oscuro, camisa blanca y corbata azul de rayitas, que de hecho\u00a0 no era usual para mi.<\/p>\n<p>A \u00a0pesar de tener mucha prisa, no pude evitar devolverme y seguir de cerca a la se\u00f1ora y as\u00ed observarla un poco. Ella, con su pesada carga y su impecable abrigo de piel aun en medio del calor del fin de primavera, lleg\u00f3 a la esquina para cruzar la calle. Esto si me llen\u00f3 de angustia, porque \u00e9ste cruce de las avenidas Yonge y Bloor, era demasiado largo para ella especialmente si adem\u00e1s decid\u00eda cruzarlo en forma diagonal para llegar a la esquina norte. En las grandes intercepciones de esta ciudad es permitido cruzar diagonalmente en vez de hacer una escuadra. Eran cosas de la movilidad y de la lucha diaria contra el reloj.<\/p>\n<p>Y lo que tem\u00eda, a la luz verde ella se abalanz\u00f3 a cruzar en forma diagonal, lo que le tomar\u00eda varios minutos y formar\u00eda un enorme y largo tranc\u00f3n. Mec\u00e1nicamente y sin pensarlo, corr\u00ed y le arrebate las pesadas bolsas, mientras que con la cara trataba de explicarle que le estaba tratando de ayudar, porque no pude o no me atrev\u00ed a pronunciar palabra, pensando que ella no me entender\u00eda o que no oir\u00eda bien. Por unos segundos eternos me mir\u00f3 fijamente con sus ojos color gris acerado, y llegu\u00e9 a pensar que se iba a enojar.<\/p>\n<p>\u201cNo est\u00e1n muy pesadas, pero gracias se\u00f1or\u201d, me dijo en un Ingles claro que hasta yo lo entend\u00ed en ese ruidoso lugar. En ese momento, la luz verde peatonal estaba cambiando y no hab\u00edamos recorrido ni un metro, sin embargo ella reinic\u00edo la marcha y yo la segu\u00ed sin protestar e intente ir mas r\u00e1pido, pero a los 2 metros me tuve que devolver y entonces lo vi todo: ella con su mismo caminar oscilante y lento de plum\u00edfero me miraba con lastima como queriendo decirme \u201cno corras hijo, no sirve de nada\u201d. Levante la cara, mire alrededor y me vi en medio de millones de miradas de \u00a0los transe\u00fantes, e incluso que algunos se atrev\u00edan a tomarnos fotos con sus celulares, y claro, los autom\u00f3viles esperando pacientemente, sin un s\u00f3lo pito.<\/p>\n<p>Fue un momento de confusi\u00f3n con un sentimiento que nunca hab\u00eda tenido, me sent\u00ed el m\u00e1s est\u00fapido del mundo pero a la vez el m\u00e1s valiente por atreverme a ayudar y acompa\u00f1ar a \u201cmi mama ping\u00fcino\u201d. Fue un sentimiento que me cay\u00f3 como del cielo.<\/p>\n<p>No tuve mas remedio que esperarla e irme a su paso y cargando esas bolsas empec\u00e9 a caminar a su lado y poco a poco fu\u00ed tomando su mismo balanceo, a la misma velocidad.<\/p>\n<p>\u00c9ramos dos ping\u00fcinos uno de traje azul oscuro y su mam\u00e1 de abrigo oscuro a su lado, cruzando hombro a hombro sobre Yonge Street, en el coraz\u00f3n de la ciudad m\u00e1s poblada de Canad\u00e1. Era como un castigo por haberme fijado en ella, precisamente cuando yo ten\u00eda una entrevista de trabajo tan importante. No dejaba de pensar, que hacia un latino con corbata llev\u00e1ndole unas pesadas bolsas a una anciana rusa por una avenida canadiense, en medio del calor.<\/p>\n<p>Los sem\u00e1foros cambiaron varias veces de verde a rojo, as\u00ed que esa parte de la ciudad se paraliz\u00f3 por unos minutos. Yo tambi\u00e9n pas\u00e9 del amarillo al morado varias veces no solo por sentirme centro de miradas y comentarios burlones, sino por el enorme peso de las bolsas. Estuve a punto de tirarlas y salir corriendo, pero al ver a mi madre ping\u00fcino al lado que caminaba con energ\u00eda, no tuve mas remedio que seguir, ya por orgullo o por verg\u00fcenza, porque no tendr\u00eda\u00a0 nombre que un hombre fuerte no fuera capaz de sostener por unos segundos, lo que una anciana cargaba por muchos minutos.<\/p>\n<p>Y a ese paso y con esos pensamientos en mi cabeza tuve tiempo para observar lo que llevaban las bolsas. No eran v\u00edveres o ropa como supuse, eran libros muchos libros y varias pel\u00edculas en DVD, lo cual fue para m\u00ed una sorpresa. Seguramente los hab\u00eda acabado de tomar prestados de una biblioteca p\u00fablica.<\/p>\n<p>A la par con nosotros pasaron en un sentido y otro cientos de personas que aprovecharon para cruzar. Sent\u00ed algunas palmaditas en mi espalda y el infaltable \u201c very good\u201d. Ya no sab\u00eda si eran felicitaciones o burlas.<\/p>\n<p>Por fin llegamos a la otra acera, y hasta que no pisamos la zona peatonal, un polic\u00eda no dio la orden para que los carros \u00a0se movieran. Al soltar mi pesada carga, sent\u00ed que los brazos se me ca\u00edan como gelatinas. Ella, mi madre ping\u00fcino me mir\u00f3 con parsimonia y con un brillo de madre orgullosa de su hijo, y antes de irse \u00a0tom\u00f3 mis manos, las apret\u00f3 ligeramente y algo me dijo en ruso. Vi como ella<em> se alej\u00f3 dej\u00e1ndome hu\u00e9rfano y sent\u00ed deseos de abrazarla y llevarle las bolsas a su casa, pero no pude, no solo por\u00a0 mis brazos sino porque mis piernas me empezaron a doler de una manera insoportable y ca\u00ed al suelo sin fuerzas. Al poco tiempo los param\u00e9dicos me auxiliaron. Diagn\u00f3stico: debilidad general por exceso de ejercicio.<\/em><\/p>\n<p><em>Ya estoy bien, y aun contin\u00fao buscando a mi mam\u00e1 ping\u00fcino.<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>Luis Ricardo Vargas es un periodista y trabajador social colombiano radicado en Canad\u00e1 desde hace algunos anos.<\/em><\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p> Eran las cuatro y veinte de la tarde de un caluroso  d\u00eda de junio en el coraz\u00f3n de Toronto. Hombres y mujeres caminaban r\u00e1pido, muchos de ellos con aud\u00edfonos colgados de las orejas. 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