{"id":446850,"date":"2013-03-13T01:01:00","date_gmt":"2013-03-13T05:01:00","guid":{"rendered":"http:\/\/diarioelpopular.com\/?p=446850"},"modified":"2013-03-13T01:01:00","modified_gmt":"2013-03-13T05:01:00","slug":"algo-mas-que-palabras-49","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/2013\/03\/13\/algo-mas-que-palabras-49\/","title":{"rendered":"ALGO M\u00c1S QUE PALABRAS"},"content":{"rendered":"<p>Cada persona est\u00e1 hecho para ser feliz. Todos los seres humanos tenemos derecho a ser felices en esta vida. Por tanto, esa sed de felicidad es leg\u00edtima en toda existencia, por insignificante que nos parezca. Conscientes de que la b\u00fasqueda del bienestar es un objetivo humano fundamental, Naciones Unidas decide proclamar el veinte de marzo como d\u00eda internacional de la felicidad. Ciertamente, vivimos tiempos de dificultades que merecen una reflexi\u00f3n honda y profunda, en parte por conductas indeseables que ocupan la c\u00faspide del poder. Y aunque la felicidad va m\u00e1s all\u00e1 del progreso econ\u00f3mico, hemos de reconocer que cada d\u00eda es m\u00e1s dif\u00edcil ponerse en el camino de un orden justo, porque las mismas sociedades se han vuelto excluyentes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Desde luego, tenemos que reinventarnos un nuevo modelo de desarrollo m\u00e1s equitativo y solidario. Reconozcamos que, hoy por hoy, es m\u00e1s f\u00e1cil dedicar todo el dinero del mundo en bombardeos e invasi\u00f3n a pa\u00edses, en derroches innecesarios, que en erradicar la pobreza. Como el mundo cada d\u00eda es m\u00e1s desigual y pobre, y considerando que el sentimiento de tranquilidad ciudadana depende en parte de la tranquilidad de los otros con quienes estemos conectados, hemos de concluir diciendo que la felicidad, en un mundo globalizado como el actual, podr\u00eda considerarse como algo colectivo de complicado contagio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Evidentemente, si nuestro semejante vive en condiciones indignas y sin esperanza de un futuro mejor, es imposible que el planeta avance bajo este clima de injusticias. El mundo necesita con urgencia globalizar la justicia y humanizar la globalizaci\u00f3n. Conforme avanza este proceso de integraci\u00f3n de pueblos y de sus econom\u00edas, debemos centrarnos en dar satisfacci\u00f3n a sus necesidades b\u00e1sicas. No podemos permanecer indiferentes ante unos mercados caprichosos, que castigan a los que menos tienen y premian a los que m\u00e1s tienen. Mientras la humanizaci\u00f3n del proceso de globalizaci\u00f3n no se produzca, la superaci\u00f3n de la pobreza va a ser un amor imposible. Debemos darle una dimensi\u00f3n humanista a las relaciones entre los pa\u00edses, reconociendo el derecho de todos a ser felices y a que se reconozca este objetivo social en todas las pol\u00edticas p\u00fablicas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sabemos que la verdadera felicidad no reside en el bienestar de algunos, ni tampoco en el poder de otros, sino m\u00e1s bien en ese compartir con los dem\u00e1s, en esa autorrealizaci\u00f3n defendida por Arist\u00f3teles. Es como una condici\u00f3n interna de j\u00fabilo, pero para ello tiene que darse un ambiente de sosiego social. Lo que se ha dado en llamar la sociedad del bienestar\u00a0 en los a\u00f1os ochenta, precisamente lo que pretende es conseguir una m\u00ednima calidad de vida para todos los ciudadanos. Con las cuotas tan altas que tiene el mundo de paro, no cabe hablar de avances, sino de retrocesos. La felicidad justamente empieza a divisarse cuando el pleno empleo es una realidad. Se acrecienta a\u00fan m\u00e1s esa desdicha, cuando la inseguridad o la falta de educaci\u00f3n p\u00fablica y gratuita o la misma pol\u00edtica social no existe.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Si el saber es una parte considerable de la felicidad, el sentirse \u00fatil y respaldado socialmente es c\u00f3mo no sentirse perdido en este mundo de lobos. Todos sabemos que hay situaciones de inmensa necesidad, con las que s\u00ed se puede hacer algo y debemos hacer algo. Tenemos que crear una atm\u00f3sfera familiar, donde todos trabajemos juntos para acabar con el derroche de alimentos y consumirlos responsablemente. Hay que poner fin al hambre, y como en una familia, estar dispuestos a entenderse. Por ello, a mi juicio, la humanidad tiene que pensar m\u00e1s en desplegar energ\u00edas de apoyo incondicional a los que menos tienen.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tenemos que reivindicar, pues, el derecho a ser felices, que no es otra cosa que poder desarrollar nuestras facultades en un verdadero estado de armon\u00eda.\u00a0 Y lo tenemos que reclamar porque ese bienestar no va a depender s\u00f3lo de nosotros, de lo valiente que uno sea, de nuestra sagacidad, sino del mismo ambiente que respiramos, de los mismo poderes que nos circundan, de las mismas oportunidades que nos motivan. La idea aristot\u00e9lica de que &#8220;s\u00f3lo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego&#8221;, puede ayudarnos a discernir la clave de este l\u00edcito sentimiento que nos mantiene vivos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por desgracia, el riego de convertir al ser humano en una mercanc\u00eda ah\u00ed est\u00e1, como la tentaci\u00f3n de buscar la riqueza de unos pocos en lugar de la felicidad de todos. Pienso que debemos crear una sociedad armonizada\u00a0 en la solidaridad y en promover el bienestar de todos. El poder que es incapaz de garantizar la mayor felicidad a todas las personas, no merece la pena su existencia. Lo m\u00e1s importante son las personas y su bienestar. Hay un deber, y es el deber de auxilio, de vivir para los dem\u00e1s, y que es la mejor ley de felicidad. Pero el mundo no ha ido por esos caminos de servicio, de donaci\u00f3n hacia los m\u00e1s d\u00e9biles, lo que ha ocasionado dolor y miseria.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Necesariamente, nos merecemos los valores de la felicidad impresos en la propia vida a trav\u00e9s de la conciencia moral. Este es el progreso que realmente vale la pena, sin el cual todos los dem\u00e1s progresos no ser\u00e1n aut\u00e9nticos. Cuando se pierde la moral o se relativiza tambi\u00e9n todo se derrumba, hasta la mism\u00edsima estructura social. Es la moral lo que realmente hace a uno sentirse bien. Por eso, a mi juicio, los tiempos actuales no acompa\u00f1an hacia esa felicidad que todos buscamos y nos merecemos, por el hecho de haber abandonado el verdadero instrumento de prosperidad, que no radica en otro universo, nada m\u00e1s que en el factor moral. A poco que pensemos en nosotros, llegaremos a la conclusi\u00f3n adem\u00e1s de que hay que ser virtuosamente buenos no para los dem\u00e1s, sino tambi\u00e9n para estar en armon\u00eda con nosotros mismos. Al fin y al cabo, no est\u00e1 la felicidad en vivir, sino en saber vivir en la bondad de una familia, la humana. Al parecer, lo de la dignidad, no estaba prevista en el plan de globalizaci\u00f3n para desgracia de todos. A los hechos me remito.<\/p>\n<p align=\"right\"><strong><em>V\u00edctor Corcoba Herrero\/ Escritor<\/em><\/strong><\/p>\n<p align=\"right\"><strong><em>corcoba@telefonica.net<\/em><\/strong><\/p>\n<p align=\"right\"><strong><em>13de marzo de 2013.-<\/em><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cada persona est\u00e1 hecho para ser feliz. Todos los seres humanos tenemos derecho a ser felices en esta vida. 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