{"id":461479,"date":"2015-04-17T11:21:00","date_gmt":"2015-04-17T15:21:00","guid":{"rendered":"http:\/\/diarioelpopular.com\/?p=461479"},"modified":"2015-04-17T11:21:10","modified_gmt":"2015-04-17T15:21:10","slug":"un-arbol-que-florecio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/2015\/04\/17\/un-arbol-que-florecio\/","title":{"rendered":"Un \u00e1rbol que floreci\u00f3"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_461480\" style=\"width: 570px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/diarioelpopular.com\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/1429211134_818233_1429211429_noticia_normal.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-461480\" class=\"size-full wp-image-461480\" src=\"https:\/\/diarioelpopular.com\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/1429211134_818233_1429211429_noticia_normal.jpg\" alt=\"Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez y su esposa Mercedes Barcha al recibir la noticia del premio Nobel, en 1982. Fotograf\u00eda de su hijo Rodrigo Garc\u00eda\" width=\"560\" height=\"389\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-461480\" class=\"wp-caption-text\">Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez y su esposa Mercedes Barcha al recibir la noticia del premio Nobel, en 1982. Fotograf\u00eda de su hijo Rodrigo Garc\u00eda<\/p><\/div>\n<p style=\"color: #333333\">Dicen que naci\u00f3 en Aracataca en medio de un aguacero de diluvio y consta que el d\u00eda que muri\u00f3 tembl\u00f3 en la Ciudad de M\u00e9xico y empez\u00f3 a llover en su pueblo natal, luego de siete meses y medio de sequ\u00eda. Dicen que al llegar a la Ciudad de M\u00e9xico hace poco m\u00e1s de medio siglo, Mercedes su esposa sinti\u00f3 que podr\u00edan hacer vida en un pa\u00eds capaz de volver rojo al arroz para que supiera m\u00e1s sabroso y que ambos visitaron Buenos Aires una sola vez, ya publicada la novela<em>Cien a\u00f1os de soledad,<\/em>en 1967, al inicio del sue\u00f1o feliz donde los espectadores de un teatro se pon\u00edan de pie para aplaudir a un escritor y consta que al escribir esa novela, el escritor tendi\u00f3 una s\u00e1bana en medio de la sala de su casa y coloc\u00f3 un letrero que dec\u00eda que all\u00ed, donde se iba apilando en cuartillas blancas el siglo mural de la biograf\u00eda de toda una estirpe condenada a la soledad, se llamaba \u201cLa cueva de la Mafia\u201d y que sus hijos no pod\u00edan entrar ni interrumpirlo y consta tambi\u00e9n que al recibir el primer adelanto de regal\u00edas de esa misma novela, el autor pidi\u00f3 al gerente del banco que le llevara a casa una maleta retacada con billetes sueltos y que a\u00f1os despu\u00e9s, minutos despu\u00e9s de que alguien llamara desde Estocolmo, en 1982, para informarle al escritor de que hab\u00eda sido reconocido merecidamente con el Nobel de Literatura, baj\u00f3 con Mercedes su esposa al jard\u00edn, envueltos en batas \u2014y \u00e9l con zapatos blancos\u2014 y consta todo esto, porque el mayor de sus hijos tom\u00f3 la fotograf\u00eda en el instante exacto en el que el mundo dej\u00f3 de ser el mismo de siempre.<\/p>\n<p style=\"color: #333333\"><a style=\"color: #016ca2\" href=\"http:\/\/cultura.elpais.com\/cultura\/2014\/02\/06\/actualidad\/1391715274_928706.html\">Gabriel Jos\u00e9 de la Concordia Garc\u00eda M\u00e1rquez<\/a>, hijo del telegrafista de Aracataca, nieto y bisnieto de todas las historias posibles que alimentan todos sus p\u00e1rrafos llega hoy al primer a\u00f1o de los primeros cien a\u00f1os de una eternidad garantizada en millones de lectores que han de recrear como enredadera de selva la vasta literatura que transpir\u00f3 desde que empez\u00f3 a hilar palabras en tinta. Se confirma su irrefrenable capacidad para narrar como nadie todo lo que los dem\u00e1s comensales de una mesa miran sin observar sobre los manteles y se apuntala la verdad de que por encima de todo lo dicho, arriba de dimes y diretes, al margen o en torno a sus fidelidades y an\u00e9cdotas, andanzas y aventuras, Gabo dej\u00f3 no un conjunto de libros inmortales o varios vol\u00famenes de art\u00edculos, cr\u00f3nicas y cuentos invaluables, sino una literatura completa: una manera de leer el mundo que se vert\u00eda sobre las yemas de los dedos al escribir cada letra sin preocupaci\u00f3n por los acentos o separaciones de s\u00edlabas.<\/p>\n<p style=\"color: #333333\">A lo largo de un tiempo largo, jam\u00e1s me dej\u00f3 visitar su estudio, esa nueva cueva donde segu\u00eda escribiendo como si s\u00f3lo los nietos pudieran comprobar las ocasiones en que por all\u00ed volaba un loro que parec\u00eda hablar en canciones o el jarr\u00f3n con rosas amarillas que serv\u00edan de amuleto infaltable para el escritor que desde joven era capaz de convertir el g\u00e9nero de cr\u00f3nica en \u201cla verdad del cuento\u201d, los cuentos en an\u00e9cdotas personales de todo aquel que los leyera y sus novelas en la biograf\u00eda \u00edntima y entra\u00f1able de todo un continente. En la cueva trashumante, como carreta de gitano que hipnotiza con imanes en cualquier selva, Gabo escribi\u00f3\u00a0<em>El amor en los tiempos del c\u00f3lera,<\/em>\u00a0luego del Nobel y como quien se deja anunciar en la Maestranza de Sevilla luego de haber cortado un rabo.<\/p>\n<p style=\"color: #333333\">Dicen que escribi\u00f3 una carta al padre de Mercedes desde Par\u00eds y quien fuera su suegro ni la abri\u00f3 y la guard\u00f3 entre libros de un estante quiz\u00e1 porque ya sab\u00eda que el remitente llegar\u00eda para casarse con quien ya era la mujer de su vida, la madre de sus hijos y la abuela de sus nietos, echando ra\u00edces de un \u00e1rbol que floreci\u00f3 en el momento en que la pareja de reci\u00e9n casados abordaba el d\u00eda de su boda un avi\u00f3n para Caracas, para un nuevo empleo de periodista y asegur\u00e1ndole al Sr. Barcha que alg\u00fan d\u00eda el mundo entero reconocer\u00eda que su hija se acababa de casar con el mejor escritor del mundo y consta que a\u00f1os despu\u00e9s en M\u00e9xico, a las afueras de una agencia de publicidad, el ya publicado autor de tres libros afirmar\u00eda que en realidad escrib\u00eda para que sus amigos lo quisieran cada d\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s, tanto como se confirm\u00f3 durante la noche en que se fue de este mundo, por todo el mundo en las filas de personas que lo lloraban ley\u00e9ndolo en sus ejemplares y la lluvia de miles de p\u00e9talos amarillos como mariposas que parec\u00edan llovizna de uno de sus propios p\u00e1rrafos. Dicen los que lo leen ahora por primera vez en sus vidas que en una p\u00e1gina exacta \u00darsula Iguar\u00e1n muere en Jueves Santo y que en ese p\u00e1rrafo consta que fue un d\u00eda de tan intensos calores que \u201clos p\u00e1jaros se estrellaban como perdigones y romp\u00edan las mallas met\u00e1licas de las ventanas para morirse en los dormitorios\u201d y consta que el d\u00eda que muri\u00f3 Gabo, un p\u00e1jaro confundido se meti\u00f3 qui\u00e9n sabe c\u00f3mo a su casa y termin\u00f3 estrell\u00e1ndose en la ventana de la habitaci\u00f3n donde empezaba su eternidad. Tambi\u00e9n sucedi\u00f3 en Jueves Santo.<\/p>\n<p style=\"color: #333333\">Nada m\u00e1s. Nada menos: la vida y literatura de Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez est\u00e1 impresa como un tatuaje inexplicable de azar y magias. Debo a la generosa amistad de Mercedes Barcha,\u00a0<em>La Gaba,<\/em>\u00a0y a la fraternidad incondicional de Rodrigo y Gonzalo Garc\u00eda Barcha lo que narro en estas l\u00edneas y lo que vivimos o leemos en la vida y obra de Gabo: todo ello es ya memoria palpable e imaginaci\u00f3n desatada por encima y allende de toda consideraci\u00f3n ajena a su Literatura con may\u00fasculas y quiz\u00e1 por ello, el d\u00eda que dicen que se fue, sin permiso y en silencio conoc\u00ed por primera vez la cueva donde escrib\u00eda. Horas antes, minutos despu\u00e9s de su \u00faltimo suspiro, su hijo capt\u00f3 tambi\u00e9n en fotograf\u00eda el arco iris que pas\u00f3 por encima del sill\u00f3n donde le gustaba leer; de noche, al filo de la madrugada del primer d\u00eda que hoy apenas cumple un a\u00f1o, yo mismo vi en penumbra lo que parec\u00eda la tipograf\u00eda del silencio. Efectivamente, son mariposas amarillas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esta es una cr\u00f3nica del autor del art\u00edculo a partir de las palabras de su esposa e hijos<\/p>\n","protected":false},"author":5842,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[23],"tags":[],"class_list":["post-461479","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-latinoamerica"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/461479","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5842"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=461479"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/461479\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":461481,"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/461479\/revisions\/461481"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=461479"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=461479"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=461479"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}