{"id":475685,"date":"2018-01-19T17:54:17","date_gmt":"2018-01-19T22:54:17","guid":{"rendered":"http:\/\/diarioelpopular.com\/?p=475685"},"modified":"2018-01-19T17:54:18","modified_gmt":"2018-01-19T22:54:18","slug":"mis-padres-querian-mutilarme-y-casarme-porque-necesitaban-una-vaca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/2018\/01\/19\/mis-padres-querian-mutilarme-y-casarme-porque-necesitaban-una-vaca\/","title":{"rendered":"\u201cMis padres quer\u00edan mutilarme y casarme porque necesitaban una vaca\u201d"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_475686\" style=\"width: 570px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/diarioelpopular.com\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/1515424791_575314_1515502868_noticia_normal_recorte1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-475686\" class=\"size-large wp-image-475686\" src=\"https:\/\/diarioelpopular.com\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/1515424791_575314_1515502868_noticia_normal_recorte1-560x329.jpg\" alt=\"Un grupo de mutiladoras hacen productos de artesan\u00eda con cuentas en Likramuni, en el norte de Tanzania. FLAVIA FARRACES\" width=\"560\" height=\"329\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-475686\" class=\"wp-caption-text\">Un grupo de mutiladoras hacen productos de artesan\u00eda con cuentas en Likramuni, en el norte de Tanzania. FLAVIA FARRACES<\/p><\/div>\n<p style=\"color: #444444\">\u201cUn d\u00eda mis padres me dijeron: &#8216;Te vamos a mutilar para que puedas conseguir un marido\u201d, cuenta Janeth Ropi, de 12 a\u00f1os. La joven tanzana no dijo nada, pero llor\u00f3 sin pausa durante todo el d\u00eda. Tanto que sus padres se asustaron y creyeron que huir\u00eda. Por eso encomendaron a uno de sus cuatro hermanos varones que hiciese de centinela. Poco tiempo despu\u00e9s lleg\u00f3 la\u00a0<em>ngariba<\/em>\u00a0(mutiladora en suajili). Intent\u00f3 escapar, pero su hermano y otros hombres del pueblo la atraparon. Su padre la golpe\u00f3 con un cable el\u00e9ctrico. Y la mutiladora se llev\u00f3 para siempre su cl\u00edtoris.<\/p>\n<div id=\"elpais_gpt-INTEXT\" style=\"color: #444444\">\n<div id=\"google_ads_iframe_\/7811748\/elpais_web\/planeta_futuro\/intext_0__container__\" style=\"font-style: inherit\">Janeth lo cuenta mirando hacia el suelo, musitando las palabras y esquivando los detalles dolorosos. Todo est\u00e1 a\u00fan muy reciente para esta joven masai. Ocurri\u00f3 en noviembre de 2016. La encerraron en una habitaci\u00f3n durante un mes mientras se recuperaba con otras dos chicas que tambi\u00e9n hab\u00edan sido mutiladas. El dolor le imped\u00eda levantarse, hasta el punto de que una persona ten\u00eda que cogerla en brazos y llevarla hasta el aseo para hacer sus necesidades. Hoy todav\u00eda siente molestias cuando camina r\u00e1pido. En Tanzania, la\u00a0<a style=\"font-style: inherit;color: #016ca2\" href=\"https:\/\/www.unicef.es\/noticia\/stopmgf-200-millones-de-ninas-y-mujeres-han-sufrido-mutilacion-genital-femenina\" target=\"_blank\">mutilaci\u00f3n genital afecta al 15% de las mujeres, seg\u00fan Unicef<\/a>, por lo que est\u00e1 considerado un pa\u00eds de baja prevalencia y uno de los que m\u00e1s ha avanzado en la lucha contra esta peligrosa pr\u00e1ctica que puede provocar la muerte y deja una indeleble huella psicol\u00f3gica. Pero en la regi\u00f3n septentrional de Manyara, de donde procede Janeth, rural y mayoritariamente poblada por la etnia masai, el porcentaje asciende al 50,8%, seg\u00fan las estad\u00edsticas gubernamentales del\u00a0<a style=\"font-style: inherit;color: #016ca2\" href=\"http:\/\/www.nbs.go.tz\/nbs\/takwimu\/dhs\/2015-16_TDHS-MIS_Key_Findings_English.pdf\" target=\"_blank\">Tanzanian Demographic Health Survey<\/a>.<\/div>\n<\/div>\n<div id=\"inread1\" style=\"font-style: inherit\">\u00a0Janeth prosigue. D\u00edas despu\u00e9s, lleg\u00f3 un hombre de unos 30 a\u00f1os con una dote de dinero y vacas para escoger esposa entre las tres convalecientes. Cuando ella termin\u00f3 de recuperarse, todav\u00eda no hab\u00eda elegido a ninguna. La joven juguetea con el collar, sin despegar la vista del suelo. Recuerda que ya hab\u00eda regresado a su hogar tras la ablaci\u00f3n. Su casa no ten\u00eda puerta, tan solo una pila vertical de cestas tapando la entrada, que el hombre apart\u00f3 f\u00e1cilmente cuando se introdujo en ella por la noche. \u201cDespu\u00e9s de violarme, le llev\u00f3 las vacas a mi madre\u201d, explica. Ella es una de las 40 j\u00f3venes que acoge la ONG Nafgem en el norte de Tanzania. Todas han sufrido la mutilaci\u00f3n o escaparon de ella y permanecen con la organizaci\u00f3n hasta que sea seguro regresar con sus familias.<\/div>\n<h3 style=\"color: #111111\">Una pr\u00e1ctica secreta<\/h3>\n<p style=\"color: #444444\">El coordinador de Nafgem, Francis Selasini, explica que la ablaci\u00f3n se sigue practicando \u201cdiscretamente\u201d, a pesar de que est\u00e1 prohibida por ley desde 1998. A veces como parte del bautizo o de la comuni\u00f3n, incluso en reci\u00e9n nacidas, y otras en ni\u00f1as m\u00e1s mayores como forma de prepararlas para un matrimonio temprano. \u201cHay mucha ignorancia sobre sus consecuencias: cuando una ni\u00f1a muere desangrada tras ser mutilada, las familias no conectan ambos eventos. Creen que se trata de mal fario y se han dado casos de padres que se deshacen de los cuerpos de sus hijas abandon\u00e1ndolos entre los arbustos para que los coman las hienas\u201d, apunta.<\/p>\n<section id=\"sumario_2|html\" class=\"sumario_html izquierda\" style=\"color: #444444\"><a style=\"font-style: inherit;color: #016ca2\" name=\"sumario_2\"><\/a><\/p>\n<div class=\"sumario__interior\" style=\"font-style: inherit\">\n<div class=\"sumario-texto\" style=\"font-style: inherit\">\n<p class=\"texto_grande\" style=\"font-weight: bold;font-style: inherit;color: #000000\">La lucha contra la ablaci\u00f3n implica proteger a las v\u00edctimas y educar a los perpetradores: las familias,\u00a0 la comunidad y las mutiladoras<\/p>\n<p class=\"texto_grande\" style=\"font-weight: bold;font-style: inherit;color: #000000\">\n<\/div>\n<\/div>\n<\/section>\n<p style=\"color: #444444\">Los argumentos para mutilar a una joven son muy variados. Desde que sea aceptada socialmente hasta preservar su castidad o la creencia de que puede prevenir una infecci\u00f3n llamada\u00a0<em>lawa-lawa<\/em>\u00a0que, en realidad, puede ser evitada con una mayor higiene. Otras veces, el motivo puede ser tan pragm\u00e1tico como la necesidad de reunir una dote para uno de los hijos, como le ocurri\u00f3 a Leah Mollel, de 24 a\u00f1os. Sus padres le presentaron a su futuro marido, un hombre de 45 a\u00f1os que hab\u00eda ofrecido 500.000 chelines tanzanos (casi 190 euros) y diez vacas para desposarla. Su familia quer\u00eda usar esa dote para que el hermano de Leah pudiera, a su vez, encontrar una esposa. Pero la raz\u00f3n de fondo es controlar la sexualidad de las mujeres, socavar su placer.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">En algunos lugares sobreviven incluso creencias tan ex\u00f3ticas como que si el cl\u00edtoris no se secciona, seguir\u00e1 creciendo y matar\u00e1 al marido durante el acto sexual. La explicaci\u00f3n que dieron sus padres a Nagalal Territho, de 22 a\u00f1os,\u00a0 es que as\u00ed no se convertir\u00eda en una prostituta. La noche anterior a que eso ocurriera decidi\u00f3 adue\u00f1arse de su destino y huy\u00f3. Ten\u00eda miedo porque hab\u00eda visto morir a una amiga suya por ese motivo. \u201cMis padres quer\u00edan mutilarme y casarme porque necesitaban una vaca\u201d, sentencia Nagalal.<\/p>\n<section id=\"sumario_5|foto\" class=\"sumario_foto izquierda\" style=\"color: #444444\"><a style=\"font-style: inherit;color: #016ca2\" name=\"sumario_5\"><\/a><\/p>\n<div class=\"sumario__interior\" style=\"font-style: inherit\">\n<figure class=\"foto foto_w360\" style=\"font-style: inherit\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" style=\"font-style: inherit\" src=\"https:\/\/ep01.epimg.net\/elpais\/imagenes\/2018\/01\/08\/planeta_futuro\/1515424791_575314_1515500401_sumario_normal.jpg\" alt=\"La m\u00e1sai Martha Daudi, de 66 a\u00f1os, es una antigua mutiladora. En una mano lleva la calabaza donde guardaba la leche con la que limpiaba la zona antes de mutilar. En la otra, sujeta los abalorios que hace ahora para ganarse la vida.\" width=\"360\" height=\"528\" \/><figcaption class=\"foto-pie\" style=\"font-style: inherit;color: #646464\"><span class=\"foto-texto\" style=\"font-style: inherit\">La m\u00e1sai Martha Daudi, de 66 a\u00f1os, es una antigua mutiladora. En una mano lleva la calabaza donde guardaba la leche con la que limpiaba la zona antes de mutilar. En la otra, sujeta los abalorios que hace ahora para ganarse la vida.<\/span>\u00a0<span class=\"foto-firma\" style=\"font-style: inherit;color: #111111\"><span class=\"foto-autor\" style=\"font-style: inherit\">FLAVIA OLIVIA FARRACES<\/span><\/span><\/figcaption><\/figure>\n<div class=\"sumario-texto\" style=\"font-style: inherit\"><\/div>\n<\/div>\n<\/section>\n<p style=\"color: #444444\">En Tanzania, las mujeres son, con frecuencia, una moneda de cambio, un medio para conseguir dinero o ganado. Pero la resuelta y en\u00e9rgica Nagalal ten\u00eda muy claro que quer\u00eda estudiar y hoy se prepara para ser dise\u00f1adora de moda. La lucha contra la ablaci\u00f3n de Nafgem no acaba cuando protegen a las v\u00edctimas, sino que tambi\u00e9n implica educar a los perpetradores: las familias, los l\u00edderes de la comunidad y las mutiladoras. La psic\u00f3loga de Nafgem, Beatha Lyamuya, explica que, tras ser sometidas a la mutilaci\u00f3n, las ni\u00f1as pierden la confianza en sus progenitores y el v\u00ednculo no siempre es f\u00e1cil de reparar. \u201cAl principio los padres no comprenden que hayan hecho algo mal, pero cuando hablamos con ellos la mayor\u00eda termina disculp\u00e1ndose con sus hijas\u201d, se\u00f1ala. Solo cuando se comprometen a no mutilarlas y a dejar que estudien, pueden volver a convivir con ellas.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">El retorno de las j\u00f3venes a sus comunidades no es sencillo. La mayor\u00eda no ve con buenos ojos a quien ha osado desafiar el\u00a0<em>status quo<\/em>. \u201cAlgunos les echan la culpa de lo que ha pasado y les dicen que nadie querr\u00e1 casarse con ellas\u201d, apunta Lyamuya. Pero sus familias no se atreven a imponerles de nuevo su voluntad, porque tienen miedo de que les denuncien ante las autoridades si lo hacen. Para evitar que, como Nagalal y Leah, las j\u00f3venes puedan huir de la mutilaci\u00f3n, la intervenci\u00f3n\u00a0<a style=\"font-style: inherit;color: #016ca2\" href=\"https:\/\/elpais.com\/elpais\/2016\/12\/23\/planeta_futuro\/1482497813_707943.html\" target=\"_blank\">se practica cada vez m\u00e1s temprano, incluso a reci\u00e9n nacidas.<\/a><\/p>\n<p style=\"color: #444444\">La peque\u00f1a Evaline Kaipai, de siete a\u00f1os, tuvo suerte de que su hermana Ruti, de 25, la ayudara a huir. Ahora Evaline est\u00e1 interna en un colegio, donde estudia y juega como le corresponde por su edad. Su padre nunca la llev\u00f3 a la escuela porque decidi\u00f3 era mejor que ayudara a su madre en el hogar. Para llegar hasta el centro hay que subir por la falda del Kilimanjaro, atravesando frondosos bananos, aguacateros y cafetales. Un rinc\u00f3n poco accesible donde est\u00e1 a salvo de los que quisieron robarle la infancia.<\/p>\n<h3 style=\"color: #111111\">Mutiladora, un oficio prestigioso<\/h3>\n<p style=\"color: #444444\">En Tanzania, la mutilaci\u00f3n no se produce en un entorno cl\u00ednico, como ocurre en pa\u00edses como Egipto, sino que corre a cargo de mujeres que, parad\u00f3jicamente, tambi\u00e9n ejercen como parteras. Martha Daudi, de 66 a\u00f1os, es consciente ahora de los riesgos. Hace 12 a\u00f1os que decidi\u00f3 enterrar la cuchilla. Esta mujer voluminosa, sonriente y vivaracha aprendi\u00f3 observando a otras mutiladoras y reconoce que lo hac\u00eda por el \u201cprestigio\u201d del que disfrutan estas practicantes. \u201cLa gente se quedaba admirada al ver a una joven tan valiente como para practicar la mutilaci\u00f3n\u201d, rememora. Se ganaba muy bien la vida, explica, cobrando 30.000 chelines (poco m\u00e1s de 11 euros) por cada intervenci\u00f3n. \u201cNo he pedido perd\u00f3n a las j\u00f3venes que mutil\u00e9, pero me gustar\u00eda\u201d, reconoce.<\/p>\n<section id=\"sumario_3|html\" class=\"sumario_html derecha\" style=\"color: #444444\"><a style=\"font-style: inherit;color: #016ca2\" name=\"sumario_3\"><\/a><\/p>\n<div class=\"sumario__interior\" style=\"font-style: inherit\">\n<div class=\"sumario-texto\" style=\"font-style: inherit\">\n<p class=\"texto_grande\" style=\"font-weight: bold;font-style: inherit;color: #000000\">\u201cMis padres quer\u00edan mutilarme porque necesitaban una vaca\u201d<\/p>\n<p class=\"autor_cita\" style=\"font-weight: bold;color: #111111\">NAGALAL TERRITHO, DE 22 A\u00d1OS<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/section>\n<p style=\"color: #444444\">Ahora sus ingresos proceden de los cuencos, pendientes y pulseras, entre otras piezas de artesan\u00eda que fabrica con coloridas cuentas en un taller de Nafgem en Likramuni, a 60 kil\u00f3metros al sur de la ciudad de Moshi. Las pulseras son comercializadas en Espa\u00f1a por la ONG Mundo Cooperante, que apoya la labor de Nafgem en Tanzania. De esta forma, las mujeres encuentran incentivos econ\u00f3micos para dejar esta perniciosa pr\u00e1ctica. Ana Lemri wa Miaka, de 83 a\u00f1os, ensarta cuentas con agilidad junto a Martha. Tambi\u00e9n fue mutiladora, pero no a\u00f1ora su antigua vida. \u201cA las chicas no se les permit\u00eda quejarse, se les dec\u00eda que ten\u00edan que ser fuertes\u201d, recuerda. Cuando Nafgem le explic\u00f3 que su actividad podr\u00eda costarle el ingreso en prisi\u00f3n o incluso aumentar sus posibilidades de contraer el sida al estar en contacto con sangre, decidi\u00f3 dejarlo.<\/p>\n<section id=\"sumario_6|foto\" class=\"sumario_foto derecha\" style=\"color: #444444\"><a style=\"font-style: inherit;color: #016ca2\" name=\"sumario_6\"><\/a><\/p>\n<div class=\"sumario__interior\" style=\"font-style: inherit\">\n<figure class=\"foto foto_w360\" style=\"font-style: inherit\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" style=\"font-style: inherit\" src=\"https:\/\/ep01.epimg.net\/elpais\/imagenes\/2018\/01\/08\/planeta_futuro\/1515424791_575314_1515500529_sumario_normal.jpg\" alt=\"Leah Mollel, de 24 a\u00f1os, estudia para sus ex\u00e1menes finales. Todav\u00eda est\u00e1 estudiando Secundaria, ya que sus padres la escolarizaron de forma tard\u00eda.\" width=\"360\" height=\"310\" \/><figcaption class=\"foto-pie\" style=\"font-style: inherit;color: #646464\"><span class=\"foto-texto\" style=\"font-style: inherit\">Leah Mollel, de 24 a\u00f1os, estudia para sus ex\u00e1menes finales. Todav\u00eda est\u00e1 estudiando Secundaria, ya que sus padres la escolarizaron de forma tard\u00eda.<\/span>\u00a0<span class=\"foto-firma\" style=\"font-style: inherit;color: #111111\"><span class=\"foto-autor\" style=\"font-style: inherit\">FLAVIA OLIVIA FARRACES<\/span><\/span><\/figcaption><\/figure>\n<div class=\"sumario-texto\" style=\"font-style: inherit\"><\/div>\n<\/div>\n<\/section>\n<p style=\"color: #444444\">La temporada alta de la mutilaci\u00f3n tiene lugar durante las vacaciones de verano o de diciembre, cuando las j\u00f3venes regresan de los colegios donde est\u00e1n internas y hay tiempo suficiente para organizar los preparativos. Los d\u00edas previos a la mutilaci\u00f3n suelen tener un aire de bullicio ajetreado, por lo que las j\u00f3venes deben estar atentas para zafarse. La impunidad para mutilar a una joven en Tanzania cuesta 300.000 chelines (112 euros). Esa es la cantidad para eludir la pena de entre cinco y 15 a\u00f1os de c\u00e1rcel que prev\u00e9 la legislaci\u00f3n para quienes mutilen o permitan que se mutile a una joven, lo que incluye no solo a las perpetradoras, sino tambi\u00e9n a las familias. Pero la norma solo se aplica a las menores de edad, dejando desprotegidas a las mujeres adultas, que tambi\u00e9n sufren esta pr\u00e1ctica.<\/p>\n<section id=\"sumario_4|html\" class=\"sumario_html izquierda\" style=\"color: #444444\"><a style=\"font-style: inherit;color: #016ca2\" name=\"sumario_4\"><\/a><\/p>\n<div class=\"sumario__interior\" style=\"font-style: inherit\">\n<div class=\"sumario-texto\" style=\"font-style: inherit\">\n<p class=\"texto_grande\" style=\"font-weight: bold;font-style: inherit;color: #000000\">La violaci\u00f3n dentro del matrimonio es legal en Tanzania, al igual que el matrimonio infantil desde los 14 a\u00f1os<\/p>\n<p class=\"texto_grande\" style=\"font-weight: bold;font-style: inherit;color: #000000\">\n<\/div>\n<\/div>\n<\/section>\n<p style=\"color: #444444\">La amputaci\u00f3n del cl\u00edtoris es el doloroso rito de pasaje hacia la madurez. La se\u00f1al de que la mujer est\u00e1 lista para casarse. Por eso mutilaci\u00f3n y matrimonio infantil se dan la mano. El jefe masai de Likramuni, Salome Mollel, de 87 a\u00f1os, admite que como l\u00edder de la tribu, sol\u00eda casar a ni\u00f1as de ocho con hombres en la veintena, y a las de 12 a\u00f1os con varones de hasta 60. En la cultura masai, los hombres pueden tener varias mujeres, por lo que estas cr\u00edas pod\u00edan convertirse en segundas, terceras o cuartas esposas. \u201cLa ni\u00f1a ten\u00eda que cumplir con sus deberes de esposa le gustase o no. Y si se resist\u00eda a consumar el matrimonio, el marido ten\u00eda la potestad de violarla\u201d, reconoce Mollel.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">La violaci\u00f3n dentro del matrimonio sigue siendo legal en Tanzania. Al igual que el matrimonio infantil, a partir de los 14 a\u00f1os con permiso de un juez o de los 15 a\u00f1os con consentimiento de los padres. Aunque la Corte Suprema de Tanzania anul\u00f3 en julio de 2016 los art\u00edculos que permit\u00edan el matrimonio infantil, la legislaci\u00f3n todav\u00eda no ha sido modificada. Una vez casadas, los abusos eran constantes. El marido pod\u00eda humillar, ridiculizar o golpear a su joven esposa como si fuese de su propiedad. Y si la mataba, \u201clas familias de ambos se reun\u00edan y los parientes del marido entregaban 49 vacas a los de la mujer y la deuda quedaba saldada\u201d, detalla Mollel. Pero cada vez m\u00e1s mujeres se niegan a que su valor se mida en vacas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Tanzania se practica la ablaci\u00f3n con el pretexto de que el cl\u00edtoris seguir\u00e1 creciendo y matar\u00e1 al marido, para evitar supuestas enfermedades y por motivos econ\u00f3micos<\/p>\n","protected":false},"author":5842,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[24],"tags":[],"class_list":["post-475685","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/475685","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5842"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=475685"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/475685\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":475687,"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/475685\/revisions\/475687"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=475685"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=475685"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=475685"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}