{"id":479454,"date":"2018-11-02T09:56:50","date_gmt":"2018-11-02T13:56:50","guid":{"rendered":"http:\/\/diarioelpopular.com\/?p=479454"},"modified":"2018-11-02T09:56:50","modified_gmt":"2018-11-02T13:56:50","slug":"las-vidas-rotas-que-irritan-a-trump","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/2018\/11\/02\/las-vidas-rotas-que-irritan-a-trump\/","title":{"rendered":"Las vidas rotas que irritan a Trump"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_479455\" style=\"width: 570px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/diarioelpopular.com\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/1540909888_963566_1541033505_sumario_normal_recorte1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-479455\" class=\"size-large wp-image-479455\" src=\"https:\/\/diarioelpopular.com\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/1540909888_963566_1541033505_sumario_normal_recorte1-560x373.jpg\" alt=\"Maribel Cantarero en su casa a las afueras de San Pedro Sula \" width=\"560\" height=\"373\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-479455\" class=\"wp-caption-text\">Maribel Cantarero en su casa a las afueras de San Pedro Sula<\/p><\/div>\n<p style=\"color: #444444\">La \u00faltima vez que vio a su esposo estaba tan triste que ni siquiera intercambiaron un beso de despedida. Despu\u00e9s de 13 a\u00f1os y tres hijos juntos, lo suyo se redujo a un leve golpe en el hombro y una bendici\u00f3n al aire antes de que enfilara la calle arrastrando los pies por la tierra. Solo unas horas antes, Jos\u00e9 Hern\u00e1ndez, de 31 a\u00f1os, hab\u00eda escuchado en la televisi\u00f3n que una extra\u00f1a\u00a0<a style=\"font-weight: bold;font-style: inherit;color: #000000\" href=\"https:\/\/elpais.com\/internacional\/2018\/11\/01\/estados_unidos\/1541109162_571353.html\" target=\"_blank\">caravana de migrantes pasar\u00eda cerca de su casa<\/a>. Iban juntos, seguros y hacia Estados Unidos, a 2.500 metros de su casa en San Pedro Sula. En cuesti\u00f3n de minutos decidi\u00f3 sumarse a ella.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">King Kong, como le llaman por su corpulencia, agarr\u00f3 dos camisetas, un pantal\u00f3n y un calz\u00f3n color caf\u00e9. Lo mejor de vivir en un pa\u00eds donde hasta el suelo arde por el calor, es que todo el equipaje cabe en una mochila escolar en la que\u00a0<a style=\"font-weight: bold;font-style: inherit;color: #000000\" href=\"https:\/\/elpais.com\/elpais\/2018\/10\/23\/actualidad\/1540308642_628129.html\" target=\"_blank\">el d\u00eda anterior estaban los l\u00e1pices de colores y los libros de primaria de uno de sus hijos<\/a>. Antes de partir, tuvo su \u00faltimo arranque de coqueter\u00eda y guard\u00f3 un frasco de perfume de imitaci\u00f3n de Armani.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">La siguiente vez que Maribel Cantarero, de 30 a\u00f1os, volvi\u00f3 a verlo fue cuatro d\u00edas despu\u00e9s, en el noticiero de m\u00e1xima audiencia del pa\u00eds. Cuando la c\u00e1mara de UNO TV\u00a0<a style=\"font-weight: bold;font-style: inherit;color: #000000\" href=\"https:\/\/elpais.com\/internacional\/2018\/10\/30\/america\/1540908580_310604.html\" target=\"_blank\">recorri\u00f3 la masa de desarrapados y se detuvo frente a su marido<\/a>, \u00e9l solo dijo: \u201cUn saludo para la familia y para la gente de mi colonia\u201d. El inocente mensaje de alguien que no carga un tel\u00e9fono, lleva d\u00edas caminando y sali\u00f3 del pa\u00eds con 500 lempiras (20 d\u00f3lares) en el bolsillo, ha sido el \u00fanico alivio que ha entrado desde entonces a esta casa de cemento y l\u00e1minas a las afueras de San Pedro Sula.<\/p>\n<div id=\"attachment_479456\" style=\"width: 570px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/diarioelpopular.com\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/1540909888_963566_1541032708_sumario_normal_recorte1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-479456\" class=\"size-large wp-image-479456\" src=\"https:\/\/diarioelpopular.com\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/1540909888_963566_1541032708_sumario_normal_recorte1-560x374.jpg\" alt=\"Manuel camina por la carretera de Huixtla, Chiapas \" width=\"560\" height=\"374\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-479456\" class=\"wp-caption-text\">Manuel camina por la carretera de Huixtla, Chiapas<\/p><\/div>\n<p>Manuel Beras, de 36 a\u00f1os, lleg\u00f3 de trabajar y se tumb\u00f3 a descansar y escuchar la radio en su casa de El Negrito, en el departamento de Yoro,\u00a0<a style=\"font-weight: bold;font-style: inherit;color: #000000\" href=\"https:\/\/elpais.com\/internacional\/2017\/11\/21\/actualidad\/1511268972_955366.html\" target=\"_blank\">a dos horas en coche de San Pedro Sula<\/a>. Despu\u00e9s cen\u00f3 lo que hab\u00eda: arroz, frijoles y una taza de caf\u00e9. En el bolet\u00edn de las siete de la tarde, escuch\u00f3 que al d\u00eda siguiente un grupo de migrantes se concentrar\u00eda en la estaci\u00f3n de autobuses de San Pedro Sula para emprender el camino. Se levant\u00f3 entonces de la hamaca y dijo: \u201cMe voy\u201d.<\/p>\n<p>Acto seguido, se dirigi\u00f3 a la obra donde estaba trabajando como alba\u00f1il y pidi\u00f3 lo que le deb\u00edan. De regreso a casa durmi\u00f3 unas horas y a las 3.30 de la madrugada se despidi\u00f3 de sus hijos, su mujer le hizo la se\u00f1al de la cruz cerca de la frente y abandon\u00f3 el lugar. Con 1.500 lempiras, unos 60 d\u00f3lares, en el bolsillo.<\/p>\n<p>Cuando lleg\u00f3 a la terminal de autobuses de San Pedro Sula, unos polic\u00edas\u00a0<a style=\"font-weight: bold;font-style: inherit;color: #000000\" href=\"https:\/\/elpais.com\/internacional\/2018\/10\/20\/mexico\/1540071112_201687.html\" target=\"_blank\">le dijeron que la caravana ya hab\u00eda partido<\/a>, que estaban a unos tres kil\u00f3metros. Todav\u00eda pod\u00eda alcanzarlos. Se subi\u00f3 a un taxi que se fue a toda prisa. Al ir a pagar, le dijo: \u201c\u00a1D\u00e9jalo, d\u00e9jalo!, yo tambi\u00e9n fui migrante, guarda tu dinero\u201d.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">\u201cNunca me imagin\u00e9 estar aqu\u00ed\u201d, confiesa d\u00edas despu\u00e9s mientras camina a Mapastepec (M\u00e9xico), a unos 130 kil\u00f3metros de la frontera con Guatemala. Lleva un pantal\u00f3n negro, una camisa\u00a0<em>jean\u00a0<\/em>que le regalaron en el camino, una gorra negra y una toalla rosa amarrada al cuello para limpiarse el sudor. Las arrugas acent\u00faan las facciones de su cara y habla casi a susurros, con la voz en extremo sigilo.<\/p>\n<div id=\"attachment_479457\" style=\"width: 570px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/diarioelpopular.com\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/1540909888_963566_1541032876_sumario_normal_recorte1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-479457\" class=\"size-large wp-image-479457\" src=\"https:\/\/diarioelpopular.com\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/1540909888_963566_1541032876_sumario_normal_recorte1-560x374.jpg\" alt=\"Un grupo de hondure\u00f1os son llevados en un cami\u00f3n de materiales, arriba un helic\u00f3ptero de la polic\u00eda federal mexicana vigila su trayecto.\" width=\"560\" height=\"374\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-479457\" class=\"wp-caption-text\">Un grupo de hondure\u00f1os son llevados en un cami\u00f3n de materiales, arriba un helic\u00f3ptero de la polic\u00eda federal mexicana vigila su trayecto.<\/p><\/div>\n<p style=\"color: #444444\">\u2014 Ha sido una aventura\u2026<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">\u2014 Ha sido una locura, s\u00ed.<\/p>\n<p>Beras y Hern\u00e1ndez se conocieron en Tec\u00fan Um\u00e1n, todav\u00eda en territorio guatemalteco. Han formado un grupo de siete hombres. Algunos son de Yoro, otros de Santa B\u00e1rbara o de San Pedro Sula. Todos viajan solos, todos dejaron hijos y esposas en Honduras. \u201cSomos amigos del camino, nos vamos echando la mano, nos protegemos\u201d, explica Beras. \u201cCada uno pide dinero en la calle y al final juntamos lo que conseguimos; si uno come, come el otro\u201d, resume su compa\u00f1ero, que viste una sencilla camiseta negra y unos pantalones cortos.<\/p>\n<p>El destino los encontr\u00f3 a las puertas de M\u00e9xico. Y esas puertas estaban cerradas. Miles de hondure\u00f1os se plantaron frente a un cerco policial que no pod\u00eda controlarlos. Despu\u00e9s vino el portazo a la aduana guatemalteca. La euforia. El \u201c\u00a1s\u00ed se pudo!\u201d. El momento en que los polic\u00edas mexicanos lanzaron gas pimienta para reprimir a un mar de gente. Pasar la noche en el puente fronterizo Rodolfo Robles y\u00a0<a style=\"font-weight: bold;font-style: inherit;color: #000000\" href=\"https:\/\/elpais.com\/internacional\/2018\/10\/20\/mexico\/1540071112_201687.html\" target=\"_blank\">armar un campo de refugiados encima del r\u00edo Suchiate<\/a>, entre Tec\u00fan Um\u00e1n y Ciudad Hidalgo, entre Guatemala y M\u00e9xico. Era viernes 19 de octubre y ya se les hab\u00eda terminado el\u00a0<em>pisto,<\/em>\u00a0el dinero.<\/p>\n<p>\u201cEst\u00e1 muy dif\u00edcil, ya v\u00e1monos de regreso,\u00a0<em>compa<\/em>\u201d, le dec\u00eda a Beras un amigo del mismo barrio\u00a0<a style=\"font-weight: bold;font-style: inherit;color: #000000\" href=\"https:\/\/elpais.com\/internacional\/2018\/10\/16\/actualidad\/1539700923_782180.html\" target=\"_blank\">que hab\u00eda encontrado en la caravana<\/a>. \u201cCuando llegamos a los buses que estaban regresando a Honduras, mi amigo se subi\u00f3, pero yo no pude porque mi nombre no estaba en la lista, as\u00ed que me anim\u00e9 a seguir, yo creo que fue obra de Dios\u201d, explica como si fuera un recuerdo lejano. Han pasado apenas cuatro d\u00edas. A esas horas Donald Trump ya hab\u00eda enviado su en\u00e9simo tuit llamando a migrantes como Jos\u00e9 y Manuel pandilleros y delincuentes.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">\u201c\u00a1Mujeres y ni\u00f1os en las\u00a0<em>c\u00e1maras<\/em>\u00a0[balsas hinchables]! \u00a1Los hombres por el cord\u00f3n! \u00a1Los hombres que no sepan nadar esperen otra balsa!\u201d, gritaban los hombres, que organizaban el cruce por el Suchiate. \u201cNunca voy a olvidar lo que pas\u00f3 en ese puente, todos nos dispersamos, solo algunos nos volvimos a encontrar m\u00e1s tarde, gracias a Dios pudimos cruzar en las balsas\u201d, recuerda Hern\u00e1ndez, meditabundo. \u201c\u00bfLo m\u00e1s dif\u00edcil? Los ni\u00f1os, hay muchos que han sufrido\u201d. Al caer aquella noche de s\u00e1bado,\u00a0<a style=\"font-weight: bold;font-style: inherit;color: #000000\" href=\"https:\/\/elpais.com\/internacional\/2018\/10\/21\/actualidad\/1540131254_334776.html\" target=\"_blank\">ambos durmieron en Ciudad Hidalgo, del lado mexicano<\/a>.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Todo estaba oscuro. Todos estaban juntos. Eran casi las seis de la ma\u00f1ana del domingo y m\u00e1s de 7.000 migrantes marchaban hacia Tapachula, unos 30 kil\u00f3metros dentro de territorio mexicano. \u201cTengo calentura desde hace dos d\u00edas y me duele todo el cuerpo, pero no quiero darme por vencido\u201d. Beras, p\u00e1lido, arrastra los pies y las palabras para mantener el paso de la caravana. Han pasado tres horas desde el inicio de una nueva caminata, pero el sol ya cae a plomo. Unos metros m\u00e1s atr\u00e1s, Hern\u00e1ndez camina con el ce\u00f1o fruncido, sin quitar la vista del objetivo. Son muy pocos los que traen agua y menos los que cargan comida.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">\u201cMir\u00e1, huy\u00f3 porque estaba harto de no tener trabajo, de no tener nada que ofrecer a los cipotes [ni\u00f1os] y de pagar extorsiones a las pandillas\u201d, resume Maribel Cantarero, la esposa de Hern\u00e1ndez sobre un sill\u00f3n del que asoma la espuma y los muelles. Abre el \u201crefri\u201d para demostrarlo: solo hay tres botellas de agua, un lim\u00f3n seco, un jarabe y una bolsa de pl\u00e1stico con algo que parecen tortillas secas de ma\u00edz en su interior.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">\u201cHuy\u00f3\u201d. Casi sin percatarse, la mujer ha incorporado en la frase el verbo m\u00e1s habitual entre los migrantes que conforman la caravana.\u00a0<a style=\"font-weight: bold;font-style: inherit;color: #000000\" href=\"https:\/\/elpais.com\/internacional\/2018\/05\/22\/america\/1527007946_295095.html\" target=\"_blank\">Como su esposo, miles de hondure\u00f1os ya no se marchan, huyen<\/a>: \u201cSi vuelven lo matan. Ellos ya saben que se fue y lo \u00fanico que piden es que pague\u201d.<\/p>\n<p>La historia de este matrimonio con tres hijos es la de Honduras de los \u00faltimos a\u00f1os. Hasta 2016, este era\u00a0<a style=\"font-weight: bold;font-style: inherit;color: #000000\" href=\"https:\/\/elpais.com\/internacional\/2012\/02\/15\/actualidad\/1329327165_337176.html\" target=\"_blank\">el \u00fanico pa\u00eds del mundo con dos ciudades, San Pedro Sula y Tegucigalpa, en el\u00a0<em style=\"font-weight: inherit\">ranking<\/em>\u00a0de las cinco m\u00e1s peligrosas del mundo<\/a>, con 112 y 85 muertos cada 100.000 habitantes, respectivamente. Espa\u00f1a tiene menos de uno.<\/p>\n<p>Hasta hace cuatro a\u00f1os el matrimonio viv\u00eda en Chamalec\u00f3n, un miserable y bullicioso barrio de San Pedro Sula, donde ten\u00edan un modesto negocio de compraventa de gas. Tan modesto que cabe en una moto. La vieja HJ de fabricaci\u00f3n china de la que cuelgan hasta cuatro cilindros y con la que ambos recorr\u00edan la polvorienta colonia llevando el gas a los vecinos.<\/p>\n<p>Enseguida, la 18,\u00a0<a style=\"font-weight: bold;font-style: inherit;color: #000000\" href=\"https:\/\/elpais.com\/especiales\/2016\/el-habito-de-la-mordaza\/\" target=\"_blank\">la pandilla que controla la zona<\/a>, le exigi\u00f3 500 lempiras para brindarle protecci\u00f3n. \u00bfProtecci\u00f3n de qui\u00e9n?. \u201dDe nosotros\u201d, le respondieron. El negocio no daba para grandes lujos pero les iba bien y compraron una televisi\u00f3n y un aparato de aire acondicionado. Al percibirlo, la mara le subi\u00f3 el pago del \u201cimpuesto de guerra\u201d , como se conoce la extorsi\u00f3n, a 700 lempiras; luego, a 800 y finalmente, a 1.000. Cansados de pagar un d\u00eda metieron todas sus cosas en un taxi y se mudaron de colonia, al extremo opuesto de San Pedro Sula, donde volvieron a empezar. Pero desde hace un a\u00f1o se repite el cuento. Esta vez, sin embargo, la extorsi\u00f3n los ha empujado a la pobreza, esta al miedo y de ah\u00ed al exilio.<\/p>\n<p>Maribel vende cinco tanques de gas por los que obtienen unas 2.500 lempiras mensuales. De agua paga 100, de luz 200 y de gas unas 300 lempiras mensuales. Paga adem\u00e1s 1.000 lempiras m\u00e1s a las pandillas y otros 1.000 de alquiler de la casa. \u201cEllos (la pandilla) se van a poner bravos porque ya saben que se fue y que seguramente yo no voy a poder pagar la cuota\u201d, explica resignada. Para comer no llega, as\u00ed que vive de fiado y de ir pagando \u201cde a poquito\u201d, reconoce.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">En la caminata,\u00a0<a style=\"font-weight: bold;font-style: inherit;color: #000000\" href=\"https:\/\/elpais.com\/internacional\/2018\/10\/22\/actualidad\/1540171146_773800.html\" target=\"_blank\">tras 10 d\u00edas de traves\u00eda<\/a>, Hern\u00e1ndez se acuerda de las extorsiones que le obligaron a mover su negocio. De la mudanza forzada, de la familia. A Beras le viene el recuerdo de su hermano Chabelo a la cabeza. \u201cLo mataron hace cuatro a\u00f1os, \u00e9l ten\u00eda un negocio en Santa B\u00e1rbara e iba mucho a San Pedro a comprar\u00a0<em>mercader\u00eda<\/em>\u00a0y le quitaron la vida en un restaurante donde estaba cenando\u201d. Isabel Beras tra\u00eda un arma, pero no pudo defenderse. Un silencio largo.<\/p>\n<div id=\"attachment_479458\" style=\"width: 570px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/diarioelpopular.com\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/1540909888_963566_1541033653_sumario_normal_recorte1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-479458\" class=\"size-large wp-image-479458\" src=\"https:\/\/diarioelpopular.com\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/1540909888_963566_1541033653_sumario_normal_recorte1-560x374.jpg\" alt=\"Un grupo de hondure\u00f1os juegan a las cartas mientras esperan su pr\u00f3xima salida en Pijijiapan. \" width=\"560\" height=\"374\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-479458\" class=\"wp-caption-text\">Un grupo de hondure\u00f1os juegan a las cartas mientras esperan su pr\u00f3xima salida en Pijijiapan.<\/p><\/div>\n<p style=\"color: #444444\">Calor fulminante durante el d\u00eda. Lluvias, a veces torrenciales, por la noche. \u201cNunca te acostumbras\u201d, afirma Hern\u00e1ndez, tumbado en el suelo, rendido por la fatiga. Se guarecen en un rinc\u00f3n de la plaza principal de Huixtla, la localidad donde pernoctar\u00e1n, debajo de lonas de pl\u00e1stico amarradas a \u00e1rboles y postes de luz. El agua se cuela y el campamento empieza a inundarse. Hay que moverse. Es una noche de tormenta y de luto, por el compa\u00f1ero que ha muerto aquel lunes, despu\u00e9s de caerse de\u00a0<a style=\"font-weight: bold;font-style: inherit;color: #000000\" href=\"https:\/\/elpais.com\/elpais\/2018\/10\/18\/album\/1539845903_528215.html\" target=\"_blank\">un cami\u00f3n que transportaba a los migrantes para hacerles menos severo el recorrid<\/a>o. \u201cPrendimos velas y un pastor nos dio \u00e1nimos toda la noche, fue muy bonito\u201d, cuenta Beras. \u00c9l es cat\u00f3lico, Hern\u00e1ndez evang\u00e9lico. A estas alturas, esas diferencias no importan. Ambos son parte de un reba\u00f1o en busca de una tierra prometida que no distingue culto.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">\u201cLos bendigo en el nombre de Jes\u00fas, los queremos mucho hermanos\u201d, susurra el predicador, con el micr\u00f3fono en la mano izquierda, mientras estrecha la mano derecha de los migrantes que se acercan al templete. Son las cuatro de la ma\u00f1ana. Miles de personas desbocan las calles del centro de Huixtla. El grupo empaca sin prisa. Hay muchas lecciones aprendidas. Una de las m\u00e1s importantes es que es mejor dormir por la tarde, para ganar terreno al sol.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">\u201cEstos pa\u00edses son prestados, no son los nuestros, venimos de paso, pues\u201d, explica Beras en el camino, mientras se limpia el sudor con su toalla. Se arremolina alrededor de una camioneta que reparte botellas de agua, mientras decenas de manos se abalanzan desesperadas. Hay que aguantar empujones, ser pacientes y no quemar muchas energ\u00edas.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Poco m\u00e1s adelante, la luz de las sirenas de las patrullas aparcadas deslumbran a Hern\u00e1ndez, hace fresco, como si las nubes empezaran a ras de piso, en el monte, entre los maizales. King Kong se adelanta, tuvo un poco de gripa, pero ya est\u00e1 sano. Beras sufre en silencio por las ampollas, sus pies est\u00e1n deshechos. Atr\u00e1s quedan grupos de menores de edad que viajan solos y juguetean en el camino, adultos mayores de andar calmo y carriolas [carritos] de familias que surcan las accidentadas carreteras chiapanecas. Hay baches y zanjas enormes.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Entre an\u00e9cdotas y pl\u00e1ticas, Beras tambi\u00e9n recuerda a Juan, un amigo que trabajaba con \u00e9l en la construcci\u00f3n y que se gana la vida como alba\u00f1il desde hace dos a\u00f1os en Michigan,\u00a0<a style=\"font-weight: bold;font-style: inherit;color: #000000\" href=\"https:\/\/elpais.com\/elpais\/2017\/02\/01\/videos\/1485965283_086367.html\" target=\"_blank\">en la frontera entre Estados Unidos y Canad\u00e1<\/a>. \u201cManuel, \u00bfcu\u00e1ndo te vas a agarrar los huevos y te vas a venir para ac\u00e1? En Honduras no hay c\u00f3mo salir adelante\u201d, le insist\u00eda hace ocho meses su amigo. Juan, sin embargo, tuvo que pagar un precio alto. \u201cEl grupo criminal que lo ayud\u00f3 a cruzar la frontera con Estados Unidos le puso una mochila al hombro llena de drogas, esa era parte de la paga por el cruce\u201d, asegura Beras. Si la<em>mercanc\u00eda\u00a0<\/em>no llegaba, \u00e9l tampoco.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">\u201cLos\u00a0<em>coyotes<\/em>\u00a0te piden hasta 8.000 d\u00f3lares para pasarte, por eso solo se fue mi esposa y yo quiero alcanzarla, ella est\u00e1 en Washington\u201d, cuenta Manuel Espa\u00f1a, un campesino albino de 68 a\u00f1os. Muchos, de hecho, se han sumado a la caravana para no tener que pagar tanto a los traficantes y para estar protegidos. \u201cEs m\u00e1s seguro as\u00ed, sobre todo como mujer y viajando con ni\u00f1os peque\u00f1os\u201d, resum\u00eda Elsa Morales, una madre soltera guatemalteca que se uni\u00f3 a la caravana con sus tres hijos.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Mientras recorren M\u00e9xico a buen paso, la caravana\u00a0<a style=\"font-weight: bold;font-style: inherit;color: #000000\" href=\"https:\/\/elpais.com\/internacional\/2018\/10\/31\/estados_unidos\/1541013159_875434.html\" target=\"_blank\">ha soliviantado a cinco gobiernos, en especial a Donald Trump<\/a>, que ha utilizado los migrantes para azuzar las elecciones internas en Estados Unidos. El inquilino de la Casa Blanca ha anunciado que desplegar\u00e1 a m\u00e1s de 5.000 militares en la frontera para impedir su paso.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Adem\u00e1s, paralelamente\u00a0<a style=\"font-weight: bold;font-style: inherit;color: #000000\" href=\"https:\/\/verne.elpais.com\/verne\/2018\/10\/24\/mexico\/1540364724_090479.html\" target=\"_blank\">hay dos mitos que rodean la caravana y a los migrantes que en ella viajan<\/a>: \u201cque nos invaden\u201d y que el presidente de Venezuela, Nicol\u00e1s Maduro, a trav\u00e9s de su sucursal en Honduras -el depuesto expresidente Manuel Zelaya- es la mano que mueve los hilos de la pobreza. Sobre el primero, los datos demuestran que M\u00e9xico apenas ha dado papeles a los refugiados de acuerdo a su tama\u00f1o. En el L\u00edbano, primer pa\u00eds del mundo en n\u00famero de refugiados, hay 170 por cada 1.000 habitantes; en Jordania, hay 91 y en Turqu\u00eda, 44 refugiados por cada 1.000 habitantes. En M\u00e9xico, aunque las solicitudes se han disparado en el \u00faltimo a\u00f1o, las cifras todav\u00eda son insignificantes y hay 0,0071 refugiados por cada 1.000 habitantes y ocupa el puesto 127 a nivel mundial, seg\u00fan ACNUR, la agencia de Naciones Unidas para los refugiados. El segundo mito se responde con una sonrisa. La que esboza Maribel Cantarero cuando oye hablar de Maduro: \u201c\u00bfUsted cree que si recibiera un peso de Maduro, as\u00ed andar\u00eda comiendo frijoles y arroz todos los d\u00edas?\u201d.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">\u201cEs un pa\u00eds de mierda, yo tambi\u00e9n me quiero ir, caminar, largarme y no mirar atr\u00e1s\u201d, maldice Edis Hern\u00e1ndez, la mujer de Manuel Beras, en la cocina de le\u00f1a. Mientras habla, los dos beb\u00e9s, su hija de 19 a\u00f1os y otra de 15 zascandilean por la casa en busca de algo que hacer. La vivienda del matrimonio es el mejor resumen de la poderosa fertilidad de Honduras: la biol\u00f3gica y la forestal. En la vivienda con un terreno de 200 metros cuadrados conviven un hijo -Isaac, de dos a\u00f1os- de la misma edad que el nieto. Y, en el peque\u00f1o huerto de detr\u00e1s es imposible caminar sin pisar restos de fruta porque han crecido de forma espont\u00e1nea naranjos, ca\u00f1a de az\u00facar y \u00e1rboles de aguacate y cacao. Un terreno tan arrollador, que se traga simult\u00e1neamente las l\u00e1grimas de Edis y la fruta de los \u00e1rboles, sin que nadie las recoja.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Lejos de all\u00ed, Beras corre a toda prisa al ver que algunos coches se detienen unos 50 metros m\u00e1s delante de la caravana. Se sube a la caja blanca y se aferra al armaz\u00f3n de madera de un cami\u00f3n repartidor. Horas despu\u00e9s explica que consigui\u00f3 viajar en autostop dos veces y lleg\u00f3 hasta el parque central de Mapastepec. Todos los miembros del grupo viajaron a ritmos diferentes, pero se han vuelto a encontrar. Se han acercado para recibir sopa y un poco de arroz y frijoles de los voluntarios. Han vuelto a instalar las lonas de pl\u00e1stico. Han aguardado otra vez a que llegue la lluvia. Han dormido otra vez sobre el pavimento. Le han vuelto a poner piernas al \u00e9xodo centroamericano.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Cae la noche y la vista est\u00e1 puesta en Pijijiapan, la pr\u00f3xima parada, casi\u00a0<a style=\"font-weight: bold;font-style: inherit;color: #000000\" href=\"https:\/\/elpais.com\/tag\/chiapas\/a\" target=\"_blank\">a 50 kil\u00f3metros por la costa de Chiapas<\/a>. Un d\u00eda despu\u00e9s, Hern\u00e1ndez est\u00e1 rendido. Una venda blanca le cubre el pie, porque resbal\u00f3 y se dobl\u00f3 el dedo gordo mientras se limpiaba en el r\u00edo Coapa. \u201cMe duele un poco al apoyarlo, pero yo creo que voy a poder seguir\u201d, dice resignado, con la misma ropa que hace dos d\u00edas, enga\u00f1ando al hambre con un paquete de galletas. Faltan seis horas para la siguiente caminata, que sale a las tres de la ma\u00f1ana. La pr\u00f3xima parada es Arriaga, una ciudad clave para montarse a la Bestia, como se apoda a una red de ferrocarriles de carga que se abre paso a la frontera. La mayor\u00eda, sin embargo, opta por seguir a pie y a dedo hacia el Estado de Oaxaca. La caravana ha recorrido desde el pasado 13 de octubre m\u00e1s de 1.000 kil\u00f3metros, desde San Pedro Sula hasta Juchit\u00e1n, en el Estado de Oaxaca. Si se confirma que viajar\u00e1 a Tijuana, a\u00fan le quedan otros 3.000 hasta Estados Unidos.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Se calcula que unos 9.300 refugiados centroamericanos cruzaron la frontera entre Guatemala y M\u00e9xico entre 19 y el 22 de octubre, seg\u00fan Naciones Unidas. El grueso de las estimaciones, basadas en los n\u00fameros que se registraron por las autoridades municipales al cruzar a territorio mexicano, hablan de al menos 7.000 migrantes. En el terreno no existe un censo formal. Uno de cada cuatro miembros de la caravana son ni\u00f1as, ni\u00f1os y adolescentes, seg\u00fan Save the Children. Unos 2.300 menores que viajan necesitan protecci\u00f3n espec\u00edfica y acceso a servicios esenciales, alerta Unicef.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Desde que Jos\u00e9 Hern\u00e1ndez atraves\u00f3 la puerta oxidada de su casa en San Pedro Sula y se uni\u00f3 a la caravana, Maribel es la mujer m\u00e1s informada del mundo. No se separa de la televisi\u00f3n y nunca hab\u00eda consumido tantos informativos. Nunca pens\u00f3 que la decisi\u00f3n de su esposo terminar\u00eda siendo noticia mundial. La esperanza de ambos es que el bote de colonia de imitaci\u00f3n deje de ser un peso in\u00fatil, casi surrealista, en la mochila y le ayude a encontrar trabajo cuando se perfume para su primera entrevista laboral.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">\u201c\u00bfCu\u00e1ndo va a venir?\u201d, pregunta a Hern\u00e1ndez uno de sus ni\u00f1os en una nota de voz de Whatsapp. \u201cNo regreso, voy\u00a0<em>pa\u2019lante<\/em>, si Dios quiere voy a pasar para ayudarles, para darles estudios\u201d, contesta el padre, apurando las palabras como si salieran disparadas de su boca, en una plegaria, antes de dejar escapar un suspiro. Como si intentara convencerlo y, de paso, convencerse a s\u00ed mismo. Quiere quedarse cinco o seis a\u00f1os en Estados Unidos. Beras espera estar solo tres a\u00f1os, hasta ganar lo suficiente para construir una casa propia. \u201cNo me quiero ir m\u00e1s tiempo porque no quiero que mis hijos se vayan a perder, all\u00e1 la delincuencia los empieza a manipular desde chiquitos\u201d, asegura, antes de clavar la mirada en el vac\u00edo. \u201cEs un sue\u00f1o en el que uno arriesga y deja todo para buscar una vida mejor, pero yo creo que va a valer la pena\u201d.<\/p>\n<p class=\"nota_pie\" style=\"color: #444444\"><strong style=\"font-style: inherit\">Redacci\u00f3n:<\/strong>\u00a0Jacobo Garc\u00eda, desde San Pedro Sula; El\u00edas Camhaji, desde la caravana<\/p>\n<p class=\"nota_pie\" style=\"color: #444444\"><strong style=\"font-style: inherit\">Imagen:<\/strong>\u00a0Teresa de Miguel, desde San Pedro Sula; H\u00e9ctor Guerrero, desde la caravana<\/p>\n<p class=\"nota_pie\" style=\"color: #444444\"><strong style=\"font-style: inherit\">Coordinaci\u00f3n y edici\u00f3n:<\/strong>\u00a0Javier Lafuente<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dos familias hondure\u00f1as relatan desde el origen y en la caravana que camina hacia EEUU los motivos de su huida y la crisis migratoria que golpea a Centroam\u00e9rica y a M\u00e9xico<\/p>\n","protected":false},"author":5842,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[23],"tags":[],"class_list":["post-479454","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-latinoamerica"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/479454","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5842"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=479454"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/479454\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":479459,"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/479454\/revisions\/479459"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=479454"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=479454"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=479454"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}