{"id":483182,"date":"2019-09-04T10:03:48","date_gmt":"2019-09-04T14:03:48","guid":{"rendered":"http:\/\/diarioelpopular.com\/?p=483182"},"modified":"2019-09-04T10:03:48","modified_gmt":"2019-09-04T14:03:48","slug":"una-escena-miserable-en-una-frontera-miserable","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/2019\/09\/04\/una-escena-miserable-en-una-frontera-miserable\/","title":{"rendered":"Una escena miserable en una frontera miserable"},"content":{"rendered":"<p style=\"color: #444444\">\n<div id=\"attachment_483183\" style=\"width: 570px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/diarioelpopular.com\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/1567447760_358643_1567448105_noticia_normal_recorte1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-483183\" class=\"size-large wp-image-483183\" src=\"https:\/\/diarioelpopular.com\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/1567447760_358643_1567448105_noticia_normal_recorte1-560x340.jpg\" alt=\"Migrantes centroamericanos en el departamento de Pet\u00e9n, Guatemala. V\u00cdCTOR PE\u00d1A (EL FARO)\" width=\"560\" height=\"340\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-483183\" class=\"wp-caption-text\">Migrantes centroamericanos en el departamento de Pet\u00e9n, Guatemala. V\u00cdCTOR PE\u00d1A (EL FARO)<\/p><\/div>\n<p style=\"color: #444444\"><a style=\"font-weight: bold;color: #111111\" title=\"Ver todas las noticias de \u00d3scar Mart\u00ednez\" href=\"https:\/\/elpais.com\/autor\/oscar_enrique_martinez_lopez\/a\/\">\u00d3SCAR MART\u00cdNEZ<\/a><\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Los dos hombres dejan por un momento de hurgar la vagina de\u00a0<a style=\"font-style: inherit;color: #016ca2\" href=\"https:\/\/elpais.com\/tag\/honduras\/a\" target=\"_blank\">la hondure\u00f1a<\/a>\u00a0y se voltean a vernos. Est\u00e1n borrachos. Un tercero duerme recostado en la mesa. Los dos nos ven a La Do\u00f1a y a m\u00ed. O al menos tratan. Buscan equilibrar sus cuerpos que se mueven de lado a lado, intentando recomponerse y encontrar un centro. La hondure\u00f1a est\u00e1 desparramada sobre la mesa de madera, las piernas colgando y solo un zapato calzado. La minifalda de lona se le ha remangado hacia arriba, y su calz\u00f3n blanco queda expuesto, al igual que una teta. Ninguno de los dos hombres logra equilibrarse. Al cabo de un rato, se cansan de intentarlo, de averiguar qui\u00e9nes somos, y vuelven a las cervezas. Uno de ellos acaricia otra vez la vagina de la mujer.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">La Do\u00f1a que me gu\u00eda en este breve recorrido por lo s\u00f3rdido llama de un grito a otra hondure\u00f1a, la que sirve las cervezas. La mujer no entiende lo que La Do\u00f1a dice, porque un estruendo grupero sale de una rocola, con todo y el saturado sonido de la tuba. La mujer, con un gesto, indica que no escucha. La Do\u00f1a, con todo el poder de sus cuerdas vocales, ordena: &#8220;\u00a1Sal\u00ed, pendeja!&#8221;. La mujer sale. En sus primeros pasos se nota que tambi\u00e9n est\u00e1 borracha. Se tropieza con la peque\u00f1a grada de la entrada al garito. Va en chancletas. Del dedo gordo del pie empieza a brotarle un hilito de sangre.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Cuando avanza a trompicones los cinco metros que nos separan, la sangre ya se ha mezclado con el polvo del suelo y hace bultitos oscuros. La mujer, como si nada, saluda. Intenta sonre\u00edr haciendo una mueca lateral con la boca. Lleva los p\u00e1rpados a media asta. &#8220;Sos pendeja&#8221;, saluda La Do\u00f1a. &#8220;Est\u00e1n bien a verga, \u00bfverdad?&#8221;, pregunta lo obvio. &#8220;Aquella m\u00e1s que yo&#8221;, responde lo obvio la mujer. &#8220;Aquella lleva tomando desde las ocho de la noche de ayer. Yo empec\u00e9 como a las 2 de la madrugada, hoy&#8221;. Son las 9.30 de la ma\u00f1ana. &#8220;Ah, pues no va a poder hablar con ninguna, porque estas tambi\u00e9n est\u00e1n a verga&#8221;, me dice La Do\u00f1a que con una caricia en la mejilla y una nalgadita despacha a la mujer que vuelve al garito donde los hombres hurgan la vagina de su compatriota.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Estamos en\u00a0<a style=\"font-style: inherit;color: #016ca2\" href=\"https:\/\/elpais.com\/internacional\/2019\/08\/06\/actualidad\/1565079622_687171.html\" target=\"_blank\">El Naranjo<\/a>. El Naranjo es frontera aunque no linda con M\u00e9xico. Muchos de los que migran tocan tierra centroamericana por \u00faltima vez aqu\u00ed. All\u00e1, subiendo por el r\u00edo San Pedro, es M\u00e9xico. Aqu\u00ed a\u00fan es Pet\u00e9n, Guatemala, las faldas de la reserva protegida Laguna del Tigre, donde los narcos aterrizan sus avionetas desde hace d\u00e9cadas. La callejuela es angosta y de polvo, es ribera del r\u00edo que est\u00e1 a unos metros. Algunos coyotes y migrantes con los que he hablado conocen El Naranjo como Tijuanita, porque\u00a0<a style=\"font-style: inherit;color: #016ca2\" href=\"https:\/\/elpais.com\/internacional\/2019\/06\/13\/mexico\/1560384981_879221.html\" target=\"_blank\">Tijuana<\/a>\u00a0y su fama de viciosa es referencia popular. Conociendo aquella frontera norte, si de m\u00ed dependiera, a El Naranjo lo llamar\u00eda\u00a0<a style=\"font-style: inherit;color: #016ca2\" href=\"https:\/\/elpais.com\/internacional\/2018\/08\/13\/mexico\/1534113852_522079.html\" target=\"_blank\">Nuevo Laredito<\/a>.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">La Do\u00f1a es due\u00f1a de varios de los negocios que se desparraman en este conf\u00edn. Ella nunca pidi\u00f3 que oculte su nombre. De hecho, dijo que pod\u00eda publicarlo. Habl\u00f3 con grabadora encendida, sobria, fuerte y claro para que no se perdiera ni un silencio. Yo creo que es mejor no hacerlo y que La Do\u00f1a, tan mal vivida, tan<em>bajomundo<\/em>, tan adornada con baratijas, no sabe lo que le conviene. As\u00ed que le dir\u00e9 solo La Do\u00f1a.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Esos negocios de La Do\u00f1a son burdeles. Son los m\u00e1s cutres que he visto tras m\u00e1s de una d\u00e9cada de cubrir migraci\u00f3n indocumentada en M\u00e9xico y Centroam\u00e9rica. Las mujeres borrachas son las dos \u00faltimas que pude ver. Hab\u00eda tres m\u00e1s en otro burdel que visitamos antes. La imagen es solo la despedida tras un polvoriento recorrido por los emprendimientos de La Do\u00f1a.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Como veremos m\u00e1s adelante, es solo un pedazo de la escena. Todas esas mujeres son migrantes: cuatro son hondure\u00f1as; una, salvadore\u00f1a. Todas se prostituyen. Se han quedado aqu\u00ed a trabajar porque les dijeron que del otro lado est\u00e1 muy dif\u00edcil avanzar. &#8220;Muy feo&#8221;, dice La Do\u00f1a.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Y s\u00ed, M\u00e9xico est\u00e1 muy feo.<\/p>\n<h3 style=\"color: #111111\"><strong style=\"font-weight: bold;font-style: inherit\">Solo por el monte<\/strong><\/h3>\n<p style=\"color: #444444\">D\u00edas despu\u00e9s de la visita a los burdeles de La Do\u00f1a, el 4 de junio, entr\u00e9 en M\u00e9xico por la frontera de El Ceibo, a 30 minutos de El Naranjo. Un taxi me llev\u00f3 de la garita migratoria hasta el albergue para migrantes de Tenosique, La 72. En el camino, que dur\u00f3 menos de una hora, vimos a m\u00e1s de medio centenar de migrantes caminando.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Los menos lo hac\u00edan al borde de la carretera y suplicaban un avent\u00f3n. &#8220;Por favor&#8221;, grit\u00f3 una mujer que llevaba de la mano a dos ni\u00f1as peque\u00f1as y caminaba al lado de un hombre con una beb\u00e9 en sus hombros y aquel sol que pica calentando sin piedad.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">El taxi es colectivo y viajamos llenos, pero de cualquier forma, el esquel\u00e9tico taxista no habr\u00eda parado. &#8220;Los de migraci\u00f3n nos amenazan si subimos migrantes. Nos retiran las placas&#8221;, dijo el taxista. &#8220;Pero ustedes no son autoridad, no pueden pedir documentos a los pasajeros para ver si son o no indocumentados&#8221;, dije. &#8220;Dile eso a los de Migraci\u00f3n, a ellos les vale madre&#8221;, respondi\u00f3 y subi\u00f3 volumen a la m\u00fasica de la carcacha.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Los m\u00e1s, una treintena quiz\u00e1, avanzaban en filas que caminaban a unos 100 metros de la carretera, monte adentro, por potreros, listos para internarse en la bre\u00f1a si las autoridades aparec\u00edan.<\/p>\n<section id=\"sumario_1|foto\" class=\"sumario_foto centro\" style=\"color: #444444\"><a style=\"font-style: inherit;color: #016ca2\" name=\"sumario_1\"><\/a><\/p>\n<div class=\"sumario__interior\" style=\"font-style: inherit\">\n<figure class=\"foto foto_w980\" style=\"font-style: inherit\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" style=\"font-style: inherit\" src=\"https:\/\/ep01.epimg.net\/internacional\/imagenes\/2019\/09\/02\/america\/1567447760_358643_1567448238_sumario_normal.jpg\" alt=\"Un migrante hondure\u00f1o, de 25 a\u00f1os, muestra su brazo herido tras un asalto en M\u00e9xico.\" width=\"980\" height=\"595\" \/><figcaption class=\"foto-pie\" style=\"font-style: inherit;color: #646464\"><span class=\"foto-texto\" style=\"font-style: inherit\">Un migrante hondure\u00f1o, de 25 a\u00f1os, muestra su brazo herido tras un asalto en M\u00e9xico.<\/span>\u00a0<span class=\"foto-firma\" style=\"font-style: inherit;color: #111111\"><span class=\"foto-autor\" style=\"font-style: inherit\">V. PE\u00d1A<\/span>\u00a0<span class=\"foto-agencia\" style=\"font-style: inherit\">EL FARO<\/span><\/span><\/figcaption><\/figure>\n<div class=\"sumario-texto\" style=\"font-style: inherit\"><\/div>\n<\/div>\n<\/section>\n<p style=\"color: #444444\">En los cerca de 50 kil\u00f3metros de carretera que recorrimos hasta Tenosique, seg\u00fan anot\u00e9 en mi libreta, hab\u00eda un ret\u00e9n militar, una patrulla de la Polic\u00eda Federal Preventiva (PFP) escondida en un recodo con cuatro polic\u00edas dentro, otra m\u00e1s dos kil\u00f3metros despu\u00e9s, un ret\u00e9n de la PFP en la entrada de la ciudad y una patrulla del Instituto Nacional de Migraci\u00f3n apenas un kil\u00f3metro m\u00e1s adelante, de cara a la carretera.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Todo de cara a la carretera. En esos d\u00edas, con las caravanas a\u00fan recientes en el imaginario de la migraci\u00f3n y la presi\u00f3n de Estados Unidos para que el sur mexicano sea el primer muro, el mensaje de M\u00e9xico ya era claro: migren como migrantes de toda la vida, escondidos por el monte; no como migrantes de caravana, orondos por la carretera. Vuelvan a las sombras.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">&#8220;Son movimientos m\u00e1s preocupantes que en el Gobierno de Pe\u00f1a Nieto&#8221;, me dijo el director del Albergue, Ram\u00f3n M\u00e1rquez. La administraci\u00f3n de Enrique Pe\u00f1a Nieto (2012-2018) cre\u00f3 el Plan Frontera Sur, tan criticado por las organizaciones humanitarias. Pero esto es otra cosa. Por esa carretera que cruc\u00e9 en taxi no pasaba un alfiler sin documentos.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Los migrantes vuelven al monte, y el monte mexicano no es un buen lugar al que volver. 2019 no empez\u00f3 bien para los que se van de una de las regiones m\u00e1s violentas del planeta. El albergue La 72, en los \u00faltimos meses, ha recibido denuncias de asaltos y violaciones en varias comunidades rurales por donde desfilan los centroamericanos: Sue\u00f1os de Oro, Emiliano Zapata, Los Cedros, Rancho Grande, las v\u00edas del tren y el basurero municipal en la salida de Tenosique.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Solo en enero de este a\u00f1o, La 72 registr\u00f3 166\u00a0<a style=\"font-style: inherit;color: #016ca2\" href=\"https:\/\/elpais.com\/internacional\/2019\/08\/21\/mexico\/1566355676_007914.html\" target=\"_blank\">agresiones a migrantes<\/a>. En enero de 2018 fueron 58, casi una tercera parte. Entre enero y febrero, 203 robos con violencia a migrantes, tres secuestros y siete violaciones.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">As\u00ed como el Gobierno de Estados Unidos entiende que el desierto har\u00e1 lo suyo para detener la migraci\u00f3n, el de M\u00e9xico parece saber que la selva har\u00e1 su parte si se cierra la carretera.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Un hombre que vive en una de esas comunidades monte adentro me dijo en Tenosique que el nivel de brutalidad de los asaltantes ha aumentado en estos meses. &#8220;Por el basurero municipal, despu\u00e9s de asaltarlos, les pelan los pies con el machete para que no puedan caminar y seguirlos despu\u00e9s&#8221;, dijo.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">En otro sal\u00f3n del albergue, mientras el hombre me contaba eso, un migrante hondure\u00f1o regresaba de sus curaciones diarias. Ayer, en las v\u00edas del tren de Tenosique, unos asaltantes le cortaron al veintea\u00f1ero el tend\u00f3n de su brazo izquierdo con una botella rota, mientras otro le apuntaba con un rev\u00f3lver .38. A \u00e9l y a otros dos migrantes les quitaron en total 2 000 pesos. &#8220;Y yo migro porque no tengo dinero&#8221;, dijo el muchacho herido.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Cuando esa tarde sal\u00ed de Tenosique hacia la capital de Tabasco, Villahermosa, qued\u00f3 claro que el cord\u00f3n de seguridad no est\u00e1 s\u00f3lo en la carretera que viene de El Ceibo. El intento es cercar el sur. En mi libreta escrib\u00ed:<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">5.51. Salida de Tenosique. Ret\u00e9n municipal, federal y militar. Unos 10.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">6.00. Otro ret\u00e9n federal. Tres polic\u00edas.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">6.10. Patrulla de la PFP oculta. Dos polic\u00edas.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">6.35. Ret\u00e9n municipal. Tres polic\u00edas.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">7.18. Patrulla municipal. Cuatro polic\u00edas.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">7.23. Ret\u00e9n militar. 18 soldados<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Para ser migrante, M\u00e9xico est\u00e1 muy feo.<\/p>\n<h3 style=\"color: #111111\"><strong style=\"font-weight: bold;font-style: inherit\">De vuelta a los burdeles<\/strong><\/h3>\n<p style=\"color: #444444\">Dos fuentes de confianza en El Naranjo me dijeron que en ese pueblo con fama de viejo oeste era La Do\u00f1a la que m\u00e1s ayudaba a los migrantes que se quedan varados ante el invisible muro mexicano.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">&#8220;Yo me quito los frijoles de la boca con tal de darles a ellos&#8221;, se elogia a s\u00ed misma la se\u00f1ora\u00a0<em>nom\u00e1s<\/em>\u00a0sentarme con ella. Hablamos en un comedor y yo a\u00fan no sab\u00eda que La Do\u00f1a ten\u00eda prost\u00edbulos y que esos negocios necesitaban a los y a las migrantes.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">&#8220;Aqu\u00ed recibo a tendalada de gente todos los d\u00edas, hasta aqu\u00ed les pongo colchonetas para que duerman&#8221;, dice La Do\u00f1a se\u00f1alando su negocio, uno de los muchos que hay en esta sucia ribera del San Pedro. &#8220;\u00bfPuedo hablar con alguno?&#8221;, pregunto. &#8220;Es que los hombres andan ahorita trabaj\u00e1ndome una milpa que tengo yo, pero que est\u00e1 lejos de aqu\u00ed, y vuelven hasta en la noche&#8221;, responde. &#8220;\u00bfY las mujeres?&#8221;. &#8220;D\u00e9jeme ver&#8221;. La Do\u00f1a camina hacia otro negocio. Otra vez la m\u00fasica de banda, ese estruendo inconfundible que tiene menos variaciones en su base que la batucada. La Do\u00f1a entra. La sigo.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Son las 8.15 de la ma\u00f1ana. En el sal\u00f3n, frente a la barra, solo hay una mesa ocupada. Tres migrantes, dos hondure\u00f1as y una salvadore\u00f1a, acarician y se dejan acariciar por dos hombres tambaleantes. R\u00eden, cantan. Y solo dejan de hacerlo un momento mientras La Do\u00f1a y yo pasamos. &#8220;Estas est\u00e1n muy a verga. Cerraron el negocio como a las dos de la madrugada y lo abrieron como a las 4 para seguir atendiendo a esos borrachos&#8221;, dice. &#8220;Vamos a ver si Jeni habla&#8221;, dice.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Tras el sal\u00f3n, un traspatio a medio construir. Piso de tierra flanqueado por dos hileras de cuartos, l\u00edneas de dos pisos con habitaciones m\u00ednimas arriba y abajo, seis y seis a cada lado. En medio, toman en una mesa cuatro hombres. Dos de ellos van con pistola al cinto.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Dentro de las habitaciones que logro ver hay una cama y poco m\u00e1s. En una, un ventilador. En tres, cortina. Una no tiene siquiera marco para ventana, solo el agujero. Aquello parece lo que qued\u00f3 de un terremoto de anta\u00f1o. Al final de las hileras, campo abierto. La construcci\u00f3n no est\u00e1 delimitada por ning\u00fan muro, y lo \u00fanico que impide que uno camine hasta el r\u00edo es la bre\u00f1a crecida y toda la basura desperdigada. Tres cerdos renegridos comen de esa basura.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">La Do\u00f1a dice que cada migrante centroamericana que decide prostituirse en sus burdeles lo hace porque M\u00e9xico est\u00e1 feo, pero tambi\u00e9n porque cada d\u00eda que pasa es un d\u00eda en el que no llegaron a Estados Unidos ni enviaron remesas. &#8220;Dejaron familia y tienen que ganarse sus centavitos para enviarle&#8221;, dice. Cada una trabaja unos 15 d\u00edas, un mes como mucho, y luego siguen su camino o vuelven a sus pa\u00edses. La Do\u00f1a prefiere a las hondure\u00f1as. Dice que atienden a m\u00e1s clientes cada d\u00eda, cada noche.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">&#8220;\u00a1Jeni!&#8221;, grita La Do\u00f1a. Nadie. &#8220;\u00a1Jeni!&#8221;. Sale un hombre de uno de los cuartos. Parece viejo, unos 70, pienso, pero la vida dura apenas permite atinar y suele ser que esas arrugas no corresponden. El se\u00f1or reverencia a La Do\u00f1a. &#8220;Do\u00f1ita&#8221;, dice, y la abraza y besa mientras se recompone el pantal\u00f3n y sube su bragueta.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Tras \u00e9l, tambaleando, viene Jeni. Parece una ni\u00f1a, unos 15, pienso, pero la vida de carencias apenas permite atinar y un cuerpo tan flacucho y peque\u00f1o a veces no corresponde. Ella se arregla la falda. &#8220;Te andaba buscando, mam\u00e1&#8221;, dice La Do\u00f1a. Jeni apenas atina. Sus ojos desorbitados buscan algo en el suelo. &#8220;Con \u00e9l estaba&#8221;, dice se\u00f1alando al se\u00f1or. &#8220;Tambi\u00e9n est\u00e1 bien tomada&#8221;, dice La Do\u00f1a. &#8220;\u00a1Pero salude, ni\u00f1a!&#8221;, ordena.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Jeni extiende el brazo y ofrece la mano. El brazo, la mano, est\u00e1n llenos de peque\u00f1as p\u00fastulas blancas. Pienso, por lo blandas que se ven, que la humedad las caus\u00f3. Pienso, porque s\u00ed, que el r\u00edo y la basura tienen que ver. Qui\u00e9n sabe. Jeni me da un beso. Me saluda como a un cliente. Parece a punto de derrumbarse. &#8220;Vaya, siga con el se\u00f1or, mamita&#8221;, ordena La Do\u00f1a.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Tras salir de all\u00e1, caminamos por la vereda de polvo hasta aqu\u00ed, donde los hombres hurgan la vagina de la hondure\u00f1a inconsciente.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Hoy no pude hablar con ninguna de las migrantes.<\/p>\n<p style=\"color: #444444\">Hoy ellas no migrar\u00e1n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cientos de migrantes est\u00e1n varados en las fronteras guatemaltecas debido al cerco de seguridad del Gobierno mexicano. M\u00e9xico cedi\u00f3 ante las presiones estadounidenses y desde hace unos meses gener\u00f3 un cord\u00f3n de polic\u00edas, militares y agentes migratorios en el sur. Ellas, al menos las cinco migrantes de esta historia, est\u00e1n varadas en burdeles guatemaltecos a la orilla de un r\u00edo cuya ribera parece m\u00e1s bien un basurero<\/p>\n","protected":false},"author":5842,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[23],"tags":[],"class_list":["post-483182","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-latinoamerica"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/483182","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5842"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=483182"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/483182\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":483184,"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/483182\/revisions\/483184"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=483182"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=483182"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=483182"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}