{"id":489525,"date":"2020-04-05T17:02:08","date_gmt":"2020-04-05T17:02:08","guid":{"rendered":"https:\/\/diarioelpopular.com\/?p=489525"},"modified":"2020-04-05T17:02:08","modified_gmt":"2020-04-05T17:02:08","slug":"nueva-york-historia-de-dos-pandemias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/2020\/04\/05\/nueva-york-historia-de-dos-pandemias\/","title":{"rendered":"Nueva York, historia de dos pandemias"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_489526\" style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-489526\" class=\"size-medium wp-image-489526\" src=\"https:\/\/diarioelpopular.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Screen-Shot-2020-04-05-at-1.01.21-PM-300x161.png\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"161\" \/><p id=\"caption-attachment-489526\" class=\"wp-caption-text\">Diego Mart\u00ednez-T\u00e9llez, se dirige a su casa, en Astoria (Queens, Nueva York), tras su jornada de trabajo, este jueves, 2 de abril. EDUARDO MU\u00d1OZ<\/p><\/div>\n<h4 class=\"font_primary color_gray_dark \"><em>El coronavirus se ceba en los barrios obreros de la ciudad, epicentro de esta y tantas crisis. El confinamiento apaga la identidad de este trozo adorado de Am\u00e9rica y exalta la brecha social<\/em><\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"\">Las calles del Soho son como el decorado de una serie de televisi\u00f3n que ya ha terminado, tan bonitas y vac\u00edas, que parecen irreales. Wall Street, un sepulcro. A <a href=\"https:\/\/elpais.com\/noticias\/nueva-york\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\" data-link-track-dtm=\"\">Nueva York<\/a> no se la calla ni debajo del agua, ni de la nieve, ni siquiera azotada por un buen cicl\u00f3n, porque siempre hay un loco que lo desaf\u00eda, o un bar que sirve chupitos a su nombre; o porque el propio fen\u00f3meno retumba entre los edificios, reclamando su sitio.<\/p>\n<p class=\"\">Es m\u00e1s f\u00e1cil describir un ruido que el silencio, sobre todo en un lugar que le es tan ajeno. Qui\u00e9n imagina o\u00edr sus propios pasos a las cuatro de la tarde en Times Square; que le d\u00e9 las buenas tardes otro peat\u00f3n, como si se lo topase paseando por el monte, o por el pueblo. C\u00f3mo explicar que d\u00e9 tanto miedo andar por el West Village por la noche, sin un solo local abierto, con los guapos y las guapas desaparecidos, los neones apagados y el sonido de la respiraci\u00f3n a trav\u00e9s de la mascarilla como \u00fanica compa\u00f1\u00eda. Qui\u00e9n piensa en Broadway sin teatro, en la Quinta Avenida sin compras, en Manhattan sin turistas.<\/p>\n<p class=\"\">\u201cNunca conceb\u00ed as\u00ed Nueva York, nunca; llegu\u00e9 en aquella crisis de 2008, la gente perd\u00eda la casa y los trabajos, pero nunca he visto esto. Aqu\u00ed todo es correr, todo es barullo, y ahora da mucha tristeza; tambi\u00e9n asusta, salir sin gente asusta porque cuando hay mucha gente, siempre alguien te puede ayudar\u201d, explica Diego Mart\u00edn-T\u00e9llez, un mexicano de 31 a\u00f1os, encargado de uno de los escasos locales de almuerzos y caf\u00e9s que permanecen abiertos, cerca de la entrada sur de Central Park.<\/p>\n<p class=\"\">\u00c9l, sin embargo, sigue corriendo. Se levanta a las tres de la madrugada para tomar el metro en Astoria, uno de los barrios m\u00e1s conocidos del distrito de Queens, y tener el local en marcha sobre las 5.30. <a href=\"https:\/\/elpais.com\/noticias\/coronavirus\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\" data-link-track-dtm=\"\">Cuando empez\u00f3 el confinamiento<\/a>, de un d\u00eda para otro, despidieron a ocho empleados y quedaron Diego y otro chico. Les sobra y les basta. Los hoteles a\u00fan abiertos en la zona, varios cuatro estrellas de precios astron\u00f3micos, ofrecen ahora habitaci\u00f3n por menos de la mitad de precio, pero apenas duermen all\u00ed m\u00e1s que las cuadrillas de enfermeros que han llegado de todas partes.<\/p>\n<h5 class=\"article_image | margin_top\"><img decoding=\"async\" class=\"block width_full breakout\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/1qQudUr5JcMjeSGrxpEtlfqhHcI=\/1500x0\/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com\/public\/WCBKSTLPT5HS3LOY3L74ZS5CAQ.jpg\" alt=\"El Soho de Nueva York, casi desierto, este viernes, 3 de abril. EDUARDO MU\u00d1OZ\" \/><em>El Soho de Nueva York, casi desierto, este viernes, 3 de abril. EDUARDO MU\u00d1OZ<\/em><\/h5>\n<p class=\"\">La pandemia de coronavirus se est\u00e1 ensa\u00f1ando con Nueva York, epicentro de tantas cosas en Estados Unidos, y tambi\u00e9n de este virus atroz. El paciente cero de la ciudad se detect\u00f3 el 1 de marzo y este viernes se superaban los 1.800 muertos y los 57.159 contagios confirmados, casi el doble que la semana pasada, uno de cada cuatro en todo el pa\u00eds. Las tragedias forman parte del ADN de la ciudad m\u00e1s poblada del pa\u00eds. La quemaron un par de veces durante la Revoluci\u00f3n, la atacaron con dureza durante la Guerra Civil y fue la cuna de la Gran Depresi\u00f3n; tambi\u00e9n ha sido v\u00edctima del 11-S y de un buen n\u00famero de desastres naturales. Pero esta ha atacado singularmente su identidad: el barullo, la multitud, los apretones, <a href=\"https:\/\/elpais.com\/sociedad\/2020-04-01\/por-que-el-coronavirus-no-esta-afectando-igual-a-california-y-a-nueva-york.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\" data-link-track-dtm=\"\">un estilo de vida callejero ex\u00f3tico para buena parte de los estadounidenses<\/a> y un caldo de cultivo id\u00f3neo para los contagios.<\/p>\n<p class=\"\">Tambi\u00e9n el metro, adorado como un fetiche por artistas y viajeros de todo el mundo, ha perdido el esp\u00edritu. En una ciudad tan brutalmente desigual como Nueva York, es el \u00fanico lugar donde las fronteras sociales se evaporan, donde viajan tanto los que dirigen las oficinas como los que las limpian. Al salir a la superficie, cada uno enfila a su departamento de la vida, el de negociar fusiones y adquisiciones, el de ense\u00f1ar idiomas o el de fregar platos, pero all\u00ed abajo todos conviven con los mismos retrasos y la misma mugre.<\/p>\n<p class=\"\">No es as\u00ed estos d\u00edas. Los vagones se han quedado sin los turistas y los profesionales recluidos en el teletrabajo, as\u00ed que pr\u00e1cticamente solo lo usan los sin techo y los trabajadores como Diego, que este jueves a las siete de la tarde, despu\u00e9s de 15 horas de jornada, se monta en un vag\u00f3n de regreso a Astoria, tapado con un pa\u00f1uelo como si fuera el forajido de una pel\u00edcula del oeste.<\/p>\n<p class=\"\">Los datos de contagios por distrito, hechos p\u00fablicos este mi\u00e9rcoles por el Departamento de Salud de la ciudad, muestran c\u00f3mo el virus est\u00e1 golpeando con m\u00e1s dureza a las zonas m\u00e1s humildes. Ese d\u00eda hab\u00eda alrededor de 616 casos confirmados por cada 100.000 habitantes en Queens y 584 en el Bronx, frente a los 376 de Manhattan. Y dentro de Queens, hay un par de c\u00f3digos postales malditos, el 11.368, que cubre un \u00e1rea llamada Corona \u2014s\u00ed, se llama as\u00ed\u2014, y el 11.370, Elmhurst Este, con menor n\u00famero absoluto, pero mayor incidencia (12 por cada 1.000). El ingreso medio se esos hogares se sit\u00faa en los 48.000 d\u00f3lares, frente a los 60.000 de media en el conjunto de la ciudad, seg\u00fan los datos del censo.<\/p>\n<p class=\"\">Varios factores pueden pesar en la diferente incidencia, como el n\u00famero de pruebas que se realiza, aunque la doctora Jessica Justman, epidemi\u00f3loga y especialista en enfermedades infecciosas del centro ICAP en Columbia, destaca el factor sociol\u00f3gico. \u201cTiene sentido que las zonas de clase trabajadora sufran m\u00e1s exposici\u00f3n el virus, sus puestos en servicios esenciales, comercios, etc\u00e9tera, no han cerrado, como le ocurre tambi\u00e9n al personal sanitario, y se mueven m\u00e1s; tambi\u00e9n suelen compartir vivienda con m\u00e1s frecuencia\u201d, apunta.<\/p>\n<p class=\"\">En esta zona cero de Queens se erige el hospital Elmhurst, el m\u00e1s castigado por la pandemia, el que el presidente Donald Trump cit\u00f3 el domingo para explicar su cambio de opini\u00f3n y la necesidad de prolongar el confinamiento. \u201cHe visto cosas que no hab\u00eda visto nunca, hay cuerpos en bolsas en todas partes, en los pasillos, los meten en camiones frigor\u00edficos porque no pueden gestionar tantos cad\u00e1veres. Y est\u00e1 pasando en Queens, en mi comunidad\u201d, dijo desde la Casa Blanca.<\/p>\n<p class=\"\">Este jueves a la una de la tarde la enfermera Cynthia Scott, llegada de Minneapolis para echar una mano, lo pinta tenebroso. Sentada a la puerta del centro durante su pausa del almuerzo, cuenta que las infraestructuras del centro son \u201ctan pobres que complica a\u00fan m\u00e1s la tarea, no hay suficientes respiradores, se est\u00e1n empezando a tomar decisiones sobre a qu\u00e9 pacientes hay que dejar marchar\u201d.<\/p>\n<h5 class=\"article_image | margin_top\"><img decoding=\"async\" class=\"block width_full breakout\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/TlB4RYbqmcR1pWLIwCmChq9cq5Y=\/1500x0\/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com\/public\/RUS4FZ4LPJGHZAO32XOFV2TO6Q.JPG\" alt=\"Dos j\u00f3venes se hacen una foto cerca del hospital de campa\u00f1a levantado en Central Park, en Nueva York. EDUARDO MU\u00d1OZ\" \/><em>Dos j\u00f3venes se hacen una foto cerca del hospital de campa\u00f1a levantado en Central Park, en Nueva York. EDUARDO MU\u00d1OZ<\/em><\/h5>\n<p class=\"\">Un imponente buque hospital del Ej\u00e9rcito ha atracado en la ciudad, se han levantado otros provisionales en el recinto de ferias Javits, el complejo de tenis Billie Jean y hasta en Central Park. Y 45 morgues m\u00f3viles. Pero faltan materiales. El martes, el gobernador del Estado, Andrew Cuomo, advirti\u00f3 de que, al ritmo de nuevos pacientes hospitalizados, solo quedaban respiradores para seis d\u00edas. Una de las im\u00e1genes m\u00e1s gr\u00e1ficas de esta crisis se vio la semana pasada, cuando Bill de Blasio, el alcalde de la ciudad imperial, con una ristra de centros punteros en investigaci\u00f3n m\u00e9dica, fue a recoger en persona 250.000 mascarillas donadas a la sede de Naciones Unidas.<\/p>\n<p class=\"\">Jaqueline Morelo, que atiende en una tienda de ortopedia y otros productos param\u00e9dicos frente al Elmhurst, lleva semanas viendo esta carest\u00eda venir. \u201cEn enero vend\u00edamos una caja de 50 mascarillas quir\u00fargicas a 30 d\u00f3lares; ahora, cada unidad son tres d\u00f3lares, pero es el propio proveedor quien lo subi\u00f3 igual\u201d, apunta la joven de 22 a\u00f1os.<\/p>\n<p class=\"\">Los padres de Jaqueline acaban de quedarse sin empleo a la vez. A \u00e9l le cerr\u00f3 el restaurante en el que trabajaba y a ella, la lavander\u00eda. Ese es un quebradero de cabeza para Anna Soles, que este mi\u00e9rcoles anda por el barrio, sin m\u00e1scara ni guantes, buscando alg\u00fan sitio donde poder lavar la ropa, pues la mayor parte de viviendas carece de lavadoras. Anda con el cochecito de su beb\u00e9 de siete meses, cubierta con el pl\u00e1stico para la lluvia pese al sol radiante. \u201cLa protejo como puedo porque ni siquiera la puedo dejar en casa, vivo sola\u201d, explica la joven de 25 a\u00f1os.<\/p>\n<p class=\"\">Tambi\u00e9n ha perdido su puesto de supervisora de comida de eventos y aguarda los cheques de ayuda que va a enviar el Gobierno federal para poder pagar el alquiler. Casi 10 millones de estadounidenses han pedido el subsidio por desempleo en tan solo dos semanas y es ya 1 de abril. \u201cPero el alquiler tendr\u00e1 que esperar porque ahora debo elegir entre la comida o pagar la renta\u201d, a\u00f1ade Soles.<\/p>\n<p class=\"\">Cuando uno se enfrenta a una elecci\u00f3n semejante, un mont\u00f3n de otros dilemas se borran de un plumazo, como el de salir o no salir.<\/p>\n<h5 class=\"article_image | margin_top\"><img decoding=\"async\" class=\"block width_full breakout\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/uywaV56sYUe9Ra6hFMEQBqvTUUU=\/1500x0\/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com\/public\/PNQD7GCAMJFPHKMIOFYQV5P6RY.JPG\" alt=\"Vista general de la zona de Wall Street, casi desierta, el pasado 3 de abril. EDUARDO MU\u00d1OZ \" \/><em>Vista general de la zona de Wall Street, casi desierta, el pasado 3 de abril.<br \/>\nEDUARDO MU\u00d1OZ<\/em><\/h5>\n<p class=\"\">El traj\u00edn de trabajadores, o gente como Anna, el ruido de las excavadoras, que no cesa, conservan parte del bullicio habitual. Lo contrario de Wall Street, solo alterado de vez en cuando por el sonido lejano de las ambulancias. Sam Stovall, director de inversi\u00f3n de la firma CFRA, tom\u00f3 el portante hace dos semanas y se fue a Pensilvania, desde donde sigue el traj\u00edn del mercado de valores. De forma similar a lo que le ocurri\u00f3 a Jaqueline con las m\u00e1scaras, Stovall percibi\u00f3 que algo malo iba a suceder cuando en febrero, pese a todos los r\u00e9cords de la Bolsa, lo que m\u00e1s empezaban a subir eran las empresas de consumo y servicios b\u00e1sicos, los valores \u201cdefensivos\u201d.<\/p>\n<p class=\"\">Desde el brote, los mercados financieros han vivido algunas de las peores jornadas desde la Gran Depresi\u00f3n, pero a diferencia de entonces, no hay noticia de suicidio de ning\u00fan banquero en Nueva York, aunque uno, Peg Broadbent, de 56, ha muerto de coronavirus; y otro, Peter Tuchman, toda una instituci\u00f3n en la Bolsa, ha dado positivo. El parqu\u00e9 contrat\u00f3 su propio servicio m\u00e9dico para hacer pruebas a los <i>brokers, <\/i>pero acab\u00f3 cerrando el edificio el 23 de marzo y vaci\u00f3 el barrio.<\/p>\n<p class=\"\">En algunas partes, parece como si la ciudad se hubiese cerrado para que la pudiesen visitar en exclusiva en peque\u00f1os grupos. Es lo que ocurre este mi\u00e9rcoles por la tarde en Bryant Park, el delicioso parque ubicado entre Times Square y la Biblioteca P\u00fablica de Nueva York, donde solo indigentes se sientan en sus mesas. Rodeados de ellos, dos chicos esbeltos sobresalen de la escena jugando a ping pong en manga corta, como si fueran aquellos ni\u00f1os tir\u00e1ndose almohadas al final de la pel\u00edcula <i>Cero en conducta<\/i>, en rebeli\u00f3n inconsciente contra la autoridad.<\/p>\n<p class=\"\">Al atardecer, cuando acaban las jornadas de teletrabajo, explota la vida por distintos puntos de la ciudad, brotes de <i>dolce vita <\/i>incluso. Como el r\u00edo de gente que hace deporte al inicio del puente de Brooklyn, el tr\u00e1fico en el sur de la isla o los corredores y paseantes de perros y de ni\u00f1os junto al hospital de campa\u00f1a que se ha abierto en Central Park, enfrente del famoso centro Monte Sina\u00ed, en el Upper East Side, uno de los pedazos m\u00e1s selectos de Manhattan. David Allen, un fot\u00f3grafo retirado que vive con su esposa periodista en el barrio, sale varias veces al d\u00eda con Marley, una pastor alem\u00e1n de cuatro a\u00f1os. \u201cNo llevo m\u00e1scara ni guantes, pero tengo cuidado, no toco nada ni a nadie, intento no contagiarme, si eso ocurre, espero curarme, si no, es que el destino lo quiere as\u00ed, he tenido una buena vida\u201d, explica.<\/p>\n<h5 class=\"article_image | margin_top\"><img decoding=\"async\" class=\"block width_full breakout\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/SKqm2KwD8jt1kJ6v0HyhIENfDNo=\/1500x0\/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com\/public\/6L3O3EO22ZAPJC5IVAISP3LSF4.JPG\" alt=\"Anna Soles, en la entrada de su casa, cerca del hospital de Elmhurst, en Queens, este viernes. EDUARDO MU\u00d1OZ\" \/><em>Anna Soles, en la entrada de su casa, cerca del hospital de Elmhurst, en Queens, este viernes. EDUARDO MU\u00d1OZ<\/em><\/h5>\n<p class=\"\">David Allen tiene seguro m\u00e9dico, mientras que Diego es uno de los 27 millones de ciudadanos que carece de \u00e9l y no ha pisado la consulta del m\u00e9dico en nueve a\u00f1os, desde que un dentista le cobr\u00f3 2.000 d\u00f3lares por unas caries. El plan de est\u00edmulos aprobado por el Congreso incluye una partida para cubrir el tratamiento de quienes lo necesitan.<\/p>\n<p class=\"\">El virus no distingue entre clases sociales, pero todo lo que ocurre antes y despu\u00e9s de \u00e9l, s\u00ed. Y pocos sitios como Nueva York encarnan con tanta fiereza el relato dickensiano de las dos ciudades. La prensa local ha publicado estos d\u00edas que muchos sin techo pasan las jornadas de confinamiento viajando sin rumbo en el metro, pero el presidente de la Autoridad del Transporte Metropolitano, Pat Foye, ha aclarado que no hay m\u00e1s que antes, simplemente los vagones van m\u00e1s vac\u00edos y se les ve m\u00e1s.<\/p>\n<p class=\"\">\u201cNueva York siempre fue competitiva, ll\u00e1mela brutal, si quiere\u201d, responde por tel\u00e9fono el veterano historiador Kenneth T. Jackson, profesor de la Universidad de Columbia especializado en esta urbe. \u201cPero es la ciudad que todo el mundo desea, y no creo que eso vaya a cambiar en los pr\u00f3ximos 50 a\u00f1os; mi previsi\u00f3n es que va a salir de esta bastante bien, como ha hecho otras veces\u201d. Como muchos otros neoyorquinos con segunda residencia, Jackson ha dejado el apartamento de Manhattan para pasar estos d\u00edas fuera.<\/p>\n<p class=\"\">La muerte y la resurrecci\u00f3n son casi la imagen de marca de este trozo de Am\u00e9rica.<\/p>\n<p class=\"\">Dice Diego Mart\u00edn-T\u00e9llez algo parecido, de corte m\u00e1s bien darwinista. \u201cYo me adapto muy bien a las cosas, y esta ciudad va de eso, esto va de venir a trabajar. Creo que los mexicanos, o los hispanos en general, nos adaptamos\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El coronavirus se ceba en los barrios obreros de la ciudad, epicentro de esta y tantas crisis. 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