{"id":525311,"date":"2024-11-23T13:33:54","date_gmt":"2024-11-23T17:33:54","guid":{"rendered":"https:\/\/diarioelpopular.com\/?p=525311"},"modified":"2024-11-23T13:33:54","modified_gmt":"2024-11-23T17:33:54","slug":"historia-de-un-barrio-de-pescadores-moribundo-de-la-paz-y-de-las-mujeres-que-lo-resucitaron","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diarioelpopular.com\/index.php\/2024\/11\/23\/historia-de-un-barrio-de-pescadores-moribundo-de-la-paz-y-de-las-mujeres-que-lo-resucitaron\/","title":{"rendered":"Historia de un barrio de pescadores moribundo de La Paz (y de las mujeres que lo resucitaron)"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_525312\" style=\"width: 1210px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-525312\" class=\"wp-image-525312 size-custom-big-size\" src=\"https:\/\/diarioelpopular.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Screen-Shot-2024-11-23-at-12.33.11-PM-1200x750.png\" alt=\"\" width=\"1200\" height=\"750\" srcset=\"https:\/\/diarioelpopular.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Screen-Shot-2024-11-23-at-12.33.11-PM-1200x750.png 1200w, https:\/\/diarioelpopular.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Screen-Shot-2024-11-23-at-12.33.11-PM-300x188.png 300w, https:\/\/diarioelpopular.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Screen-Shot-2024-11-23-at-12.33.11-PM-768x480.png 768w, https:\/\/diarioelpopular.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Screen-Shot-2024-11-23-at-12.33.11-PM-636x398.png 636w, https:\/\/diarioelpopular.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Screen-Shot-2024-11-23-at-12.33.11-PM-117x73.png 117w, https:\/\/diarioelpopular.com\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Screen-Shot-2024-11-23-at-12.33.11-PM.png 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px\" \/><p id=\"caption-attachment-525312\" class=\"wp-caption-text\">Mujeres del colectivo Guardianas del Conchalito trabajan en el cultivo de ostiones en La Paz, Baja California Sur, el 16 de noviembre. Gladys Serrano<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4 class=\"a_st\"><em>&#8211; Guardianes del Conchalito rescataron los manglares casi extinguidos y aprendieron pesca sustentable para salvar la comunidad del Manglito. Por el camino, algo cambi\u00f3 en la relaci\u00f3n con sus maridos y su entorno<\/em><\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"\">La vieja panga surca sin prisa la bah\u00eda de La Paz. El motor trastabilla, a veces, y es el \u00fanico sonido que incordia un poco al silencio. Todo est\u00e1 en calma. El viento sopla de cara y el mar es una ba\u00f1era verdosa que brilla bajo el sol de una tarde de noviembre. A la izquierda queda la costa, la ciudad, el desierto con sus monta\u00f1as sedientas de lluvia, moteadas de arbustos y cactus. A la derecha,\u00a0<a href=\"https:\/\/elpais.com\/america-futura\/2023-04-02\/las-mexicanas-que-levantan-un-muro-de-manglares-para-proteger-la-costa-ante-los-huracanes.html\" data-link-track-dtm=\"\" data-mrf-link=\"https:\/\/elpais.com\/america-futura\/2023-04-02\/las-mexicanas-que-levantan-un-muro-de-manglares-para-proteger-la-costa-ante-los-huracanes.html\">una t\u00edmida l\u00ednea de manglares<\/a>\u00a0chaparritos que perfila la silueta de la Ensenada y separa sus aguas de las del Golfo de California. En la barca navegan cuatro mujeres que aprendieron a las bravas que para llevar comida a casa necesitan cuidar de esa delgada lengua de tierra caliente y sus \u00e1rboles retorcidos. Para ellas es una cuesti\u00f3n de vida o muerte.<\/p>\n<p class=\"\">Ellas son\u00a0<a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/p\/Guardianas-Del-Conchalito-100064227963958\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\" data-link-track-dtm=\"\" data-mrf-link=\"https:\/\/www.facebook.com\/p\/Guardianas-Del-Conchalito-100064227963958\/\">Las Guardianas del Conchalito<\/a>, un colectivo de 12 mujeres del El Manglito, un humilde barrio de pescadores a orillas de la Ensenada, que, despu\u00e9s de ver a su gente agonizar durante a\u00f1os sin que nadie hiciera nada, dejaron de esperar una ayuda que no iba a llegar. Se pusieron a trabajar: a rescatar el manglar casi extinguido, a aprender nuevas pr\u00e1cticas de pesca sustentable, a expulsar a los furtivos de sus aguas sin m\u00e1s armas que su propio cuerpo y un cierto grado de inconsciencia, a crear redes de visitantes implicados con la comunidad en lugar de esa versi\u00f3n de turismo depredador que hab\u00edan conocido siempre. Por el camino, tambi\u00e9n descubrieron que eran personas, no solo\u00a0<i>las esposas de<\/i>. Y algo cambi\u00f3 en El Manglito.<\/p>\n<p class=\"\">La Ensenada es como un desierto en el mar. Un horizonte plano de agua y manglares que apenas se elevan del suelo, como los arbustos de las monta\u00f1as secas a sus espaldas.\u00a0<a href=\"https:\/\/elpais.com\/elviajero\/2022\/03\/17\/actualidad\/1647516948_483818.html\" data-link-track-dtm=\"\" data-mrf-link=\"https:\/\/elpais.com\/elviajero\/2022\/03\/17\/actualidad\/1647516948_483818.html\">En Baja California Sur\u00a0<\/a>estos \u00e1rboles son m\u00e1s peque\u00f1os que en otras latitudes de M\u00e9xico porque aqu\u00ed casi nunca llueve. La panga se detiene a 100 metros de la l\u00ednea de vegetaci\u00f3n. Las cuatro mujeres, vestidas con neoprenos de faena y acompa\u00f1adas hoy por dos hombres, saltan de la barca. El agua cubre por debajo de las rodillas. Araceli M\u00e9ndez, de 46 a\u00f1os, gu\u00eda la expedici\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure class=\"a_m a_m-h \">\n<p><div style=\"width: 424px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"_re lazyload a_m-h\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/Q5NVHFK2W5EWBMHYFWMOLQ7XOI.jpg?auth=c612131a635cab6604b7857c450b999ba80c6490e3e98cff19373d346b7b7567&amp;width=414\" sizes=\"auto, (min-width:1199px) 1155px,(min-width:1001px) calc(100vw - 44px),(min-width:768px) 767px, 100vw\" srcset=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/Q5NVHFK2W5EWBMHYFWMOLQ7XOI.jpg?auth=c612131a635cab6604b7857c450b999ba80c6490e3e98cff19373d346b7b7567&amp;width=414 414w,https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/Q5NVHFK2W5EWBMHYFWMOLQ7XOI.jpg?auth=c612131a635cab6604b7857c450b999ba80c6490e3e98cff19373d346b7b7567&amp;width=828 640w,https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/Q5NVHFK2W5EWBMHYFWMOLQ7XOI.jpg?auth=c612131a635cab6604b7857c450b999ba80c6490e3e98cff19373d346b7b7567&amp;width=980 1000w,https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/Q5NVHFK2W5EWBMHYFWMOLQ7XOI.jpg?auth=c612131a635cab6604b7857c450b999ba80c6490e3e98cff19373d346b7b7567&amp;width=1960 1960w\" alt=\"Araceli M\u00e9ndez y su compa\u00f1ero llevan el material para trabajar en el cultivo de osti\u00f3n en El Mogote, en La Paz.\" width=\"414\" height=\"276\" \/><p class=\"wp-caption-text\">Araceli M\u00e9ndez y su compa\u00f1ero llevan el material para trabajar en el cultivo de osti\u00f3n en El Mogote, en La Paz.Gladys Serrano<\/p><\/div><figcaption class=\"a_m_p\"><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"\">\u2014Traten de arrastrar los pies, por las rayas. Las rayas tienen\u00a0<a href=\"https:\/\/elpais.com\/mexico\/2023-04-07\/un-municipio-mexicano-extirpa-los-aguijones-de-las-mantarrayas-para-que-no-piquen-a-los-turistas.html\" data-link-track-dtm=\"\" data-mrf-link=\"https:\/\/elpais.com\/mexico\/2023-04-07\/un-municipio-mexicano-extirpa-los-aguijones-de-las-mantarrayas-para-que-no-piquen-a-los-turistas.html\">como una espinita con sierra<\/a>, que si te la clava y jala te arraca toda la carne.<\/p>\n<p class=\"\">Si pisas sobre una mantarraya, se revuelve y te ataca. Si arrastras los pies, te siente llegar y se va. As\u00ed que todas avanzan hacia la orilla en una especie de danza sincronizada sin despegar las suelas del fondo marino con una agilidad sorprendente. La marea est\u00e1 baja y permite ver su granja de ostiones: doce filas de 65 costales, cada una, llenos de moluscos que compraron en un laboratorio cuando eran \u201csemillas\u201d y cultivan en la Ensenada como si fuera un huerto. Cada d\u00eda cambian 40 costales, sacos hechos de una red s\u00f3lida, despu\u00e9s de sacudirlos a palazos para quitarles la broma, un peque\u00f1o molusco que se incrusta en ellos e impide que el osti\u00f3n respire. Es uno de los proyectos piloto de las guardianas desde este mayo. Despu\u00e9s de unas horas de faena, la panga enfila el camino de regreso. En el horizonte, una puesta de sol roja enciende el desierto en el mar.<\/p>\n<h3 class=\"\">A\u00f1os de hambre<\/h3>\n<p class=\"\"><a href=\"https:\/\/nos.org.mx\/el_manglito\/restaurando-la-estrategia-de-pesca-en-el-manglito-la-paz-mexico\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\" data-link-track-dtm=\"\" data-mrf-link=\"https:\/\/nos.org.mx\/el_manglito\/restaurando-la-estrategia-de-pesca-en-el-manglito-la-paz-mexico\/\">Los habitantes del Manglito<\/a>, con sus casas blancas bajas y sus calles de tierra, fueron da\u00f1os colaterales del progreso. Es una historia habitual: no solo pas\u00f3 all\u00ed, no solo les pas\u00f3 a ellos. A principios de siglo las leyes sobre la pesca se endurecieron. Los pescadores empezaron a necesitar permisos que nunca antes hab\u00edan necesitado. Para trabajar, ten\u00edan que sortear capas de una burocracia lenta, dise\u00f1ada no para ser eficaz, sino para aparentarlo. \u201cProtegiendo el medioambiente, pero dejando sin comer a los pescadores\u201d, resume Rosa Mar\u00eda, una de las guardianas m\u00e1s veteranas a sus 64 a\u00f1os. El sentimiento compartido aqu\u00ed es que el desarrollo les dio de lado, que una comunidad de 600 pescadores no era la responsable de depredar la naturaleza, pero les toc\u00f3 correr con las culpas.<\/p>\n<div class=\"raw_html\"><\/div>\n<p class=\"\">Lo dice Martha Garc\u00eda (44 a\u00f1os) mientras se protege con un ancho sombrero del sol que cae sin piedad sobre el Conchalito, una franja de tierra y manglares a un costado del Manglito que durante a\u00f1os los vecinos usaron como basurero. \u201cSolo trabaj\u00e1bamos lo que necesit\u00e1bamos. Nunca hemos intentado explotar\u201d, asegura. De pronto, en los ojos de las autoridades, sus maridos eran furtivos. Los persegu\u00edan y los sancionaban con multas que no pod\u00edan pagar, con la ayuda de otras organizaciones de gente de fuera de La Paz que cre\u00edan dar caza a peligrosos delincuentes. \u201cQuieren educarnos en nuestra relaci\u00f3n con el mar y nadie mejor que nosotros conoce el mar. Nunca se acercaron a nuestra comunidad\u201d, critica.<\/p>\n<p class=\"\">Los pescadores trataron de ponerse al d\u00eda, pero la burocracia es una maquinaria oxidada y lenta que no cumpl\u00eda nunca con los plazos prometidos. Los permisos no llegaban a tiempo para las temporadas de pesca y si no sal\u00edan a faenar, no ganaban dinero. \u201cEs f\u00e1cil si abres el refri de tu casa y hay de comer. Las organizaciones y el Gobierno nos iban ilegalizando\u201d. Muchos no sab\u00edan leer ni escribir y, sin ayuda, preparar la documentaci\u00f3n era una odisea. \u201cImag\u00ednate lo dif\u00edcil de perder una semana preparando papeles\u201d.<\/p>\n<p class=\"\">En 2001, la situaci\u00f3n se deterior\u00f3. Fueron tiempos tristes: vinieron a\u00f1os de hambre y carencias; de migrar a otros puertos sudcalifornianos en busca de trabajo; de verse obligados por la falta de papeles, ahora s\u00ed, a ser furtivos en las aguas en las que siempre hab\u00edan faenado; de sobrevivir con pr\u00e9stamos que no pod\u00edan pagar mientras las facturas se acumulaban en la mesa; de ir \u201ca San Carlos a batear en la almeja porque aqu\u00ed no hab\u00eda qu\u00e9 comer\u201d, recuerda Claudia Reyes (41 a\u00f1os), otra de las guardianas. Garc\u00eda habla de gentrificaci\u00f3n: \u201cHemos sido despojados de nuestros espacios. Estamos en una zona muy privilegiada\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"width: 424px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"_re lazyload a_m-h\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/2V5U4IBGAVGNJNLKDZMZZ57ABE.jpg?auth=496a63b3f75e77071228e7411562bd3d95f71faddbbbe120b4fc80ed8c93140d&amp;width=414\" sizes=\"auto, (min-width:1199px) 1155px,(min-width:1001px) calc(100vw - 44px),(min-width:768px) 767px, 100vw\" srcset=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/2V5U4IBGAVGNJNLKDZMZZ57ABE.jpg?auth=496a63b3f75e77071228e7411562bd3d95f71faddbbbe120b4fc80ed8c93140d&amp;width=414 414w,https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/2V5U4IBGAVGNJNLKDZMZZ57ABE.jpg?auth=496a63b3f75e77071228e7411562bd3d95f71faddbbbe120b4fc80ed8c93140d&amp;width=828 640w,https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/2V5U4IBGAVGNJNLKDZMZZ57ABE.jpg?auth=496a63b3f75e77071228e7411562bd3d95f71faddbbbe120b4fc80ed8c93140d&amp;width=980 1000w,https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/2V5U4IBGAVGNJNLKDZMZZ57ABE.jpg?auth=496a63b3f75e77071228e7411562bd3d95f71faddbbbe120b4fc80ed8c93140d&amp;width=1960 1960w\" alt=\"Araceli M\u00e9ndez, Claudia Reyes, Mar\u00eda Dionisia Avil\u00e9s, Martha Garc\u00eda, Rosa Mar\u00eda y Graciela Olachea Higuera.\" width=\"414\" height=\"276\" \/><p class=\"wp-caption-text\">Araceli M\u00e9ndez, Claudia Reyes, Mar\u00eda Dionisia Avil\u00e9s, Martha Garc\u00eda, Rosa Mar\u00eda y Graciela Olachea Higuera.Gladys Serrano<\/p><\/div>\n<h4 class=\"a_m a_m-h \"><\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"\">En el Manglito se contaban historias sobre un ayer de gloria y bonanza, de esas habituales en las comunidades que alguna vez tuvieron futuro sobre un pasado robado. El cuento amargo se convirti\u00f3 en Historia colectiva y se filtra ahora por las palabras de Graciela Olachea Higuera, a la que todas llaman Chelo y dice que tiene \u201ccomo 63 a\u00f1os\u201d: \u201cAntes ten\u00edas tu panga e ibas a pescar, no necesitabas permiso ni nada. Ahora necesitas permiso hasta para atarte los zapatos. Antes era m\u00e1s bonita la vida que viv\u00edamos porque ibas donde te daba la gana. Ibas a trabajar y punto:\u00a0<a href=\"https:\/\/elpais.com\/gastronomia\/2023-04-05\/el-aguachile-el-platillo-mexicano-que-conquisto-a-rosalia.html\" data-link-track-dtm=\"\" data-mrf-link=\"https:\/\/elpais.com\/gastronomia\/2023-04-05\/el-aguachile-el-platillo-mexicano-que-conquisto-a-rosalia.html\">callo de hacha, almeja<\/a>, lo que hubiera. Qu\u00e9 bonito disfrut\u00e1bamos\u201d.<\/p>\n<h3 class=\"\">Como leonas<\/h3>\n<p class=\"\">Los hombres se deprimieron. Las mujeres dijeron basta. Era el momento de resucitar el barrio. \u201cEl cambio fue por necesidad. Nos tuvimos que adaptar al desarrollo. La pesca estaba desapareciendo. No quer\u00edamos que nuestros hijos se dedicaran a esto\u201d, dice Garc\u00eda. \u201cNos organiz\u00e1bamos para poder trabajar y comer\u201d. Hubo dos pioneras: Chelo y Mar\u00eda Dionisia Avil\u00e9s,\u00a0<i>Tita<\/i>, de 59 a\u00f1os. Primero, se dieron cuenta del vertedero en que se hab\u00eda convertido el Conchalito. La gente tiraba all\u00ed la basura y usaba la madera de mangle como le\u00f1a o para construir caba\u00f1as. El 70% de los manglares se perdieron \u201cpor la inconsciencia de la gente\u201d. \u201cNo sab\u00edamos lo importante que eran\u201d, reconoce Chelo.<\/p>\n<p class=\"\">Ella y Tita se plantaron d\u00eda s\u00ed, d\u00eda tambi\u00e9n en el Conchalito. No solo para limpiarlo, tambi\u00e9n para evitar que los furtivos se llevaran callo de hacha, un molusco f\u00e9rtil en esas aguas que se hab\u00eda convertido en una de sus pocas fuentes de ingresos. \u201cHasta cuchillos nos sacaron\u201d. No cedieron. \u201cEste lugar era un basurero y ellas lo hicieron posible\u201d, celebra Garc\u00eda. \u201cAqu\u00ed venimos a cambiar el mundo\u201d, se r\u00ede Chela. Con el tiempo, otras se implicaron en defender la zona. \u201cT\u00fa por t\u00fa, revent\u00e1bamos llantas, revis\u00e1bamos cubetas. Con m\u00e1s coraje que conocimientos de c\u00f3mo enfrentarnos\u201d, confiesa la primera.<\/p>\n<p class=\"\">El grupo creci\u00f3. En 2016, se asociaron con\u00a0<a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/oprepescadores\/?locale=es_LA\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\" data-link-track-dtm=\"\" data-mrf-link=\"https:\/\/www.facebook.com\/oprepescadores\/?locale=es_LA\">OPRE (Organizaci\u00f3n de Pescadores Rescatando la Ensenada)<\/a>, formada por poco m\u00e1s de 100 personas, mayoritariamente hombres. En 2017, consiguieron la concesi\u00f3n de 2048 hect\u00e1reas dentro de la Ensenada, en las que ahora cultivan sus ostiones. Ese mismo a\u00f1o, se formaron con\u00a0<a href=\"https:\/\/nos.org.mx\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\" data-link-track-dtm=\"\" data-mrf-link=\"https:\/\/nos.org.mx\/\">la ONG Noroeste Sustentable\u00a0<\/a>en cursos de \u201cgobernanza, de perd\u00f3n y reconciliaci\u00f3n, de autocuidado, de g\u00e9nero\u201d. Fue un punto y aparte. \u201cAprend\u00ed que no soy la esposa de alguien, ni la mam\u00e1, ni la hermana, que soy Martha\u201d. En 2018, crearon formalmente Las Guardianas del Conchalito.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure class=\"a_m a_m-h \">\n<p><div style=\"width: 424px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"_re lazyload a_m-h\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/YXHWPDQ5TJBHLBKMV47DWMBVSI.jpg?auth=d9965642f355875f7cf071b7eee1e336d02f74fae344e12ef118bf6b6fabd5ae&amp;width=414\" sizes=\"auto, (min-width:1199px) 1155px,(min-width:1001px) calc(100vw - 44px),(min-width:768px) 767px, 100vw\" srcset=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/YXHWPDQ5TJBHLBKMV47DWMBVSI.jpg?auth=d9965642f355875f7cf071b7eee1e336d02f74fae344e12ef118bf6b6fabd5ae&amp;width=414 414w,https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/YXHWPDQ5TJBHLBKMV47DWMBVSI.jpg?auth=d9965642f355875f7cf071b7eee1e336d02f74fae344e12ef118bf6b6fabd5ae&amp;width=828 640w,https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/YXHWPDQ5TJBHLBKMV47DWMBVSI.jpg?auth=d9965642f355875f7cf071b7eee1e336d02f74fae344e12ef118bf6b6fabd5ae&amp;width=980 1000w,https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/YXHWPDQ5TJBHLBKMV47DWMBVSI.jpg?auth=d9965642f355875f7cf071b7eee1e336d02f74fae344e12ef118bf6b6fabd5ae&amp;width=1960 1960w\" alt=\"Mar\u00eda y Araceli revisan los mangles en el vivero del Conchalito.\" width=\"414\" height=\"276\" \/><p class=\"wp-caption-text\">Mar\u00eda y Araceli revisan los mangles en el vivero del Conchalito.Gladys Serrano<\/p><\/div><figcaption class=\"a_m_p\"><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"\">Antes, vend\u00edan el producto que sus maridos tra\u00edan. \u201cSiempre nos hab\u00edamos dedicado a la pescada, pero no nos consider\u00e1bamos pescadoras. El pescador era nuestro esposo. Gan\u00e1bamos la tercera o cuarta parte de un compa\u00f1ero\u201d, sintetiza Garc\u00eda. Ahora ya no tienen reparos en llamarse pescadoras. \u201cAndamos buscando la independencia econ\u00f3mica\u201d. A sus maridos a\u00fan les cuesta adaptarse al cambio despu\u00e9s de generaciones de entender la faena como trabajo de hombres. \u201cTienen una idea muy arraigada, no es que sean malos\u201d, justifica Reyes. \u201cAntes ellos eran los del dinero y ahora nosotras tambi\u00e9n ganamos\u201d, coincide Chela.<\/p>\n<p class=\"\">Un d\u00eda, una sobrina de Garc\u00eda apareci\u00f3 emocionada porque se hab\u00eda comprado una hielera con su propio dinero. A ella no le extra\u00f1\u00f3 esa reacci\u00f3n: no era solo una hielera, era mucho m\u00e1s. El s\u00edmbolo de que las cosas ya no volver\u00edan a ser igual en el Manglito. \u201cMe la compr\u00e9 porque puedo, porque quiero y porque tengo\u201d, sentenci\u00f3 la joven. \u201cHa cambiado el chip de nosotras de c\u00f3mo vivir la vida\u201d, ilustra Reyes. No es solo en lo laboral: las relaciones ya no son iguales en lo personal tampoco. Otro d\u00eda, en una reuni\u00f3n, uno de los hombres mand\u00f3 callar a Reyes delante del gobernador. \u201cNos fuimos todas contra \u00e9l como leonas\u201d, recuerda Garc\u00eda. \u201cAhora lo podemos platicar y nos divertimos, pero lloramos mucho, fuimos violentadas\u2026 Pero vali\u00f3 la pena para que nuestros morros vivieran esta apertura de ahora\u201d.<\/p>\n<p class=\"\">Para revivir los manglares del Conchalito, primero hubo que recuperar las venas de marea, los surcos por los que el agua llega a los \u00e1rboles. Con los a\u00f1os se fueron tapando por la suciedad. Entre ocho mujeres, abrieron 46 metros de canal de un metro de ancho por otro de profundidad \u201cahora s\u00ed que a pura pala, no se metieron m\u00e1quinas\u201d, explica orgullosa Reyes. El 14 de septiembre de este a\u00f1o, inauguraron un vivero en el Conchalito donde criar manglar, plantas delicadas y caprichosas, que entre seis y doce meses transplantar\u00e1n a la costa. \u201cNecesitan para crecer tierra dulce, arena salada, carb\u00f3n, levadura, piloncillo, ceniza y composta de vaca. Mantenimiento cada 15 d\u00edas. La tierra tiene que estar caliente\u201d, enumera Rosa Mar\u00eda.<\/p>\n<p class=\"\">Creen que ya han recuperado el 80% de lo perdido. Monitorean el manglar. Hay tres tipos: con el rojo, miran si tiene flores, si el fruto est\u00e1 da\u00f1ado. Con el blanco y el negro usan un cuadrante de 60&#215;60 cent\u00edmetros \u201cy lo que abarque se cuentan las semillas y se apunta en la bit\u00e1cora\u201d. \u201cEl rojo tiene hoja oscura, el blanco chiquita y gruesa, el negro alargadita y tiene gotitas de sal que le salen por las hojitas\u201d, cuenta con paciencia de maestra Rosa Mar\u00eda, la misma que usa cuando los colegios de la zona vienen a su vivero a que las mujeres les ense\u00f1en educaci\u00f3n ambiental. En el futuro, la idea es establecer sus propias redes de turismo: que los visitantes recorran el Conchalito, el Manglito y la Ensenada, coman sus ostiones, conozcan su historia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure class=\"a_m a_m-h \">\n<p><div style=\"width: 424px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"_re lazyload a_m-h\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/TSMKGZCOQVDZHNNNGQLLDQQMWQ.jpg?auth=95f8fcffae3b48b6178ae7eeba3b7d7592fc4bb357ede35a80b492e4bfc0e23d&amp;width=414\" sizes=\"auto, (min-width:1199px) 1155px,(min-width:1001px) calc(100vw - 44px),(min-width:768px) 767px, 100vw\" srcset=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/TSMKGZCOQVDZHNNNGQLLDQQMWQ.jpg?auth=95f8fcffae3b48b6178ae7eeba3b7d7592fc4bb357ede35a80b492e4bfc0e23d&amp;width=414 414w,https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/TSMKGZCOQVDZHNNNGQLLDQQMWQ.jpg?auth=95f8fcffae3b48b6178ae7eeba3b7d7592fc4bb357ede35a80b492e4bfc0e23d&amp;width=828 640w,https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/TSMKGZCOQVDZHNNNGQLLDQQMWQ.jpg?auth=95f8fcffae3b48b6178ae7eeba3b7d7592fc4bb357ede35a80b492e4bfc0e23d&amp;width=980 1000w,https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/v2\/TSMKGZCOQVDZHNNNGQLLDQQMWQ.jpg?auth=95f8fcffae3b48b6178ae7eeba3b7d7592fc4bb357ede35a80b492e4bfc0e23d&amp;width=1960 1960w\" alt=\"Martha Garc\u00eda muestra el crecimiento de uno de los manglares protegidos por su colectivo en el Conchalito.\" width=\"414\" height=\"276\" \/><p class=\"wp-caption-text\">Martha Garc\u00eda muestra el crecimiento de uno de los manglares protegidos por su colectivo en el Conchalito.Gladys Serrano<\/p><\/div><figcaption class=\"a_m_p\"><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"\">La resurreci\u00f3n fue tan exitosa que, antes de la pandemia, \u201cnos intent\u00f3 entrar el narco\u201d, dice Garc\u00eda. El crimen organizado trat\u00f3 de sacar su comisi\u00f3n del renaciente barrio. Llegaban j\u00f3venes con mala cara en sus coches, daban vueltas por las calles, iban casa por casa para decirle a los pescadores que quer\u00edan \u201ccomprar el producto\u201d: callo de hacha, un marisco escaso y cotizado en el resto de M\u00e9xico. \u201cTuvimos mucho miedo, pero nos dejaron en paz porque empezamos a hacernos muy visibles\u201d, narra Garc\u00eda. \u201cY porque est\u00e1bamos en regla, no pesc\u00e1bamos de manera ilegal, se iban a amenazar a los ilegales\u201d, completa Reyes. Ni ellas ni el Manglito eran ya las mismas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &#8211; Guardianes del Conchalito rescataron los manglares casi extinguidos y aprendieron pesca sustentable para salvar la comunidad del Manglito. 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