FJORD. Rumania-Francia-Noruega-Suecia-Dinamarca, 2026. Un film escrito y dirigido por Cristian Mungiu. 146 minutos
FJORD. Rumania-Francia-Noruega-Suecia-Dinamarca, 2026. Un film escrito y dirigido por Cristian Mungiu. 146 minutos

Sebastian Stan, Vanessa Ceban y Renata Reinsve en FJORD
Por Jorge Gutman
FJORD. Rumania-Francia-Noruega-Suecia-Dinamarca, 2026. Un film escrito y dirigido por Cristian Mungiu. 146 minutos
Conocido por haber obtenido la Palma de Oro en 2007 con el memorable film 4 meses, 3 semanas, 2 días, el notable director Christian Mungiu logra nuevamente en Cannes el codiciado trofeo con Fjord. Abordando un caso de relevante connotación ética y moral, este drama adquiere relevancia en la medida que considera dos temas importantes que en principio se contraponen de acuerdo a la forma en que el realizador expone lo que acontece en el film.
A un gélido pueblo costero de Noruega que enfrenta un fiordo, después de varios años de haber residido en Bucarest llega la familia Gheorgiou integrada por Mihai (Sebastian Stan) de origen rumano, su mujer noruega Lisbet (Renata Reinsve) y sus cinco hijos de los cuales el menor es un bebé y dos de ellos son adolescentes.
Este matrimonio es de profunda convicción religiosa y es así que la comunidad evangelista del lugar les recibe gratamente como asimismo los vecinos aledaños. De inmediato él consigue un empleo como técnico en informática, en tanto que su mujer lo logra como enfermera. Importante es señalar que teniendo en consideración el estricto comportamiento asumido por la fe, los cónyuges no permiten a sus hijos el uso de celular, vincularse con el internet, como tampoco ver youtube o el empleo de juegos de video, ni menos escuchar música popular o bailar; en cambio ellos están acostumbrados a leer la biblia, rezando diariamente y hablando de religión. Eso no obsta para que se inserten adecuadamente en el ámbito escolar donde Elia (Vanessa Ceban), la hija mayor de la familia, mantiene un fuerte lazo amistoso con Noora (Henrikke Lund-Olsen) quien es hija del director de la escuela (Markus Scarth Tonseth) casado con Mia (Lisa Carlehed), una antigua abogada.
El acontecimiento que genera el conflicto del relato acontece cuando la profesora de gimnasia nota que Elia tiene un moretón en su espalda y además ha oído que a veces Mihai acostumbra a dar a su prole algunas palmaditas en el trasero cuando desobedecen su autoridad. Es así que efectuada la denuncia al director de la escuela a su vez eso llega a conocimiento de la agencia del servicio social de Noruega, dando como resultado que se inicie una investigación al respecto; durante ese lapso con duración indeterminada, Mihai y Lisbet están obligados a desprenderse de sus hijos que permanecerán en hogares de acogida, incluyendo al bebé que aún requiere ser amamantado.
Lo que prosigue es el largo proceso judicial en donde Lisbet logra que Mia actúe como su abogada defensora, en tanto que Mihai lucha denodadamente con el apoyo masivo de la comunidad religiosa, frente a lo que considera un severo atropello de la agencia gubernamental.
Dicho lo que precede, tal como muy bien está ilustrado por Mungiu, por un lado resulta en parte cuestionable la severa educación de los padres influidos por la religión, aunque queda bien claro que no obstante que Mihai reconoce el empleo de ciertas palizas ligeras sin producir daños físicos a sus hijos, él mantiene un gran amor paternal. A su vez, el cineasta efectúa una velada crítica a la falta de tolerancia de la agencia gubernamental que bajo el principio de proteger a menores se excede en sus funciones sin que exista prueba contundente de la culpabilidad del matrimonio. Lo concreto es que el film deja abierto a la reflexión para que cada espectador según su ideología determine en dónde reside la razón.
Si bien la fuerte atracción entre Eiia y Noora no está completamente desarrollada como subtrama, eso no aminora la relevancia que adquiere el tema central propuesto por Mungiu, donde además de su notable realización obtiene genuinas caracterizaciones de su impecable elenco encabezado por Stan como el abnegado padre que ve su dignidad lastimada y la excelente Reinsve quien después de haber deslumbrado en Sentimenal Value (2025) aquí vuelve a impresionar como la humana madre dolorida al ser desprovista de sus hijos. En suma, he aquí un vital drama familiar incondicionalmente recomendable.
FILIPIÑANA. Singapur-Gran Bretaña-Filipinas-Francia-Países Bajos, 2026. Un film escrito y dirigido por Rafael Manuel. 100 minutos

Jorrybell Agoto en FILIPIÑANA
Un buen documento social es lo que se aprecia en Filipiñana que no obstante ser una coproducción entre varios países, la película es netamente filipina atendiendo a su director y guionista Rafael Manuel, su elenco y el lugar donde transcurre.
Habiendo ampliado su cortometraje homónimo realizado en 2020, el novel realizador Manuel ambienta la historia durante una larga jornada calurosa y húmeda que transcurre en un elitista club de golf de Manila. Ahí llega Isabel de 17 años (Jorrybell Agoto), oriunda de la zona rural de Ilocos, al norte de la ciudad, para trabajar en ese lujoso establecimiento presidido por el doctor Palanca (Teroy Guzman). Siguiendo estrictas normas reglamentarias, ella al igual que sus compañeras tiene a su cargo colocar las pelotas de golf en su sitio.
De inmediato se aprecia el contraste existente entre el esplendoroso verdor del terreno de juego en donde no falta el agua que permite su riego en las calles áridas que circundan al club, con la larga fila que realiza la población de bajos recursos para proveerse de dicho vital líquido. Esa marcada diferencia social se aprecia por parte de Isabel y las chicas que están al servicio de los golfistas, quienes son tratadas poco menos que como esclavas; sin embargo eso no constituye un obstáculo para que ellas realicen su trabajo eficientemente.
En una subtrama de la historia se observa la llegada al lugar de Clara (Carmen Castellanos), una joven de familia adinerada proveniente de Estados Unidos que juega una partida de golf con su tío (Carlos Siguion-Reyna), un industrial que se dedica al equipamiento de dicho deporte. Si bien desea que su sobrina regrese definitivamente al país para trabajar con él, Clara tiene serias dudas al comprobar la gran diferencia cultural imperante y los abusos del medio social en que está involucrada su familia.
El relato adquiere tensión cuando Isabel encuentra un palo de golf extraviado y en su propósito de devolverlo a su patriarcal presidente se adentra en los sitios más privados de la institución descubriendo algo siniestro que refleja la violencia y corrupción del lugar en que ella se desempeña.
Visualmente esplendorosa mediante encuadres fijos, la magnífica fotografía de Xenia Patricia realza los méritos del film. Así, de manera sutil y sin recargar las tintas, el realizador consigue que su ópera prima constituya un microcosmos de lo que acontece en Filipinas, en donde los acaudalados dueños del poder pueden manipular y someter a quienes pertenecen a un nivel inferior.
En esencia, Manuel logra un film que dignifica la humanidad e inteligencia de la clase trabajadora, que por sus indiscutibles méritos fue distinguido con el Premio Especial del Jurado a la Vision Creativa en el último Festival de Sundance.
POSSIBLE LOVE. Corea del Sur, 2026. Un film de Lee Chang-dong. 165 minutos

Una escena de POSSIBLE LOVE
Una vez más el cine surcoreano se destaca ofreciendo un excelente retrato social en Possible Love que obtuvo el Gran Premio del Jurado en el Festival de Venecia.
El guión del realizador escrito conjuntamente con Oh Jung-mi está en parte inspirado en el décimo episodio de la miniserie Dekalog (No codiciarás los bienes ajenos) que el desaparecido realizador Krzysztof Kieslowski efectuó en 1989, aunque la historia se distingue por transcurrir en un medio ambiente diferente teniendo como propósito considerar lo que acontece con dos matrimonios pertenecientes a dos mundos socialmente opuestos.
Uno de los mismos es el integrado por Mi-ok (Jean Do-yeon) y su marido Ho-seok (Sul Kyung-gu); esta pareja de humilde condición atraviesa una situación difícil teniendo en cuenta que Ho-seok ha sido despedido de la fábrica en que estaba trabajando y no avizora la posibilidad de conseguir otro empleo; en tal sentido Mi-ok hace lo posible por reanimar el estado depresivo de su esposo aunque a veces su agresividad es motivo de fricción en la relación mantenida. La otra pareja está conformada por la documentalista Ye-ji (Cho Yeo-jeong) y su marido Sang-woo (Zo In-sung) quien es un exitoso empresario, lo que conduce a que ambos disfruten de una privilegiada situación económica.
La historia adquiere relieve cuando Ye-ji se vincula con Mi-ok imponiéndose de las vicisitudes que vive su núcleo familiar. La documentalista, imbuida de lo que experimentan los trabajadores despedidos de empresas, decide hacer un documental que refleje la situación de Mi-ok y de Ho-seok al estar afectados moralmente por el drástico despido con la difícil situación financiera que atraviesan y de qué modo eso trasciende en su hijo de 10 años; es así que Ye-ji a través de esta familia tratará de documentar los problemas sociales de la clase trabajadora del país. Si bien Mi-ok se apresta a la filmación, su marido manifiesta hosquedad y reticencia para dicho propósito; con todo, no obstante sus prolongados silencios él angustiado hombre llega a expresar su experiencia laboral así como el vínculo que mantuvo con sus colegas de trabajo, ofreciendo en esa descripción momentos genuinamente conmovedores.
Creando la buena intriga en conocer hacia dónde esta historia se dirige lo cierto es que el realizador efectúa una muy buena descripción de los intercambios que se realizan entre los dos matrimonios donde la ambigüedad, contradicciones y sus reprimidas emociones están muy bien descriptos en el impecable guión.
La película se presta para reflexionar si éticamente procede que el logro artístico del documental de Ye-ji sea a expensas de filmar la intimidad de la pareja en las difíciles situaciones que atraviesa. Asimismo y atendiendo al título del film surge la pregunta si acaso resulta posible experimentar el amor enfrentando apesadumbrados momentos nutridos de dolor y frustración.
Sin dar respuesta a los conflictos morales suscitados, Lee Chang-dong obtiene un angustiante drama reflejando las vicisitudes de su país no sólo en cuanto a la marcada diferencia de clases sino asimismo acerca del grave problema de desempleo reforzado aún más por la inteligencia artificial.

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