Un episodio excepcional de ‘El Niño’ pone a prueba las medidas de emergencia de Fujimori en Perú
Un episodio excepcional de ‘El Niño’ pone a prueba las medidas de emergencia de Fujimori en Perú

Un vehículo en una calle inundada, en Piura, Perú, el 20 de octubre. Foto Malú Ramahì (EFE)
- Con el temporal ya desatado, la presidente admitió que el Ejecutivo alcanzó el límite operativo en la limpieza de cauces naturales, asumiendo que la magnitud del llamado ‘meganiño’ sobrepasa la planificación inicial
La procesión del Señor de los Milagros apuró el paso por las calles inundadas de Chulucanas, en la región de Piura, al norte del Perú.
La lluvia que caía desde temprano había convertido los baches del pavimento en charcos. Cuando el aguacero cesó a mitad del recorrido, los feligreses, con los hábitos morados empapados, lograron ingresar a la catedral a las once de la noche del lunes, una hora antes de lo previsto. “Cuando sale el Señor de los Milagros, la lluvia siempre se detiene. Es una cosa de fe”, dice Juan Suárez Cárcamo, integrante de la hermandad que rinde culto a una de las imágenes religiosas más veneradas por los peruanos.
Pero la tregua duró poco. Durante la madrugada volvió a llover y, al amanecer del martes, el agua alcanzaba los treinta centímetros en el Mercado Modelo de Chulucanas. Los comerciantes tuvieron que poner a salvo sus mercancías, mientras las calles quedaban convertidas en lagunas y el lodo comenzaba a entrar en las casas de los barrios periféricos. Se trata de una consecuencia directa de un episodio excepcional de ‘El Niño’.
Tres días antes de que reventaran las primeras lluvias en Piura, la presidente Keiko Fujimori viajó a esta región para supervisar las obras de prevención. Allí reconoció que el Gobierno había llegado al límite de lo que podía hacer para limpiar el cauce del río Piura, uno de los principales focos de preocupación por el riesgo de inundaciones y huaicos. “El río lo hemos limpiado en su máxima capacidad (…) Más que eso no podemos hacer. Pero el meganiño puede ser más grande de lo que tenemos planificado”, advirtió. Con el temporal ya encima, Fujimori anunció desde Palacio de Gobierno un paquete extraordinario de unos 5.000 millones de dólares para asistir a los damnificados, reconstruir infraestructura y contener el impacto económico que provoque el fenómeno.
En otras localidades de Perú, donde el desierto domina buena parte de la costa, también hubo daños. En Ayabaca, en la sierra de Piura, una lluvia torrencial sorprendió a los escolares en plena clase. “Fui corriendo con los profesores a sacar a los alumnos de las aulas porque sé que son precarias”, cuenta Richard Chuquihuanca, director encargado del colegio 14399 El Sauce, que todavía tiene aulas de adobe. “De persistir las lluvias, van a colapsar en cualquier momento”, advierte. En Morropón y Huancabamba, las autoridades advirtieron que las precipitaciones podrían hacer crecer las quebradas y dejar a pueblos enteros incomunicados.
Lo insólito es que todo esto ocurra en octubre. En Piura y Tumbes, esta última en la frontera con Ecuador, las lluvias persistentes suelen llegar recién entre febrero y marzo, pero esta vez el creciente fenómeno de El Niño ha alterado el calendario. Los pronósticos meteorológicos advierten que las precipitaciones serán todavía más fuertes en los próximos días.

Keiko Fujimori en Lima, Perú, el 22 de octubre. Foto Paolo Aguilar (EFE)
Grinia Ávalos, directora de meteorología del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi), sostiene que en Tumbes podría caer en un solo día más agua de lo que normalmente se acumula durante todo un mes de verano. En la temporada más lluviosa suelen caer unos 70 milímetros de agua al mes. Ahora se esperan hasta 80 milímetros en 24 horas. “Hemos tenido dos eventos extraordinarios: 1982-1983 y 1997-1998. Este es el tercero extraordinario. Y es el más fuerte”, asegura Ávalos.
Según las proyecciones del Senamhi, las precipitaciones más intensas golpearán entre el 24 y 26 de octubre. A partir del 27 las lluvias darán una pausa corta, pero tras el 5 de noviembre arreciará un nuevo ciclo de aguaceros mucho más fuerte. Las lluvias además avanzarán hacia otras regiones del norte peruano, como La Libertad y Lambayeque, cuya capital, Chiclayo, recibirá al papa León XIV en la primera quincena de noviembre.
De aguas frías a temperaturas caribeñas
El origen de la amenaza está en el océano Pacífico. A pocos kilómetros de la orilla, el mar peruano parece hervir debido a un fenómeno de El Niño que, según la agencia meteorológica de la ONU, “está, literalmente, fuera de las gráficas”. Las aguas frías y verdosas que durante siglos han bañado las costas peruanas, alimentadas por la corriente de Humboldt, alcanzan ahora temperaturas propias de una bahía del Caribe.
Frente a Tumbes, el mar roza los 29 grados, según los registros del Instituto del Mar del Perú (Imarpe). En Talara, más al sur, la Marina registró 27 grados, nueve por encima de lo habitual para esta época del año. Frente a los acantilados y viñedos de Pisco, en la costa central, las aguas marcaron 24 grados, unos cuatro más que su promedio histórico.
En el desierto peruano, ese calentamiento puede tener consecuencias devastadoras. Cuanto más caliente está el mar, más agua se evapora y más humedad se acumula en el aire. Si las condiciones favorecen las lluvias intensas, el agua podría caer en pocas horas sobre ciudades sin drenaje y hacer crecer con una violencia inusitada quebradas que llevaban años secas.
“Estamos ante un Niño que ningún peruano ha vivido”, dice el meteorólogo Abraham Levy. El calentamiento del mar en octubre, explica, ha superado los registros de los grandes episodios de 1982 y 1997. Para encontrar un precedente similar habría que retroceder hasta 1877, hace casi un siglo y medio.
Levy advierte de que un mar caliente no determina por sí solo cuánta agua va a caer sobre la tierra, pero el riesgo está a la vista. Las precipitaciones son cada vez más fuertes y encuentran hoy a muchas más familias viviendo en zonas inundables. “El agravante es más temperatura y más población en zonas de riesgo”, señala.
El costo del ‘meganiño’
El daño económico ya empezó. El calentamiento del mar hizo desaparecer a la anchoveta de sus zonas habituales. Los cardúmenes han buscado aguas más profundas y las grandes embarcaciones se quedaron sin pesca. Con la segunda temporada cancelada, el Banco Central calcula que la actividad pesquera caerá un 30,7% este año. En tierra, la agricultura acumula dos trimestres seguidos de caída.
El BBVA Research calcula que El Niño provocará pérdidas por unos 3.500 millones de dólares este año, equivalentes al 0,9% del producto bruto interno. Para 2027 se prevé un impacto todavía más severo. La mayor alarma, sin embargo, son las vidas. En el desastre de 1982-1983, fallecieron 512 personas y 209.000 casas quedaron dañadas o en escombros. En 1997-1998 hubo otros 366 muertos cuando los ríos se salieron de su cauce y el lodo bajó por las quebradas.

Una persona observa una calle inundada, en Piura. Foto Malú Ramahì (EFE)
El espejo de esa amenaza está ahora en Ecuador. Entre la noche del domingo y la madrugada del lunes, Guayaquil recibió 112 milímetros de lluvia, casi 19 veces lo habitual para todo octubre. El aguacero inundó decenas de sectores de la ciudad.
El meteorólogo Abraham Levy explica que el fenómeno siempre suele llegar primero a la costa ecuatoriana y después al norte del Perú. Lo ocurrido en Guayaquil es una señal de alerta para ciudades como Tumbes o Piura. Para la naturaleza, advierte el experto, las fronteras no existen.
Levy sostiene que el Perú debió prepararse mucho antes. Los modelos climáticos alertaban desde el primer semestre sobre la formación de un Niño de gran escala, pero los pronósticos oficiales pecaron de conservadores y las obras no se hicieron a tiempo, afirma. “Aquí hemos fallado”, dice. Para cuando el gobierno de Fujimori se instaló en Palacio, en agosto, ya era tarde para levantar defensas o emprender obras de gran envergadura.
El 20 de agosto, el Gobierno autorizó una partida de 447 millones de soles (unos 130 millones de dólares) para limpiar los cauces de ríos y quebradas. Dos meses más tarde, los recursos asignados para la emergencia ascendieron a 2.517 millones de soles (unos 730 millones de dólares), pero las entidades públicas sólo habían gastado 317 millones (unos 92 millones de dólares). Apenas el 12,6% del total, según el observatorio OS Gestión Estratégica con cifras del Ministerio de Economía.
En campaña electoral Fujimori había prometido que con ella no habría más inundaciones. Ahora, con El Niño ya presente, ha pedido a quienes viven en zonas de alto riesgo que abandonen sus casas. “Los invoco a evacuar desde ya”, declaró el 15 de octubre. Según el ministro de Economía, Elmer Cuba, los bonos para las familias afectadas empezarían a entregarse en diciembre, mientras que buena parte de las inversiones en infraestructura se pondría en marcha en enero de 2027.
Para Levy, a estas alturas, lo único que queda es evacuar las zonas más peligrosas del territorio peruano. Recuerda que muchas familias con escasos recursos económicos todavía viven en quebradas que permanecen inactivas durante décadas, hasta que una lluvia las convierte en torrentes que se llevan todo por delante. “Nuestra infraestructura no está preparada para El Niño. Eso es lo real”, advierte.

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