HABLEMOS DE CINE
HABLEMOS DE CINE
Por Jorge Gutman
Sin duda alguna Moonlight es una de las grandes películas de 2016. A pesar de haberse visto varios filmes del género que aquí se aborda, este drama de Barry Jenkins es el que con mayor elocuencia, precisión y profundidad ilustra la cultura afroamericana. Adaptado por el director Barry Jenkins de la obra “In Moonlight Black Boys Look Blue” de Tarell Alvin McCraney, el film trata de mostrar al espectador qué es lo que significa ser negro en los Estados Unidos, cómo se desenvuelve la personalidad de un negro en medio de un ambiente decididamente machista y de qué modo se afrontan los obstáculos externos en medio de un ambiente inhóspito.
El protagonista de esta conmovedora historia es Chiron a quien se le sigue los pasos durante un período de 16 años. Dividido en tres capítulos en el primero de los mismos se lo conoce como “Little” (Alex Hibbert); se trata de un niño que con apenas nueve años de edad ya sabe lo que significa ser negro y pobre viviendo en 1980 en un ambiente desfavorecido de Miami como lo es el de la comunidad negra del vecindario de Liberty City. La confusión se manifiesta en su persona frente a una orientación sexual incierta para él a pesar de que se siente atraído por Kevin (Jaden Piner), uno de los compañeros de clase de su misma edad; además, su carácter introvertido y silencioso lo convierte en la víctima ideal del bullying. Habitando con Paula (Naomie Harris), su madre soltera que es enfermera y adicta a las drogas, su humilde vivienda no es precisamente un buen refugio para sus penas. Con todo, un encuentro con Juan (Mahershala Ali), un traficante de drogas, hace que éste se conmisere con él brindándole protección y profundo afecto que hasta entonces desconocía, llevándolo a su hogar compartido con su compañera Teresa (Janelle Monáe); es así que en cierta forma Little encuentra en Juan al padre que nunca tuvo.
En el segundo capítulo donde Chiron (Ashton Sanders) ya es un adolescente de 16 años, Juan se encuentra ausente del relato y él se halla nuevamente sólo al propio tiempo que el hostigamiento escolar sigue persistiendo. Por primera vez y a pesar de que su homosexualidad es poco clara para él por no haber descubierto aún su verdadera naturaleza, el muchacho experimenta cierto solaz en la intimidad sexual que por primera vez mantiene con Kevin (Jharrel Jerome). Si bien podría aguardarse que esa relación pudiera continuar, Kevin se ve obligado a tener que doblegarse a la voluntad machista de los perseguidores de Charon cometiendo un acto nefasto.
En el último segmento que tiene lugar una década posterior se ve a Chiron (Trevante Rhodes), ahora con el sobrenombre de “Negro”, con una personalidad totalmente diferente. Su experiencia de vida lo ha transformado y finalmente ha llegado a determinar su verdadera identidad. Sin que necesariamente esta historia tenga un final feliz, al menos se vislumbra cierta esperanza de que su futuro pueda adoptar un rumbo positivo; eso se manifiesta tanto en el conmovedor reencuentro con su rehabilitada madre así como con Kevin (Andre Holland), quien drásticamente cambiado trata de lograr el perdón de Chiron y restablecer el contacto habido en el pasado. En última instancia el relato muestra cómo ahora el adulto joven, cuyos miedos han desaparecido por completo logrará ser dueño de sus propios actos.
Dejando de lado los clisés que generalmente se producen en los relatos referidos al proceso de maduración de una persona, Jenkins no escatima esfuerzo alguno para mostrarnos un mundo no muy frecuentado; así, sin que existan personajes blancos, uno puede quedarse asombrado de descubrir que no es precisamente la división racial la que puede generar el odio y la intimidación, sino que dentro de la misma raza negra también es posible que se siembre violencia atacando a los más indefensos y vulnerables.
Las interpretaciones son realmente excepcionales y es así que a través de tres actores diferentes representando al personaje principal es muy difícil de determinar quién es el mejor. El resto del elenco es igualmente irreprochable.
En los renglones técnicos, la atmosférica fotografía de James Laxton con sus luminosos colores otorgan una belleza poética que la convierten en un protagonista más de esta historia.
Para concluir puede afirmarse que Jenkins ha logrado un relato dramático impecable por el cual es muy probable que sea nominado por la Academia de Hollywood como mejor director así como también que el film sea uno de los candidatos al mejor del año.
MAL DE PIERRES. Francia, 2015. Un film de Nicole Garcia
Un melodrama en torno a un amor triangular es lo que enfoca la directora Nicole Garcia en este film inspirado en la novela “Mal di Pietre” de la escritora italiana Milena Agus. Si bien el tono demasiado acaramelado disminuye en parte la eficacia del film, los espectadores amantes de las historias románticas de otros tiempos podrán quedar satisfechos.
El guión de la directora, Jacques Fieschi y Natalie Carter presenta a Gabrielle (Marion Cotillard) quien junto con su marido José (Alex Brendemühl) y su hijo adolescente (Victor Quilichinie) se dirigen a Lyon donde el muchacho participará en una competencia de piano. En un determinado momento, al llegar a cierta calle de la ciudad ella trata de obtener noticias de un amante que tiempo atrás tuvo en ese lugar y a partir de allí el relato se efectúa a través de flashbacks.
Retrocediendo en el tiempo se ve a Gabrielle, una joven campesina viviendo en los años 50 en un área rural del sur de Francia y que infatuada con el amor es una apasionada joven sedienta de deseo sexual. Su naturaleza rebelde y una conducta juzgada escandalosa para la moral de la época, sobre todo del medio social que la circunda, motiva a que ella tenga que aceptar la proposición de su madre de casarse con José, un obrero de la construcción catalán exiliado de la guerra civil de España. En este casamiento arreglado y sin amor Gabrielle ve transcurrir su vida sin emoción alguna. Cuando después de cierto tiempo ella es diagnosticada con una enfermedad de los riñones, su marido la envía a un sanatorio suizo donde llega a conocer a André (Louis Garrel), un teniente que fue herido durante el conflicto bélico de Indochina y que sufre de tuberculosis. De buena presencia, André constituye para Gabrielle el príncipe azul con el que siempre soñó; en consecuencia, nada impide que durante el período de recuperación que ambos atraviesan, surja un romance en donde ella encontrará la vía de escape necesaria para acallar su irrefrenable ardor sexual. El único inconveniente que surge para una unión duradera son las convicciones morales de André y la circunstancia de que ella es una mujer casada.
Para no estropear la expectativa de quienes quieran ver el film se evitará comentar qué es lo que se va desarrollando a través del tiempo y sobre todo lo que acontece cuando después de 17 años la acción se traslada nuevamente al momento en que comenzó y allí se producen ciertas inesperadas revelaciones.
Filmado de manera clásica y con una exquisita belleza formal, el film se deja ver fundamentalmente por las buenas interpretaciones de Cotillard, como la sensual e independiente mujer que ha visto transcurrir su vida con un hombre que no amó, así como por la sutil caracterización de Brendemühl animando al devoto y paciente marido que debe convivir con la indiferencia de su esposa.
1:54. Canadá, 2014. Un film de Yan England
Un film altamente perturbador y de gran envergadura dramática es lo que se contempla en 1:54, primera realización de Yan England quien sorprende al demostrar su gran madurez para encarar uno de los más tremendos problemas que afronta la adolescencia.
Si bien el tema principal es el del bullying, el relato aborda también otros tópicos como la competencia deportiva, el chantaje, la homosexualidad encubierta y el impacto negativo que en ciertos casos puede ejercer el uso indebido de las redes sociales. A diferencia del dicho de “quien mucho abarca poco aprieta”, England ha logrado cohesionar los diferentes aspectos considerados en un thriller psicológico de gran nivel.
Las primeras escenas introducen al espectador en el ambiente de una escuela secundaria. Es allí donde estudia Tim (Antoine Olivier Pilon), un muchacho de 16 años que denota en su rostro una marcada timidez y en donde se ve que la relación con la mayoría de sus compañeros de aula no es muy buena; la excepción es Francis (Robert Naylor), un muchacho de su misma edad con el que mantiene un vínculo afectivo. Ambos amigos son objeto de burla por la pandilla liderada por Jeff (Lou-Pascal Tremblay). Cuando Francis no logra superar el encarnado acoso que es objeto por sus compañeros, adopta una decisión irreversible que afectará moralmente a Tim.
Para vengarse de Jeff, Tim que en el pasado había reunido condiciones de buen corredor resuelve entrenarse para participar en una competencia deportiva escolar que consiste en efectuar un recorrido de 800 metros en un minuto y cincuenta y cuatro segundos (de allí el título del film). Si acaso uno cree que el relato adoptará el tratamiento convencional de un torneo de deportes, muy pronto tal impresión quedará desechada en la medida que la historia cobra un vuelco inesperado vinculado con de la orientación homosexual del muchacho. Es allí que Tim será objeto de un chantaje intimidatorio que cobrará ribetes nada previsibles; al propio tiempo, sin apelar a sensacionalismo alguno el realizador demuestra cómo las redes sociales pueden llegar a destruir emocionalmente a una persona, sobre todo en la difícil etapa de la adolescencia.
Además de su excelente realización, el film se beneficia de la magistral interpretación de Pilon, quien hace dos años se destacara en Mommy de Xavier Dolan. Aquí, en un papel totalmente diferente caracteriza excelentemente los variados matices de un adolescente que sobrelleva consigo la angustia interior de un ser estigmatizado y el intenso miedo que le despierta de que su orientación sexual sea públicamente revelada a través de los medios de comunicación de la era digital; igualmente, en papeles secundarios también se destacan Naylor y Patrice Godin como el entrenador deportivo de Tim. La única objeción a realizar es que el personaje que interpreta Sophie Nelisse como la compañera que apoya a Tim se encuentra insuficientemente desarrollado dentro del contexto del relato.
De lo que antecede queda como balance un film de gran autenticidad que deja una profunda impresión después de haber terminado su proyección a la vez que se presta a la discusión por los importantes tópicos considerados.




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